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Author: When wizards dream
Fiction Rated: K+ - Spanish - Fantasy/Humor - Reviews: 1 - Published: 07-29-06 - Updated: 07-29-06 - id:2220879

Hace años q no metía algún cuento por aká… pueden

comprobar q sigo ligeramente obsesionada con los

pasteles de chocolate. Pero esto es muy, muy

diferente. Todavía hay q limpiar muchas y cosas, y

terminarlo (el final ya está en borrador, solo falta

escribirlo decentemente).

Ojalá les guste.

VENGANZA Y VELITAS

Por tercera ves en la semana, Gracia pudo asistir, muy a su pesar, a la transformación nocturna y gastronómica de su habitación. Eran casi las dos. Todo empezaba cuando una puerta lejana, seguramente cerca de la cocina, le advertía al clóset con un discreto crujido: “es hora de caramelizarse”. Las paredes tomaban tiempo en derretirse, mientras que el escritorio, las sillas y las mesas de noche adquirían rápidamente texturas y perfumes seductores. Mmm… galleta con chocochips… helado de frambuesa… No, no, duérmete. No pienses en comida. Espera… ¿es aquello una tarta?

Mientras presenciaba una terrible lucha en su interior (la supermodelo con una cabeza de Gracia juxtapuesta trataba de derribar a taconazos a un brownie, que, por su parte, sosteniendo su espada con unas pequeñas manitas de galleta, combatía con fiereza), Gracia sentía cómo su cama empezaba a mecerse. Cerró los ojos. Duermeteduermeteduermete… Pero podía escuchar cómo la marea de malteada murmuraba cosas espumosas y tentadoras bajo el colchón. Y, sobre ella, la luna llena flotaba como un gran pastel cubierto de merengue en un cielo con chispitas de vainilla. Un pastel de chocolate.

MARIO (dormido): Ya deja de moverte, querida, interrumpes las nueve horas de sueño necesarias para el bienestar y funcionamiento apropiado de mi organismo…

GRACIA: Perdón, perdón. (luego, para sí misma) ¿Dónde habré dejado mis pantuflas? Pero qué bonito se debe ver el paisaje a estas horas desde la ventana de la cocina…

No pasó más de media hora antes de que Mario, inquieto por la misteriosa desaparición de su mujer, decidiera ir a buscarla (sacrificando así el bienestar de su organismo: era un esposo muy devoto).

No estaba en el baño. Tampoco en el living, ni en el comedor. ¿Dónde pudo haberse metido? Qué extraño… De pronto, se escuchó el estruendo inconfundible de cacerolas cayendo sobre su fino piso del área de degustación.

MARIO (gritando alterado): ¡Gracia! ¡Por dios, ¿qué estás haciendo?!

Mario subió rápidamente las escaleras de caracol, cruzó la sala del piano, dio vuelta a la derecha, tomó un atajo por el cuarto de invitados, se desvió hacia el patio, regresó, atravesó el corredor que se encontraba a la izquierda de su estudio, y llegó a la cocina en un tiempo récord de cuarenta y siete segundos.

MARIO: ¿Qué…está… sucediendo… a… quí?

GRACIA: (con los brazos ocultos detrás de la espalda, y una voz bastante más aguda de lo normal). Eh… nada.

En ese momento, Mario detectó un olor penetrante y, a su parecer, totalmente fuera de contexto. A menos que…

MARIO: Gracia… ¿Has estado bebiendo?

( Corte. Un cambio de luz indica que han transcurrido varias horas.)

En realidad Gracia no había estado bebiendo. Bueno… sí. Es complicado.

GRACIA: (sola, con las piernas encogidas en un rincón oscuro). Siempre que me ve comiendo… que se da cuenta de que me vuelvo obesa y sigo comiendo más y más, su… su mirada se oscurece… (sollozos)

Una charola de trufas yacía, sin haber sido notada, en el piso. Estaba vacía. No le había dado tiempo de recogerla. Todo había sido tan rápido… Al oír los pasos de Mario, cada vez más nítidos, Gracia había sentido que se formaba un nudo enorme en su estómago, que aquellos pasos estaban furiosos, que tenía que deshacerse del olor a chocolate de su boca antes de que fuera demasiado tarde. Qué digo, qué hago, qué como, qué es más fuerte que un postre

ultrachocolatoso, qué bebo…

Unos pasos más lejos de la charola tirada, cerca del refrigerador (lleno de los diversos platillos suculentos que Gracias cocinaba por una mezcla de aburrimiento, gula y nostalgia) estaba el basurero. Por supuesto, Mario jamás se habría asomado a unos metros cúbicos tan poco pulcros, y menos hurgado en ellos. Pero si lo hubiera hecho, habría encontrado una botella de vodka vaciada a medias, con una mancha de chocolate en la boquilla.

