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Fiction » Thriller » Recuerdos malditos font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: lorenina
Fiction Rated: M - Spanish - Mystery/Adventure - Reviews: 1 - Published: 01-12-07 - Updated: 01-15-08 - id:2303085

Tanto tiempo después… un nuevo capítulo, más corto, algo menos denso, pero difícil de escribir. Después del final del capítulo anterior, no estaba muy segura de cómo enfocar la reacción de “ella”, así que reescribí, al menos, tres veces este capítulo.

Al menos me gustó cómo quedó.

Espero que lo disfrutéis.

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Almas errantes

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- Y te quedaste mirando- susurró, repentinamente, una voz en su oído. Se dio la vuelta bruscamente y se encontró un rostro deformado por los golpes y la humillación.

- ¡AHh!- sus pulmones expulsaron casi todo el aire que había en su interior con aquel chillido. Sintió un mareo, la oscuridad la inundó y perdió el equilibrio, haciendo que se golpeara fuertemente contra el suelo.

Poco a poco fue recobrando la consciencia. Había sido una pesadilla, solamente eso. Se había incorporado bruscamente y con el cambio repentino de posición, había hecho que se mareara, cayendo fuera de la cama y dándose un golpe.

La tenue luz que entraba por las persianas bajadas iluminaban el cuarto en el que estaba desde hacía dos días, después de una visita al médico que declaró que no sabía lo que le pasaba. Pero a pesar de que la estancia comenzaba a ser familiar y conocía cada vez más aquel lugar, las sombras y las penumbras no facilitaban que el rostro de la joven la siguiera mirando con aire acusador.

Con una mano en el pecho, se levantó lentamente hasta apoyarse en la cama. Las dos noches anteriores apenas había dormido sin soñar, tan solo se le mezclaban realidad y sueño cuando Jorge entraba a visitarla, pero por lo demás, nada. Solo, aquella noche, cuando se había repuesto del cansancio y pudo dormir completamente tranquila, parecía que la adrenalina había dejado de ejercer de barrera y había creado imágenes y situaciones horribles.

Enterró su cara entre sus manos y notó cómo sus lágrimas fluían libres por su rostro.

No, aquello no era cierto. No habían sido creaciones de su mente. Lo había vivido realmente. Más bien, tenía la certeza de haberlo visto en directo. De haber estado observando, y no hacer nada. Absolutamente nada.

El rostro de la joven, grabado a fuego, en esos momentos en su mente, la acompañó hasta el baño. Fuera o no por el golpe, continuaba mareada y necesitaba vaciar completamente su estómago. Si de paso vaciaba su mente… mejor que mejor.

En un principio la había aterrado enormemente conocer que varios años de su vida habían sido borrados de su memoria. En esos momentos, quería seguir viviendo en la ingenuidad.

Después de varias arcadas, en las que cada vez que cerraba los ojos la mirada acusadora la iba martirizando cada vez más, logró su objetivo. Fue en esos instantes en los que Jorge volvió a entrar en la estancia.

- ¿Te encuentras bien?- preguntó, mientras la cogía delicadamente. Ella comenzó a sollozar. Intentaba detener aquel torrente de emociones, pero no podía. Era incapaz.

- Vamos…-él tiró de ella, pero ella seguía sumida en su mundo, en ese lugar de terror.

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Tres horas después, vio al Jefe.

Ella ni si quiera le dirigió la mirada. Tampoco lo hizo con los demás. Seguía mirando sus manos, manos manchadas de sangre. Hasta entonces, no había creído que por ejemplo, ella hubiera acabado con la vida del Presidente, pensó que eran fantasías del chico. Pero después de lo que había soñado, no estaba tan segura… Tenía la certeza de que ella había estado allí.

- Lucía- llamó el Jefe.

Pero ella no hacía caso. Seguía dándole vueltas a la cabeza. Quizá lo mejor sería era cerciorarse de que estaba en lo cierto. Una violación… tenía que buscar casos de violaciones. Había policía así que era lógico sospechar que había salido en la prensa… pero la prensa ¿de donde?

- Lucía- repitió el jefe.

Nerea, o sea, ella misma, pero no estaba segura, le había dejado una nota diciéndole que todo había comenzado en Malta… No perdía nada por probar. Pero primero tenía que hacerse con algún medio para descubrir la verdad.

- ¡Lucía!.- bramó. Todos se encogieron, menos la joven, quien levantó la vista, desconcertada.- Veo que estás muy diferente a como eras antes. Leí el informe del médico- con un gesto de la cabeza, los dejaron solos..- Al parecer te han administrado una potente droga.

- ¿Dro… droga?- aquellas eran las primeras noticias que tenía de lo que le había ocurrido. Por supuesto, le dijeron que antes de nada, tenían que analizar la información para que no supusiera ningún peligro a su salud.

