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Capitulo 7
El piso que conseguimos no era muy grande, pero estaba en la misma ciudad de Londres. Sólo tenía una habitación, el comedor, la cocina y claro está un baño. Lo mejor es que tenía en el piso de abajo a mi mejor amiga. ¿Qué más podía pedir? A parte, Orlando tenía un apartamento a dos calles de allí.
Después de hacer el traslado con nuestras maletas, los chicos se fueron al rodaje. Quedamos en encontrarnos a las 19:00 PM en la cafetería que había frente nuestros apartamentos. Nosotras, en cambio, decidimos comer algo para luego seguir buscando un trabajo. Lin sabía que me tenía que hacer caso, ya que ésa era una de las dos condiciones por las que me había quedado allí.
Nos recorrimos varias calles de arriba a bajo, pero nada. Lin vio un escaparate de zapatos y se paró a mirar. Como es habitual, tuvimos que entrar y finalmente se compró unos. Era de esperar ¿no? Entre tanto se hizo tarde y acordamos descansar un poco y esperar a los chicos en la cafetería donde habíamos quedado. Al entrar nos sentamos en una mesa y pedimos dos cafés con leche. No es que me gustara demasiado la cafeína, pero si no tomaba algo me moría allí mismo. Era una cafetería pequeñita y acogedora, con un mostrador circular, mesas alrededor y cartelitos con los combinados por todas partes. Miré hacia la puerta por si los veía venir, pero no. Entonces me fijé en un cartel al lado de la puerta. Estaban buscando a dependientas. Me levanté de golpe (Lin se sobresaltó), cogí los dos últimos currículums que nos quedaban y fui decidida hacia el encargado.
El camarero estaba recogiendo las mesas. A pocos metros de mí, a su lado, había una mujer con un niño pequeño. El niño se puso a llorar y la mujer se levantó, y sin querer empujó al camarero. A éste se le volcó la bandeja, y el café se derramó encima de un hombre muy corpulento que llevaba un traje demasiado apretado. Este se levantó de la silla, tirándola al suelo y en el camino me empujó a mí. Los curriculums que llevaba en la mano se me cayeron y justo una pareja que pasaba los pisó, dejándolos impresentables. Ellos ni siquiera se inmutaron. Aquella escena se desarrolló del mismo modo en el que caen unas fichas de dominó puestas todas en fila, fue una reacción en cadena.
El niño seguía llorando, el hombre corpulento discutiendo con el camarero y de fondo se oía a la mujer intentando acallar los llantos del pequeño. Con todo este follón se acercó el encargado, que intentó tranquilizar al hombre, pero éste parecía no escuchar. Yo contemplé la situación boquiabierta y perpleja. Al final me acerqué al niño (al pobre nadie le hacía caso, ni siquiera la madre, que ahora estaba peleándose con el hombretón) y le entregué una pequeña chocolatina que acababa de comprar. El niño me miró, sonrió y dejó de llorar. Con ello había logrado un poco de calma, gracias a Dios. El silencio que se produjo hizo que los cuatro allí presentes me miraran al instante. Yo aproveché el momento y me dirigí al hombre:
Ángela: Venga, no hace falta pedir la hoja de reclamaciones... la tienda le pagará la tintorería¿de acuerdo? Todo ha sido un lamentable accidente, no hace falta ponerse así –el hombre se quedó tan sorprendido que dijo:
Hombre: No es necesario, no pienso volver más –y se fue, muy indignado. El encargado me miraba con asombro, le miré y le dije:
Ángela: He visto que están buscando a gente. Traía dos currículums, pero con todo lo que ha pasado... –un chico me interrumpió y le dijo al encargado:
Chico: Yo que usted no me lo pensaría dos veces y la contrataría. Le acaba de hacer un favor enorme… no se lo piense hombre.
El encargado no se lo pensó dos veces, pero yo le dije que si me contrataba a mí también tenía que contratar a Lin, se lo pensó y al final accedió. Para cuando llegaron los chicos ya habíamos conseguido un trabajo. El día siguiente empezábamos a las 9 de la mañana.
