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CAPÍTULO 3
El final del viaje de fin de curso llegó, todos los alumnos tenían las maletas hechas y se afanaban por aprovechar hasta el último momento dentro del hotel y en sus inmediaciones.
-¿Has llamado ya al taxi? –le preguntó Malihna a Fairy, que estaba recostada en el tronco de un árbol.
-Sí, llegará en media hora.
-¿Media hora? –Aura se entretenía arrancando la mala hierba de su alrededor-. Pues sí que vas a llegar pronto al aeropuerto.
-Menudo aburrimiento –se quejó la joven-. Me voy a tirar más de dos horas y media solo con mi mp4 sentada en unos asientos incomodísimos.
-Baaaah, al menos harás cola y nos podrás pillar un buen sitio -la animó Aura.
-Los asientos están asignados con el billete –la corrigió Fairy.
-¡Es verdad! Pues entonces que te sea leve la espera –su amiga se encogió de hombros y siguió arrancando la hierba.
-¡Deja de hacer eso! Me pones nerviosa –se quejó Clío dándole un golpe en la mano para que parara.
El viaje de vuelta a la isla transcurrió sin grandes acontecimientos, si no tenemos en cuenta que alguien hizo desaparecer la bolsa de mano de una de las pijas del curso, que no hizo más que quejarse hasta que reapareció en la bolsa de los pañales de una madre que viajaba en el avión. Cuando tocaron de nuevo tierra, los profesores dejaron claro que después de eso y del macrobotellón en el tercer piso del hotel, no iban a volver a llevarlos de viaje a ningún sitio.
Había pasado casi un mes desde que el Tribunal había aparecido para juzgar a Fairy. Pero no habían vuelto a ponerse en contacto con ellas como les habían dicho.
-Sí, creo que al final te escucharon gritar –Aura hacía zapping sentada en uno de los sofás.
-¡Dame el mando! Estás en mi casa, ¿recuerdas? Así que el mando es mío –Fairy le quitó el mando a distancia de un tirón.
-Ahora me siento culpable –Malihna estaba tumbada en otro sofá acariciando a Fígaro que ronroneaba feliz- Yo quería volver a aquel paraíso.
-Un día se te fundirá el cerebro de tantos calentones mentales –se quejó Aura.
-Pues yo prefiero que no vengan, todo ese asunto me da mala espina –Clío las miró con seriedad- Ese Nidas trama algo, estoy segura.
-No creo que lo sepamos nunca. Me da la sensación de que se han olvidado de nosotras, y casi lo prefiero, verás cuando le cuente a mis padres lo del juicio –gimió Fairy.
-Te arrancarán las antenas –rió Aura ganándose una fulminante mirada por parte de su amiga.
-Hablando de tus padres, ¿no tendrían que haber vuelto ya? –le preguntó Clío.
-Regresan a finales del mes que viene –contestó ella-. Como el túnel interestelar se ha estropeado no podrán volver a por mí, aunque me han prometido recompensarme.
-¡Genial! ¡Tenemos la casa para nosotras solas todo un mes! –Malihna sonrió.
-¡Fiesta! ¡Fiesta! –Aura comenzó a saltar en el sofá y a mover los brazos en círculo frente a ella.
-¡No saltes, que se rompe! –Fairy le tiró un cojín para que parara-. ¡Si se llega a romper, ahí sí que me la cargo!
-Tú siempre cortándome el rollo –se quejó la chica volviéndose a sentar.
-Fiesta o no, esto hay que aprovecharlo –Clío se frotó las manos.
La música retumbaba en las paredes y los vasos semivacíos estaban esparcidos por todos lados.
-¡Creo que deberías bajar la música! –Fairy gritaba en la oreja de Clío- ¡No quiero que los vecinos vengan a quejarse!
-¡Vale! –Clío bajó el volumen y los cristales dejaron de temblar.
-¡¿Pero qué hacéis?! ¡Subidla! –gritó Ralph mirándola con enfado.
-Así de alta está bien, además no estás en tu casa –le regañó ella.
Ralph se dio la vuelta y siguió refunfuñando.
-Venga, Malihna, baila –rió Aura cogiéndole una mano a su amiga y tirando de ella.
-¡Te he dicho que no! –se quejó ella-. Ya sabes que no me gusta bailar delante de la gente que conozco.
-Rancia –Aura le sacó la lengua mientras se iba a bailar con Clío y las hermanas pequeñas de ésta, que también habían venido a la fiesta.
-¡No me llames rancia! –se enfadó Malihna.
Clío iba a intervenir para evitar una pelea cuando sonó el timbre. Fue a la puerta y miró por la mirilla, seguramente sería algún vecino que venía a quejarse del ruido. Pero lo que vio la hizo palidecer. Se alejó corriendo de la puerta y fue en busca de sus amigas.
-¡Fairy, están aquí! –le dijo nerviosa.
-¿Ya han venido a quejarse los vecinos? –la chica ladeó la cabeza con resignación-. Hablaré con ellos.
-¡No! No son los vecinos, son Nidas y el chico-lobo –la corrigió.
-¡¿Nidas?!¡¿Aquí?! ¡¿Ahora?! –Fairy la miró horrorizada.
Clío asintió.
-¿Qué pasa con Nidas? –Aura se acercó a ellas seguida de Malihna.
-Está aquí, en la puerta –contestó Clío.
-Ay mi madre… -musitó Aura-. ¿Y si hacemos como que no estamos?
-¡¿Tú estás tonta o qué?! –le gritó Fairy-. Seguro que la música se escucha desde fuera.
-Sí, y tus gritos –añadió Malihna.
El timbre volvió a sonar.
-¿Qué hacemos? ¿Qué hacemos? –Fairy miró a su alrededor presa del pánico.
-Lo primero es sacarlos a todos de aquí –Clío intentó calmarse para poder pensar con claridad.
-¿Y por dónde los sacamos? ¡Están en la puerta! –Malihna frunció el ceño.
-Tengo una puerta trasera en el jardín ¿Recuerdas? –Fairy la miró con seriedad.
-Bien, vale, saquémoslos.