- Sí, droga, que unida a la que tú te estabas tomando por tu cuenta, sin consultármelo…

- ¿Cómo?- interrumpió.

El Jefe, un hombre mayor, calvo con un bigote canoso. Tenía una fuerte voz, una voz que ya había escuchado antes pero no sabía donde. Se sentaba en un sillón de cuero tras una mesa grande y maciza.

- Drogas, Lucía, consumías drogas- declaró él.- No tengo ni idea de cómo las conseguías.

- Yo tampoco- confesó ella. Ya no sintió aquella sensación de vértigo, pues ya su mundo no se sustentaba en nada. Era simplemente un espíritu perdido flotando en mitad de la nada.

- Ya veo…- la observó atentamente y se rió. Ella le miró, sin saber cómo reaccionar.- En un principio pensé que estabas fingiendo… pero ahora puedo ver que no te acuerdas verdaderamente de nada. Por cierto, tu dinero ha sido ingresado.

- ¿Qué dinero?- preguntó ella.

- Por su puesto el de tu trabajo. Has conseguido lo imposible: asesinar al presidente.

- ¡Y no he hecho nada!- protestó ella. Pero de nuevo, el rostro desfigurado de la joven apareció más nítido y macabro en su mente. Sus rodillas temblaron. ¿Por cuánto tiempo tendría que aguantar eso?

- ¿Sabes? He decidido que te trasladaremos a nuestra sede permanente. En cuanto hayan pasado un par de trámites, te llevaremos a un lugar seguro. Allí podrás sanar, podrás recordar.

- Hmm…- no sabía qué decir. No sabía si fiarse o no. No sabía si debía acepar. Ella solo quería que todo aquello terminara. Investigar qué ocurrió para que tuviera esas pesadillas (¿o eran recuerdos enterrados?), o que le pusieran una inyección y…

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Jaime bebió casi de un trago el ardiente café que casi le quemó la garganta. Llevaban varios días rastreando el monte sin ningún resultado, pero al menos, habían conseguido que la orden llegara, así que casi inmediatamente, fueron a registrar el Instituto. Contactaron con el director, que les recibió enseguida, amablemente. Parecía un abuelo vigoroso con ganas de enseñar a sus hijos.

- ¿Puedo ayudarles en algo?- preguntó. Cuando vio la orden, se quedó al principio sorprendido, pero después, les preguntó qué querían registrar. Mientras varios policías acompañados de Inspectores revisaban las instalaciones, visitaban la guardería, el colegio, las clases y las zonas de comedor y dormitorios; Jaime se dedicó por entero a interrogar al hombre.

- Queríamos preguntar acerca de estas personas- declaró, tendiéndole la foto y señalándole a dos jóvenes.

- Ya había hablado a su compañero de ella- replicó el Director, con algo de desconfianza.

- No importa- declaró Jaime.- Quiero escucharlo por mi mismo.

- Verás, ella se llamaba Carol, y ella Sonia- declaró.- Eran grandes amigas. Carol era la mayor y consiguió entrar a la Universidad. Mientras que Sonia admiraba a su amiga por completo. Consiguió terminar un curso de preparación profesional, y me enteré que a principios de año, no consiguió volver al buen camino- el hombre suspiró con pena.

- ¿Puede explicarse mejor?- preguntó.

- Verá, Sonia llegó a esta Institución cuando tan solo era una niña y esto solo se preocupaba por adolescentes delincuentes. Ella fue abandonada por sus padres, y fue gracias a ella por lo que decidimos convertir este colegio en un internado, para aquellos que estuvieran desamparados.

»Se escapó varias veces del orfanato, por entonces, la seguridad era muy precaria, y la niña sobrevivía robando en la calle. Afortunadamente, con la llegada de Carol, la situación cambió y comenzaron a ser muy buenas amigas, tanto que Sonia dejó de hacer gamberradas y siguió el buen ejemplo de Carol.

- Ya veo… ¿Y Carol, si tan buen comportamiento tenía, cómo llegó aquí?

- Mire, quiero que le quede una cosa muy clara. Muchos chicos que delinquen tienen gran intelecto, pero no lo saben aprovechar, se aburren y van por el mal camino. Aquí intentamos que encaucen ese potencial para hace cosas buenas y labrarse un buen futuro.

- ¿Entonces Carol era un cerebrito?

- Bueno, puede decirse que sí. Era muy estudiosa. Como ya le dije llegó a la Universidad.

- Tenía entendido que aquí lo que se hacía era colocarlos en puestos de trabajo.

- Oh, sí, pero como le dije, Carol siempre fue especial. Fue su tío quien la trajo aquí cuando tenía doce años. Venían de Malta y ella acababa de quedarse huérfana. Como el tío no podía ocuparse, pensó que lo mejor era traerla a un lugar del país de origen de la familia. Así que la ingresó y dejó una buena cantidad de dinero para que fuera a la Universidad.

