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Fiction » Romance » Tus besos no me pertenecen font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Lannis
Fiction Rated: T - Spanish - Drama/Romance - Reviews: 3 - Published: 07-01-07 - Updated: 07-15-07 - Complete - id:2384604

.:: Tus besos no me pertenecen ::.


Epílogo.

Después de la tormenta… viene la calma.

Nuevamente estoy en una fiesta, mejor dicho en un centro nocturno, con mis amigos. Ya han pasado dos meses desde lo ocurrido con Pablo y sí, puedo decir contenta que lo he superado: el dolor, el amor y ese golpe directo en lo más profundo de mi orgullo. Todo junto ha quedado olvidado, bueno, no sé si realmente todo, pero sí la gran mayoría, al menos toda esa parte dolorosa que no me dejaba dormir en las noches.

Lo que sé es aprendí mucho de todo ello, me di cuenta de que no soy tan inmadura como pienso, pero sí soy más frívola de lo que esperaba. Es una de las principales cosas que debo corregir en mi vida.

¡Ah! Todas esas noches en vela he de confesar que fueron horribles, sobretodo la primera de ellas. Ese día, antes de que la fiesta terminara decidí irme a mi casa… más bien huir a ella, ya no podía soportar estar alrededor de tanta gente, sentía sus miradas sobre mí, sus risas y sus dedos señalándome. Sé perfectamente que no era así, nadie se percataba de mi malestar, salvo mis amigos, pero en esos momentos estaba tan frágil, tan insegura que pensaba que todo el mundo estaría pendiente de cuando de derrumbara… de nuevo.

Afortunadamente, Iván le encargó a su hermano menor, que me llevara a casa. Amé a ese chico en ese momento, adoré más que a nada a mi amigo, hasta el infinito… sí tenía el tiempo de adorar a todo el mundo menos a mí, a mí me odiaba demasiado. En el camino no hablé mucho, a pesar de que Alan —el hermano de Iván— hacía el máximo esfuerzo por sacarme al menos una palabra, pero yo sólo le fingía una sonrisa y cortaba la plática con monosílabos, creo que fui tan descortés que decidió no continuar. Sólo hasta llegar a mi casa susurró un "Adiós y cuídate".

Todo a mi alrededor parecía ocurrir en cámara lenta esa noche. Subí a mi habitación, hundí mi rostro en mis almohadas y luego cubrí todo mi cuerpo, como si las cobijas significaran un escudo que iba a protegerme de todo lo malo que pidiera ocurrirme. Miraba el techo con detenimiento, sabía que no iba a poder dormir y ya faltaban escasos minutos para que amaneciera, a pesar de ello transcurrieron demasiado lento, como si fueran horas.

En mi mente recordaba cada instante de la fiesta, desde lo mejor hasta lo más terrible, intentaba pensar en los momentos felices, pero lo cierto era que ya había olvidado cómo se sentía estar bien, sólo pensaba en mis lágrimas, en la suyas, en mi dolor, en su angustia; sólo sentimientos negativos, sólo eso.

Los días subsecuentes deambulaba por la calle como si fuera un espectro de la noche, pasaba desapercibida. Era como si todo el mundo se moviera a la velocidad de la luz y por más que quisiera alcanzar al resto de la humanidad mis movimientos eran torpes, débiles, sentía que mi cuerpo pesaba toneladas, incluso parpadear me costaba mucho trabajo, era lenta al igual que un perezoso.

Mis amigos intentaban hacerme reír como muchas veces yo lo había hecho cuando estaban muy tristes, pero en este caso yo no me comportaba lo suficientemente dócil o infantil para reírme de las tonterías que hacían por mí. Lo único que deseaba en ese momento era salir de mi propio cuerpo, que mi alma flotara libre, si ataduras; que flotara en el cielo e hiciera lo humanamente posible para ser feliz. Y deambulando por las calles la lluvia me alcanzó un día de aquellos tan tristes, como si los ángeles en el cielo se solidarizaran conmigo y sollozaran a mi lado, mejor dicho, sobre mí. Yo sentía mi cuerpo marchito, me imaginaba a mí misma como una vela cuya cera se había consumido entera, hasta sólo quedar el pabilo y una molesta flamita que se resistía a apagarse a pesar de todo.

