| Home Just In Communities Forums Beta Readers Dictionary Search | Login Register Extras |
Historia que escribí dos años atrás, espero que guste. Gané una competencia en mi colegio por este trabajo, por más que nunca me dieron el premio.
De Solitario a Héroe.
Cuando Kenshin Midawa nació, en Osaka, creció con sus padres hasta que tuvo edad para asistir a la escuela. Allí fue cuando los problemas comenzaron a surgir en su vida, a la hora de hacer amigos. Los primeros años no fueron tan complejos, pero cuando un pensamiento crítico sobre su vida se formó en Kenshin, descubrió que sus intereses iban más allá de los de los otros alumnos. Y al querer compartirlos, se hacía difícil entender los diferentes puntos de vista. Pensó que sería un problema en él, que el resto estaba bien y él no. Cuando terminó su educación, los padres lo mandaron a estudiar a Kyoto, donde aprendería medicina para su futuro trabajo. No sabían cuales eran los verdaderos intereses de su hijo.
Época Actual.
Un joven de 22 años de cabello oscuro, tez clara y apariencia madura caminaba solitario por el pequeño patio de su casa en Kyoto, Japón. Vivía solo desde hacia tiempo, sus padres se habían quedado en Okinawa, su ciudad de origen, junto con su pequeña hermana, Natsumi.
Entró a su habitación después de despejar su mente y pensar sobre lo que sería su próxima historia. Mucho no había que preocuparse, lo que más le interesaba eran los antiguos samuráis del antiguo Japón y de eso se trataría. Al entrar en el cuarto, las paredes se veían cubiertas por las bibliotecas que contenían libros sobre su país. Al costado de la puerta había una pequeña mesa cerca del piso donde se encontraban algunas hojas de papel, un lápiz y una goma. Su cama se extendía por las noches en el centro de la habitación, y por el día se doblaba para que no ocupara espacio. Por más que Kyoto fuera una ciudad industrializada a donde Kenshin se había mudado para ejercer los estudios programados por sus padres, él amaba conservar las tradiciones de su país.
La puerta sonó. Kenshin caminó hacia la entrada de la casa, seguro de que sería uno de sus compañeros de estudio. Abrió la puerta, y una hermosa joven de pelo recogido, ojos oscuros y expresión tímida estaba parada en el portal de la casa.
-“Hoshi, dime¿que hace por aquí?”
-“Sólo vine a traerte esto. – ella le entregó un sobre.- Lo recibí de Okinawa por error, tiene tu nombre.”
-“De acuerdo, muchísimas gracias.”
Kenshin entró a su habitación y abrió el sobre apresuradamente. “¿Madre?... – se preguntaba Kenshin. Al abrir la carta, se enteró de que su madre estaba pidiéndole que regresara a su ciudad para arreglar unos asuntos. Como en esos días venideros tendría vacaciones en la universidad, decidió que sería bueno pasar un tiempo con su familia.
Okinawa.
Kenshin golpeó la puerta en la casa de sus padres. Su hermana menor, Natsumi, que ya tenía 18 años, le abrió la puerta y lo hizo pasar. Después de quitarse los zapatos para ingresar a la casa, saludó a su madre y a su padre y se unió a la conversación familiar.
-“¿Cuanto tiempo piensas quedarte, hijo?” – preguntó su padre.
-“Supongo que el tiempo que sea necesario. Mi madre me ha escrito que necesitan ayuda para unos asuntos, y si eso lleva tiempo permaneceré aquí hasta que sea necesario.”- contestó educadamente Kenshin.
-“Que bueno oír esa noticia.”
-“Y bien madre¿De que se trata este tema sobre el que quieres hablar?”
-“Mira hijo, hace ya tiempo que estas fuera del hogar y de la ciudad, y me parece importante que dediques un tiempo a tu familia. Quiero proponerte que pases todo este verano aquí, con nosotros.”
-“Es una decisión que lleva su tiempo. Pensaré sobre ese punto si me permiten contestarlo luego.”
-“Veo que no has perdido tus buenos modales, como siempre, te sigue interesando la cultura antigua. Puedes tomarte el tiempo que necesites; Natsumi, muéstrale su habitación a tu hermano.” – ordenó el señor Midawa.
-“si, padre.”
Ambos hermanos se dirigieron a la habitación que ocuparía el mayor de ellos. La chica abrió la puerta y él caminó dentro del cuarto.
