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Fiction » Horror » En la oscuridad font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: ilu
Fiction Rated: K - Spanish - Horror/Fantasy - Reviews: 3 - Published: 04-26-07 - Updated: 04-26-07 - Complete - id:2353273

En la oscuridad

Todo empezó en la biblioteca un día de abril. Huyendo de la lluvia se refugiaron en la enorme estancia repleta de incontables librerías que guardaban libros nuevos y viejos, gruesos y finos… Se sentaron en una de las robustas mesas de oscuro roble. No se oía nada salvo el retumbar de los truenos que, junto con el frío viento y el aguacero, azotaban la desierta calle. Los minutos pasaron y la tormenta no amainó. Viendo que aquella situación se iba a alargar, algunos decidieron coger un libro para entretenerse.

Se hizo con uno pequeño con las tapas de negra piel desgastada, en sus cubiertas no figuraba título alguno, así que picada por la curiosidad se dirigió de nuevo a su silla para leerlo con tranquilidad. Sus amigos aun seguían perdidos en aquel laberinto de estanterías.

Otro trueno hizo estremecer los ventanales del antiguo edificio, y la luz palpitó hasta apagarse. Levantó la cabeza asustada, la oscuridad lo engulló todo y no escuchó ningún sonido salvo su propia respiración. Se levantó con cuidado, mientras sus ojos se iban acostumbrando poco a poco a la penumbra. Llamó a sus compañeros, pero ninguno contestó; parecía como si con la luz todo se hubiera esfumado, quedando únicamente ella en la inmensa nada.

Un relámpago iluminó la biblioteca, alumbrando su entorno con una fugaz luz azulada, fría y muerta. Con paso inseguro y el corazón en un puño, comenzó a buscar, al menos, una pequeña fuente de luz. Tuvo suerte y no chocó contra nada, la oscuridad ya no era tan intensa. Un susurro en su espalda. Se giró sobresaltada pero no vio a nadie.

Estaba frente a un largo pasillo que se perdía entre las sombras. Otro relámpago… Y una figura que la observaba unos metros más allá. El corazón le latió con fuerza al ver aquella sombra imponente y fría. Siguió con la vista fija al frente y distinguió el brillo intenso de unas pupilas. Un miedo irracional se extendió por su cuerpo, solo podía pensar en una cosa: correr; pero sus piernas no reaccionaban.

Una respiración lenta y profunda rompió el silencio, y el repiqueteo de unas uñas sobre el suelo llegó hasta sus oídos. En su campo de visión apareció un lobo, tan negro que casi desaparecía en la oscuridad reinante. Sus fauces entre abiertas y jadeantes dejaron a la vista unos dientes blancos que destacaban contra el oscuro pelaje. Dos ojos rojos como sangre la miraban con afán depredador.

Por fin su cuerpo la obedeció, y presa de un miedo casi sobrenatural echó a correr en cualquier dirección con la intención de alejarse cuanto le fuera posible de aquel lobo. El resoplar y los pasos del animal ganaron terreno tras ella, que comenzaba a perder el aliento ante la frenética carrera. Giró a la derecha, estantería, izquierda, estantería… Parecía como si aquel lugar se empeñara en cerrarle el camino, en acorralarla, en dejarla al alcance de aquella bestia.

Sin fuerzas se agazapó tras uno de aquellos altos muebles, y esperó. Al principio silencio, solo silencio. Entonces una pisada, y otra más… Escuchó como el animal la rastreaba con calma, sabiendo que no tenía ninguna oportunidad de escape. Se llevó las manos a la boca para ahogar su agitada respiración, aunque temía que los latidos de su corazón la delataran. El lobo rascó el suelo con impaciencia… Y una vez más silencio.

No pudo acallar un grito cuando de entre los libros de la estantería apareció la boca del animal que ladraba y mordía, que se retorcía y gemía, intentando alcanzar a su presa. No fue lo suficientemente rápida y una de sus garras hizo jirones la manga de su jersey y la carne que había bajo ella. Presa del dolor, el miedo y la desesperación, actuó sin pensar. Se puso en pie y empujó la librería, que se desplomó sobre la bestia. Finalmente los sollozos del animal se apagaron y su cuerpo dejó de moverse bajo el peso del mueble. Suspiró, estaba a salvo.

