Home Just In Communities Forums Beta Readers Dictionary Search Login Register Extras
Fiction » Romance » Cuento de un fantasma font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Arkaham
Fiction Rated: K+ - Spanish - Romance/Drama - Reviews: 2 - Published: 01-29-07 - Updated: 01-29-07 - id:2311768

Una historia que escribi hace un par de años que crei olvidada.
Dedicada a todos mis amigos y aquellos que crean en al mor eterno.

Besos

::Cuento de un Fantasma::


Veo desde mi ventana a la gente caminar por la calle, algunos cruzan la calle evitando pasar enfrente de mi casa otros simplemente se persignan, pero en todos puedo sentir el miedo, la piedad y la misericordia que sienten por esta casa. Mi hogar de tantos años.

Aun puedo verme llegar a ella y escuchar atentamente al vendedor explicarme cada detalle sobre ella, los cuartos amplios, el único baño y la gran estancia. Una antigua bodega convertida en casa.

Mi hogar, mi prisión.

Desde que se fue, tome la decisión y obedeciendo su deseo me quede aquí, y seguiré aquí. Le extraño tanto. Porque fui tan estúpido, porque deje que el hambre y la sed me torturan y me vencieran, si tanto le amaba.

Su sonrisa la veo en los vidrios de esta casa como reflejo de un pasado, su voz la oigo a veces llamándome desde la cocina o desde la recamara invitándome a hacer el amor o simplemente estar juntos.

Le conocí en una reunión hecha por uno de mis mejores amigos, hermosos ojos, una sonrisa encantadora. Su familia no aprobó que saliéramos en una primera cita, su hermano me odio desde ese día. No me importo, ya le quería, le quería y eso me cegó, me alejo mucho de la verdad, tapo mis oídos a los cotilleos.

Pasaron los días y semanas y nos volvíamos mas unidos, me enseño a hacer el amor. Creí que sabia pero a su lado fue distinto.

Era mas joven que yo, oh infinita belleza a los jóvenes, de alma pura y amor frágil. Le pedí que viviera conmigo y acepto, en esta misma casa. Su hermano en cada oportunidad le metía ideas confusas sobre mí, le pedía que me dejara, su hermano también me pidió que le dejará, nunca lo haría y no lo haré.

Por el día, le veía reír, estudiar, socializar y por las noches admiraba su joven rostro, quería aprendérmelo de memoria, pero cada momento, en cada respiro envejecía un poco. Esas noches, reduje mis salidas de cacería, era desgastante estar tanto tiempo sin comer o beber, pero lo valían. Podía estar a su lado, podía verle, amarle. A veces me decía que estaba demasiado tiempo encerrado y mi rostro era muy pálido. Le mentía diciéndole que era por mi herencia familiar.

Padres europeos de sangre noble, nacidos donde el sol solo aparece un par de días al año.

Ah que días aquellos, éramos felices, nos amábamos. Aun su hermano no podía evitarlo. Esta sociedad moderna nos aceptaba naturalmente.

Pero todo cambio un día. Un día en que me confíe demasiado y salí de cacería, volví y en la mañana, me exigió, trate de explicarle, creyó que le engañaba con alguien mas, me dolían sus palabras. Escogí el camino de la verdad y se la dije tal cual. Llore a cada palabra y me miraba como si fuera... o dulces demonios del infierno, su sufrimiento no se comparaba al mío. Le dije que haría cualquier cosa con tal de no perderle, con ira me pidió quedarme en casa. Y aun sigo aquí.

No sé cuanto tiempo estuve junto a la puerta suplicando que regresará, ni cuanto esperando su regreso. Cuando el dolor fue menos mire mi nueva prisión y la arregle. Pase muchas horas junto a la venta mirando las calles tal y como lo sigo haciendo hoy en día, me recostaba en cama como si aun estuviese conmigo y me imaginaba verle, recordando cada trazo de su hermoso rostro. El hambre crecía así como la sed, pero no habría de faltar a mi promesa, me quedaría en casa y le esperaría el tiempo que hiciera falta.

Sabia que estaba en casa de su hermano, muchas veces les hable. Unas me contestaba su hermano lleno de ira, otras la maquina contestadora me respondía, incontables los mensajes que deje¿cuántos de ellos habrá escuchado?

Algunos de mis pocos amigos también se preocuparon, a veces venían, a veces me hablaban. Se convirtió en tortura ver la puerta abrirse y saber que no le vería, ellos no lo sabían.

