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Parte I: El Descubrimiento.
Cerró su libreta de anotaciones, esperanzado. Llevaba bastante tiempo excavando la zona, y si bien aún no encontraba lo que buscaba, consideraba que iba por buen camino. Comenzó a caminar alrededor de las ruinas recién encontradas, tratando de encontrar algo que lo llevara a su meta. Contaba varias décadas dedicado a la arqueología, así que sabía distinguir una pista genuina de una falsa; y estaba seguro que el último hallazgo se encontraba dentro de las primeras.
Las ruinas consistían en una gran habitación, en cuyo interior se encontraban una serie de columnas dispuestas alrededor de un zócalo de piedra blanca. Tanto las columnas como el zócalo estaban adornadas con una serie de dibujos y jeroglíficos a lo largo de su superficie. Toda la estructura se encontraba sobre una pequeña plataforma, que presentaba un diseño semejante al del resto de la construcción. No le cabía duda de que el descubrimiento consistía en una estructura con fines ceremoniales.
Se subió a la plataforma y comenzó a caminar en círculos sobre ella, observando atentamente los intrincados diseños que se encontraban a sus pies. De vez en cuando abría su libreta de anotaciones; unas veces para leer, y otras para escribir pequeñas observaciones. Nunca en su vida había estado en ruinas como éstas (y eso era mucho decir, puesto que desde pequeño vivía viajando de ruina en ruina, de modo que realmente conocía muchas) y no podía evitar sentirse maravillado. Adonde mirara se encontraba con aquellos extraños dibujos, que ni él mismo podía descifrar. Sabía que estos símbolos eran los que posiblemente lo guiarían a su objetivo, pero tenía que encontrar a alguien que pudiera leerlos. No, ya había encontrado a esa persona; sólo tenía que esperar a que llegara, en cualquier momento.
—Disculpe —Un joven vestido de forma algo descuidada y cabello rebelde castaño le hizo una pequeña señal con la mano para llamar su atención—. Ella ya llegó.
—Bien, bien —expresó el hombre con una sonrisa, levantando la mirada—. Guíala hasta acá; quiero que vea esto.
El joven asintió y se alejó a paso veloz, dejando al hombre nuevamente solo en las ruinas. Dirigió una última mirada a las columnas y bajó de la plataforma, dispuesto a esperar a quien creía le ayudaría a determinar qué tan cerca estaba de su objetivo. Tenía plena confianza en ella, pues pese a su corta edad era una experta en antiguos jeroglíficos; y lo mejor, la chica poseía una pasión por la arqueología poco vista aún entre los integrantes más prominentes del rubro.
—¡Vaya! —exclamó una voz femenina, que hizo que se diera vuelta de inmediato.
Una joven mujer de cabello largo se acercaba llevando una pesada maleta bajo el brazo, pero no parecía darse cuenta de ello; más bien, miraba con brillantes ojos las ruinas recién descubiertas.
—Esperaba que llegaras, Claire. Quería que me dieras tu opinión respecto a este hallazgo —dijo el hombre, mientras se acercaba con una amplia sonrisa y tomaba la maleta que la chica cargaba, poniéndola a un lado—. Dejaré esto aquí. Por favor, hecha una mirada a la plataforma.
La joven asintió enérgicamente y subió de un salto a la estructura. Casi instantáneamente su rostro pasó a mostrar absoluta perplejidad. Cayó sobre sus rodillas, con las manos sobre los extraños diseños.
—No me cabe duda, esto es lenguaje ceremonial antiguo —señaló con un hilo de voz. Se encontraba maravillada. Su rostro se iluminó y exhibió una gran sonrisa—. Señor Hawks, estoy segura de que estas ruinas son la clave para encontrar los antiguos escritos.
El hombre levantó una ceja. Había oído hablar acerca del lenguaje ceremonial antiguo, pero nunca había tenido la oportunidad de verlo con sus propios ojos. Sabía que sólo a unas pocas personas se les permitía escribirlo en tiempos pasados, debido principalmente a que era considerado un lenguaje sagrado.
—¿Estás segura de lo que dices? —preguntó el hombre subiendo a la plataforma—. A lo largo de nuestra búsqueda hemos encontrado muchas estructuras que nos han llenado de ilusiones, pero al final todas resultaron ser sólo ruinas sin importancia. Quiero que me digas sinceramente cuántas crees que son las posibilidades de que estas ruinas sean realmente las que buscamos.
Claire asintió y se acercó al zócalo de piedra blanca que se encontraba al centro de todo el complejo. Lo examinó por un momento y luego miró las columnas que lo rodeaban, mientras paseaba la mano por los intrincados jeroglíficos. Con un descuidado ademán, sacó un pequeño cuaderno de su bolsillo (muy similar al del señor Hawks) y comenzó a leerlo. Seguidamente miró a su alrededor, pensativa.
—El lenguaje ceremonial es la señal más clara de que por lo menos nos estamos acercando a los escritos antiguos que buscamos —comenzó Claire—. También el número de columnas es el que esperábamos encontrar —hizo una pequeña pausa, mientras miraba los jeroglíficos en una de las columnas—. Me tomará un par de días descifrar todos estos símbolos, pero desde ya puedo decir que todo indica que aquí se realizaban rituales de invocación —concluyó, con una sonrisa en su rostro—. Señor, de verdad creo que nos estamos acercando a los escritos; tal vez estamos más cerca de lo que podemos imaginar.
El hombre sonrió aliviado.
—Espero que esta vez sí podamos dar con ellos —Se estiró, tomó las maletas que Claire había traído con ella y comenzó a caminar hacia el exterior—. Será mejor descansar un rato, me imagino que el viaje debió haberte cansado mucho.
—Claro —dijo ella alegremente saliendo también del lugar, no sin antes dirigirle una ultima mirada a la construcción donde pasaría los siguientes días descifrando los símbolos escritos en ella.
Ojalá, pensó, que los hayamos encontrado.
Desde ya, muchas gracias por darle una oportunidad a mi historia.