Su corazón se paró. Había alguien tras ella, podía sentirlo, sabía que la estaba mirando, que la traspasaba con la mirada. Se dio la vuelta. Su sangre se heló en sus venas. Su cuerpo tembló con violencia. El pecho le dolió ante los latidos desesperados de su corazón.

Se encontró con una figura oscura que la miraba con la frialdad de un témpano. Retrocedió unos pasos. Frente a ella un hombre alto de pelo negro azabache, la observaba con curiosidad en aquellos ojos inundados en sangre y fuego. Con apenas un paso quedó a escasos centímetros de ella, y con rapidez sobrehumana asió su brazo herido, apretando con fuerza, haciendo correr la sangre con mayor rapidez. Su cuerpo se retorció por el dolor. Entonces la soltó. Su mano estaba cubierta por la sangre de la joven. El hombre sonrió. Con un gesto lento se llevó los dedos a los labios y saboreó la roja sangre.

Ella lo miró con horror, ¿quién era él?¿Por qué se comportaba así? Solo una idea estaba clara en su mente: él no era humano. Con una sonrisa macabra, el extraño mostró sus incisivos, puntiagudos como los de un lobo. El miedo volvió a oprimir su pecho y gritó con fuerza echando a correr. Sabía que no podía escapar, que no podía esconderse, que él la observaba con una sonrisa cruel en sus finos labios.

Topó con una pared y exhausta por tanto correr, por tanto miedo, calló de rodillas y apoyando la cabeza en la helada piedra, comenzó a llorar. Tras ella resonaron unos pasos enfundados en botas de piel. Cerró los ojos, rindiéndose. Unos brazos fuertes la levantaron del suelo y la giraron.

Sangre y fuego. Eso era lo único que ahora podía ver. Aquellos ojos la absorbieron, haciéndole olvidar el cansancio, el miedo y el dolor. Aquel ser la mantuvo contra la pared y levantó una de sus manos. Sus dedos, fríos, muertos, acariciaron su mejilla, congelando la piel a su paso, haciéndola saber que su fin estaba próximo. Un escalofrío recorrió su cuerpo. Con la otra mano retiró el pelo de su cuello y se inclinó sobre él. Al contrario que su tacto, su aliento era cálido, por un momento incluso se le antojó agradable.

Ahogó un quejido cuando aquellos dientes se hundieron en su piel. La sangre corrió. El aire desapareció. El calor se extinguió. Y junto a un trueno, todo se volvió oscuridad y sombra.

Abrió los ojos sobresaltada por el último trueno, levantándose tan precipitadamente que tiró la silla en la que había estado sentada. Sus amigos la miraron extrañados y la bibliotecaria la fulminó con la mirada. Sonrojándose levantó la silla del suelo. Entonces, instintivamente, se llevó las manos al cuello, pero no encontró ninguna mordedura, y su brazo no mostraba señal alguna al igual que su jersey. Se volvió a sentar con un vacío en el estómago, todo había sido tan real… Reparó en el libro que tenía abierto frente a ella y leyó: “… de entre las sombras apareció él, el no muerto, que camina a la sombra de la luna como fiel sirviente, buscando sin descanso la sangre de los vivos, para así perdurar una noche más…”

Todo aquello había sido solo una pesadilla inducida por el libro que había estado leyendo. Suspiró, aunque no con todo el alivio que le hubiera gustado.

Había dejado de llover y se dispusieron a salir. Se giró de pronto ante la sensación de ser observada. De entre las estanterías apareció un hombre joven que le sonrió con frialdad, sus ojos destellearon rojizos. Su realidad se congeló. Uno de sus compañeros la zarandeó del hombro haciéndola retornar al presente. Al salir vieron a un enorme perro negro que estaba sentado en la entrada, sin correa alguna, esperando la salida de su amo. El animal la miró, tuvo la sensación de que le sonreía con crueldad.

El miedo volvió a inundar su corazón. Aquello había sido solo un sueño. Tenía que haber sido una horrible pesadilla… ¿O tal vez no?



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