La soledad de la noche y el feroz apetito me obligaron a tomar mi decisión, un día pedí al dios de los hombres una oportunidad para que escuchara mi voz. Ese dios nunca escucha a los míos, la contestadora fue mas dulce y deje mi ultimo mensaje. El dolor no dejo pensar en mas opciones. Mentí a mis amigos diciendo que me iría en viaje largo, ellos sabían que lo hacia seguido. Me despedí de ellos.

Esa mañana fue nubosa, como si supiera lo que iba a hacer, mi antigua cámara tomo mi ultima foto y escribí una carta diciendo cuanto le quería y mi despedía. Tenia fe que ese mensaje lo escuchara y me hablara a cualquier minuto. Espere todo el día.

Esa llamada nunca llegó.

Entonces tome el arma que sabia podía acabar con mi miserable existencia, y sin dudar la use. Sentí como el calor me abandonaba, como la sangre vaciaba mis venas, como el dolor se mitigaba. Fue como si durmiera, como siempre, en la cama. Desperté y creí que había fallado, no. Vi mi propio cuerpo sin vida al lado mío, ahora sentía el dolor más intenso en mi pecho, lloré.

Fui a la ventana con la esperanza de verle llegar, ahora no podía ver nada. Como si estuviesen tapiadas por fuera, me asuste y trate de ir a buscarle, la puerta que siempre estuvo abierta y nunca quise cruzar cuando aun tenia vida, ahora estaba sellada. Mi hogar se convirtió en mi prisión. Maldije mi suerte, trate de quebrar algunas de las cosas que compartimos. Maldición, estaba muerto y no podía tomar nada entre mis manos, fue mayor mi frustración. Ahora si esperaría aquí por siempre.

El tiempo, ya no tuve mas sensación del tiempo. Me recostaba viendo mi propio rostro muerto, maravillado que los insectos aun no lo usaran como vivienda, quizá era mi mera presencia que los alejaba. Y mi sangre rodeaba mi cuerpo, empapaba las sabanas, una mancha perfectamente regular, casi como el de esos corazones que se usan para febrero. Sabia cuando llovía, había una gotera en medio de la estancia, solíamos poner una cubeta y mirarla llenarse, los dos abrazados. Nos inventábamos cuentos, esos días me hicieron sentir aun más miserable.

¿habría cometido la misma estupidez?

Esa idea cruzó mi mente un par de veces, pero siempre la descartaba porque sabia que estaría al lado de su hermano, él le cuidaba ahora.

Las semana se hicieron meses, largos meses en soledad en este encierro sin saber nada, terminados una tarde, creo que de invierno, su hermano primero entró, llevaba esa chamarra que le quedaba grande y lo hacia parecer como un retardado. Camine a ellos, aun sabiendo que no me escucharían o verían. Podía verle, estaba preocupado y ¿bronceado?

Que hermoso le quedaba ese color en su piel, sus ojos destacaban aun mas. Podía gritar infinitamente que le amaba, pero, no me escucharía. Recorrieron mi prisión sin quitarse los abrigos, murmuraban que hacia mas frío aquí que allá afuera. Eso no me preocupaba.

Nunca odie a su hermano, hasta el día en que le trajo, se culpaba así mismo por haber ocultado mis mensajes, por habérselo llevado a la costa sin decirme nada, quería castigarme y sentía miedo por el ultimo mensaje mío que deje en la contestadora. Oh demonios, todo mi sufrimiento fue culpa de sus celos y mi decisión culpa de su sobre protección. Esa fue la ultima ves que vi a su hermano.

Quería matarlo, destriparlo. No podía ni hablarle, y lo mire lleno de dolor, deje que fuera él que me encontrara, que encontrará mi cuerpo vacío.

Vi las ventanas empañadas, y con todas mis fuerzas inténtente escribir cuanto le amaba. Las letras aparecieron. Me sentí aliviado cuando vi a mi querido amor leerlas mientras su hermano contemplaba en mi habitación mi cuerpo inerte.

Trato de llevárselo, de sacarlo sin que me viera. Pelearon. Y los dos me vieron, en la cama. Las autoridades no pudieron hacer mas, entregaron mi casa a su familia como lo deje escrito en la carta, pero nadie se ocupo en liberarme de esta prisión. De este mi hogar.

Ellos vaciaron mi hogar pese mi suplica escrita, de esa manera jamas tendrían que volver a esta casa. Ahora mi soledad estaba completa. No importaba cuanto tratara de salir, nunca podría. Las goteras llenaban el silencio y aun el mas pequeños ratón no se atrevía a entrar.