-¿Y tú crees que se van a ir sin mas? ¡Seguro que piden explicaciones! –Aura se cruzó de brazos mirando al resto de invitados que bailaban al margen de la delicada situación.
El timbre sonó por tercera vez con más fuerza y duración.
-¡Mierda, mierda, mierda! –Clío miró la puerta y luego se acercó a los invitados que pusieron cara de enfado cuando les empezó a hablar.
-¿Crees que se irán? –Fairy miró a los jóvenes.
-A mi el que me preocupa es Ralph –musitó Malihna-. Seguro que empieza a quejarse como de costumbre.
-Si no estoy equivocado, los humanos tenéis instalado un timbre en la puerta para que alguien venga a abrir –una voz grave habló tras ellas.
Aura cerró los ojos antes de girarse para encarar a Nidas y a Yarek que las miraban con seriedad.
-Íbamos a hacerlo ahora mismo –contestó Malihna con una sonrisa apurada.
Fairy no se atrevía a girarse.
-Habrá que deshacerse de las visitas para evitar problemas –sonrió Nidas.
-¿Deshacerse? –Fairy lo miró horrorizada.
Yarek sacó de debajo de su abrigo negro una pequeña esfera y la tiró en mitad del salón. Clío gritó cuando vio caer al suelo a sus hermanas envueltas en una nube azulada que se disipó en unos segundos.
-¡Calmaos! Solo son somníferos –informó el Capitán General al asustado grupo.
-¡Aun así no tiene ningún derecho a hacerlo! ¡Ya se iban! –gritó Clío furiosa y con lágrimas en los ojos.
-¡Como se atreven! ¡Eso no era necesario! –gritó Fairy.
-Apagad ese ruido –gruñó Yarek acercándose a Clío.
Fairy apagó la música mientras el licántropo acomodaba en los sofás a parte de los invitados que dormían placidamente.
-Gracias –Clío sollozó un momento, aún con el miedo en el cuerpo.
-No has de asustarte, no crean ningún tipo de alergia, solo estarán durmiendo unas cuatro horas –le dijo Yarek poniéndole una mano el hombro a la joven.
-Ya veo como os gusta divertiros a los humanos –comentó Nidas observando el salón lleno de vasos.
-Son cócteles sin alcohol –informó Fairy-. A nosotras no nos gusta beber, nos divertimos de forma sana. No nos va eso de vomitar después.
-Eso espero –el Capitán General la miró fijamente-. Bien, retornemos a la nave.
Y como la última vez, Nidas apretó el botón de su brazalete.
……………………………………………..
-¡¿A quién se le ocurre?! ¡Venir así sin más! –protestó Malihna-. ¿Es que no podéis avisar de algún modo?
-Sí, ¿no sabéis que es un móvil? –Aura les enseñó dicho aparato.
-Vosotras sabíais que cualquier día volveríamos –dijo Nidas con un tono brusco y seco-. Tenéis que esperarnos en cualquier momento y lugar. Tenéis que estar siempre preparadas.
-¡Claro! ¡Y eso es excusa para haber intoxicado a mis hermanas! ¿No? –gritó Clío fuera de sí.
-No podíamos arriesgarnos a ser descubiertos –aclaró Yarek agarrando a Clío por el hombro-. Además, no te preocupes, se despertarán y no recordaran nada anterior a los cinco minutos antes de llegar nosotros.
-¿Qué os creéis? ¿Qué no tenemos más vida social? ¡No podemos estar esperándoos siempre! –protestó Fairy.
-¡Sí! ¡Porque ni siquiera estábamos seguras de que fuerais a volver! –les recriminó Malinha-. Ha pasado mucho tiempo.
-Ya dijimos que íbamos a volver –dijo Nidas con un tono alto y autoritario-. Así que basta de protestas.
-Es que después del numerito que montó Malihna... Pues pensamos que no querríais volver a vernos –aclaró Aura mientras su amiga le daba un collejón.
-¿Qué numerito? –preguntó el licántropo alzando una ceja con interés.
-Pues cuando nos dejasteis Malinha estaba tan cabreada que...¡Auh! –se quejó Aura cuando su amiga volvió a golpearla.
Yarek se acercó a Malihna colocándose a dos dedos de su cara.
-A lo mejor se refiere a lo del bozal... o a lo de enseñarme modales... –gruñó el joven hombre lobo dejando ver sus afilados colmillos-. Venga... inténtalo... aquí me tienes.
-No te alteres tanto con la chica que al menos... ¿Cómo era?... ¡Ah, sí! Tú “estás bueno” –dijo el Capitán General apartando al joven de la chica con una media sonrisa.
-¿Qué te piensas? ¿Qué me das miedo? –dijo Malihna enfrentándose al licántropo mientras Clío y Fairy intentaban calmarla- ¡Mis perros tienen mas modales que tú! ¡Y eso es mucho decir!
El joven volvió a encararse con la chica, pero Nidas carraspeó indicando que ya era suficiente.
-Os vais a tener que llevar bien sí o sí –advirtió el Capitán General al joven-. Así que lo mejor será que hagáis las paces y os comportéis como adultos.
-¿Las paces? ¡Jamás! ¡Aparte de mujer es humana! –protestó el joven con intención de cabrear aún más a la chica.
-¡Al menos las mujeres podemos hacer dos cosas a la vez! ¡Tú has tenido que dejar de hablar para poder pensar lo que acabas de decir! –se burló ella.
A Yarek se le erizó la cola. Las chicas intentaban calmar a su amiga, ya habían visto situaciones parecidas, y todas habían acabado igual de mal. Nidas volvió a carraspear con enfado. El licántropo entornó los ojos.
-Me disculpo por mi... desagradable comportamiento –dijo Yarek acerándose a Malihna y ofreciéndole la mano.
-¡Hombre! Si el señorito sabe reconocer sus errores –rió Malihna con sarcasmo-. ¿Has visto como no es tan difícil?
El chico con una sonrisa apretó la mano de la adolescente, que se esforzó en no quejarse mientras mantenía su expresión desafiante.