Como Orlando vivía cerca de allí nos dijo que antes de ir al rodaje pasaría a saludarnos. Nos pusimos nuestros uniformes y salimos a atender la primera gente de la mañana, que venía durante la hora del almuerzo del trabajo. Vino un chico y me pidió un café y un croissant. Al dárselo me quede atónita y dije:
Ángela: ¿Tú...?
Chico: El primer día de trabajo¿no? –dijo sonriente. Era un chico no mucho mayor que yo. Eso si, un poco más alto, con el pelo corto de color castaño muy claro, con algunas mechas rubias. Los ojos eran de un color gris oscuro y unas cejas bastante pobladas. Al fin logré decirle:
Ángela: Ayer no te di las gracias por convencer al encargado, gracias. –él me contestó:
Chico: Yo no hice nada, controlaste muy bien la situación... –en ésas vi que Orlando, con un gorro azul y una bufanda enrollada en el cuello se nos acercaba– Eres Española¿verdad?
Ángela: ¿Como sabes que soy española? –pregunté toda intrigada. Orlando se había unido a la conversación, aunque solo estaba escuchando.
Chico: Por tus eyes (ojos). –yo parpadeé y dije:
Ángela: ¿Qué tienen de diferente mis ojos? –y miré a Orlando. Pero entonces el chico dijo:
Chico: Ja, ja, ja… te lo crees todo¿eh? No. Lo sé porque ayer te escuché hablar con tu amiga. Yo también soy español, sólo llevo un año aquí. –yo le corté y muy emocionada dije:
Ángela: ¡Ah! También eres Español¡qué guay! Esta noche celebramos con unos amigos que conseguimos trabajo, como tú tuviste algo que ver... ¿por qué no vienes? –miré a Orlando muy sonriente.
Quedamos que nos encontraríamos aquí a las nueve. Le dije a Orlando que avisara a los chicos, y como él vendría a mi apartamento en cuanto acabara de rodar, sobre las seis más o menos, ya estaríamos juntos para ir a la cena.
Yo acabé rendida del trabajo y llamé a Orlando para decirle que no tenía ánimos de empezar nuestras clases de inglés, y que lo dejáramos para otro día. Dicho esto Lin se fue directa a su apartamento para dormir un rato (no estaba acostumbrada a levantarse tan temprano, y aun menos trabajar 4 horas seguidas de pié). Yo, como tenía toda la tarde para mi sola, me acerqué a un parque cercano. Me compré un bocadillo y unas revistas sobre las últimas noticias de Orlando y sus últimos proyectos.
Al terminar el bocadillo y después de estar un buen rato tumbada en la hierba, me dirigí hacía el apartamento para acabar de arreglarlo y organizarlo un poco (realmente era un caos). Cuando acabé de despejar un poco el comedor, me senté, con las piernas dobladas, en uno de los dos sillones que había dispuesto al lado de la ventana. Cogí un paquete de galletas y me puse a leer las revistas que antes me había comprado sobre Orlando. Me reí muchísimo cuando reconocí unas fotos del rodaje en el que hacía solo unos días yo había estado. Las otras hablaban exclusivamente de Orlando, de lo que le gustaba y de los rumores de distanciamiento con Kate. Estaba muy entretenida leyendo cuando sonó el timbre. Dejé la revista con las demás y sin moverme de donde estaba empecé a chillar:
Ángela: ¡La durmiente Cleo ya se ha despertado! –me dirigí a la puerta y abrí de golpe.
Al hacerlo comprobé, pasmada, que estaba equivocada. ¡No era Lin! Que se acabara de despertar, sino Orlando, llevando debajo del brazo unos cuantos diccionarios, English-Spanish; Spanish-English. Yo me quedé tan estupefacta que cuando empecé a hablar él ya había entrado, como Pedro por su casa.
Ángela: ¿Qué haces aquí? Ya te dije que no tenía ganas de empezar las clases –dije como una alumna rogándole a su profesor– Estoy muy cansada y…
Orlando: ¡Ah, no! No seas perezosa. Mmm… ¡galletas de chocolate! –mientras se ponía una a la boca le dije:
Ángela: Nada, sírvete tú mismo –no me hizo el menor caso y me preguntó:
Orlando: ¿Qué estabas leyendo? –yo contesté tan tranquila:
Ángela: Nada en especial, unas revistas que me he comprado... –no pude terminar de decir la frase, los ojos se me abrieron como platos, mientras veía a Orlando coger una de ellas.