No sé cuanto tiempo hubo pasado cuando una pareja llegó y se instaló, poniendo cosas baratas y ridículas, estaba enfadado porque estaban aquí, trate de ahuyentarlos. En un principio solo conseguía causarles frío y escribía en el espejo cuando se bañaban, no le dieron importancia. Pero después, pude tirarles cosas, apagarles las luces, cambiarles de lugar cosas importantes. Tampoco me dieron importancia, estaba frustrado y los odiaba, eso me ayudo a lanzarles objetos en su cara, como quería que se fueran. Y creo que al final lo conseguí.

En casa, solo, medite muchas horas, recordando cada uno de los momentos que había compartido, a cada una de mis presas y sus caras antes de morir. Llegué a pensar que ese era mi castigo por tantas muertes que pesaban en mi alma, pero entonces resonaba su voz clara y fuerte, no salgas de esta casa hasta que yo diga. Quizá esa era mi verdadera cadena a este hogar.

Un buen día llegó una familia de tres, una mujer cuyos ojos me eran familiares, no se porque, su esposo y su pequeña hija, apenas una bebé. A ellos también los quería fuera de casa, no quería en verdad a nadie en mi casa. Mientras desempacaban comencé con mi teatrito, rompiéndoles cosas, ella saco portarretratos y los comencé a lanzar uno a uno, ambos se asustaron. Lo conseguiría mas pronto, pero me detuve. Uno de esos retratos me detuvo, una anciana pareja, muy felices juntos, allí estaba mi amor. No pude evitar llorar y tampoco ver sus caras llena de sorpresa, el retrato que iba a ser estrellado súbitamente volaba con suavidad, hacia ella. Ahora sabia que esta mujer era su hija, tenia sus ojos. No podía echarla de su hogar, de mi prisión. Quizá lo comprendió cuando vio como depositaba el retrato en sus manos, fue mi forma de hacer trato con ella y su familia, ella lo puso en una mesa, allí lo puso y allí lo admiré. Todo fue tan confuso para ellos, pero no me temieron. Ya no les di razón para hacerlo, y después, cuando podía les ayudaba en cosas sencillas.

A veces olvidaban las llaves y yo se las ponía en algún lado de su ropa, otras llegaban tan cansados de trabajar que no podían atender a la bebé, la adormecía haciendo pasar sus juguetes favoritos por encima de su cara. A veces cuando invitaban a sus amigos, y no creían en mi presencia, les daba algo para que no dudaran de su palabra y de mí.

Ella solía hablarme cuando estaba en el baño, me contaba de sus problemas, cosas que no podía decirle a su marido, porque ella creía que serian mas carga para él. Respondía con frases sencillas en el espejo. Él, los domingos solía abrir una cerveza para él y otra para mi, y conversaba sobre fútbol, golf o simplemente de cosas que pasaban por la televisión, alejándose de sus problemas, solía decir al final que mi cerveza aun fría sabia diferente. Era extraño porque nunca la tocaba. Y la pequeña creció creyendo que era su amigo imaginario, un amigo que podía hacer flotar sus juguetes.

Simplemente me hice a la idea de tenerlos conmigo.

Cuando la niña cumplió los 12 años, sus problema los ahogaban, evitaban pelear frente a la pequeña y cuando me enfadaba de esas peleas simplemente les arrojaba algo. Sabían que podía echarlos cuando quisiera y por eso tenían conflictos, él me toleraba poco y quería mudarse y ella no quería irse y romperle el corazón a sus padres, él le alegaba que esta casa embrujada podían venderla muy bien e irse a otra donde no habría fantasmas.

Ese día en la tarde varios hombres entraron a la fuerza a la casa, eran prófugos, querían un lugar para esconderse y al verla a ella y a la niña, un poco de diversión no les vendrían mal. Eran cuatro hombres fuertes contra uno que defendía a su esposa y su hija.

No les di ese gusto.

A uno simplemente le tire de cosas mientras las llevaba conmigo, su cara de sorpresa fue enorme. Cucharas y tenedores flotando y luego lanzados contra su persona, los otros tres estaban pálidos. Con la ultima cuchara los nervios de los fugitivos estaban desechos, me divertí atando sus agujetas, lanzándoles cosas, escribiendo sus nombres, no se como pero lo sabia y lo disfruté­.

Al final quedaron inconscientes, aterrorizados y volvieron a prisión. Quien les iba a creer que un fantasma los había atrapado. Eso basto para terminar con los problemas de la pareja. Ahora me veían con respeto, era algo que les debía, quería protegerlos, quizá de diferente modo del que trate con mi amor.

