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Author: kyonides
Fiction Rated: T - Spanish - Supernatural/Fantasy - Reviews: 1 - Published: 04-15-07 - Updated: 04-15-07 - id:2346899

Con Nada
Capítulo Tres

por Kyonides

— ¿Quién supones que anda detrás de eso¿Será posible que sean varios?

— Nunca podrían atacarme varios a la vez, se turnarían como lo han hecho antes, pero solo uno se encarga de ejecutarlo todo. Su nombre no empieza con ese, por lo que puedes ir descartando a Satanás como yo ya lo hice. Lo identifico más bien como Mnemophagos, un personaje con la cara oscura por causa de las tinieblas subterráneas, se la pasa haciéndome vivir eventos siniestros que luego tiendo a olvidar con el correr de los minutos. Incluso veo los minutos y son como ruedas semejantes a las pulseras picudas de pandilleros. Están a punto de aplastarme y mis movimientos no evitan que siempre estén enfrente de mí.

— Me das la señal que requería para mi partida. A pesar de haberte llevado la contraria, tienes toda la razón al indicar que tanto tu partida como la llegada de la Nada, están de lo más cercanas. Termino con darte infinitas gracias por hablarme de los puntos en los que me he de concentrar para que la gente te olvide “fugazmente” y te dejen disfrutar de la tumba en el caso de tu cuerpo y de las caricias de la dulcísima Nada en el de tu alma. A mi parecer todos los vivos te envidiamos.

— Eso es extralimitarse, muchos ni desean pensar en la muerte y la Nada, mas con toda labor que realices no conseguirás que se destruya ese parrafito, mis dos consejos ni estos renglones.

“A los absorbidos por la Nada no los envidio, ya que estaré con ellos en contra de mi voluntad, la parte conciente de mi mortal mente. Esta unión fue arreglada por demonios que poco les interesó el que no me quisiese casar con esa polígama solitaria.”

Palabras de Poeta antes de pasar a la muerte general…

El inesperado visitante salió de la cabaña apartada con la misma ligereza con la que ingresó en ella. De todas formas, Poeta ya no lo habría notado con sus ojos para nada brillantes.

— De su ignorancia me compadezco, no conocía del próximo desplome de la montaña justo sobre su cabaña y de que las noticias no hablarán de restos mortales de alguien, solo comentarán la fuerza de un temblor en la despoblada zona. ¿Qué investigador perseguirá a un Mnemophagos? Yo soy alguien que olvidaría mi propia persecución solo un día después de ir tras mis huellas y sin que importe el poder que tengo y uso a diario.

“Aprovecho para maldecir a quienes pudiesen topar con su legado en esencia, a los que descubran que su última oración debe leerse: “Con Nada me quedé.” Esos genios de aquí no saldrán por ningún motivo, je, je, je, je.

A las cuatro con veinticuatro minutos de esa tarde la naturaleza se sacudió para quitarse de encima algunas gotas de agua y otras imperfecciones o impurezas molestísimas. Cerca del hogar apartado de Poeta había una pelotita con la que él jugase siendo un niño vivaz, incontenible. Ese recuerdo de su pasado lo había extraviado semanas atrás. Nadie la recogió ni la pateó, finalizó sus días desinflada, enlodada, encharcada y, por ende, se convirtió en un criadero del adaptabilísimo aedes aegyptis.

La localidad más próxima empezó a sufrir por el dengue. Nueve meses tardaron los insectos en asolar el pueblito en el que, al menos, no fenecieron bebés solo porque ya habían dejado de procrearles. Sin piedad se llevaron, entre otros, al más allá a cierto editor extranjero que, disponiendo de un automóvil de cierto lujo procedente de un “rent a car” para gringos, se dignó a buscar a su gran vendedor de libros exitosos y locos. Llegó ahí con una gran propuesta en mente, una propuesta inaudita… Sobretodo lo era porque jamás fue escuchada…

Ese sitio “inhóspito” sería considerado por el alcalde y el gobernador correspondientes como un estorbo, el país entero no tenía la cultura de aceptar pueblos fantasmas como vecinos, solo cárceles así. Después de ciertas conversaciones y estudios truculentos inició la construcción de ese nuevo embalse. La represa hidroeléctrica producía bastantes megavatios y la inversión del exterior, que a los pudientes les servía para llevar a cabo el lavado de dinero (procedente de sus múltiples actividades “lícitas”), generó solo unos pocos empleos más y del resto del dinero la gente no se enteró jamás. Solo el turismo, consistente en escritores y poetas jóvenes o en caída libre, dejaba algunos dólares o euros a los lugareños, pero lo último que se sabía de ese peregrinaje era que se los veía comprando una hoja con un párrafo sin la oración final y que se iban caminando sin fatiga hasta la orilla del lago artificial. Tales desapariciones tan usuales no incomodaban a nadie, ni siquiera a los futuros desertores literarios de este mundo infame.

“No pongas cara de incrédulo si ya sabes que no soy nada…
Alégrate ya, pues, enhorabuena, el aplazado y cariñoso abrazo mío por fin te lo podré dar…
El olvido ya no te preocupará, conmigo cómodo estarás...”



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