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GRACIA: ¿A dónde vamos, amorcito?

Mario no respondió, limitándose a pisar más fuerte el acelerador.

Era un día soleado. Las calles estaban despejadas, y un viento tibio se colaba por el quema-cocos, despeinando el pelo largo y rubio de una seductora Gracia con gafas oscuras y pañuelo en la cabeza.

Bueno, bueno, su pelo era café y sin chiste. Y Gracia no era muy seductora… Pero todo parecía indicar que iba a ser un jornada de lo más encantadora. Excepto por aquél brillo helado que emanaba de los ojos del hombre del asiento a su lado.

GRACIA: ¡Amorcito! Dime a dónde me llevas.

MARIO: (Gruñido.) Ya casi llegamos. (levanta una ceja) Es una sorpresa.

Estaban en un barrio bastante recluido de la ciudad. Se estacionaron frente a un edificio descarapelado y oxidado, y Mario tomó la mano de Gracia mientras entraban por una puerta a penas visible a través de grafitis no muy artísticos.

“Es por aquí”. Al fondo de un corredor húmedo y oscuro Mario pareció encontrar lo que buscaba: sus pupilas se agrandaron con deleite mientras se acercaban (tratando de evitar las múltiples goteras) a una segunda puerta, bastante mohosa, que tenía pegado con diúrex el siguiente letrero:

LETRERO: (escrito con lápiz labial) Alcohólicos Anónimos. NO MOLESTAR.

Gracia se sintió arrojada hacia dentro por las manos huesudas de su esposo. Solo pudo escuchar su voz, lejana: “Regreso al rato por ti”, antes de verse obligada a voltear hacia el interior el cuarto.

Era una sala bastante pequeña, pero Gracia a penas podía distinguir la pared del fondo a través de la nube de humo que flotaba frente a ella, lo que le causaba la impresión de estar asistiendo a algún sueño fantástico. Pero no tardó en ver que había otro elemento aún más desconcertante en aquél lugar. Seis personas, todas con un vaso de vino en una mano y un cigarro en la otra, conversaban con cierto aire de desdén. Eran las personas más extrañas que Gracia hubiera visto jamás.

Una mujer increíblemente robusta y barbuda gesticulaba frente a lo que indudablemente eran dos hermanos. Por alguna extraña razón, éstos realizaban los mismos movimientos simétricamente, lo cual resultaba bastante inconveniente pues, habiendo una sola silla a su disposición, uno de ellos se veía obligado a sentarse en el aire. Mientras tanto, un hombre extremadamente serio con un traje de arlequín amarillo flúo y verde chillón le enseñaba a su compañero, que estaba boca abajo, cómo beber vino en una posición tan complicada. Y, apartada de todos, sentada sobre una mesa, una joven contemplaba las manchas de colores cambiantes que tenía en el brazo. De vez en cuando exclamaba, con voz temblorosa: ¡se mueven, se mueven!

Parecía realmente oportuno retirarse de allí lo antes posible, y Gracia había tocado ya la manija de la puerta cuando, tras ella, una voz gutural dijo:

VOZ GUTURAL: Tenemos un intruso.

Al instante, todos callaron y voltearon a ver a Gracia, sosteniendo sus copas con descaro.

MUJER BARBUDA: Tendremos que exterminarla.

Gracia se quedó petrificada por la sorpresa. Después de grandes esfuerzos, logró abrir la boca, pero no pudo pensar en nada más que decir en su defensa excepto “¡He dejado un strudel en el horno, y si me matan se quemará!”.

La reacción fue de lo más inesperada: todos los personajes empezaron a murmurar agitadamente, mirándose unos a otros y haciéndose señas incomprensibles.

HOMBRE EXTREMADAMENTE SERIO: Así que sabes cocinar, ¿eh?