Orlando: ¿Revistas… sobre mí? –por unos segundos me quedé muda, sino reaccionaba Orlando se iba ha enterar de que era una entre tantas de su multitud de fans. Dije lo primero que se me vino a la cabeza:
Ángela: Qu-... quería ver que decían del rodaje donde estuve... –me rasqué la cabeza sin saber que más añadir, así que cambié de tema– ¿Quieres beber algo? Tengo zumo y leche. ¿Qué prefieres? –me dirigí a la cocina a la espera de su respuesta, porque me estaba mirando de forma sospechosa. Esperaba, no sin cierto temor, que no viera los recortes de las revistas que había hecho de él (siempre recortaba las fotos que más me gustaban y donde salía más guapo):
Orlando: ¡Zumo, thanks! Emm… –se detuvo, sabía que estaba tramando algo. Entonces dijo– Acabo de hablar con mi hermano y… –me acerqué con el vaso de zumo y se lo entregué, cortándole y de lo más natural dije:
Ángela: Pero si tú no tienes hermanos. Solo tienes una hermana llamada Samantha, y es dos años mayor que tú. –me detuve porque Orlando me estaba mirando de un modo extraño, entonces dijo:
Orlando: No recuerdo haberte dicho el nombre de mi hermana. –dejó caer la revista junto con el otro montón de ellas. Algunos de los recortes salieron volando, esparciéndose por el suelo.
Yo no sabía donde meterme. Había picado, caído en su trampa totalmente. Intuía (con mi sexto sentido femenino) que ésa conversación acabaría en desastre total. El problema era que yo no sabía mentir.
Ángela: Verás... yo... –Orlando se acercó hacía mí mientras me miraba fijamente. Yo todavía me puse más nerviosa, sin saber dónde mirar:
Orlando: ¿Por qué no me miras¿Acaso estás escondiendo algo? –yo retrocediendo hacia atrás dije:
Ángela: Bueno, quizás... si que conocía tu nombre... –choqué contra la pared de la cocina y Orlando se detuvo justo en frente mío. Él dijo:
Orlando: Así que ya me conocías… y no será que también eres… –no pude aguantar más, y como de todas formas ya no tenía escapatoria, le “grité”:
Ángela: ¡De acuerdo, tú ganas! –suspiré– Sí, soy una fan tuya – Hubo un pequeño silencio– Lo siento, no quería mentirte pero no quería que me trataras como tal. Quería ser tu amiga, no tu fan. Eres un tramposo, me has tendido una trampa. –Él me interrumpió i dijo:
Orlando: Me alegro de que no me quisieras mentir. A ver si sabes decirme… ¿Cuando se utiliza el to be? –yo, perpleja, no contesté. Se sentó en el sillón que estaba libre de revistas y abrió uno de los libros que llevaba– ¿No? ...se utiliza cuando nos referimos a cualquier acción (...) – yo acerqué el otro sillón y me puse a escuchar la lección, sería mejor así, no hablar del tema (me daba demasiada vergüenza)– Como castigo por no saberlo tendrás que aprenderte 20, no mejor aun, 30 palabras nuevas de vocabulario.
Iba a protestar, 30 eran demasiadas, pero al mirarle cerré la boca de inmediato. Mejor hacía lo que me había dicho y punto. Me dejó más de media hora para que me las aprendiera. Después me quitó el libro de las manos y dijo:
Orlando: Vamos allá, venga que te pregunto… ¿Are you ready? (¿estás lista?) –yo negué con la cabeza, y él empezó a preguntar. Cómo era obvio no acerté casi ni una. ¿Como quería que me concentrara después de lo que le había dicho? O más bien confesado a traición. Ahora volvía a sentirme como una simple fan, vulnerable en su presencia. Él solo dijo– No te lo estás tomando en serio, repásatelo una vez más y te volveré a preguntar.
Volví a intentarlo y aunque contesté algunas más, no mejoré demasiado. El me dijo enfuruñado:
Orlando: ¡Eres una vaga! Tienes que ponerte las pilas, solo son treinta palabras. Imagínate cuando sean doscientas. Vuélvetelo a mirar.
