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MAGICAL FOUR
LIBRO 1, LAS FUERZAS DE LA OSCURIDAD
CAPÍTULO 5
El objetivo del enemigo
Conseguir la placa de registro para Mágica no había causado ningún problema y a los pocos minutos se encontraba libre y muy cerca del parque Coral, por lo que desviarse a tomar un helado no provocaría que se retrasara mucho en su regreso a casa.
Acababa de comprarlo cuando se percató de la presencia de una pequeña cachorrita de pelaje negro y blanco en sus patas, orejas y cola. La otra también se dio cuenta de su presencia y permaneció quieta mientras Jeannette se acercaba a ella con expresión molesta.
—Te dije que permanecieras en casa —reprochó y sin darle oportunidad a reaccionar de ninguna forma, la levantó con una sola mano y comenzó a caminar hacia el centro del parque.
El lugar estaba lleno, pero siempre podía contarse con la privacidad de la arboleda que rodeaba el estanque. Jeannette buscó un árbol de tronco grueso y recto donde pudiera sentarse y apoyó a Mágica en sus piernas.
—No debiste abandonar la casa sola. Podrías haber terminado en la agencia de control de animales.
—Debo hacer algo importante —reprochó mientras se recostaba como lo hubiera hecho cualquier otro perro.
—¿Y podrás hacerlo estando encerrada? Mágica, tú eres mi guardiana y se supone que debo escuchar tus consejos, pero deberías escucharme tú a mí de vez en cuando.
La cachorrita no dijo nada, pero su expresión reflejaba frustración.
—¿Tendré que esperar siempre a que regreses? —preguntó enfuruñada.
Jeannette rió ligeramente.
—No, acabo de conseguir tu placa de registro… o mejor dicho, estás oficialmente inscrita como Estrella y así tendrás la libertad de moverte por la ciudad durante el día.
Sacó un pequeño cincho de cuero blanco en el cual enlazó la placa de metal grabado y luego lo sujetó alrededor del cuello de la cachorrita, arreglando ligeramente su pelaje.
—Perfecto, no se distinguirá cuando cambies de apariencia, aunque habrá que comprar uno nuevo cuando crezcas… por cierto, ¿cuál es tu edad?
Mágica giró la cabeza un par de veces, haciendo sonar la placa ligeramente antes de contestar.
—Unos dos meses —dijo distraída—, porque ese fue el tiempo que me tomó controlar éste cuerpo aunque busqué a una cachorrita recién nacida. ¿Por qué la pregunta?
—Para saber cuándo necesitarás tus vacunas.
—¿Vacunas? ¿Qué es eso?
Jeannette rió nerviosa.
—Ya lo verás. ¿Te parece que celebremos tu cumpleaños un par de días antes que la navidad?
—¿Cumpleaños? Jeannette, llevo dormida mucho tiempo, ¿Crees que sé de qué me hablas?
Divertida por la expresión de su compañera, la niña rió con fuerza mas se vio interrumpida por un griterío que provenía de lugar donde estaba el estanque. Las aves volaban aterradas y luego de un minuto, la gente comenzó a correr lejos de aquel punto.
Jeannette se levantó titubeante, pero algo le indicó que debía ir hacia aquel sitio.
—Ten cuidado —murmuró Mágica que iba en sus brazos y aprovechó la relativa soledad que tuvieron durante un minuto.
Pronto llegaron al precioso estanque cristalino en el que había calma, aunque, después de investigar un poco, encontraron a una niña que parecía haberse desmayado al pie de un grueso tronco muerto en el que se abrazaba una enredadera.
Jeannette se apresuró hacia la niña, pero Mágica le dio señal de detenerse cuando estaba a pocos metros de ella.
—¿Qué sucede?
—Eso no es una enredadera común… es un Espectro.
Sólo decir esto, las ramas comenzaron a moverse por si solas y levantaron a la joven víctima en el aire mientras que otra porción se lanzó hacia Jeannette e intentó sujetarle, pero ella esquivó justo a tiempo.
Dejando rápidamente a Mágica en el suelo, se apresuró a tomar su amuleto mágico y volvió a recitar el conjuro que liberaba sus poderes.
—¡Sal poder interior!