-“Kenshin, hay una fiesta esta noche en la ciudad¿quieres acompañarme?”
-“Bueno...”
-“Más tarde te llamo para que te prepares.” –con esto Natsumi se fue de la habitación cerrando la puerta detrás de ella.
Kenshin tomó unos libros de su valija, y los acomodó en la repisa. También guardó su ropa y sus escritos. Horas después, su hermana lo llamó para ir a la fiesta.
Salieron de la casa caminando con un amigo de Natsumi. Ella iba vestida con una remera rosada y un pantalón negro. Kenshin llevaba camisa y pantalón oscuro, como siempre. A unas pocas cuadras ya comenzaba a verse gente amontonada. Se acercaron más, y encontraron las enormes carpas desde donde provenía música.
-“¿Vamos a entrar?” –propuso Natsumi.
-“De acuerdo.”
Ingresaron a una de las tres carpas en donde había mesas y una pista de baile en el centro. Natsumi y su amigo se dirigieron directamente a la pista, mientras que Kenshin sólo esperaba conocer a alguien para hablar. Se sentó en una de las mesas alrededor de la pista, y enseguida un joven con aspecto de presumido se le acercó.
-“¡Kenshin¡Cuanto tiempo hace que no nos vemos, amigo!, - saludó, agachando su cabeza. Kenshin no lo reconocía, pero se dio cuenta inmediatamente quien era – Y, dime¿aún seguís con eso de los samurai, el Japón antiguo, y esas cosas?”
-“Mi vida no te incumbe. Déjame en paz, Takeshi.”
-“Escucha, tú no me ordenas¿oíste?”
-“Haz lo que quieras.”
-“Mira, yo sólo quiero ayudarte¿Te acuerdas de lo que te dije sobre esos temas? Ya no estamos más en esos tiempos, ahora no hay que defenderse de nada, no hay peligros, y no hay guerras. Actualízate... ¿No te parece que hay muchísimas cosas más interesantes que esa para pensar en estos tiempos? Además, si te deshaces de toda esa basura seguramente no estarías aquí sentado sólo y estarías con amigos y gente que te entendería. Nadie te entiende así, Kenshin. Tengo un trato, dejas toda esa basura anticuada de lado y puedes unirte a mi grupo¿qué te parece, eh?
-“Vete de aquí. No me interesa lo que hagas con tu gente.”
-“Aparentas que no, pero te preocupa no tener amigos¿o me equivoco? Te interesa mi vida Kenshin, y darías lo que fuera por ser tan popular como yo.”
-“No es así.”
-“¿No es así? Quieres ver como te interesa si le doy un beso a tu hermanita?” – con esto Takeshi se fue hacia donde estaba Natsumi bailando con unas amigas que había encontrado. Tomó de la mano a la chica y Kenshin los perdió de vista.
Kenshin había pensado en eso, y se daba cuenta de que era diferente. Sus amigos le decían que era raro, aunque él no lo creyera. A pesar de eso el joven era de corazón fuerte y no se dejaría convencer fácilmente, siempre respetaría su opinión. No notó a la joven que se sentó a su lado en la mesa, justo en el lugar que había dejado libre Takeshi.
-“Hola.” – dijo amablemente la chica.
-“Hola.” – respondió indiferente Kenshin.
-“Escuché decir a tu amigo que te interesa la cultura Japonesa antigua¿es así?
-“Sólo te equivocas en algo: Takeshi no es mi amigo.”
-“¿Entonces sí te interesan los samurai?”
-“Antes de compartir mi opinión, necesito saber quién sos.”
-“Disculpa, no me presenté. Soy Akiko Tsukume.”
-“Yo soy Kenshin... y sí, me interesa la cultura del Japón antiguo.”
-“Es extraño...”
-“¿Qué¿Mis gustos?”
-“No eso, sino encontrar a alguien más como yo.”
-“¿Cómo “como tú”?”
-“A que nos parecemos bastante... ¿sos de Okinawa?”
-“Si. Nací aquí pero luego fui a vivir a Kyoto. No es lo que yo quería para mi vida... pero lo que yo quiero es imposible ahora.”
-“¿Qué es?”
-“Olvídalo. No pienso hablar de eso.”
-“¿Practicas algún deporte?”
-“No voy a mentirte, practico Ken-do aunque nadie de mi familia lo sabe. A mis padres no les gusta que me interese tanto por el Japón antiguo.”