Me detuve, ya tenía la respuesta, esa pequeña llama me hizo darme cuenta que aún tenía oportunidad, que aún deseaba luchar a pesar de las circunstancias, a pesar de que me sintiera perdida, triste… Marina aún quería luchar por ella misma, sin importarle nada ni nadie… entonces ¿por qué negarme? No puedo luchar contra mi misma ¿o sí?

Sonreí, por primera vez lo hacía de manera sincera. Volteé mi rostro hacia el cielo, deseé que las gotas de lluvia enjuagaran mis saladas lágrimas para siempre, extendía los brazos sintiéndome liberada, observar el melancólico azul grisáceo de las nubes me hacía pensar que estaba volando entre ellas y me olvidé de todo… por fin. Bajé la mirada y vi el aparador de una tienda, ahí estaba mi reflejo, por fin reconocía a la chica que veía frente a mí, me agradó verla por fin después de tanto tiempo. He de reconocer que no siempre soy la más alegre, pero sinceramente me fastidia ser depresiva, melancólica, prefiero ser más ecuánime. Esa sí soy yo.

Me sonreí a mí misma, sin importarme que la gente a mi alrededor me mirara extrañada por parecer tan feliz en medio de la tormenta. Estaba de vuelta ¡estaba de vuelta!

Mis amigos se sorprendieron bastante al ver mi recuperación tan rápida, primero creyeron que estaba fingiendo, pero después se dieron cuenta que no era así. Aunque obviamente aún me costaba escuchar en la calle nombre tan comunes como Carlos y Pablo, cada vez que los oía sentía una punzada en el estómago, pero dejó de ser muy dolorosa después de escucharla tan seguido.

Escribí una carta al viento, en realidad era dirigida a Pablo, pero sería un escrito que jamás en la vida le llegaría a él. Sólo la hice para expresar mis sentimientos, porque es la forma más fácil en que puedo sacar todo lo que llevo dentro ya que no soy lo suficientemente fuerte para decirlo. No sé, creo que fueron como dos páginas por ambos lados, no lo recuerdo exactamente. Y al terminarla le encendí fuego, prometiendo que conforme las llamas consumieran el papel, así se irían consumiendo mis sentimientos hacia Pablo… para siempre.

Ya no me encierro en mi casa, salgo a algunas fiestas con mis amigos, al cine o donde sea. Prefiero salir con ellos y olvidarme un poco de los hombres, o al menos llevarlo con más calma, porque de la primera vez que actué tan impulsivamente no me quedan precisamente los mejores recuerdos, obviamente.

Suspiro. Afortunadamente esta noche pare ser muy divertida, buena música para bailar, un poco de bebida. Miro a mi alrededor, por lo poco que me dejan ver las luces de colores y estrobos me doy cuenta de que hay bastantes chicos que me parecen agradables, ya tengo ganas de bailar. Doy un pequeño sorbo a mi bebida y… ¡Oh, por Dios¡Ahí está Pablo! No puedo creer que me lo encuentre aquí. No puedo evitar que cause mucha sorpresa en mí, que mi corazón se acelere, pero no, ya no es lo mismo, más bien fue una falla en mi sistema.

Él me ve, no sabe qué hacer, seguramente aún se siente culpable por lo que me hizo pasar, pero ya no hay de qué preocuparse, estoy mejor que nunca. Lo miro fijamente y le dedico una sonrisa sincera mientras agito mi mano derecha para saludarlo, a pesar de todo me alegra verlo. Pablo levanta la mano incrédulo y me saluda de lejos con ella. De pronto aparece Carlos detrás de él y le toma la mano queriendo jalarlo a la pista de baile, mientras Pablo se nota incómodo, quizá porque yo aún lo estaba mirando. Pero no me molesta, al contrario, me alegra de que por fin las piezas del rompecabezas se hayan acomodado en el lugar que les correspondía, así que le hago una seña de adiós y únicamente moviendo los labios le deseo suerte. Él me sonríe, comprende que no hay ningún sentimiento negativo entre los dos.