-Malihna, no te pases. Mira que ya se ha disculpado –dijo Fairy.
-Sí, al menos es un perrito obediente.
Yarek, cansado de los comentarios le hizo una llave a Malihna colocándose tras ella e inmovilizándola.
-¡¿Ahora qué?! –se burlaba el chico victorioso-. Ahora ya no eres tan valiente ¿eh?
-¡Quítame las manos de encima perro sarnoso! –gritó la joven revolviéndose.
Yarek la sostuvo con más fuerza, levantándola del suelo. Aura se tiró contra el licántropo encaramándose a su espalda estirándole de la cabeza hacia atrás mientras Fairy y Clío estiraban de los brazos del muchacho para que soltara a su amiga.
-¡Ya basta! –ordenó Nidas. Clío y Fairy se separaron, pero Aura seguía golpeando encaramada sobre la espalda del joven.
-¡Maldita sea! ¡¿Tienes complejo de parásito o qué?! –Yarek golpeó a la chica con el codo y la tiró al suelo.
Nidas rió al ver como la joven quería volver al ataque, aunque sus amigas la retenían.
-A ver como sales de esta –le dijo el Capitán General a la chica, mientras el joven licántropo la sujetaba firmemente.
Malihna se paró a pensar y a analizar la situación, sonrió maliciosamente. Pisó con fuerza el pie de Yarek, que aflojó de inmediato su agarre. Luego, con todas sus fuerzas le dio una patada hacia atrás, golpeándole de lleno en la entrepierna. El joven calló al suelo con un gesto de dolor.
-¡Eso es un golpe bajo! –gimió él- ¿Es que no tienes orgullo a la hora de pelear?
-¡Te jodes! Eso por jugármela –sonrió la joven mientras sacudía las manos.
-¡Perfecto! –dijo Nidas aplaudiendo mientras se dirigía a la chica con una amplia sonrisa-. Espero que todas pongáis la misma energía en los entrenamientos. Ahora vamos todos a la enfermería.
Una gran puerta se abrió tras ellas.
-¿A la enfermería para qué? –Aura tragó saliva- Porque entiendo que él vaya, ya que tendría que ponerse hielo ahí –apuntó entre las piernas de Yarek-¿Pero nosotras? ¿Para qué?
-Tenéis que someteros a un reconocimiento médico intensivo –contestó el Capitán General secamente.
-¿Intensivo? ¿Y eso por qué? –preguntó Clío no muy convencida.
-Pura rutina –contestó Nidas quitándole importancia-. No os preocupéis, son pruebas básicas.
-¡Menos para ti! Ya me encargaré yo de ello –le amenazó el licántropo a Malihna aún dolorido más en el orgullo que físicamente-. Me encargaré de que te pongan la inyección más grande y dolorosa.
-¿Inyecciones? ¡¿Inyecciones con agujas?! –gritó Aura alarmada.
-¿Es que existen inyecciones sin agujas? –rió Clío con sarcasmo.
-¡Noooo! ¡Inyecciones no! –suplicó Fairy mirando al Capitán General-. No me gustan esas cosas. Me dan demasiado... ¡Respeto!
-Hay que hacer una analítica completa e inyectaros ciertos anticuerpos de los que carecéis –explicó Nidas.
Se abrió una última sala, la enfermería.
-Bueno Yarek, son todas tuyas –se despidió del joven dándole una palmada en el hombro.
-¡Yo no entro ahí! –Aura se cruzó de brazos.
-¿Cómo que no? Entrareis todas –aclaró Yarek mirándola seriamente.
-¡No, yo no entro! ¡A mi una aguja no se me acerca a menos de tres kilómetros! –dijo la chica histérica agarrándose los brazos.
-No seas tonta. Hasta Fairy va a hacerse las pruebas –dijo Clío recordando que Fairy era siempre la mas delicada para estas cosas.
-Mujer... es que si hay que hacerse pruebas pues se hacen ¿no? –dijo Fairy resignada-. Todo sea por no separarme de vosotras.
-Ni de Mike ¿no? –dijo Malihna haciendo enrojecer a su amiga.
-¡Pues a mi me da igual, yo no entro ahí! –siguió protestando Aura mientras se sentaba en el suelo.
-¡Tú entras y no se hable más! –concluyó Malihna a garrando a su amiga por las axilas y arrastrándola hacia el interior de la sala-. Podríais ayudarme un poco ¿no?
-¡Aura suéltate! ¡Deja de hacer comedia! –ordenó Clío.
-¡Nooooo, no, y no! ¡Yo no me muevo de aquí! –insistió la joven agarrándose con fuerza al marco de la puerta metálica.
-Lo siento humana, te ayudaría pero... Aún me duele la patada a traición –Yarek sonrió desafiante.
Malihna gruñó. “Cuando lo pille se arrepentirá”, pensó mientras le hervía la sangre.
-¡Agujas nooo! ¡Por favor no! –suplicaba la joven presa de un ataque nervioso.
-¡Aura! ¡No seas cabra, chica! ¡Ya basta! –intentó cortar Clío a su amiga, pero todos los intentos fueron inútiles.
En la enfermería apareció un ser extraño con una pistola metálica pequeña, que dejaba ver un líquido azul en su interior. Parecía ser uno de los médicos a juzgar por su bata azul claro. Tenía dos pares de ojos, también azules, que inspiraban tranquilidad, formando un rombo en su alargado rostro. Tenía también seis brazos largos y delgados, con cuatro dedos en cada mano de un naranja pálido.
-Hola Sible –dijo Yarek sonriendo a ese extraño ser.
-Hola –contestó éste devolviéndole la sonrisa mientras vaciaba el contenido de la pistola en el cuello de Aura, que empezó a perder fuerza.
-¿Qué haces? ¿Qué le has hecho? –lo último que necesitaba en esos momentos Clío era que dejaran inconsciente otra amiga suya.
-No te preocupes querida humana, es solo un calmante –explicó el apacible ser sonriendo a la preocupada joven-. Su crisis nerviosa estaba a punto de derivar en un brote sicótico, y una vez empiezan esa clase de brotes son muy difíciles de controlar, así que es mejor que no empiecen.