Su apariencia y la de Mágica volvieron a cambiar. Un nuevo ataque las hizo separarse a extremos distintos del claro. La planta poseída por el espectro no le permitía quedarse quieta y no podía escuchar los consejos de su guardiana, así que debía pensar algo pronto.
Al esquivar los ataques, no se percató que poco a poco iba siendo acorralada hacia la orilla del estanque hasta que sintió el agua bajo sus pies.
Demonios… piensa en algo, Celeste
Todo el ramaje se lanzó contra la hechicera al tiempo que estiraba sus brazos hacia el frente y concentrando toda su energía, gritó:
—¡Congélate¡
Dos ráfagas de luz celeste se extendieron desde sus dedos, haciendo que una gruesa capa de hielo rodeara a su enemigo, dándole el tiempo suficiente para acercarse a Mágica y comentarle su asombro por el reciente descubrimiento.
—No recordaba que tenía el poder de controlar el hielo.
—No lo tienes —aclaró—, lo que has hecho es provocar que el aire a su alrededor se enfriara rápidamente. Tu poder es el aire, ¿recuerdas?
Un ligero crujido las hizo volver a ponerse alerta.
—No hay tiempo qué perder, debes purificarlo tal y como lo hiciste con Henry. ¿Estás lista?
La mirada de la hechicera se llenó de decisión y repitió lo que había hecho el día en que recobró sus poderes. Repitió tres veces el mismo conjuro:
—La estrella me da su luz y desvanece la maldad frente a mí.
Una luz se extendió desde su mano y envolvió cada rama y cada hoja de la planta poseída que pronto dejó de moverse, dejando en el suelo a su víctima. Una esfera de luz se concentró encima de la niña y cuando se hizo estable, se fusionó en su cuerpo.
—Debemos irnos —indicó Mágica.
—Espera, hay que ver que esté bien.
—Lo estará, vámonos.
Celeste hizo por acercarse, pero la guardiana se interpuso en su camino.
—Debemos pasar lo más desapercibidas que podamos. Es mejor que nos vayamos antes de que ella despierte.
La niña dio señales de estar despertando, por lo que Celeste asintió a la orden de Mágica y abandonaron el lugar.
Más tarde, Jeannette se encargaba de las tareas de la escuela y Mágica observaba la calle desde el balcón de la habitación. El movimiento del lápiz cesó un instante.
—No puedo recordarlo —dijo con preocupación— ¿Qué es lo que busca el ejército de Xai? ¿Por qué atacar a una niña inocente?
—Probablemente ella haya heredado la energía especial de algún habitante de Galai —respondió la guardiana sin dejar su puesto de vigilancia.
—¿Y eso qué significa?
Mágica suspiró y con paso lento se acercó a Jeannette.
—La reina Xai se encuentra sumergida en un profundo sueño desde hace mucho tiempo, pero sus sirvientes han buscado la forma de despertarla. Tal parece que la energía de nuestro pueblo es lo que necesitan.
—¿Y por eso atacaron Galai? —exclamó con frustración.
—Y no se detendrán hasta lograrlo, por eso era tan necesario que Celeste volviera a la vida y estuviera lista cuando volvieran a amenazar la salud de su pueblo.
—Lo haré —dijo con decisión—. Los protegeré y no dejaré que nadie vuelva a hacerles daño.
Para cuando Henri llegó, como lo hacía todas las noches, Jeannette había recuperado su usual estado de ánimo y lo esperaba en la sala de estar donde su padre tenía sintonizado un seudo noticiero fantástico que se llamaba “Leyendas Urbanas” en donde transmitían los eventos paranormales que sucedían en Islas Legend. Hablaban de un fantasma que rondaba cerca del museo en la ciudad Central de Isla Mayor. Sin embargo, una noticia captó su atención.
Varias personas dicen haber sido atacadas por una planta que cobró vida propia en el estanque que ocupa el centro de ciudad Coral, en Isla Tornasol. Según varios testimonios, intentó atacar a las personas que allí se encontraban y atrapó a una niña a la que ahorcó hasta dejarla inconsciente. Si esto no es ya increíble, la pequeña dice haber visto a una mujer de cabellera celeste que se alejaba del lugar cuando recobró el sentido. ¿Tendremos una nueva heroína?
Jeannette intercambió miradas con Mágica, quien tenía una expresión que podía interpretarse como “Te lo advertí”.