Aunque obviamente dudo que podamos ser amigos, sé que él llevará una vida feliz y por mi parte, trataré de conseguirla cueste lo que me cueste. Si no hay hombre perfecto para mí, al menos estaré segura de que busqué en cada rincón del planeta, incluso en territorio gay.

—¡Hola! —escucho una voz masculina detrás de mí —¿Puedo sentarme?

Al voltear veo a un joven apuesto, sí… nunca cambio con eso de la frivolidad, es moreno claro, de cabello castaño oscuro peinado en picos verticales, de ojos marrones, alto, delgado, de hecho tiene un cuerpo más bien atlético. ¡En cuántos detalles puede uno fijarse con sólo una miradita! Finjo un poco de indiferencia y doy un sorbo a mi bebida, tequila con soda de toronja.

—No, no puedes sentarte —dije con un tono un poco grosero, lo cual hace que el joven haga una mueca ante mi rechazo y se disponga a irse —, mejor invítame a bailar —continúo mientras me levanto de mi asiento y me acerco a él, quien sonriente toma mi mano y me conduce hasta la pista.

Comenzamos a bailar, me cuenta cosas de su vida, estudia Arquitectura en la universidad, trabaja en un parque de diversiones, el más famoso de la ciudad, tres veces por semana mientras encuentra un empleo que vaya de acuerdo con lo que a él le agrada: edificios, diseño, cosas así. Tiene una banda de metal con unos amigos suyos, me invita la próxima semana a una tocada en un pequeño bar cerca del centro de la ciudad, puedo llevar a mis amigos si ellos quieren, así habría más gente apoyándolos… para variar.

De pronto, siento que mi celular vibra, lo saco de la bolsa de mi pantalón y veo que tengo un mensaje… de Pablo, dice "Gracias", sólo eso, sonrío al verlo, elimino el mensaje inmediatamente y guardo mi teléfono otra vez, para seguir bailando con Arturo, ese es su nombre.

—¿Tu novio?

Pregunta obligada, lo sé, sólo para indagar si soy soltera o no.

—No, de hecho no tengo —acepté con una sonrisa, que también puso algo contento a Arturo, no lo pudo disimular.

¡Ah! Qué descanso, creo que en realidad puedo llevar una larga conversación con éste chico, hace tantas cosas que al menos por esta noche no me aburriré, lo sé. Mi amor propio ya está sanado y sé ahora que me puedo divertir… claro, tomando las medidas necesarias.

—Oye… ¿no eres gay, verdad? —pregunto por impulso sin dejar de bailar, no me culpen, más vale estar prevenida.

—¿Eh? —trastabilló un poco al bailar, es de suponerse que se sorprendió un poco por la pregunta, que obviamente no esperaba —¿por qué la pregunta?

—Sólo por curiosidad y… prevención —susurro esta última palabra para mí misma —, uno nunca sabe.

—Pues… claro que no.

—Eso esperaba que me dijeras —sonrío mientras me acerco para abrazar su cuello y atraerlo más hacia mí.

—Tú no eres lesbiana¿o ? —me pregunta en medio de una sonrisa pícara, algo sugerente en realidad.

Al instante entendí a lo que se refería con ese tonito de voz: Manage au toi, pasaba por su mente con seguridad. Más que molestarme me dio mucha risa, porque obviamente estaba bromeando conmigo, me encantan los chicos con buen sentido del humor.

—No tienes tanta suerte —le contesto mientras le doy un suave beso en los labios.

.: FIN :.


Pues bien, hemos llegado al final de esto...

Espero que no se haya visto como un mal relleno xD

Muchas gracias por sus reviews, por sus palabras de aliento por dedicar algo de su valiosísimo tiempo en leer los escritos de una joven loca que encuentra aquí una manera de expresarse.

(Esto no fue tan pequeño como planeé, pero bueno...)



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