-¿Y ahora qué? ¿Se va a dormir? –preguntó Fairy con pocas ganas de cargar con la pesada de Aura.
-No, es un tranquilizante, no un sedante –se burló Yarek de la chica.
-¡Oye! No te burles, ¡¿Y yo qué sabía?! –protestó la joven.
-¿Entonces va a estar drogada? –preguntó Malihna mientras intentaba levantar a Aura del suelo.
-Mmmmh... sí, mas o menos –concluyó el joven licántropo encogiéndose de hombros.
Clío y Fairy ayudaron a su amiga a meter a Aura en la enfermería. Era un sito amplio y lleno de aparatos y robots que flotaban y corrían por la sala. Otros dos doctores con aspecto similar a Sible atendieron a las chicas.
-Hola Saretil –saludó el instructor a la única doctora de la sala- Hola Agram
-Hola Yarek -contestaron al unísono los dos seres mostrando una amplia sonrisa.
Las chicas colocaron a Aura en una de las camillas del lugar, Sible comprobó su estado. Malihna se acercó a Saretil mientras Fairy y Clío se quedaban junto a la camilla con su amiga.
-Disculpe –la adolescente intentó llamar la atención de la doctora.
-Dime.
-¿Me podría dar una bolsita con algo de hielo? –preguntó la chica en voz baja.
-Sí, claro ¿Pero para qué quieres hielo? Si no es mucho preguntar.
-Es que verá… es para Yarek… nos hemos peleado y… yo le golpeé en la entrepierna –le contó Malihna bajando cada vez mas la voz, hasta el punto en el que casi no se la podía escuchar.
Saretil estalló en descontroladas carcajadas que resonaron por toda la sala asustando a la joven. Entonces se aproximó otro doctor que tenía una cresta de pelo castaño en la cabeza,
-Intenta no hacerla reír -pidió Agram a la chica-. Es que la más mínima gracia hace que le dé un ataque de risa.
-¿Ahm? –Malihna no sabía que pensar ni que decir. Miró a sus amigas que continuaban al lado de Aura y también habían escuchado las sonoras risotadas de la doctora. Finalmente miró a Agram y sonrió –. Que cosas mas raras ocurren en esta sala…
Tras unos minutos Saretil volvió, ya calmada, con la bolsa de hielo que Malihna le había pedido.
-Gracias.
-No hay de que. Siento lo de antes.
-¡No pasa nada! Aquí cada uno tiene lo suyo.
Malihna se acercó a Yarek que estaba a cierta distancia de las chicas.
-¿Hola? –susurró la chica sonriendo con timidez.
-¿Qué quieres? –contestó Yarek bruscamente lanzando una mirada llena de odio a la joven.
-¡Idiota! ¡Toma! –dijo la chica lanzándole la bolsa de hielo- ¡No sé para que me molesto!
El joven licántropo cogió el brazo de Malihna, para evitar que se fuera, mientras miraba sorprendido la bolsa de hielo. Antes de que el joven pudiera decir nada ella se soltó y se fue donde estaban sus amigas.
-¿Cómo está? –preguntó a las chicas mientras señalaba a Aura.
-Pues imagínate… -dijo Fairy encogiéndose de hombros-. Es como si se hubiera fumado tres porros.
-Ahora mismo está alucinando con cada luz… Y antes le hacía mucha gracia el sonido que hacia cuando golpeaba sus manos –dijo Clío entornando los ojos aunque no pudo evitar que le saliera una sonrisa burlona.
Las tres chicas rieron y se giraron hacia Aura que murmuraba miles de cosas sin sentido y se distraía con el vuelo de moscas que no había en ninguna parte. Entonces abrazó a Fairy.
-¡Que bien te huele el pelo!
-¿Qué haces? ¡Déjame! –dijo Fairy apartándose de ella.
-Jooo… No te vayas –dijo Aura extendiendo los brazos hacia su amiga-. Pues ven tú, Clío. Seguro que tu pelo huele mejor.
-¿Y ahora qué le ha dado con el pelo? –comentó Clío con fastidio.
Las chicas rieron divertidas por la situación en la que se encontraba su amiga. Yarek se acercó a las chicas sin cambiar su expresión de mal humor.
-¿Qué hacéis? ¿No podéis comportaros civilizadamente?
-Otro comentario más y te parto la nariz –le amenazó Malihna.
Yarek iba a replicar cuando de repente Aura empezó a reír.
-¡Mueves la cola!-siguió riendo ella señalando la cola del licántropo.
-Estúpidos humanos –refunfuñó él alejándose de las chicas.
-¿¡Ya empezamos!?¡Estoy harta! ¡Contigo siempre es lo mismo! ¡Te crees superior, y yo no creo que lo seas!¡Estás en tu territorio pero seguro que en la Tierra no duras ni un día entero! –gritó Malihna mientras sus ojos empezaban a inundarse de lágrimas de rabia.
-¡No te hemos hecho nada para que nos trates así! –protestó Clío indignada mientras sujetaba a Malihna con ayuda de Fairy.
-¡Sí! ¡Ya te estás pasando! –dijo Fairy en tono desafiante a su instructor.
-¡Si quieres que te consideremos nuestro instructor y te respetemos empieza por respetarnos tú primero! –aclaró Clío mientras Malihna se alejaba todo lo posible de ellos.
-Vosotras no sabéis nada de nada, tengo todo el derecho del universo para odiar a vuestra raza –contestó Yarek con una mirada sombría.
Sible se acercó al grupo. El doctor llevaba a su lado una bandeja de considerables dimensiones. En ella había múltiples aparatos, algunos de ellos jamás pensaron que pudieran existir, también había muchos frascos con líquidos de colores llamativos, algunos estaban vacíos. También estaba la misma pistolita con la que habían drogado a Aura.
Las chicas miraban todo aquello con los ojos como platos. Se miraron entre ellas y tragaron saliva.
-¿Para qué es eso? –preguntó Clío señalando los frascos de colores.
