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Fiction » Romance » Sádico font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Sakura-Granger
Fiction Rated: M - Spanish - Romance - Reviews: 10 - Published: 02-08-07 - Updated: 02-08-07 - Complete - id:2317050

Sádico

- Me-caes-mal.- dijo Susan a su hermano mayor, que la miraba enfurecido.

No podía evitar hacerlo. Disfrutaba ver como Mattias la acorralaba contra la pared y luego le aferraba las muñecas con su fuerza, tosca, dura y bruta, mientras le advertía que le pegaría si volvía a decir algo así nuevamente. Pero ella nunca le hacía caso y seguía provocándolo. Pero nada llegaba tan lejos.

Al menos, hasta ese momento no lo había hecho.

Siempre llegaban sus padres del trabajo interrumpiéndolos en el momento menos oportuno y luego ambos hermanos se separaban y hacían como si nada. Mientras ayudaban y recibían a sus padres.

Pero siempre habían miradas de complicidad y anhelos prohibidos. Ambos lo sabían y lo sentían cada vez que se miraban a los ojos. Sus padres no lo sabían, y no debían saberlo nunca. Porque ellos sabían que lo que sentían era malo. Y trataban de evitarlo.

Desde hacía algunos meses ambos se habían vuelto enemigos dentro de su casa. Ella no lo soportaba por su carácter y él no la soportaba por como lo trataba. Ambos sufrían de igual manera.

Peleaban día y noche. Pero a ambos les gustaba aquello. Ambos se gustaban.

Mattias la había descubierto cuando por pura maldad había leído el diario de su hermana.

Al principio se había llevado un buen susto, pero terminó por aceptarlo y comenzó a ver a su hermana que era tan sólo dos años menor que él, como a una mujer. En ese momento comenzó su enferma y mortífera atracción.

Cuando Mattias le dijo a Susan lo que había leído, sin el menor pudor, ella lo miró enfurecida y le dijo que lo odiaba y que no quería volver a verlo jamás. Le golpeó y nada volvió a ser como antes.

Pero a él le gustaba aquello. Lo disfrutada más que nada. Y sabía que ella también lo hacía. Y era por eso que nunca paraba de acorralarla y hacerla sufrir. Porque sabía lo que ambos querían, lo que ambos anhelaban con tanto ahínco. Lo que ambos deseaban.

Pero nunca llegaban a concretar nada. Al menos no hasta esa noche, en la que sus padres se habían ido a cenar y no volverían hasta pasada la madrugada. Tiempo suficiente, pensó Mattias y luego sonrió al ver a su hermana entre sus brazos y la pared.

- Al fin solos, hermanita…- canturreó.

- Eso parece, Matt- dijo Susan cerca de sus labios, sin vergüenza alguna. Ya se había acostumbrado.

- Eres una pequeña zorra- dijo el chico mirándola a los ojos antes de posar sus labios en los de su hermana. Besándola con desesperación y deseo. Como si la vida le fuera en ello.

Susan entrelazó sus manos tras la cabeza de su hermano, profundizando más el beso.

Matt había comenzado, y por tal, comenzó a pasear sus manos por las suaves curvas de su hermana de tan solo 16 años. Él sabía que no era su primera vez, por lo cual no trató de no hacerle daño. Es más, le haría pagar por haber sido una pequeña puta. Siempre recordaba que su hermana ya no era virgen, y eso lo enfurecía sobremanera, y ahora, sentía la sangre hervir de pura rabia. Le haría pagar su falta de consideración y recato.

Le tomó con fuerza el trasero y la levantó, haciendo que Susan cruzara las piernas tras el fornido cuerpo de su hermano.

Ella comenzó acariciando su espalda lentamente, con las yemas y luego con las manos, brusca y suavemente, tratando de guardar en su mente cada parte que tocaba. Como un trofeo. Como su trofeo. Sonrió mientras lo volvía a besar con ahínco, acariciando dulcemente su boca, ya experimentada. Ambos soltaron gemidos dentro del otro. Y juntaron más sus cuerpos. Sintiendo la calidez que emanaba cada uno. La desesperación por tenerse mutuamente al fin. El deseo que los consumía lentamente.

El placer de sentir a su hermana sucumbiendo antes sus caricias, era demasiado para Mattias. Le desgarró la blusa que llevaba. Roja, como sus labios. Haciendo saltar los botones por la fuerza ejercida en ellos.

Susan soltó un ligero “oh” y siguió tocando a su hermano, tomando la hebilla del cinturón se lo soltó como pudo y comenzó a tocar suavemente su erección. El chico lanzó un gemido que fue apagado por la dulce boca de su hermana.

Matt le subió la falta que llevaba y le bajó las bragas con desesperación y sin cuidado alguno. Tocando todo a su paso. Los muslos de Susan y su sexo. Ella gimió anhelante.

Lo quería dentro y lo quería ya.

- Hazlo, Matt –dijo- te quiero dentro. Su voz sonó tormentosamente seductora. Al menos, así lo sintió su hermano.

Y la penetró.

Ambos soltaron gemidos guturales. Abrieron los ojos y se miraron fijamente. Sus miradas llenas de deseo se traslucían en el otro.

Matt la embistió otra vez. Los dos volvieron a gritar.

Y así siguió hasta que ambos alcanzaron el clímax y Matt la llenó con su semen, después de haber echo aquella primitiva danza. En la que chica o chico salían victoriosos.

En ambos se veían la satisfacción pura reflejada en sus pupilas. Susan se soltó del cuerpo de su hermano y tomó sus bragas del piso y se las volvió a colocar. Luego se arreglo la falda y miró que todavía, el pene de su hermano seguía erecto. Sonrió.

No estuviste nada mal, hermanito-. Dijo con diversión. Se estaba burlando de él.

Y él lo sabía.

Susan se dio la vuelta y se dirigió al living de su casa, lo miró por el rabillo del ojo y le lanzó un beso. Se sentó frente al televisor que seguía encendido. Mientras que Matt, sólo la miraba confuso.

Se subió los pantalones con rabia y salió de la casa si decir nada, dando un portazo.

En realidad, pensó, su querida hermana, sí era una puta. y aún así le gustaba.

Sonrió de lado, mientras sacaba un cigarrillo de su bolsillo.

Fin


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