-“A mí me parece muy bueno ese tema... ¿no pensaste alguna vez en ser un samurai?
-“¿Que¿Cómo se te puede ocurrir eso¡esas cosas ya no existen!... Si... quise ser uno.”
-“Conozco otro chico que también tiene esa idea en la cabeza. No vino a esta fiesta, pero si quieres te lo puedo presentar mañana.”
-“Como quieras.”
Unas horas después Natsumi se aproximó a su hermano para decirle que ya se iban. Como lo encontró hablando con una muchacha, decidió recordar la cara de ella por las dudas, aunque no creía en posibilidades. Regresaron caminando a la casa, eran las tres de la madrugada. Kenshin y Natsumi se acostaron en sus habitaciones, y se durmieron pronto. Lo que Kenshin no sabía era que Akiko lo vería al día siguiente.
Amaneció en la ciudad, y alguien golpeó la puerta en la casa de la familia Midawa. Un joven alto, con aspecto arrogante se encontraba detrás de la puerta. Natsumi se apresuró en salir a ver quien era. “si! Enseguida voy!” contestó al timbre. Abrió la puerta sin mirar quien era y de un momento a otro se encontró entre los brazos del joven Takeshi. “¿como estas Natsumi?” – preguntó curioso. “bien... bien...” respondía ella, tratando de librarse del abrazo apretujado. Su hermano se asomó a la puerta.
“¿Takeshi¿qué haces?”
“Tu adorable hermana me lo permite- no te metas, ‘samurai’”
Kenshin respiró hondo, tratando de contener su enojo. Se retiró sin defenderse, y caminó a la cocina para preparar té. Pensaba que quizás, si encontrara otros como él, querría ser un samurai, forjar su espada y su destino. Pero siempre en su mente se cruzaba Takeshi. Para toda clase de cosas que él quería hacer las palabras del joven presumido le rebotaban en la cabeza: ‘tendrías más amigos si dejaras toda esa basura de lado... actualízate... actualízate...’. ¿Realmente era ese su destino¿Pero que estaba pensando, no se suponía que los samurai FORJABAN su propio destino?... ‘yo no puedo ser samurai... es imposible.’ Se dijo a si mismo. Nuevamente, un aplauso de llamada fuera de la casa lo distrajo de sus pensamientos. Caminó lentamente hacia la vereda, dándose cuenta que su hermana había salido de paseo con ese tal Takeshi. No quería eso para su hermana, y sabía que ella se estaba cegando en muchos aspectos. Los sorprendió ver quien se encontraba en el portal de la casa: cruzada de brazos, una chica de pelo oscuro y cara conocida.
“Akiko¿no?” preguntó a modo de saludo.
“Buenos días.” Saludó amablemente la muchacha.
“¿Por qué viniste?”
“Sólo para conocerte más. Me pareció interesante lo que hablamos anoche y no me conformo solo con eso... claro, si no te molesta.”
“No es problema. Mis padres y mi hermana salieron, puedes pasar a la casa.”
Entraron en la cocina donde Kenshin terminaba de preparar el té. “¿quieres?” ofreció a su amiga.
Se sentaron en la mesa cerca del suelo al estilo tradicional. Él dio inicio a la charla.
“Me alegra mucho que te interesen estos temas igual que a mi... ¿nunca te pasó que te sentís dejada de lado por tus intereses?”
“De hecho me pasa todo el tiempo... creo que la mayoría no entiende a qué apunto en la vida y por eso no me he sabido integrar en los diferentes grupos en los que he estado... eres la primera persona que se me asemeja de esa forma... y yo también estoy contenta.”
“Me resulta extraño...”
“¿Qué?”
“Hablar de estos temas... nunca comenté nada a nadie... en realidad lo hacía cuando era chiquito, por eso Takeshi sabe sobre mis gustos, y como él algunos otros que decían ser mis amigos. En lugar de hablar sobre esto tengo libros escritos.”
“¿Escribes? Quiero leer alguna de tus obras si se puede... me encanta leer.”
“Casi todas tratan de samuráis, Japón antiguo y esos temas que tú sabes... aunque últimamente no escribí mucho por otras actividades... la universidad y Ken-do llevan su tiempo.”
“Debe ser divertido... quisiera aprender.”
“Requiere de mucha práctica, resistencia y persistencia... si estas dispuesta a dar todo eso... entonces me dispongo a enseñarte lo que esté a mi alcance.”