Al cabo de un cuarto de hora me volvió a arrebatar el libro de las manos para decir:
Orlando: ¡Tengo una idea! Para que te esfuerces al máximo haremos un juego¿Qué te parece? –yo asentí y le contesté:
Ángela: Seguro que con un juego me acuerdo mejor, a los niños se les enseña así. No puede fallar conmigo¿no? –y sonreí tímidamente.
Orlando: Si fallas tendrás una penetr-…. –yo le corté apresuradamente, y le dije toda nerviosa:
Ángela: ¿Qu-... qué has dicho? –tragué saliva esperando su respuesta:
Orlando: Tendrás una penalización¿me has entendido? –yo suspiré aliviada, pero a la vez un poco decepcionada– Cada tres veces que falles te quitarás una pieza de ropa y a cada tres palabras que aciertes me quitaré yo una prenda. –me quedé con la boca abierta y le dije saltando del sillón:
Ángela: ¡¡¡¡Ni de coñaaaaaaaaa!!!! No me pienso quitarme la ropa y, sabes que voy a perder –mientras negaba frenéticamente con la cabeza, él se levantó y me dijo todo serio:
Orlando: No puedes negarte, yo acepté enseñarte y yo pongo las normas. A parte, así te doy una motivación para concentrarte… ¡no acabar desnuda! Ja, ja, ja.
Mientras él decía todo esto, fui a la habitación y en cuanto salí, estaba más tapada que una mula. Fallé bastantes y solo había acertado dos preguntas. Ahora toda la ropa extra ya la había perdido y estaba con la camiseta y los tejanos (ni siquiera me quedaban los calcetines). Orlando dijo:
Orlando: Ah, ah, está mal. Y ésta es la tercera respuesta incorrecta, ya sabes qué te toca… –levantó una ceja y dijo– O la camiseta o los pantalones.
Ángela: ¡No me da la gana! Ya no quiero seguir con esto. –Orlando erre que erre, volvió a repetir:
Orlando: ¡O la camiseta o los pantalones! –no sabía qué hacer. No quería quitarme nada más. Entonces se me ocurrió, aun podía quitarme algo sin que pasara nada, así que dije decididamente:
Ángela: Prefiero quitarme… el sujetador. –me miró sorprendido y asintió. Me lo quité. Ahora sí que estaba desarmada, ya no me podría quitar nada más. Tenía que concentrarme al máximo si, como había dicho Orlando, no quería acabar desnuda. – ¡KYAAH! Esta si que me la sé, es shark.
Orlando asintió muy despacio, yo chillé:
Ángela: ¡¡¡Lo conseguí¡Al fin! –él se levantó del sillón y se quitó la camiseta. Yo me sonrojé al ver su torso desnudo tan cerca y le dije, desviando la mirada pero mirando de reojo (todo hay que decirlo)– ¿Se puede saber qué haces¿Por qué te desnudas? –Orlando sin más contestó:
Orlando: Era la tercera respuesta correcta, así que me toca a mí quitarme una prenda. Sino, no sería justo. Come on, otra pregunta.
¿Queeeeeé¿Otra pregunta? Como quería que recordara las palabras si lo tenía a él al lado y medio desnudo. Ya se me había borrado todo de la cabeza. Estaba en blanco. No me podía creer que tuviera a mi gran ídolo ahí al lado y sin camiseta… y pensar que estábamos los dos solos aun me ponía más nerviosa. Ahora cualquiera se acordaba de las dichosas palabritas.