—¿Cabellera celeste? —murmuró Henry que había entrado justo para escuchar la noticia—. ¿No es la misma chica que dices haber visto?
Ella examinó las miradas de los demás que la observaban curiosos.
—Es posible. Ya oíste lo que dijeron, es una heroína —dijo Mónica.
—Puede ser casualidad —dijo Jeannette aunque en su interior su ego se sentía ligeramente mayor.
—Y yo que creí que en esta isla no sucedía nada emocionante —comentó su padre.
Después de la cena, Jeannette y Henry solían sentarse en el pórtico a conversar. Años antes, ese tiempo se dedicaba a un juego de cartas o algún otro, pero fue sustituido poco a poco con largas charlas sobre lo que les esperaba en secundaria, las actividades de la escuela, la nostalgia de Henry y cualquier tema era bueno para ambos. En eso ocupaban las dos horas de luz que precedían al toque de queda.
—Algo sucedió esta tarde que te ha vuelto a dar tu alegría característica —comentó Henry.
—Puede ser. De repente siento que todo está bien de nuevo —aseguró sonriendo.
—Me gusta más cuando sonríes.
Mágica había estado dando vueltas por el jardín. Jeannette le había advertido que si salía a esa hora de la noche no serviría su placa y la llevarían al refugio de mascotas si la encontraban, pero eso representaba un retraso más de sus planes y ella tenía algo que buscar.
Ofuscada por el encierro decidió ir al interior de la casa, pero fue interceptada por Henry, quien la recostó boca arriba entre él y Jeannette y comenzó a masajear su pecho.
Jeannette rió al ver que su cola se movía casi por voluntad propia y que su expresión parecía reflejar tanto confusión como deleite.
—Parece que le agrada —comentó ella.
—Me gustaría tener mi propio perro… quizá el próximo año.
—¿Por qué el próximo año?
—Aún no me acostumbro a tener que ir a la tienda todos los días.
—No te sobre esfuerces, ya sabes que mi padre dice que..
—Lo sé —interrumpió—, pero tengo diez y es mi responsabilidad ahora.
«A los diez aún eres un niño… deberías disfrutarlo ya que tienes la oportunidad» pensó Jeannette meditando sobre la inmensa responsabilidad que descansaba sobre sus hombros a sus cortos nueve años.
—¿Y ahora qué? Te has puesto seria otra vez.
—No es nada. Quizá no quiero dejar de ser niña. —El tono de su voz estaba infundido de un ligero reproche.
—No tienes por qué dejar de serlo. ¿A qué viene el comentario?
Después de un fuerte suspiro, ella fijó una mirada severa en su amigo.
—A que tú suenas como un adulto y… no lo sé, sólo…
Sin saber cómo explicarlo, se levantó nerviosa y caminó hacia el interior de la casa y sonrió.
—Pronto será el toque de queda, no olvides despedirte de mamá o se enfadará.
Tanto Henry como Mágica permanecieron quietos por unos segundos, tratando de descifrar el extraño comportamiento de Jeannette.
Los días que le siguieron a aquel fueron relativamente tranquilos y rutinarios. Mágica fingía ser una mascota adorable que seguía a Jeannette a la escuela y la esperaba, sin embargo, durante las clases se dedicaba a hacer un exhaustivo patrullaje de alguna sección de la pequeña ciudad, regresando a tiempo al fin de las clases. Por las tardes, fingía estar en la habitación de Jeannette mientras ella hacía las tareas, pero salía en otra búsqueda. A la hora que Henry llegaba a casa, ella ya estaba allí y tomaba una larga siesta luego de agotar todas las energías del pequeño cuerpo que era su anfitrión.
Cuando Jeannette le preguntaba sobre el objeto de su búsqueda, la guardiana respondía que cuando lo hallara podría contestarle.
La pelea con el último espectro parecía ya muy lejana cuando comenzaron a llenar las calles con el anuncio de que la feria llegaría muy pronto. Se trataba de una feria ambulante que visitaba cada ciudad de cada una de las siete islas y era esperada por niños y grandes.
Era algo que no cambiaría, pues sus mejores amigos estaban tan entusiasmados con la llegada del festival como ella, aunque sus motivos no eran los mismos.