“¿Si??”
“Sí... el único problema es el lugar... mis papás no saben eso y por ahora no quiero que lo sepan.”
“Por eso no hay problema... mi abuelo tiene un Dojo que será perfecto para la práctica. ¿Quieres conocerlo mañana?”
“Bueno...”
Luego de intercambiar algunas otras palabras, Akiko se despidió de Kenshin y fue a su casa. Tomó el teléfono y llamó a uno de sus amigos.
“Hiroshi, un amigo viene mañana al Dojo de mi abuelo... ¿quieres venir con nosotros?”
“sí... lo único que espero es que ese chico sea como nosotros...”
“Estoy segura de que lo es.”
Esa noche, en la casa de los padres de Kenshin, Natsumi abría la puerta despacio para no hacer ruido.
“¿Adonde vas, hermanita?” preguntó el chico.
“No te importa.”
“No me digas... estas saliendo con esa sanguijuela.”
“Takeshi es lo mejor, que tú seas raro y no puedas integrarte a los pibes es cosa tuya... cambia tu forma de pensar y vas a conseguir amigos.”
“¿Ahora tú también estas en mi contra?”
“Siempre lo estuve... solo que no sabía como decirte lo que Takeshi dice mejor que nadie.”
“Haz lo que quieras. Pero si mi padre se entera no me culpes a mí.”
“Jm.” Natsumi cerró la puerta de golpe y abrazó a su novio, que la esperaba afuera. Juntos salieron caminando.
“Kenshin¿todavía estas despierto hijo?” se escuchó la voz de la señora Midawa.
“Si madre... ¿me necesitas?”
“No... sólo para comentarte algo... si te interesa saberlo.”
“Que¿es malo?”
“El señor Yori Tsukuno fue asesinado hoy por la tarde. Todos lo lamentamos.”
“Es una pena... ¿Se sabe sobre quien lo mató?”
“Dicen que era un desconocido, pero su esposa asegura que fue gente de Taiwán. Sería extraño...”
“¿Taiwán? Quieres decir... ¿un ataque a Okinawa?”
“no lo se.”
“Con permiso.” Conteniéndose, el joven caminó pausadamente a su habitación. Allí se arrodilló en el suelo y se quedó un momento pensativo. Yori Tsukuno había sido su maestro mientras él estaba en Okinawa, y era, tal vez, la persona más confiable para Kenshin. Una lágrima inocente se derramó por su mejilla, al mismo tiempo que él repetía en su mente la frase que tanto había memorizado: ”llorar es para los débiles”. Recordó la promesa que le había hecho a su maestro: Nunca rendirse por más que la situación estuviera totalmente en su contra.
Kenshin se levantó al día siguiente para ir a la casa de su amiga Akiko. Guardó en una bolsa su traje de Kendo y recorrió a pie la distancia desde su casa hasta el Dojo. Llegó pronto a destino y después de saludar a Akiko y a Hiroshi, comenzó la clase. No fue muy duradera, pero los tres se divirtieron y Akiko aprendió varias cosas. Terminada la lección, Kenshin y Hiroshi se tenían que ir, por lo que el último se ofreció a acompañar a Kenshin hasta la casa. Ambos empezaron a caminar después de despedirse de su amiga.
“¿Cuánto hace que la conoces?” preguntó Kenshin a Hiroshi, quitándole la pregunta de la boca.
“Unos dos años. Nos encontramos de casualidad, yo soy de Osaka y estaba aquí de turista. Ahora decidí quedarme por ella. No¡no es lo que piensas!... somos muy amigos, nada más. Además yo tengo novia.”
“¿Ah si¿Y ella?”
“No... Akiko nunca tuvo novio.”
“Porque yo sí me quiero quedar aquí por ella.”
“Je... Mi novia, Hikari, tiene otros amigos que también se quedan aquí por ella... no es por amor, es por amistad, por confianza y respeto...”
“Muy pocas personas pueden diferenciar esos dos conceptos clave.”
“Estoy de acuerdo...”
“Me pregunto cómo sería reunir a todas esas personas en un mismo lugar.”
“Puedo preguntarle a Akiko si mañana podemos juntarnos en su Dojo... al menos los que conocemos.”
“Está bien. Llama para confirmarme, aquí tienes mi número.”
“Bien. Aquí me voy. Nos vemos mañana si es posible. ¡Si conoces a alguien más así no dudes en avisarnos!”