-Son vacunas –contestó Sible con un tono de voz suave y pausado.
-¿Vacunas? ¿Todo eso son vacunas? –dijo Fairy tragando tanta saliva que casi se ahoga-. Yo primero quiero lo que le habéis puesto antes a ella –dijo señalando a Aura.
-No seas tan cría ¡Échale un poco de valor! –dijo Yarek con una sonrisa mientras se apoyaba en el hombro de Malihna.
Pero la chica se apartó bruscamente de su instructor. Aunque aquello parecía un intento de Yarek para hacer las paces, ella estaba tan cabreada que ignoró el gesto. No se lo iba a poner tan fácil. Si Yarek quería arreglar las cosas debería esforzarse más.
Agram se acercó con otra bandeja e hicieron dos grupos. Mientras Yarek se puso a hablar con Saretil. Los doctores comenzaron por Clío y Malihna, que eran las que menos asustadas estaban. Las tumbaron en unas camillas y les pusieron una vía para hacer una analítica. Con los otros dos pares de brazos iban preparando los tubos que luego les inyectarían.
Sacaron siete tubos llenos de sangre humana, que depositaban en unos recipientes que se fueron flotando hasta la otra punta de la sala, donde se acoplaban a una máquina de grandes dimensiones.
Las chicas empezaron a notar la falta de sangre. Estaban algo mareadas y su rostro comenzó a palidecer.
-¿Qué pensáis hacer con tanta sangre? ¿Queréis alimentar a un centenar de vampiros o qué? –comentó Malihna molesta.
-¿Un centenar de vampiros? Que humana tan graciosa –dijo el doctor.
-¿Vampiros? –Aura giró la cabeza hacia su amiga con los ojos brillantes- ¿Está Alucard por aquí? ¡Yo quiero verlo!¿Dónde está?
-No, no está Alucard –gruño Malihna, empezaba a dolerle la cabeza- ¿Cuándo se le pasarán los síntomas de los calmantes? Se está poniendo cargante.
-Le hemos puesto una dosis alta, así que... puede que en horas- sus amigas suspiraron con resignación y cansancio-. Pero si queréis le podemos poner un restabilizante.
-¿Quién puñetas es Alucard?- preguntó el licántropo con curiosidad.
-Chorradas suyas- contestó Fairy-. Es un vampiro que aparece en los mangas que lee, y que ya le gustaría a ella que fuera real.
Los médicos inyectaron en la vía que les habían puesto una aguja con un líquido violeta claro. Al poco tiempo se sintieron mejor, incluso les pareció que tenían más fuerza de lo habitual. El resto del reconocimiento no salió de lo normal: vista, equilibrio, ritmo cardíaco…
-Saca la lengua- le pidió Agram a Clío.
La chica obedeció y el médico de cuatro ojos puso sobre ella una pequeña y fina lámina metálica. Repitió el proceso con el resto del grupo.
-¿Para qué es eso? –preguntó Fairy extrañada, ya que no vio que sobre la lámina aparecía una radiografía de su lengua.
Agram miró a Yarek, que estaba con el ceño fruncido.
-Para saber cuál es vuestra temperatura corporal óptima –contestó el médico.
Clío frunció el ceño sin mucha convicción, había visto la mirada de “cállate” que le había lanzado Yarek.
Una vez hubo acabado el reconocimiento médico, Yarek se las llevó a los pasillos de la nave. Entraron en un enorme hangar, tan grande como dos campos de fútbol. En su interior había colocadas barreras, muros y obstáculos varios, a cada cual más complicado de superar.
-Tenéis cinco minutos para superara esto –Yarek sacó un cronómetro de su bolsillo y algo parecido a un bolígrafo táctil y una pantalla.
-Sí ¿Y qué más? Creo que habéis visto mucho “Humor Amarillo” –se quejó Aura- ¿Quién iba a poder pasar eso en cinco minutos? ¿Qué clase de cámara oculta es esta?
-Sinceramente, ni sé, ni me importa que es “Humor Amarillo”, pero por graciosa vas a ser la primera –Yarek la miró con una sonrisa cruel.
Clío, Fairy y Malihna contuvieron la risa.
-Creo que sería mejor que Clío fuera la primera, es la más atlética –Aura empujó a su amiga hacia delante.
-¡Te ha dicho a ti! -se quejó.
-A la de una... –comenzó a contar el licántropo.
-Es que tengo problemas de tendones y me dan calambres muy rápido –se excusó la joven.
-A la de dos…
-¡Oh! ¡Qué mal me encuentro! –Aura se llevó las manos al estómago con un gesto de dolor- ¡Mi estómago! ¡Como duele! ¡Oh!
-Tres –finalizó el joven.
-De verdad que no puedo ¡Ah! ¡Uh! ¡Qué dolor más insoportable! ¡Qué dolor más doloroso! –siguió fingiendo la chica.
-¡Vamos! –ladró Yarek.
Aura salió como un resorte, corrió con todas sus fuerzas, pero al llegar a la zona de barreras tragó saliva, ¡eran muy altas! Intentó saltar la primera, pero la golpeó con los pies y la derrumbó cayendo también ella al suelo de morros.
-¡Me rindo! –gritó Aura- ¡No sigo!
-¡Sigue! O te arrepentirás.
-Maldito perro pulgoso –refunfuñó ella levantándose.
Pero en lugar de saltar las barreras, decidió pasarlas por debajo. De un salto intentó encaramarse al muro, pero se golpeó el estomagó contra el borde y cayó al suelo.
-¡No me hagas ir a por ti humana torpe!
-¡No soy un saltamontes!
Finalmente consiguió pasar todo el circuito, y cuando llegó junto a sus amigas se tiró al suelo boca arriba. Estaba cansada, dolorida y cubierta de barro.
-Quince minutos, penoso –Yarek sacudió la cabeza-. Hasta los lobeznos de siete años son más rápidos.
-¡Bien! ¿Quieres que les de un premio? –comentó Aura con fastidio.
-Me basta con que te calles –contestó él-. La siguiente.
Las otras tres chicas retrocedieron y se miraron entre ellas.
