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Génesis
Espuria
Athanatoi
por
Kyonides
—No negaré nunca que me pareció de lo más iluminado el dar con el problema que tiene a mi reino en la ruina, pero la respuesta a este problema de gravísima índole puede ser más perjudicial que el no hacer nada en absoluto. De qué me serviría tener un reino repleto de almas o cuerpos de los difuntos si no me tienen como su rey. Es más, perfectamente trataría de usurpar mi trono...
El nuevo Osiris conocía de sobra el motivo por el que no debería mover un solo dedo. Serían gigantescos los males que acarriarían sus actos egoístas cuya intención primaria era brindarle toda la impunidad que le fuera posible. No obstante lo peligroso sería enfrentarse a la Muerte y no vencerla. Ninguno de los tres la conocía de cerca ni había podido espiarle mientras laboraba en el suelo marciano. Era demasiado sigilosa. Por ende, su propio mundo de naturaleza única se resquebrajaría con la mayor facilidad luego de un solo golpe certero, ni por un antiquísimo florero roto se podría lamentar tanto una persona refinada e intelectualoide.
—Hacía tiempo había barajado la entonces remota posibilidad de convertirnos en las deidades locales del planeta rojo. Sin embargo, fue la maldita mortandad la que nos puso a raya, con las manos atadas y la bocas amordazadas, para apoderarse de las almas y de los destinos de los humanos sin poderes ni el suficiente ingenio. Hubiera deseado que se tratara de un campo de fuerza que nos impedía ingresar en el mundo, eso sería desbaratado a su debido tiempo...
En esos instantes el ser abría una especie de portal, el cual lucía como si estuviera hecho de la más prístina plasma. Quizá era eso lo que la hacía tan difícil de manejar a gusto o no habría razón alguna por la cual no pudiera estabilizarla en menos tiempo.
—Nunca fue tan obvia la manera en que anuló todo el uso de nuestras inmensas capacidades como para que pudiéramos idear algo para contrarrestarla. Quizá se debiera solo a una cuestión como ser el primero en llegar o los años que esa puerca malnacida nos lleva de ventaja. Desde mi refugio solo podía dirigir miradas de rabia al vacío, no la podía ver ni a sus putrefactos ojos para darle a entender cuánto la detestaba a ella y a su estúpido jueguito del cazador y su presa. Mientras soñaba con dominar alguna región, el descanso era interrumpido por las carjadas de una imbécil como aquella. Solo le faltaría ir saltando de techo en techo. ¡Cómo le gusta a esa estúpida transfigurar la cara de los que ni sospechan cuándo irán por ellos!
"Sin duda debo estar en una incómoda situación porque aún así quiero creer ahora que me será una fiel sirviente que me permitirá alcanzar mis objetivos. ¿Acaso me ha cegado el odio?
Cierto ser de aspecto señorial y pasos firmes interrumpió su meditación trascendental debido a que una repentina inestabilidad lo distrajo de la lectura que tenía enfrente y a que esta seguía sin ser comprensible en lo más mínimo. Posiblemente sí tuviera que preocuparse bastante porque alguien fuera la causa primaria de tal defecto en su sempiterno reino.
—¿Por qué alguien saldría de aquí sin que yo me percatara su ingreso¿Cómo le sería tan fácil el dirigirse a la desaparecida Kedos? Sin un ambiente controlado como el de esa maldita ciudad de mis mejores y peores recuerdos no sobreviviría los embates del ahora ensanchado cinturón de asteroides. Me indigna desconocer quién es este suicida. No tendría cara con la cual responder por esto a la gente, en especial si se tratara de los familiares de uno de los grupos anti-liótidas que son tan numerosos. En verdad no hay mucho que pueda hacer al respecto, pues la espera es ya lo único que tengo a mi disposición.
No sabía nadie si era una meta factible el divisar a un ente que por lo general es etéreo o semejante a la masa oscura del universo. En ese sitio el polvo, los asteroides y algún dejo de fuerza de gravedad no eran las mejores herramientas para encontrar a alguien por demás escurridizo y a la vez confinado a un espacio donde solo la obstinación reina con total libertad.