- ¿Y podríamos hablar con ella?

- Me encantaría facilitaros algún teléfono de contacto, pero ni si quiera la localizamos para la reunión de antiguos alumnos. Desde que se marchó de España…

- ¿Está fuera de España?- preguntó Jaime, cada vez más confundido.

- Oh, sí. Terminó sus estudios en Londres, creo y no sé a qué chico de otro país conoció. Creo que se casaron.- El hombre miró por la ventana, y con una gran tristeza en su voz, declaró:- Quizá por eso Sonia volvió a las andadas… sin Carol que la controlase…

- ¿Podría facilitarnos al menos el nombre de la Universidad en la que estudió?- preguntó.

- Oh, en Salamanca. Como ya saben, es una ciudad universitaria. Pensé que le sentaría bien.

- Muchas gracias, seguiremos un rato más por aquí- advirtió.

Cuando salieron Lorenzo miró con el entrecejo fruncido a Jaime.

- ¿Nos dice el nombre de Silvia y no el de Lucía?

- Quizá cambió de nombre después- tanteó Jaime.- Tendremos que revisar los expedientes de los antiguos alumnos. Y también, ver si en la Universidad queda algún registro.

- Muy bien, me encargaré personalmente del asunto de la Universidad- declaró.- Por cierto, ¿qué carrera estudió?

- Ve a preguntar- le dijo. Después, se encaminó guiado por un agente a los registros, escondidos en una pequeña puerta debajo de secretaría. La secretaria jefa les dijo que antes de 1999, los datos no estaban informatizados, así que, sirviéndose de la orden, declararon que se iban a llevar todos hasta la creación del orfanato.

- Señor, voy para Salamanca- declaró Lorenzo llamándole por el móvil.- Estudió Relaciones Públicas.

- Muy bien, buen viaje.

Colgó el teléfono, cuando otro agente le llamó.

- ¿Qué ocurre?- preguntó, al verlo aparecer todo sudado por la carrera que se había echado.

- Tiene que ver esto.

Después de seguir al policía hasta otro sótano, bastante escondido, detrás de una nevera vieja apalancada en uno de los almacenes, declaró.

- Llamen al director, y díganle que lo mejor será que se busque un abogado.

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Sin decir nada. Con la boca sellada. Cuanto más descubría, peor se sentía. Tenía miedo a dormir y no quería comer. Aquella noche, habían sido cuatro jóvenes borrachos quienes habían aparecido en sus macabros sueños.

- Debes comer- dijo Jorge por enésima vez.

Estaban en un coche diferente al de otras veces, huyendo, cómo no, de nuevo. En una frenética escapada. Al parecer, todo se había complicado y el lugar en donde se suponían que ellos iban a quedarse, había quedado al descubierto.

- Acabarás por morir, y no conseguirás recordar nada.

- ¿Y quién te ha dicho a ti que quiero recordar algo?- preguntó, con furia, pues él no tenía que cerrar los ojos y ver cadáveres mutilados, macabras escenas y vivir con una sensación de terror.- Simplemente quiero olvidarme de todo, emprender una vida nueva, ajena a todo esto.

- ¿Y quién no quiere? Precisamente por eso tienes que recordar. Para poder salir del país, para poder olvidarnos de todo.

Ella no protestó.

- ¿Y adónde vamos ahora?

- Nos hospedaremos en un hostal, y esperaremos a que nos reubiquen en un centro sanitario, para poder tratarte como te mereces.

- ¿Habrá conexión a Internet en el hostal?- se preguntó.

Él dejó suspendida la comida que intentaba que ella tomara y la miró interrogante.

- ¿Por qué lo preguntas?

- No sé, supongo que… informarse es lo primero ¿no?

- No hay que preocuparse, ellos nos informarán- declaró, cortante.- Deberías saberlo.

- Lo siento- susurró ella, avergonzada.

Se produjo incómodo silencio.

- No tienes que lamentar nada… debería haberme dado cuenta que tú no… recuerdas nada- terminó con un susurro.

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- ¿Qué ocurre?- preguntó el Director con extrañeza.

- ¿Qué significa esto?- preguntó.

En el sótano que habían encontrado, había una sala de operaciones con una camilla y material quirúrgico, así como un respirador y diversos aparatos para tomar las constantes vitales. Se había encontrado también una despensa con comida liofilizada y latas de conserva. Además de una habitación con dos camas para lo que parecía, para varias personas que tendrían que pasar bastante tiempo “ingresadas”.

- Todo tiene una explicación lógica.

- Sí, por supuesto- coincidió Jaime.- Y seguro que nos la explicará con todo lujo de detalles en la Comisaría.

- Señor, encontraron el refugio en las montañas.- informó un agente cuando salían del sótano.

- Perfecto- por fin, las cosas empezaban a ir bien.

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Muy cortito ¿no? Pero espero que os facilite la tarea de leer. Besos n.n.


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