“Lo haré. Hasta luego.”
“Hasta luego.”
Y así, al día siguiente, cinco personas se encontraban en el Dojo de Akiko, aún esperando a Kenshin.
“Buenos días!” llegó este último, agitado por el apuro. Venía con una joven de aproximadamente su edad, ojos oscuros y pelo recogido.
“Buen día, pueden acompañarnos.” Invitó Akiko.
“¿Quieren que nos presentemos primero?” propuso uno de los que se encontraban allí. La propuesta fue aceptada con naturalidad. Akiko, Kenshin, Hiroshi, Ryo, Kai, Hoshi y Hikari conocieron rápidamente los intereses de los demás.
Pasaron días entrenando sólo por diversión, y Kenshin descubrió que por fin había encontrado lo que buscaba: un grupo de personas que lo aceptaran como era: Diferente. Un día, cuando se reunieron en el Dojo, Hiroshi pidió comentar unas palabras, preocupado, y habló a sus compañeros:
“Conozco gente en Taiwán. Un amigo mío, menor que yo, vive allá, y dice que escuchó a su familia hablar sobre un futuro ataque a Okinawa... me preocupa.”
“En nuestra zona ya no existen armas y por eso creo que no va a ser fácil un contraataque... y si atacan aquí...” opinó Hikari.
“No se pueden comprar espadas, armas, ni ningún tipo de esas cosas.” Agregó Ryo, quien había seguido una carrera militar en el extranjero. Esto provocó que todos comenzaran a hablar preocupados, y se descontrolara la situación. Kenshin se puso de pie, y pidió silencio, el cual se le fue concedido.
“Opino que si no podemos comprar las armas, las hagamos nosotros. Piensen en lo que siempre han querido tener, la espada por la que practican Ken-do... y piensen que con esa espada pueden salvar su ciudad.” Dijo con entusiasmo.
“Creo que él tiene razón, pero¿y la gente? Entrenar a toda una ciudad para que se defienda no es fácil...” explicó Akiko.
“Puede que no sea fácil pero no es imposible. ¿De cuánto tiempo hablaban, Hiroshi?”
“Diez, once meses. Pero como se trata de quitarle a Japón las tierras que conservan la mayor parte de tradiciones, lo piensan hacer a la antigua- sin tecnología moderna.”
“Eso nos beneficia. Necesito que cada uno de ustedes consiga en menos de una semana a por lo menos veinte personas dispuestas a pelear por su tierra. ¿Están dispuestos?”
“Sí.” Contestaron firmes los demás. La seguridad que Kenshin les daba al hablarles no iba a dárselas nadie más. Se sentían parte de un equipo en común, de un grupo responsable y unido. Después de esa clase no se volvieron a ver por unos días.
Un martes a la mañana se reencontraron. La mayoría de ellos había conseguido entre treinta y cuarenta personas después de recorrer casas y casas de su ciudad y pueblos cercanos. Se lo habían propuesto y lo iban a cumplir por lealtad a Kenshin. Y él lo iba a cumplir por la promesa que tenía con su maestro. Iba a defender Okinawa, no importaba el precio. La mayor parte de la gente a la que le preguntaron aceptó sin cuestión debido a que las noticias aparecían en los diarios. Venía enserio, y todos estaban asustados.
Aún faltaba forjar y afilar espadas, y para eso se requería gran cantidad de gente. Los que tuvieran espadas, que era la mayoría de los hombres a partir de 25 años, las afilarían, y los que no, forjarían nuevas para la batalla. Localizaron a los que estuvieran dispuestos a trabajar duramente, y empezaron con la tarea. Muchos hombres de la edad de 17 a 30 años, y algunos mayores, trabajaban en el campo que se les había prestado tanto entrenando como preparando las armas.
Se aproximaba la fecha clave. Ya se sabía cuando sería: el 20 de Octubre atacarían por primera vez. Lo que intentaban en Taiwán era que los japoneses despejaran la zona pacíficamente, y poder quedarse ellos con el territorio de buena manera, aunque fuera injusto. Pero a pesar de que el resto retrocediera, Kenshin sabía que no se daría por vencido antes de ser vencido, y para ello tendría que luchar bastante.