GRACIA (después de un momento de hesitación): Trabajé en un restaurante algún tiempo…

(murmullos en crescendo)

HOMBRE EXTREMADAMENTE SERIO: Pasa, querida, pasa. Tal vez puedas sernos útil…

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Con un nudo en la garganta, Mario regresó a su trabajo. Había hecho lo correcto. Su mujer se lo agradecería por siempre. La había traído a un grupo realmente distinguido, se lo había recomendado un amigo sumamente confiable. Y, si no se tratan a tiempo, ese tipo de problemas pueden volverse de lo más siniestros… mejor así, mejor así… Es mejor prevenir… etcétera etcétera.

Mario trabajaba en una hipoteca. Hacía cuentas, y eso lo hacía realmente feliz.

Mario (solemnemente): Los números son lo único que nunca cambia, cuyo resultado, independientemente del resto del universo, será siempre el mismo. Y así tendría que ser todo. Exacto. Predecible. Inmutable.

Aquello no resultaba muy diferente de su propia vida, en realidad: la misma rutina se repetía con un rigor admirable. Llegada a la oficina. Mario se quitaba el saco mientras vigilaba, de reojo, que todos estuvieran contemplando su cuerpo escultural con envidia. Luego hacía operaciones hasta la hora de comer: ensalada y té (siempre en la misma cafetería, a una cuadra de la hipoteca). Hacía unas pocas cuentas más y regresaba a su casa trotando saludablemente. Beso a la esposa, libro, jacuzzi, cena. La vida que cualquiera hubiera deseado, armonía absoluta. Día tras día. Y nunca nada podría cambiarla.

O, al menos, eso pensaba.

MARIO (furioso): ¡¿Cómo que no hay ensaladas?!

VENDEDOR: Disculpe, vendimos la última hace unos cuantos minutos, pero hay muchas otras cosas, señor… ¿no gusta una chapata? Cortesía de la casa (movimiento doble de cejas).

MARIO: ¿Una chapata? ¿Está usted mal de la cabeza? Esto alterará mi metabolismo por el resto de mi existencia… (mirando a su alrededor, amenazante) ¿Quién es el imbécil que compró la última ensalada? (al vendedor) ¿Quién fue? ¡Dígame!

VENDEDOR: (muy atemorizado): Er.. ella.

Un resplandor dorado… Una aparición… Una serpiente danzando…

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HOMBRE EXTREMADAMENTE SERIO: Tal vez esto te sorprenda, querida, (toma un sorbo de vino), pero en realidad nosotros no somos un grupo de alcohólicos anónimos.

GRACIA: (silencio prudente)

HOMBRE EXTREMADAMENTE SERIO: Escucha. Lo que te vamos a revelar en este momento es uno de los planes macabros más terribles que han existido jamás en la historia de los planes macabros…

MUJER BARBUDA (interrumpiendo): No es complicado, muchacha: Una sola palabra a quien sea te hará morir al instante de cinco maneras diferentes a la vez, y no será bonito. ¿Estamos claros?

HOMBRE BOCA ABAJO: Déjeme explicarle, mademoiselle: mis amigos y yo nos juntamos todos los viernes de luna llena…

HERMANOS FUNESTO y NEFASTO (murmurando): Hoy es jueves…

HOMBRE BOCA ABAJO (alzando la voz): … para realizar…

HERMANOS FUNESTO Y NEFASTO (gesto dramático – y simétrico): ¡Un pastel de chocolate!

MUJER BARBUDA: (levantando un dedo) Envenenado.

De pronto, la joven con manchas verdes pareció salir del trance en el que se encontraba, para decir, temblando de furia:

JOVEN CON MANCHAS VERDES: ¡Todo! ¡todo absolutamente todo es culpa de ese maldito mago! Ese maldito mago nos redujo a este estado… nos arruinó la vida… ¡si tan solo nos hubiera cortado en pedacitos o nos hubiera sacado las tripas lentamente y se las hubiera dado a comer a un perro agonizante todo sería más hermoso, todo si nos hubiera atravesado el cuerpo con un tubo para hacer una brocheta humana habría sido mejor habría podido ser mejor así sí sí! pero esto no no esto no por favor… ¡mira! (alza uno de sus brazos con violencia, dejándolo a la vista de todos) se mueven, se mueven, seguramente están conspirando las muy cínicas justo delante de mi… malditas manchas seguramente conspiran cosas atroces ¡muy atroces! Pero ¡ya verá! Ese maldito mago deseará nunca haber comido un solo pastel de chocolate en toda su miserable existencia….

