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Existir durante tanto tiempo sin depender de nada, viviendo en mi refugio amurallado, me ha convertido en lo que soy. Y sé que no es malo ser débil, ni llorar, ni ser más sociable, ni nada... Pero se me hace raro. Es raro que la gente llegue y te abrace por el simple hecho de verte, o que te den un beso por que sí, o que te llamen porque van a salir y quieren contar contigo. Es raro que haya sitios donde me siento bien y que haya gente que es como yo. Es raro conocer personas que tienen tus gustos, o que no les importa cuál sea tu música favorita o tu libro preferido.
Es raro poder contar con la gente cuando estás mal, y que estén ahí para levantarte del suelo, aunque tu orgullo no les permita acercarse.
Hasta el momento vivía dentro de mis muros, y sólo una persona que vivía en una torre alta podía vislumbrar lo que ocurría verdaderamente en el interior, y que cuando caía, lanzaba una larguísima cuerda y me levantaba desde su torre... Pero llegásteis vosotros conquistando terreno y decidísteis derribar la muralla para ver qué había dentro, y aquellas paredes que me protegían de gran parte de la lluvia y del viento fueron tiradas y hechas arena, y ya no hay nada que me proteja.
Entended que es difícil para mí darme cuenta de que ahora no puedo defenderme, que todo vuelve a ser difícil, que tengo que construir otra muralla, esta vez con una puerta y un puente levadizo para dejar paso a los aliados. Mientras tanto, todo seguirá siéndome difícil. Y es doloroso saber que durante un tiempo voy a vivir en otros valles, y tendré que levantar otros muros nuevos lejos de aquí, y no tendré nadie que me ayude a cargar las piedras...