-Tú –eligió el chico señalando a Malihna que suspiró con resignación.
La chica hizo mejor tiempo en el recorrido, aunque optó por saltarse la mitad de los obstáculos o pasarlos como a ella le parecía; ganándose al final una aprobación a regañadientes del instructor en lo que al tiempo se refería. La siguió Fairy, que empató en tiempo con Aura, llegando al final en el mismo estado que su amiga: cubierta de barro y dolorida por los golpes. La última, Clío, consiguió pasar el campo de obstáculos en seis minutos sin saltarse ninguno.
-¡Perfecto! –la felicitó Yarek dándole unos golpecitos en el hombro-. Al menos una de vosotras sabe saltar y correr sin quejarse.
Aura le sacó la lengua, pero el sabor del barro le hizo escupir con asco, ya que ni siquiera con el dorso de la mano podía limpiarse la cara.
-Menudos tiempos más penosos tenéis el resto –comentó Yarek-. Habrá que repetirlo.
-¡Ni de coña! –Aura se levantó de golpe- ¡Yo no me vuelvo a jugar mi integridad física hasta que no me expliquen de que va todo esto!
-En eso tiene razón –Clío dio una palmada en el hombro de su amiga.
-¡Ay!¡No me toques que me duele todo!
-Perdón.
-Ya hemos dejado claro que se os explicará más tarde –repitió el licántropo.
-¡¿Y cuándo es más tarde?! –Fairy se cruzó de brazos.
-No haremos nada más hasta que tengamos una explicación en condiciones –Malihna puso los brazos en jarra con cara de pocos amigos.
Yarek entornó los ojos y presionó un botón de su brazalete.
-Nidas, ven a la sala de entrenamiento número 3, tenemos un motín.
-Enseguida estoy allí –la voz del Capitán General resonó en la sala.
A los pocos minutos Nidas entró en la enorme sala y miró a Aura y a Fairy.
-¿Qué les has hecho hacer?
-Han sido las primeras que han conseguido tropezar con todos los obstáculos –contestó el licántropo.
-¡El recorrido es muy chungo! –se quejó Aura.
-Da igual como es el recorrido. Ahora lo que queremos es saber porque tenemos que pasar por todo esto –Clío miró a Nidas.
-¿No se lo has dicho? –el Capitán General miró al joven.
-Te reservaba ese honor.
-Dijisteis que aceptaríais cualquier cosa, y el Tribunal ha decidido que forméis parte del grupo de los Emisarios –comentó Nidas -. Seréis instruidas para poder realizar las misiones que se os encomienden.
-¿Misiones? ¿Eso quiere decir que viajaremos a otros planetas? –Malihna lo miró de hito en hito.
-Exactamente.
-¡Bieeeen! –Aura dio un salto de alegría.
-De bien nada ¿Qué clase de misiones? –Clío frunció el ceño.
-Los Emisarios son un grupo diplomático que se dedica a acordar tratados y mantener un estado de respeto y equilibrio entre los diferentes planetas –explicó el Capitán General.
-¿Entonces por qué nos hacen pasar esas pruebas físicas y nos ponen un instructor? –Clío no se terminaba de fiar.
-Como ocurre en vuestro planeta, aquí también hay detractores. Por eso creemos que es mejor prevenir que curar –Nidas se encogió de hombros-. Yarek os enseñará defensa personal y algunas técnicas de ataque con armamento.
-¿Armas? –a Malihna se le iluminaron los ojos.
-Uuuuu, que mal rollo me da verla así –comentó Aura alejándose de la chica.
-¿Y podremos usarlas? –la chica no cabía en sí de alegría.
-Solo en caso de necesidad –aclaró Nidas-. Aunque por supuesto en los entrenamientos tendréis que utilizarlas.
-Creo que eso no será buena idea –musitó Fairy mirando a su amiga que sonreía con ilusión.
-Ya ves tú que no –corroboró Aura.
-No os voy a preguntar si estáis seguras de querer formar parte de los Emisarios –concluyó el Capitán General-. Es el precio que tendréis que pagar por no perder a vuestra amiga.
Las cuatro se miraron, “Que remedio” pensaron todas.
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-¿A dónde nos llevas ahora? –Clío estaba cansada de ir de un lado a otro de la nave-. Tendríamos que volver ya, seguro que mis hermanas ya han despertado.
-Aún faltan cosas por hacer antes de que podáis volver –se limitó a decir el joven instructor.
Sin darse cuenta llegaron a una pequeña habitación llena de cachivaches que chirriaban y echaban chispas.
-¡Una araña, una araña! –gritó Aura dándole una patada a una pequeña bola de metal que salió volando estrellándose contra una de las paredes.
-¡¿Qué ha pasado?! –de entre los montones de chatarra apareció un niño de unos siete años, o eso les pareció a ellas-¡Mi Ks-9!¿Quién ha sido?¡¿Quién?!
-Tranquilo Jinlu, ha sido un accidente –intervino Yarek antes de que el supuesto niño se abalanzara sobre las adolescentes.
-¿Cómo quieres que me calme? ¡Hace sólo tres días que lo acabé! ¿Cuál de esas idiotas ha sido? –gritó.
-¡Eh! Para ser un niño tienes muy mala educación –se quejó Malihna.
-¿Niño? ¡Te voy a dar yo niño, maldita humana asquerosa! ¡Tus padres aún eran fetos cuando yo ya trabajaba aquí! –Jinlu se estaba poniendo de color rojo.
-No sabía que permitieran el trabajo infantil –murmuró Aura.
-¡¿Pero es que tú no escuchas?! –siguió gritando él con el robot con forma de araña destrozado entre los brazos.
-Venga, cálmate. Yo costearé los arreglos si así te quedas más tranquilo -insistió el licántropo.
-Si no es por el dinero… es por la poca consideración de esas que están contigo.
-Nada de esto habría pasado si no tuviera forma de araña ¡No soporto a las arañas! –aclaró Aura.
-¡Así que has sido tú!
