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Fiction » Fantasy » Ojos bien abiertos font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Wilkilen
Fiction Rated: K - Spanish - Fantasy - Reviews: 5 - Published: 11-29-06 - Updated: 11-29-06 - Complete - id:2281940

N/A: Esta historia fue hecha para el colegio, no para mí, sino para Feli, mi hermano del alma. Dedicada a él, obvio.


Días y días los pasó deambulando, huía de su casa, escapaba de su realidad, se enfrentaba al mundo. Algo lo abrumaba. Se sentía perdido, desolado. Caminó minutos, horas, tal vez días, ni él lo sabe. Iba con un propósito, pero sin un rumbo.

Ese día llovía torrencialmente. Él no tenía protección alguna, estaba solo en el medio de un lugar desértico y para él desconocido, mojado, con frío, pero nunca, nunca jamás se le cruzó por la cabeza la idea de volver.

-Antes muerto- se decía.

Y ese era su sustento para proseguir; su gran fuerza de voluntad lo acompañaba, como así también su enorme tristeza y pesar.

Se echó contra una roca húmeda, tratando de refugiarse, abrazándose a sí mismo para producirse calor. Sin obtener resultados. Se sentía helado y eso le impedía dormir.

Y vio, allá a lo lejos, una gran montaña verde.

-Se mueve –pensó, -delirios –se auto respondió.

Pero, efectivamente, la montaña se movía. Avanzaba hacia él. Lo acechaba.

-Se mueve –afirmó.

Cada vez estaba más próxima de él.

-Será un sueño –se convenció, -un sueño, sí –dijo ya sin dudas.

Ya sólo veía manchas borrosas, manchas color gris, gris seco, de sueños rotos y deseos quebrados, gris piedra; manchas color verde, verde de esperanza, festivo, verde de flor que nace; manchas rojas, pasionales, como la sangre derramada, rojas de un ocaso vehemente que tiñe el horizonte.

Borrones de colores, en un fondo negro; negro como la oscuridad, negro como lo desconocido. Negro como lo que siempre queda, cuando los matices desaparecen y sólo prevalece el negro, mezcla de todos ellos y singularmente diferente.

Ha parado de llover y el agua que tenía su cuerpo lo congela, siente el frío rasgarle la piel, calarse por ella. Se despabila y aquellas manchas ahora pueden verse con nitidez. La montaña no es montaña, es algo grande, un animal.

-Un dinosaurio –se dice sorprendido, atónito.

Ya no ve formas, colores, ni siquiera una gran oscuridad. No, nada de eso. No ve porque no siente. Está inconsciente.

De a poco, lentamente, va despertando. Reviviendo. Pero sigue estando, el dinosaurio sigue ahí. Sus enormes ojos clavados en él, insinuando algo, esperando algo. Ojos que esconden mucho y a la vez demasiado transparentes como para sólo insinuar que ocultan algo.

Tienen pánico. Tanto el dinosaurio como el muchacho. Se temen. Están asustados, pero ninguno retrocede, se quedan quietos mirándose, tratando de perder el miedo.

El dinosaurio le teme al chico por como éste se ve; tiene las ropas sucias, rotas y demasiado grandes para su raquítico cuerpo; su mirada es ausente y carece de vida, sus párpados pesados apenas si pueden mantenerse abiertos.

El dinosaurio provoca al joven terror; por su apariencia, feroz y dominante; también por sus ojos, tan alegres, tan vivos, tan despiertos.

No se sabe cuanto tiempo estuvieron observándose, poco importa. Al final el miedo fue más grande, pudo con ambos; aunque sólo el dinosaurio lo manifestó, de una o mil maneras, no se sabe aún.



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