El chico se subió a una colina medio baja, y vio como todos, aún siendo diferentes, trabajaban conjuntamente para los fines comunes. Y para entenderse no hacía falta mucho: no aflojaba uno, ni el otro, sino los dos un poco, y de esta manera no discutían. Así avanzaba, día tras día, la creación de las espadas que luego enterrarían hasta el día del combate para que no fueran descubiertas. El personaje fijó su vista en un punto. Un joven de corta edad, junto con un hombre mayor, estaban afilando una espada. Discutían por la razón, y decidió darles un concejo. Se acercó lentamente, y les llamó la atención.
“¿Que hacen¿Por que discuten?”
“él quiere que se haga todo como él dice, caprichoso...” Dijo el menor
“Él dice que por ser mayor debe hacerse como él dice.” Contestó el otro
“Escuchen, en este campo somos todos iguales¿si¿Por que no, en lugar de discutir, hacen a un lado las diferencias e intentan complementarse, de manera que se utilice lo bueno de cada una de sus ideas de forma constructiva?”
Ambos se miraron y lo pensaron un momento, en el cual Kenshin se alejó y se acercó a otra persona. La invitó a subir nuevamente a donde él se encontraba antes, y hablaron.
“Si no fuera por ti yo no hubiera podido desplegar estos conocimientos, ni hacerme tan fuerte como me hice en el último mes.” Le comentó a ella.
“Kenshin... lo único que hice fue darte la clave para llegar a ese lugar adentro de ti que no sabías que estaba.”
“Igualmente Akiko, creo que lo que tú hiciste fue especial.”
“Muchas gracias por el reconocimiento...”
“¿Me permites?” preguntó Kenshin, acercando su rostro al de la chica. Ella simplemente se quedó quieta, permitiéndole hacer lo que él quisiera. Él le tomó una mano, y se acercó a su oído, diciendo:
“Todo lo que hiciste por mí hace que te quiera muchísimo... y en este momento te voy a demostrar lo que siento por ti...” se acercó más, y la besó suavemente en los labios, alejándose enseguida. Ella lo miró a los ojos, y le sonrió.
El tiempo corría y cada vez eran más las espadas y los guerreros. Aunque también era cada vez mayor la preocupación y la inquietud. En su debido momento cada uno tuvo una espada forjada o renacida. Los duros entrenamientos a cargo de maestros que habían llamado de todas partes daban su resultado con el correr de los días.
Era la noche anterior a la partida. Kenshin sabía que iba a extrañarla... y sabía que no quería irse sin dar un paso primero.
Esa noche estaría solo en su casa, entonces le pidió a Akiko que fuera con él.
Estuvieron cenando en la cocina y luego tomaron un té. Kenshin la llevó a su pieza y estuvieron mirando los libros que él escribía.
“¿Puedes prestarme uno?”
“sí. Elige el que quieras, pero cuídalo como si fuera mío.” Los dos rieron ante este comentario. Se sentían iguales a pesar de ser diferentes y conocerse hace poco, lo que daba lugar a un trato informal entre ellos.
Por esto Kenshin pensaba que ese sería el momento, y que si no era esa vez, no iba a ser en mucho tiempo. Tenía miedo de cómo iba a reaccionar su novia, pero tenía que intentarlo.
A las doce se acostaron. Kenshin nunca había hecho algo parecido, pero tenía ideas al respecto. Ella tampoco. La abrazó por la cintura y comenzó por darle besos en el cuello y los hombros, cosa que a ella le gustaba. Corría su ropa y sentía su piel.
“¿Tienes miedo?” Le preguntó él.
“Un poco... pero confío en ti.”
“Esta bien... dime lo que sea... incluso si algo te parece mal o quieres detenerte.”
“Sí.”
Suavemente le quitó la remera, e hizo lo mismo con la suya. Bajó un poco a la altura de su pecho y comenzó a besarle, acariciando lo que la ropa antes cubría con sus labios y lengua. Ella respiraba agitadamente. Se sentía segura entre los fuertes brazos de su novio, sentía que nada malo iba a pasarle mientras estuviera con él. Le correspondió un abrazo obligándolo a subir más, y lo besó.
El muchacho fue lentamente quitándole el resto de la ropa, lo que hizo también con la propia. Con su mano izquierda la abrazaba y la derecha se dirigió a la entrepierna, donde hizo cosas que ella no esperaba, pero que ambos disfrutaron.
