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Capitulo 4
Este Viggo hacia las cosas así, por las buenas. Pero yo ya echaba de menos sus bromas y, aunque Lin no me lo confesaba, sabía que ella también tenía ganas de ver a otra vez a Adam (pero nunca lo reconocería, como era típico de Cleo).
Sin saber como me encontré suplicándole a Vero que me diera las vacaciones antes de tiempo. Le prometí hacer todo lo que me pidiera, incluso salir a gravar manifestaciones. Al final mis ruegos surtieron efecto y me dejó ir, con la condición que hiciera fotografías del viaje.
Ahora solo me tenía que preocupar por hacer las maletas. Sabía que allí hacia frío, pero tampoco quería morirme de calor, ya que ya era verano, así que al final cogí un poco de todo, y acabé por llevarme una maleta enorme.
Lo que me sorprendió fue que Lin llevaba una maleta aun más enorme que la mía. La verdad es que no se de que me extrañé, ya que viniendo de ella… era de esperar.
Llegó el día de partir. Yo estaba muy histérica porque no había subido nunca a un avión. Fue de lo más emocionante y divertido, después claro, de hacer picadillo la mano de la pobre Lin (de tan fuerte que se la apreté justo antes de despegar). Me pasé el resto del viaje escuchando mi mp3 de Inglés con 1000 palabras. Al final del trayecto, el hombre que tenía a mi lado debía de estar más que harto de escucharme repetir una y otra vez las frases estúpidas de mis lecciones de inglés.
Lin podría haberse hecho pasar por inglesa, gracias a sus gafas de sol y su melena larga y ondulada. Yo, por otro lado, no parecía británica ni por asomo, ya que tenía los ojos como platos, mirando asombrada cada cosa que veía a mí alrededor con el corazón latiéndome por lo menos a cien por hora.
Como nos había dicho, Viggo nos estaba esperando con el coche. Estaba apoyado en una de las puertas, sonriéndonos. Lin miró por detrás de él hacia el interior del coche, comprobando si había alguien más. Entonces Viggo le dijo:
Viggo: Adam me ha dicho que lo sentía pero que no podía venir a recogeros, así que le propuse que a cambio él hiciera la cena. –y le guiñó un ojo a Lin.
De camino hacia la casa de Viggo, iba con la ventanilla bajada y de tanto en tanto iba sacando la cabeza para poder hacer fotos de la ciudad de Londres. Por suerte ese día no llovía. Iba señalando todo lo que veía y diciéndole a Lin – “Mira eso, mira aquello, qué bonito, etc… – tenía la sensación de estar avergonzando a Lin, pero Viggo parecía estar divirtiéndose de lo lindo.
Al llegar a su casa de verano nos llevamos una grata sorpresa…¡Era enorme! Estaba toda ella rodeada por una larga valla de madera y al entrar vimos unos inmensos jardines de hierba que se expandían allí hasta donde alcanzaba nuestra vista. Avanzamos por un caminito de tierra que se alargaba desde la entrada hasta el garaje. Viggo aparcó el coche al lado de uno de color blanco, que supusimos que era de Adam, quién en ése preciso momento se dirigía hacia nosotros por el caminito de piedra que llegaba hasta la entrada de la hermosa casa.
Adam ni siquiera se fijó en Viggo o en mí, o tal vez simplemente nos ignoró. Se lanzó directamente hacia Lin, a la que cogió en un gran abrazo. Era evidente lo que venía a continuación (un muy esperado beso), pero decidí ser un poco mala y carraspeé ligeramente, atrayendo la atención de ambos y rompiendo el momento.
Si las miradas matasen, Lin me hubiera mandado al cementerio con un billete de primera clase. Adam se limitó a sonrojarse, y con una sonrisa me dio la bienvenida, eso sí, sin soltar la mano de Lin.
No me pude resistir y volví a sacar mi cámara de fotos. Viggo no perdió un segundo (con lo que le gusta a él hacer fotos) y me la quitó de las manos, diciendo –Ya la hago yo, venga, poneos, “¡Come on!” – Nos pusimos los tres en la entrada de la casa para que hiciera la foto. Era una casa de madera con el techo de pizarra. Tenía un porche (de madera, pintada en color blanco) que rodeaba la casa, y tenía grandes ventanales que dejaban entrever una gran chimenea, que en ése momento estaba apagada.