Orlando: Mal otra vez,… y otra vez mal,… y la tercera mal. –Orlando sonrió malévolamente– ¿Y ahora qué te vas a quitar?… –me rodeé con mis propios brazos. Dije en un susurro:
Ángela: No qui..e...ro... –Orlando se aproximó hacía mí. Su torso desnudo estaba bastante cerca de mí, volví a sonrojarme y seguidamente me levanté de un saltó– Orlando… dejémoslo ya…
Orlando se levanto del sillón e hizo un paso hacía mí para cogerme de la mano. Yo retrocedí hacia atrás. Era un peligro que tal y como estaba él se me acercara, era… era demasiado seductor tenerlo tan cerca. Me vinieron a la cabeza las escenas de amor de sus películas, y todas las imágenes donde salía tan guapo… el problema era que al natural todavía lo era más. Me tiró de la mano para atraerme hacía él. No podía creer la fuerza que tenía, desde el rodaje de El reino de los Cielos se había puesto muy fuerte. Y eso aun me gustaba más. ¿Pero en qué estaba pensando? Noté como su mano cogía mi camiseta y me la subía lentamente. Mi corazón latía a cien por hora. Tuve un ataque de vergüenza, no quería que Orlando notase que no estaba en mis cabales. Le quité su mano que ya había llegado a mi cintura. Al querer separarme tropecé con el sillón y caí al suelo. Lo peor fue que al abrir los ojos me encontré con los suyos a poca distancia. Con el estirón él también había perdido el equilibrio. Para no aplastarme había frenado la caída con el brazo, así que ahora tenía su boca a escasos centímetros de la mía. Ya no se podía hacer nada, toda yo estaba como una plancha de vapor a punto de estallar.
¿Sabéis la frase salvados por la campana? Pues esa fue la mía. Justo en ése momento llamaron al timbre. Lo empujé y me levanté de golpe. Cogí su camiseta y se la tiré en plena cara. Cogí aire y abrí la puerta.
Ahí de pie se encontraba Viggo, que al ver mi cara y ver a Orlando al fondo, me dijo:
Viggo: ¿Por qué pones esa carita de decepción¿Acaso interrumpo algo? –yo me giré indignada hacia Orlando para chillarle en castellano:
Ángela: ¡Eres un tramposo¡Tú juegas con ventaja!... –en un susurro dije– …tú eres demasiado guapo (y mi ídolo pensé) –me dirigí a mi habitación para tranquilizarme un poco mientras oía que Orlando le preguntaba a Viggo:
Viggo: Ha dicho que eres un tramposo, que jugabas con ventaja y… que eres demasiado guapo. No entiendo nada… –Orlando se puso a reír. Viggo sin hacer caso a lo que pasaba nos dijo– He venido para avisaros. Debajo del portal hay un montón de periodistas y quieren saber qué hace Orlando aquí. He intentado despistarles diciendo que sólo vamos a cenar. Pero insisten en saber de quién es el piso.
Salí del cuarto, después de haberme pasado agua por la cara y haberme cambiado de ropa (y puesto unos sostenes). Al salir solo miré a Viggo, ignorando cualquier otra presencia humana que pudiera haber en el comedor, es decir, a Orlando. Porque si lo hacía me derrumbaba. Y le dije:
Ángela: Viggo, será mejor que os marchéis vosotros primero. Nosotras os esperaremos en el restaurante y cuando hayáis despistado a los periodistas venís¿OK? –cogí el bolso y fui al piso de abajo a buscar a Lin y a contarle el plan.
Nos esperamos una media hora, y al ver desaparecer al último periodista, bajamos. Frente la cafetería ya nos estaba esperando el chico. Le presenté a Lin y en ése momento me di cuenta:
Ángela: Este es el chico que nos ayudó a conseguir el trabajo. Lin te presento a, a... –me di cuenta que no sabía su nombre. El dijo, sonriente:
Chico: Me llamo David, encantado.
Propuse ir hacia el restaurante japonés y sentarnos a tomar algo mientras los esperábamos. Había escogido un restaurante oriental porque, aparte de que me encantaban, me hacía mucha gracia ver a Orlando comer con palillos. En la charla mientras los esperábamos, David nos contó que hacía aquí.
Al cabo de unos quince minutos llegaron los chicos. Nada más llegar, Adam se dirigió hacia Lin y le dio un beso cariñoso, mientras le susurraba (aunque yo, como estaba sentada al lado, lo pude escuchar):
Adam: ¿Estás muy cansada? Después podríamos ir a tu piso y relajarnos un rato. –Lin sonrió malévolamente.
Mientras esperábamos la comida, y después de haber presentado a David, que por lo visto no se sorprendió lo más mínimo al ver tantas estrellas juntas (supongo que al trabajar en la TV ya estaba acostumbrado). Les contamos la anécdota de cómo nos había ayudado a conseguir el trabajo. Después David dijo:
David: …La primera vez que me fijé en ti –dirigiéndose a mí– vi tu lado oscuro. Se te acababan de caer los currículums y no ponías muy buena cara. –yo sonreí mientras lo seguía escuchando– Suerte que después te serenaste y controlaste la situación…y a ti misma… –me guiñó un ojo y los dos nos echamos a reír.