Los dos se encontraban completamente sin ropa pero no tenían frío. Ella se fue animando a tocarlo, y a él le encantaba. La transpiración mojaba las sábanas. Kenshin se acomodó arriba de ella y, mientras la besaba, su cadera se fue acercando a la de Akiko. Las respiraciones eran aceleradas y la chica dejó escapar un gemido de sus labios cuando él, con fuerza pero delicadamente, entró en ella. Kenshin se movía en su lugar y ella se lo permitía.
Estuvieron un rato así, y junto con un fuerte y dulce beso Akiko sintió como se llenaba por dentro: lo más lindo que le había pasado en su vida.
Dos suspiros de alivio, dos besos, dos manos enlazadas, dos cuerpos... pero tres seres: él, ella y la unión que perduraría por siempre.
Él se acomodó a un costado y la abrazó fuertemente.
“Te amo.” Le suspiró al oído.
“Yo también te amo, ‘Sensei’” respondió contenta.
“lamento tener que irme mañana.”
“Por favor regresa pronto...”
“lo prometo.”
17 de Octubre
A pesar de las preocupaciones de los dos por la batalla a la que Kenshin no podía faltar, ambos durmieron pacíficamente esa noche juntos, que nunca más olvidarían, una al lado del otro abrazándose. Se sentían más seguros de sí mismos y del otro que nunca antes, y demasiado contentos. Era amor.
El ejército japonés se encontraba listo, pero desanimado. Kai, Hiroshi y Ryo se encontraban al frente. Kenshin les habló a sus amigos: “Están aquí y así porque confiamos cada uno en el otro. No olviden esa confianza y prometan que van a luchar hasta que terminen con ellos. ¿Alguno de aquí no esta dispuesto a morir por su tierra y su gente?” –no obtuvo respuesta-“Bien. Entonces pongan sus espadas y brazos a trabajar y defiendan la tierra en que nacieron, por el honor de sus familias!” –Gritó. Ahora que podía desplegar su personalidad fuerte, de samurai, sabiendo que había gente apoyándolo, lo haría.
Entró por última vez a la casucha donde estaban Akiko, Hoshi y Hikari. Las tres hacían fuerza por no llorar. Cuando el chico entró, Akiko corrió a abrazarlo.
“¿no puedes no ir, verdad?”
“Quiero hacerlo. Como estudiante de Kendo hice una promesa y debo cumplirla.”
“Está bien... Sólo... ten cuidado.”
“Lo tendré. Confía en mí.” Kenshin salió de la habitación, acompañado por ella para despedirlo. Se colocó al frente de su gente y habló.
“¡Lucharán por su tierra y su honor, dando su vida si es necesario!¡No olviden a quienes los esperan y hagan valer esas espadas!”- El resto gritó en coro.
Kenshin miró a Akiko. “Nos volveremos a ver.” Dijo suavemente. Ella entendió el mensaje y corrió adentro.
El ejército de samuráis avanzó más y más hacia el campo de batalla a través de los últimos días, y se encontró frente a frente con el ejército de Taiwán.
La batalla, iniciada por el país invasor, dio lugar a varias muertes por los dos bandos. Kenshin y sus amigos aún se mantenían de pie.
Kenshin logró matar a cinco oponentes con los movimientos básicos de Ken-Do. El ejército invasor estaba bien preparado, y no era fácil. Tampoco era difícil hasta que vio en su espalda al líder del otro grupo. Giró velozmente y se defendió con la espada. Así se mantuvieron en batalla por un rato. Durante la batalla, el jefe del ejército de Taiwán lo miró y le dijo:
-“no peleas nada mal. Pero te falta mucho para estar al nivel de tus ancestros.”
-“Tal vez sea verdad, pero mi ejército es mucho mejor que el tuyo, por si no te haz dado cuenta” dijo señalando el campo de batalla. Con esto su oponente giro la vista, vio a casi todo su ejército derrotado y gritó:
-“¡Es imposible¡No lo planee así!” dichas estas palabras, él empezó a correr dirigiéndose a uno de sus barcos, dispuesto a escapar. Kenshin, reaccionando con gran velocidad, corrió con precisión mientras con el canto de la espada tocó la pierna de su enemigo provocando que éste cayera. El muchacho se posicionó de espaldas a los barcos impidiéndole la salida. Su oponente se levantó, apoyándose en su espada y le dijo a Kenshin:
-“Creo que la única forma de escapar es derrotándote.”