Al entrar todavía resultaba más impresionante que desde el exterior. Había un gran espejo en el lado izquierdo de la entrada, y justo delante una gran escalera de madera que subía al piso de arriba, dónde, según nos explicó Viggo, estaban los dormitorios. Justo en ese momento nos recibió un enorme perro marrón con manchas blancas. Se tiró encima de Lin, que lo recibió con los brazos abiertos y con grandes caricias. Después vino a por mí, pero me escondí detrás de Viggo, que nos dijo:
Viggo: Perdonad a Max, siempre da la bienvenida a la gente que no conoce –después, girándose hacía mí, me dijo en inglés (eso sí, muy despacio)– No tengas miedo An, no te hará nada. –yo recelosa le dije (también en inglés, para practicar, aunque habíamos quedado en que debían hablarme despacio):
Ángela: Ya… pero es que es muuy grande, je, je, je. –dibujando un círculo con mi cabeza a modo de exageración. Eso solo hizo que todos estallaran de risas.
Adam: Viggo, con tu permiso voy a preparar la cena, ¿ok? –Viggo asintiendo dijo:
Viggo: Ya sabes donde está la cocina, y vosotras como si estuvierais en vuestra casa. Venid que os enseño vuestras habitaciones y, después de dejar las maletas, el resto de la casa, ¡seguidme! –y se puso en marcha hacia el coche para recuperar nuestras maletas.
Las habitaciones eran impresionantes. Tenían unas camas de película, con esas cortinas blancas que colgaban a los lados a modo de velo. Todos los muebles eran de caoba oscura. Las puertas eran gruesas y pesadas, también de madera oscura, con decoraciones hechas a mano.
El resto de la casa, todo hay que decirlo, también era impresionante. Un gran comedor, junto con una inmensa sala de estar, y como no con la chimenea al fondo. El comedor estaba cerrado por una gran vidriera que dejaba ver el porche blanco y más allá, los jardines.
Salimos por la vidriera del comedor hacía los jardines traseros. Andamos por un caminito de piedras hasta el lago, que estaba rodeado de árboles y todo tipo de flores silvestres. Junto la orilla del agua había un pequeño embarcadero, dónde se encontraba amarrada una pequeña barca a remos. Yo me quedé boquiabierta, sin poder creer la extensión que tenía todo aquello. A la lejanía vimos que Adam salía al porche y, a continuación gritó:
Adam: ¡Necesito a un segundo cocinero! –agitando la mano en el aire, con lo que parecía ser una cuchara de madera. Yo me quedé muda, preguntándome que había dicho y así se lo hice saber con un ligero gestó de hombros a Lin y a Viggo. Así que Lin gritó:
Lin: ¡Ya voy yo! –y contestó con otro gesto de manos, para que Adam supiera que le habíamos oído.
Mientras Lin se dirigía para ayudar en la cocina, Viggo terminó de enseñarme los jardines y me dirigió hacia el establo. En seguida reconocí el caballo que le había acompañado en El Señor de los Anillos. Me acerqué para acariciarlo, repitiéndole la misma frase, en élfico, que usaba en la película para tranquilizarle. Viggo se puso a mi lado y me miró con curiosidad. Como vi su mirada le dije alegremente:
Ángela: Este es el caballo del que hablamos la primera vez que nos vimos, ¿Te acuerdas?.
Viggo: Efectivamente, éste es… –se quedó en silencio, pero después de pensárselo y mirarme repetidamente mientras acariciaba el caballo, me dijo:– ¿Como puedes sentir temor de Max y en cambio un caballo que mide tres metros más que él no te de ni pizca de miedo?
Ángela: No lo sé, supongo que ningún caballo me ha mordido aún, así que confío mas en ellos… a parte, yo nunca he tenido perro. Bueno, aunque ahora que lo pienso, tampoco he tenido ningún caballo. –rascándome la cabeza y mirando hacia arriba. Viggo rió como un loco y me contestó:
Viggo: Eres de lo más divertida. Algún día de estos haremos una mini excursión a caballo, ¿vale? Come on, volvamos a la casa.
Oímos risas dentro de la casa, y al entrar en la cocina, nos encontramos a Lin y Adam manchados de harina por todas partes y riéndose a carcajadas. Al vernos no pudieron más que reír aun más, a saber si por las pintas que llevaban, o por la manera en qué los observábamos. Lin nos miró con culpabilidad y dijo:
Lin: Estábamos intentando hacer el postre… pero… ¡nos quedamos en el intento! –volviéndose a reír.