HOMBRE BOCA ABAJO: ¡Basta! (la joven se calla) Confundirás a nuestra invitada. (Después, con una sonrisa amplia de acecino francés) Daaaaaaarling, la nuestra no es una historia sencilla. Las vidas de todos los que se encuentran a vuestro alrededor han sido trágicamente arruinadas por un mismo hombre, un mago terrible, con poderes más allá de lo terrenal, un mago…

HERMANOS FUNESTO Y NEFASTO: … de fiestas infantiles.

HOMBRE EXTREMADAMENTE SERIO: En efecto. Cada uno de nosotros asistió, por una u otra razón, a estas fiestas infantiles, en las que la atracción principal fue, en todas, la misma: el famosísimo mago Petrovski, y su acto más conocido, el vuelo de Sherezada. (Monótonamente, como recitando la tabla de multiplicación) Entre explosiones de humo púrpura, Petrovski hace aparecer a esta danzarina exótica que baila en el aire, bajo las órdenes de su

amo el mago, captivando al público con sus movimientos entre la niebla colorada. (Bostezo) Con un chasquido de los dedos de Petrovski, todo se desvanece.

HERMANOS FUNESTO Y NEFASTO: Y, por supuesto, después el espectáculo, nadie llega a notar que uno de los invitados ha desaparecido.

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MARIO: … y aparte es demasiado flaca, no necesita estarle robando las ensaladas a los necesitados como yo, no las necesita, y todavía me sonríe, la muy cínica, con sus dientecitos blancos cínicamente acomodados a la perfección… y ¿sabes que me dijo? No, olvídalo, es demasiado cínico…

LUIS (tratando de cambiar de tema): Y… ¿cómo está tu esposa?

MARIO: bien, bien, pero yo te estaba… Momento. ¿Estás insinuando algo? Déjame aclararte que yo jamás sería capaz de posar mis ojos en otras mujeres que no sean mi esposa… no me mires así, quiero decir, es una mujer muy atractiva, la chica de la ensalada, es difícil no notarlo, pero nosotros los hombres casados podemos apreciar la belleza de una mujer sin desearla… es algo que ustedes los jóvenes no podrían entender. Te entiendo, tan joven y ya trabajas en una importante hipoteca, debes sentir que ya has vivido todo… pero no es así…

LUIS: ¿No vas a comer nada?

MARIO: No, no, comeré llegando a mi casa. Aunque tampoco podemos decir que sea muy saludable, con las cosas que prepara mi esposa… y luego se sorprende de no poderse ver como… como la chica de la ensalada. No me malinterpretes, yo la quiero como es, pero si se

cuidara más no tendría que preocuparse de que yo me esté fijando en otras… no es que lo haga pero mira ahí está con su ombliguera mira tiene un arete en el ombligo …

LUIS: En serio, por lo menos pide algo de beber. Los chocolates calientes de aquí están muy buenos…

MARIO: No, no, yo no como chocolate, tiene demasiada azúcar, puede alterar mi metabolismo.

LUIS: Mi abuela me solía decir que el chocolate tiene propiedades mágicas, que puede aliviar el dolor del corazón mejor que cualquier droga. Ella, allá en Polonia, comía mucho…

MARIO: Aliviar el dolor del corazón… fomenta las enfermedades cardiovasculares, eso es lo que le hace a tu corazón. (La chica de la ensalada sale del establecimiento). Bueno, ha sido todo un gusto compartir la hora de la comida contigo. Ahora tengo que regresar a trabajar. (Sale apresuradamente tras la chica)

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HOMBRE EXTREMADAMENTE SERIO: Y cada uno de nosotros despertó, la mañana siguiente, sin un solo recuerdo de lo que había sucedido desde el acto de Petrovski, pero con un sabor agrio en la boca y el presentimiento de que algo andaba realmente mal. Ninguno de nosotros tardó mucho en darse cuenta de la terrible maldición que se había cernido sobre nuestras personas.

HOMBRE BOCA ABAJO: Yo tardé realmente muy poco en descubrirlo, por aquello de dormir en un tapanco… no fue un descenso agradable… intenta bajar una escalera de tres metros de cabeza y sabrás a que me refiero, chérie.

HERMANOS FUNESTO Y NEFASTO: ¡Uy, pobrecito! Yo era una sola persona, ¿sabes?

CONTINUARÁ… (no me tardaré demasiado, prometido)



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