-¿Qué es tanto alboroto? –de entre los escombros apareció un hombrecillo pequeño y calvo, con unas orejas picudas enormes, en las que se apoyaban unas enormes gafas que agrandaban sus ojos azules con la pupila horizontal como los de una cabra. En conjunto, a Aura le recordaba a un Yoda empollón-. Así no hay quien trabaje ¿Qué le ha pasado a tu Ks-9?
-Mejor no preguntes Pitres –le recomendó Yarek-. He venido a…
-Ya se a que has venido, Nidas me ha informado para que vaya con cuidado con esas cuatro –el hombrecillo señaló a las chicas.
Pitres, después de observar detenidamente a las cuatro jóvenes, les dio un reloj de muñeca de correa ancha, parecido al que llevaba Yarek.
-¿Sabéis lo que son? –les preguntó el ingeniero.
Las cuatro cruzaron miradas.
-Son comunicadores, os servirán para contactar con nosotros y entre vosotras, además tienen función de… como os lo explico para que vuestro primitivo cerebro lo entienda…
-¡Eh! ¡Primitivo lo será tu tío! –se quejo Malihna.
-Para tu información tengo un cociente intelectual de quinientos sesenta –aclaró Pitres-¡Camuflaje! Esa es la palabra que más se ajusta. Concentraros, pensad en un vestuario y ese será vuestro uniforme; intentad poneros de acuerdo para coincidir.
-Si esa es su función, camuflaje no le pega mucho, pero en fin… -comentó Clío.
Las jóvenes se concentraron cerrando los ojos. Al abrirlos su aspecto había cambiado. Malihna llevaba una camisa de tirantes roja bordada y un corsé negro, al igual que los pantalones y las botas. Clío sonrió al verse con una camisa de tela ligera con mangas anchas y de colores llamativos que tapaba parcialmente sus vaqueros azules. Fairy tenía puesta una chaqueta con capucha negra y de media manga sobre una camiseta rosada, sus pantalones negros y anchos tenían muchos bolsillos, y estaban metidos en unas botas negras.
-Vestirse así es más fácil –rió ella examinando su mano derecha en la que llevaba un guante negro sin dedos.
-Apretad el botón azul de la derecha para memorizar la imagen –las chicas obedecieron.
-Bien ahora que todas habéis elegido vuestro “uniforme” –Pitres las miró sin mucha convicción- os enseñaré… ¡Ah!
El hombrecillo dio tal salto que sus enormes gafas por poco caen de su rostro sin nariz.
-¡¿Qué has hecho?! –Pitres miró a Aura enrojeciendo de furia. La chica tenía la piel azulada, los ojos amarillos y una cola parecida a la de un demonio se mecía a su espalda.
-¿Qué pasa? –Aura se encogió de hombros-. Has dicho que pensemos en lo que queramos. Mira, ahora parezco Rondador nocturno –rió ella.
-¡No tiene gracia! ¡Vuelve a tu aspecto humano inmediatamente! – le gritó él fuera de sí.
-Vale, vale –Aura entornó los ojos y su aspecto cambió-¿Mejor así?
-No puedo con esta humana, ¡No puedo! ¡Así no hay quien trabaje! –Pitres salió de la sala haciendo aspavientos y refunfuñando- ¡Hasta que no se comporte como una humana de su edad que no cuenten conmigo! ¡Ni siquiera saben que es un uniforme! –su voz se fue perdiendo por el pasillo.
Yarek suspiró entornando los ojos, una vez más, se comía el marrón él solo.
-Bueno, no estás tan mal ahora –opinó Malihna.
La chica había vuelto a su aspecto normal, aunque su brazo izquierdo y la parte izquierda del rostro y cuello estaban llenos de tatuajes azules y blancos. Llevaba sobre su cabeza unas gafas de piloto, de su coleta alta salían mechones de color liliáceo. Llevaba una camiseta sin mangas y con capucha en la que se enroscaba un dragón dorado, unos pantalones cortos y deshilachados, debajo de estos unos largos y negros de licra; sus zapatos eran verdes con los cordones de color naranja chillón, con alas pintadas en los tobillos; unos calcetines de colores le llegaban hasta las rodillas, y unos tirantes negros con estrellas plateadas caían desde su pantalón. En su brazo derecho llevaba un guante largo sin dedos en los que se veía una cruz negra con unas alas, una serpiente y una corona sobre un fondo rojo.
-Parece que vas a ir a patinar, antes que a dialogar con diplomáticos –rió Fairy.
-A mi me gusta y punto pelota –concluyó Aura con la cabeza alta apretando el botón azul.
-¿A dónde hay que darle para volver al aspecto que teníamos antes? –preguntó Clío.
-Dale al rojo de la derecha –informó Yarek-. Vamos, creo que aún queda una cosa por hacer.
-Para ser un reloj no marca la hora –se quejó Aura.
-El botón central –el licántropo salió de la sala y las chicas lo siguieron con rapidez.
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Estaban de vuelta en la sala principal, mirando a todas partes, aburridas sin saber qué estaban esperando. Clío se movía inquieta, no hacía más que repetir que ya era hora de regresar a casa. La puerta se abrió y por ella apareció Nidas seguido por un licántropo de pelo negro azabache y el miembro del Tribunal que tenía el cuello largo y ondeante.
-Tengo los informes completos –anunció el Capitán General.
-¿Y bien? –Yarek se acercó a él.
-Son aptas, desde ahora serán el subescuadrón cuarenta y nueve –apretó un botón de su brazalete y en las pantallas de los relojes de las cuatro jóvenes apareció un holograma con dicho número adornado con líneas ondulantes que formaban una estrella-. Por el momento no irán de misión, antes tendrás que entrenarlas para que estén preparadas llegado el momento.
Yarek asintió y las miró con una mueca. Visto lo visto durante las pruebas físicas iba a suponer un reto hacer de ellas un grupo que, al menos, fuera capaz de defenderse en condiciones.
-Me va a llevar tiempo –aclaró el joven instructor-. Son un verdadero desastre.
Clío le tapó la boca a Aura antes de que hiciera cualquier comentario.
-Sí, hemos visto tu informe, por eso el consejo ha decidido que seria una buena idea proporcionarles el Elden.