Nos pasamos toda la cena hablando de la peli que estaban haciendo en común los dos hombres de la casa. Yo empecé a hacerle un montón de preguntas a Viggo sobre el rodaje, y como a Lin no le interesaban éstos temas se puso a hablar en inglés con Adam. Yo, con lo emocionada que estaba, sin querer me había pasado al castellano.
Ángela: ¡Qué bien! Me encantaría estar en un rodaje de verdad, ya que en los que he estado eran de bajo presupuesto y entre compañeros de la facultad. ¿Durante cuánto tiempo ensayáis? ¿Hacéis pases de guiones entre los actores o lo ensayáis directamente en los escenarios? ¿El director os da libertad para actuar, a vuestro gusto?
Viggo: Veo que te gusta el cine, ¿eh? –me dijo en tono picarón– Si quieres te llevó algún día en el rodaje, ¿que te parece?
Ángela: ¿Que… qué me parece? ¡Eso sería genial! Me encantaría asistir si pudiera ser. –mirándole con ojos centelleantes.
Por la mañana siguiente bajé las escaleras al oír ruido en la cocina así que, aún con el pijama puesto y medio despeinada, me dirigí hacia allí. El hambre y el sueño por la mañana podían más que cualquier otra cosa en el mundo. Necesitaba tomar mi batido de chocolate caliente, a pesar de que fuera verano e hiciera calor… sí, tenía gustos raros, ¿y quién no?.
Pero no llegué a mi destino. Al entrar al comedor para seguir mi camino hacia la cocina, que estaba al otro lado de éste, me quede allí de pié, parada en medio de la estancia. Mirando hacia la vidriera, que en ése momento estaba abierta, sentado en la barandilla de madera blanca del porche, había un chico mirando hacía los jardines, enmarcado por la luz del sol que brillaba radiante e iluminaba toda la casa. Con tejanos, una camisa negra de manga corta y por debajo llevaba una camiseta gris de manga larga. Tenía media melena que llevaba recogida detrás de las orejas. Me quedé inmóvil mirándole. Parpadeé un par de veces, diciéndome a mi misma que no podía ser, que sólo era un espejismo producido por el sol, que era demasiado pronto y que sin duda mi mente aún estaba soñando. Volví a la realidad cuando Viggo salió de la cocina y me dijo:
Viggo: An, ya te has despertado. –se detuvo a mi lado y observó la dirección en la que miraban mis ojos – ¡Ah! Es verdad – me dijo, poniéndome una mano en el hombro – Ha venido un amigo a verme, también se incorporará a la película. –y empujándome hacia el porche, dijo: – Orlando, ven que te presento a una buena amiga mía.
Orlando se giró y se aproximó a nosotros, al tiempo que se formaba una pequeña sonrisa en su boca.
Viggo: Orlando, ésta es Ángela, la chica de España, la he invitado a pasar unos cuantos días. Le interesa mucho el cine, así que supongo que la verás a menudo por el set de la peli. Sé bueno con ella, que no sabe mucho ingles. Confío en que la cuides bien, si yo no puedo. –haciendo una pequeña pausa me miró y dijo – An, este es Orlando. –éste me dio dos besos. Yo solo pude contestar:
Ángela: Aja… ¡Hello! –perpleja, no salía de mi asombro. Por mi reacción, o más bien por mi NO reacción, diría que Viggo creyó que no conocía a Orlando, así que me dijo:
Viggo: Es un actor británico, que también participó en El señor de los anillos. El era el que no se ensuciaba. –se lo tradujo a Orlando y éste le dio un pequeño golpetazo en la frente. Orlando se giró hacia mí y me dijo:
Orlando: ¡Pero yo por lo menos viviré más años! –aunque me lo dijo en inglés, lo pude entender perfectamente, ya que era una de las bromas típicas que se hacían mientras rodaban El señor de los anillos. Y no pude evitar reírme.
Me dirigí con tranquilidad hacia las escaleras y cuando ya no pudieron verme subí corriendo hasta la habitación de Lin. Abrí la puerta de golpe y salté sobre su cama, provocando un enfado terrible en Lin. Odiaba que la despertaran así, pero la situación lo requería.