Los dos se dispusieron a luchar nuevamente. En un descuido, la espada del Taiwanes le produjo un profundo corte en su hombro derecho que le impidió utilizar su espada. A punto de rendirse, el personaje recordó la promesa que había hecho a su difunto maestro: Nunca rendirse por más que la situación estuviera completamente en su contra. Basándose en esto, ignoró el dolor y el sangrado en su hombro, tomó su espada y empezó a tirar golpes con su espada con gran fuerza, de los cuales el de Taiwán defendió todos, excepto uno, al cual no pudo evitar por más que quiso. Kenshin le clavó su espada en el medio del pecho, cortándole el corazón y haciendo ver la punta de su espada por la espalda de su adversario. Antes que muera, Kenshin le dijo a su oponente en un tono burlón
-“¿Quien es el mal-luchador?” – cuando él retiró su espada del pecho de su oponente éste cayó al piso agonizante. Kenshin por otra parte envainó su espada manchada con sangre, caminó unos metros y cayó al piso moribundo. Tiempo después Kenshin se despertó en un hospital de Okinawa. Al ver todo blanco a su alrededor, preguntó:
“¿Estoy muerto?” y escuchó la voz de Akiko y sus amigos diciendo:
“No, no estas muerto¡estas en el hospital después de la dura batalla que ganamos!” – exclamó Hiroshi. – “Te encontramos en el campo de batalla desmayado.”
Pasados unos días, quedaban pocos en el campo de batalla. La mayoría de ellos, japoneses. Los de Taiwán restantes, huyeron a los barcos, y dejaron las tierras, al ver las pocas posibilidades que les quedaban. Kenshin reunió a sus compañeros. Miró una a una las caras de ellos, pero faltaba Ryo. “¡Ryo!” gritó. Una espada y un brazo se distinguían levantadas del suelo cubierto de cuerpos. Kenshin, Hiroshi y Kai corrieron hacia su amigo.
“Lo siento...” pronunció suavemente Ryo. “Es un largo camino a casa... vallan, déjenme aquí”
“No... no puede ser...” dijo Kenshin. “Voy a ayudarte, no voy a dejarte solo.” entre todos lo llevaron a cuestas y regresaron, lentamente, a la ciudad.
Akiko lo recibió con una sonrisa y un suspiro de alivio. Aunque muy pocos habían regresado.
“Que bueno que estén a salvo.” Dijo Hoshi. Hikari se encontraba ocupada en el momento de la llegada, pero al oír las voces de sus amigos corrió a recibirlos. De prisa llevaron a Ryo al hospital para curarlo, y no dieron muchas explicaciones por las heridas.
Una mañana, Kenshin abrió la puerta al toque del timbre.
“¿Takeshi?” se sorprendió al encontrarlo, con su hermana como siempre.
“Kenshin, tenemos que hablar.”
“¿Qué quieres?”
“Un segundo.” – Kenshin aceptó y caminaron solos por los bosques de bambú. “Creo que debo felicitarte.”
“¿Tú a mí?¿Por qué?” preguntó algo confundido, Kenshin.
“Aún con todos en tu contra lograste armarte de gente y seguir adelante... pudiste forjar tu espada y tu destino como un verdadero samurai, y conseguiste lo que querías. Eres muy valiente.”
“Gracias.”
“Por esa razón te ofrezco ahora que te unas a mi gente.”
“lo siento... pero no.”
“¿No¡Todos te apreciamos!”
“Pero es porque ahora, que soy reconocido, soy útil para ustedes. Takeshi, no has cambiado nada. Yo sí. Tengo gente que me apreciaba antes de conseguir mi honor, y con ellos quiero estar.”
“¡Mentira! Lo que quiero es... que tengas más amigos, me doy cuenta que eras una persona muy importante, muy valiosa, a pesar de tus extrañ-- ... digo, asombrosos intereses.”
“¿Sabes? Ojalá algún día puedas creer lo que dices.”
“¿Qué?”
“Nos vemos, voy a la casa de Akiko.”
“Eres un idiota”
“Aprendí a respetar incluso a mis enemigos, por eso no te diré lo que pienso.” – Con esto Kenshin se fue para el lado del Dojo de Ken-do, con su antigua espada para ejercicio. La real, estaba enterrada en el patio de su casa, de manera que nadie que no supiera de su existencia la encontrara.
Kenshin se paró en el frente del Dojo, saludó a sus compañeros y comenzó la clase. Así pasarían muchas más horas juntos, hasta que alguno de ellos decidiera detenerse.
FIN.
Mikaera.
Reviews por favor!