-Será una broma –el licántropo miró a Nidas con escepticismo.
-No, los humanos no poseen ninguna habilidad que les permita defenderse, por eso le sacarán provecho al Elden, además son genéticamente compatibles con él –aclaró Ioz.
Yarek las miró con el ceño fruncido, con una mezcla de preocupación y desaprobación.
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Era una sala enorme, oscura, fría, de altas paredes. En el centro había un pequeño pedestal sobre el que reposaba una esfera que brillaba con todos los colores y con ninguno. Al entrar les habían dicho dos cosas: serenidad, y poner una mano sobre la esfera.
Ninguna de las cuatro se atrevía a hablar. Se habían colocado alrededor de la brillante bola. Alargaron una mano temblorosa. Sin saber por qué, sentían una sensación de respeto hacia aquel lugar, un respeto que casi era miedo.
Tocaron la superficie de la esfera a la vez, pero no pasó nada. Al tacto la bola era fría y suave. Se relajaron al ver que no ocurría nada. Entonces sintieron un calambre, intentaron retirar la mano, pero no pudieron, se les había quedado pegada.
La esfera comenzó a perder su forma. De la bola surgieron unas serpientes viscosas que comenzaron a subir por el brazo de las chicas. Incapaces de moverse, solo pudieron observar como aquellas extrañas serpientes, que brillaban con todos los colores y con ninguno, se extendían por su brazo hasta que se detuvieron y comenzaron a desaparecer, como si se introducieran en su cuerpo.
Finalmente reapareció la esfera, ahora más pequeña, dejando libres a las jóvenes.
-Que cosa más rara –musitó Fairy.
-¿Qué nos han hecho? Me noto… extraña –Malihna miraba el brazo por el que le había subido la fría serpiente.
La puerta de la sala se abrió.
-Por hoy ya habéis acabado, es hora de volver –Nidas las miró con seriedad.
Después de unos segundos, el Capitán General apretó de nuevo el botón de su brazalete. Las jóvenes se volvían a encontrar en la puerta de casa, era una sensación extraña, todo volvía a parecer un sueño, pero la piel fría de sus brazos después del contacto con las extrañas serpientes les recordaba todo lo ocurrido.
Cuando las cuatro entraron en casa de Fairy se encontraron con unas treinta personas cabreadas mirándolas fijamente.
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-¡Ups! Me parece que la hemos cagado –dijo Aura en voz baja.
-¿Y cómo les explicamos esto ahora? –siguió murmurando Clío.
-¡¿Se puede saber dónde estabais?!¡¿Y que nos ha pasado?! –dijo una de las hermanas de Clío bastante enfadada.
-¡¿Por qué estábamos dormidos?! –gritó Ralph.
Las cuatro chicas se miraban unas a otras sin parar, estaban realmente atónitas. No sabían que decir, ni como explicar lo sucedido. No podían decir la verdad sin ponerse en peligro.
Después de unos minutos Malihna dijo:
-¡A ver, a ver, dejad de gritar y calmaos de una vez!
-¡Si no os calmáis no os explicaremos nada! –concluyó Clío.
Todos se sentaron y entonces Fairy comenzó a explicar de una manera rápida y confusa:
-Pues veréis, como Aura es tan torpe, y tan…¡bestia! No se le ocurrió otra cosa que comprar unas hierbas “relajantes” en la herboristería, pero como además es tan despistada las dejó encima de la mesa y Clío sin querer las incluyó en los pasteles que comisteis todos… y por eso os quedasteis dormidos.
-¡Claro! –dijo Malihna-. Eso es lo que ha pasado.
-Y nosotras al veros a todos durmiendo nos asustamos mucho y salimos corriendo en dirección a la herboristería -prosiguió Clío.
-Pero como la dependienta nos dijo que el efecto no dura mucho volvimos para casa –finalizó Fairy.
Las chicas se volvieron a mirar desconcertadas. Los demás chicos parecieron contentarse con su versión de la historia menos Ralph y las hermanas de Clío, que parecían un poco más escépticos, pero de igual forma se quedaron callados.
-Bueno chicos, siento deciros que se acabó la fiesta, debo recoger –dijo Fairy.
-Eso, id saliendo, nosotras nos quedaremos a ayudar –dijo Malihna.
-¡Eso te lo crees tú! ¡Yo me voy! –gritó Aura.
Malihna agarró a su amiga.
-¡Ah no! ¡Tú te quedas aquí!
-¡Ni de coña! –la chica estiró para zafarse de su amiga.
Clío despidió a sus hermanas y a los últimos invitados en la puerta y luego regresó junto a sus amigas.
-¡Uff! De buena nos hemos librado –suspiró tranquila por fin Fairy.
-¡Si! Que mal trago hemos pasado –dijo Clío.
-¡Claro! ¡Como vosotras no habéis quedado como las gilipollas de la historia! –protestó Aura dolida.
-No te quejes. La cuestión es que no nos han descubierto y podremos volver a ver a esos tíos buenos espaciales –le contestó Malihna.
-¡Eso no es un consuelo para mí! –le aclaró su amiga.
-Bueno, bueno. Dejad de discutir, mirad como han dejado todo esto –dijo Clío.
-¡Yo no pienso recoger! –Aura se cruzó de brazos con enfado.
-Si nos ayudas accedemos a hacer cosplay –suspiró Clío.
-¡Hecho! –sonrió la chica satisfecha.
-En fin, si no queda otro remedio, hagamos esto cuanto antes –propuso Fairy.
Y así se quedaron las amigas, recogiendo la casa que debía quedar impoluta, sin el mínimo indicio de que allí había habido una fiesta.
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En la oscuridad de la sala de máquinas resonaba una voz que hablaba con nerviosismo.
-Sí… tienen un nuevo grupo, son tres humanas y una matcra… no… creo que no… pero les han proporcionado el Elden… sí, estoy completamente seguro… no aún no se sabe… sí, sí, las mantendré vigiladas… no se preocupe…
El silencio retornó al lugar, solo roto por unos pesados pasos.