La zarandeé por los hombros para que me prestara atención, pero lo único que recibí fue un golpe de almohada en toda mi cara. Me levanté y corrí las cortinas de la habitación para que entrara ése maravilloso sol. Y le dije, medio tartamuda:
Ángela: ¡Lin! En serio que no te vas a creer a quién acabo de conocer. Al mismísimo… ¡pero escúchame! De verdad que no te lo vas a creer. –me tiró el otro cojín que tenía– Acabo de conocer a… ¡Orlando Bloom! –le dije exaltada. Ella girando la cabeza lentamente, me miró con furia y me dijo:
Lin: ¿¡Por eso me despiertas así!? –me dijo toda cabreada, y continuó– ¿¡Por un maldito sueño!? ¿Y después qué? ¿Te casabas con tu graaaaaaan amor? –yo me quedé perpleja, y dije:
Ángela: Pero que sueño… ¡ni que cos! Me lo acaba de presentar Viggo, está en el porche almorzando junto a él. ¡Dice que también hará la peli con ellos! –Lin que no salía de su cama, me contestó:
Lin: Así que te ha presentado a Orlando… ¿Y tú con estas pintas? Con el pijama y despeinada…
Yo no había caído en eso. Me miré en el espejo que tenía al lado de la mesita de noche, y me tiré de espaldas en su cama, repitiendo una y otra vez:
Ángela: No puede ser… no pude ser…, la primera vez que me ve y yo recién levantada… no puede ser…–poniéndome las manos en la cabeza, chillé otra vez– ¡No puede seeer!
Dejé de insistirle a Lin. Nos vestimos (tardé un buen rato en saber qué ponerme) y después bajamos a almorzar. Nos sentamos a la mesa, Lin junto a Adam y yo en frente suyo. Yo sujetaba mi batido de chocolate cuando sentí que alguien me rodeaba el cuello con su brazo, y a continuación apareció una cara conocida. Era Orlando. Por poco no se me cae la taza de las manos, pero conseguí prestar atención a lo que me decía:
Orlando: Ángela, ¿no me presentas a tu amiga? –yo estaba aún más nerviosa que antes, y por lo que vi no fui la única en sorprenderse. Le dije, más o menos como pude con mi torpe inglés:
Ángela: Lin éste es Orlando. Orlando, ésta es Eylin. –Orlando le dio dos besos y se sentó a mi lado.
Lin aún me miraba asombrada y me dijo en castellano:
Lin: ¡No era un sueño! Estarás contenta ¿no? Y por cierto… ¿Y esas confianzas? –dijo mirando a Orlando. Entonces él empezó a hablar:
Orlando: Viggo, durante estos días me ha hablado mucho de vosotras, en especial de ti Ángela –me dedicó una pequeña mirada, con esos ojos marrones– Parece como si ya te conociera aunque sea un poquito; y también me ha contado lo bien que se lo ha pasado en España, gracias a vosotras. –volviéndome a dedicar una de sus miradas (a saber qué le había dicho Viggo de mí… Seguramente que estaba como una cabra, y no era para menos, cuando me juntaba con Lin, las dos éramos un peligro).– Viggo te quiere mucho. –concluyó, y no pude evitar sonrojarme. Desvié la mirada hacia abajo:
Ángela: Ya… se ha portado muy bien conmigo, bueno con nosotras, le debo muchísimo. –contesté, con cara de preocupación. Orlando, al ver la cara que ponía, me contestó:
Orlando: ¡No te preocupes! Él lo hace con mucho gusto, no lo había visto tan feliz en tiempo. –al decirme estas palabras reconfortantes, mi boca trazó una pequeña sonrisa, pero mi corazón aún estaba un poco angustiado. Cambiamos de tema.
(---Notas de la Autora---)
Me estuve “informando”, bueno más bien buscando fotos de casas “al estilo americano”. Por lo menos el que sale en las películas, jajaja. A mi, ese tipo de casas me encantan, me quedo anonadada O ya me gustaría tener una así algún día. XDD.
TrevinoGilberto: Me ha reconfortado mucho tú review!! me alegra saber q otra persona tb se traslada ha este mundo imaginario q he creado!! ;D
Y supongo q sip! sería muy dificil volver a la vida normal después de tantas emociones!! pero no terminan ahí!! Gracias por tus reviews, siempre hacen aparecer una sonrisa en mi rostro!!