Mi prisión solo tenia una ventana al exterior, la televisión, pero no quería verla, yo quería ver desde la ventana el mundo real, quería ver el suave paso del tiempo. Quería volver a verle.

Y la niña me vio.

Por primera ves desde que llegaron, y a la edad de 12 años ella me vio. Lo grito, su madre también me vio y su padre, no comprendía como es que los tres de un de repente me podían ver. Ella me reconoció de algún modo, no dijo nada, en sus ojos pude ver la certeza que me conocía de algún lado. Mucho dudo que de ese modo me comprendiera.

Aun hoy día, agradezco que me reconociera.

Ella trajo a sus padres a cenar una noche, no pude creer que finalmente estaba de vuelta mi amor, en casa. Cuanto había esperado. Debajo de todas esas arrugas y canas, pude reconocerle. Estaba un poco asustado, decía que no había vuelto a este hogar, por el doloroso recuerdo que le causaba simplemente, el hecho que había muerto aquí y que aun seguía aquí. Lloró mientras contaba nuestra historia, escucharon atentamente cada palabra, todos esos hermosos recuerdos volvieron. Durante toda la tarde no había hecho nada para que notaran mi presencia. Pasarían la noche en casa ambos, junto con la familia.

Durmieron en nuestra antigua habitación, nadie la quería usar por mi culpa, esa habitación tuviese lo que tuviese ahí yo estaría allí y nadie mas dormiría. Los ancianos durmieron en una cama preparada, bajo las advertencias de mis travesuras, como la familia les decía. Y desde un punto favorable observe a mi amor dormir, recordé su joven rostro bajo todas esas arrugas, le toque con mis manos sabiendo que no despertaría, que no irrumpiría en sus sueños y de algún modo, lo hice y le desperté. Por ultima ves me vi reflejado en sus ojos, hermosos y cansados. Susurro que cada noche había tenido pesadillas sobre mí muerte, que mi suplica detrás de la puerta aquel día no le dejaba de resonar en sus oídos y que jamas pudo confiar en su hermano otra ves. Me pidió perdón por las terribles palabras que me dijo ese día. Le vi llorar, quería consolarle, pero no sabia como, no se me ocurrió nada en ese momento. Y al final me dijo que yo había mantenido su promesa de no salir de casa hasta que él quisiera y se sentía responsable. En un rincón había ocultado el anillo que le había regalado para su cumpleaños, hacia ya mucho tiempo y en su enfado me había lanzado. Se lo lleve, y sus sollozos terminaron, yo nunca los culpe de mi decisión. Entendió lo que trataba de decirle y con el anillo volvió a dormir.

La mañana siguiente, la ventanas de mi prisión estaban libres, al fin pude ver al exterior, las calles habían cambiado mucho a como las recordaba, la puerta estaba abierta. Era libre de irme¿pero a donde? La persona con la quería estar estaba en casa, y se quedaría mas días.

Cada noche vigilaba su sueño, las pesadillas se habían ido, le dijo a su hija. Todo el pesar que tenia se había ido, ahora estaba en paz y feliz, todos lo notaban. Incluso ella se quejaba de no hiciera travesuras, ahora me veía mas seguido a la ventana. Si, sentía nostalgia por el mundo exterior, pero no iría a ningún lado, no mientras mi amor siguiera aquí. Sabia que aun le quedaban muchos años por delante, que finalmente nos habíamos liberado el uno del otro, y sentí la terrible necesidad de despedirme.

Regreso a su hogar, nunca mas le volví a ver con vida.

Ha pasado mucho tiempo desde aquellos días, raramente salgo, prefiero ver el mundo pasar desde esta ventana, la pequeña niña de doce ahora es madre de gemelos, viven aquí en casa y ella les escribe cuentos sobre fantasmas, quizá se acuerde de mí, a veces ellos juran que me ven aquí mismo junto a la ventana o en mi habitación, son traviesos.

Cuido de ellos en las noches, la ciudad se ha vuelto muy activa y de cuando en cuando, a veces los acompaño. Como la vez del funeral de los padres de ella, vi por primera vez mi tumba, al lado de la suya, su tío al lado de la mía y sus abuelos al lado. Estaba en la familia. Me dio gusto saber que había sido aceptado en la familia, quizá por eso permanezco aun con ellos o quizá porque aun no termino de pagar mis pecados. No lo sé.

Y ahora soy feliz.

Quizá mi decisión, no fue tan estúpida después de todo.



Return to Top