Orlando nos interrumpió, preguntando:
Orlando: ¿En qué trabajas, David? –dijo, remarcando su nombre con rintintín. David lo miró desconcertado, sin saber a qué venía la pregunta, y le contestó:
David: Soy guionista, escribo todo tipo de historias, aunque prefiero las de ficción. Ya hace un año que estoy aquí, trabajando para una empresa inglesa de televisión. No me pagan muy bien, pero hago lo que me gusta y además trabajo desde casa. –yo añadí, asombrada:
Ángela: ¿Ah sí? Yo también escribo historias. Algún día podríamos quedar y te las lees, haber qué opinas. Me gustara saber la opinión de un experto.
Sin quererlo, acabamos hablando en castellano. Le conté por encima la idea de la historia que estaba escribiendo. Le pareció muy divertida e ingeniosa. Se puso a reír, y a continuación se disculpó para ir al baño. Cuando se había ido, Orlando me cogió del brazo y me dijo:
Orlando: ¿Por qué habéis empezado a hablar en castellano? –dijo en un tono algo molesto– Los demás no os entendemos. ¿De qué os estabais riendo? –añadió, mirándome fijamente. Yo respondí, sinceramente:
Ángela: No me he dado cuenta, al ser los dos españoles supongo que nos hemos animado y... –Orlando me cortó:
Orlando: Ten cuidado. –yo le dije, intrigada:
Ángela: ¿Por qué? –él me contestó:
Orlando: No me fío de este tío –yo le pregunté, asombrada:
Ángela: No te entiendo¿qué quieres decir? –él añadió, seguro:
Orlando: No seas tan ingenua, tú te lo crees todo y…quizá quiera algo más de ti que comentar una simple historia. –yo contesté, algo indignada:
Ángela: ¡Oh vamos, Orlando! –pero entonces él dijo:
Orlando: Ah, pero si es eso lo que tú buscas…–yo me levanté de golpe, tirando la silla al suelo y haciendo que todo el mundo nos mirara. Yo no era de esa clase de chica y no quería seguir escuchando tonterías. Cogí mi bolso y me despedí de Viggo, para seguidamente decirle a Lin:
Ángela: Nos vemos mañana. Y tú Adam no me la hagas trasnochar mucho. –Lin, en uno de sus arrebatos me tiró la servilleta (suerte que no tenía cerca ningún objeto contundente porque sino…) y me dijo, riendo:
Lin: Hasta mañana.
Me fui hacia casa sin despedirme de Orlando, enfadada por su actitud y comentarios.
(---Notas de la Autora---)
Me encanta la frase “ignorando cualquier otra presencia humana que pudiera haber en el comedor”. Cada vez que la leo me río yo sola. ¡Ah! Y todo hay que decir que la idea de las clases particulares, fue debido a Mayu S. y una de sus historias manga . Así que… Gracias Mayu S.!! Eres la mejor!!
También espero que la escena en que Orlando descubre a An, se haya entendido. Él sospechando de ella, por eso le dice una cosa errónea sobre él mismo. Como cuando en las películas le cambian el nombre del perro y entonces saben que miente o que no es esa persona, si? Quiero saber vuestras opiniones!!!!
Todos los comentarios los podéis enviar a: anlin34(arroba)gmail(punto)com
Gracias a todos los que me leéis. Me alegro q se haya incorporado una más! Así que Bienvenida Bisojo-tsuki. Dicho esto comentarios “personales”:
Bisojo-tsuki: Gracias por tu sugerencia, esperemos q la gente se anime a leer y me la comenten! Espero que disfrutes con ella. (bueno lo espero de todos!! Jajaja).
Mary-dreams: Gracias por la información! Que bueno!! Al final solo es en la ficción. Viggo NO ha tenido nunca una hermana. Nos vemos, besos!!
TrevinoGilberto: JAJAJa. Sip! Muy conveniente para Orlando… ya veremos q pasa con las lecciones… uuuooohhh jo jo! (risa un piquito maléfica).Pues no se nada de ti… Espero q te llegase mi mail.