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Fiction » Fantasy » El Ojo del Dragón font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Lannis
Fiction Rated: T - Spanish - Fantasy/Mystery - Reviews: 1 - Published: 10-01-07 - Updated: 12-16-07 - id:2421380

Advertencia: Salto espacio-temporal.

II. La huída

Por: Lannis


Salí de mi hogar... sin saber cuándo volvería

La carreta donde la princesa Flowne viajaba, cruzaba el camino a gran velocidad. Era preciso huir de la capital homónima de Kadiz, no importaba dejar todo atrás; por ahora lo más importante era llevar a salvo a la heredera al trono. El resto de la caravana tuvo que quedarse un poco más atrás para evitar llamar la atención, con los víveres y el resto de la gente, de hecho ellos se desviarían del camino para llegar a un destino diferente; no debían levantar sospechas sobre el paradero de la princesa. De hecho, apenas cinco personas sabían que estaba sana y salvo, todas ellas de su total confianza.

A la mañana siguiente, la Flowne y su pequeña escolta, sólo un noble caballero y un jovencito, llegarían al pequeño poblado conocido como Plada, el sitio menos concurrido y habitado en todo el gran reino. Perfecto lugar para llevar a cabo el primer paso del escape.

El corazón de la princesa palpitaba a un ritmo semejante al de la carreta cuando ésta saltaba con cada roca o desperfecto que encontraba a su paso. Era el temor, la preocupación, la desesperanza. Apenas podía respirar, mantenía su mano sobre el pecho intentando encontrar un compás apaciguado que regulara su respiración. Se sentía completamente confundida, aún no lograba entender la razón de su huída, no había hecho nada malo y ahora se encontraba escapando de su Nación como si hubiera sido la peor de los delincuentes en el mundo. Sabía que a partir de ese momento su vida daría un giro, pero jamás imaginó qué tan diferente sería, las aventuras a las que iba a enfrentarse y la infinidad de personas que conocería al recorrer su camino.

A su lado sólo estaba Seed, el caballero, sin decirle una palabra. La princesa observaba su cabello lacio moverse al ritmo del viento mientras asomaba la cabeza, atento a cualquier movimiento sospechoso fuera de la carreta. Flowne esperaba ansiosa que él le diera una explicación sobre todo lo que había pasado desde el anochecer del día anterior en la capital, pero sabía que por el momento le sería imposible. Hasta ahora el joven rubio seguía fervientemente las órdenes de Lady Zinna, la tía de la princesa y hermana de la ya fallecida reina Alanais.

El caballero observó de reojo en varias ocasiones a la chica intentando descifrar la expresión en su rostro. Le preocupaba mucho su bienestar, era muy joven para enfrentarse a una situación de tal magnitud, todo había sido tan repentino que no hubo oportunidad de instrucciones precisas por parte de la corte real, quizá ni siquiera ellos estaban enterados, así que él mismo tuvo que ingeniárselas planeando una huída de improviso. Aunque con la plena confianza de Lady Zinna depositada en él.

—¿A dónde nos dirigimos? —preguntó la chica con una voz tan baja que apenas pudo escucharse, le tenía suficiente confianza al caballero, sin embargo la intimidaba la situación.

—A Plada —se asomó nuevamente por la abertura entre los pliegues de la cortina que cubría la carroza para mirar hacia el camino que habían dejado atrás. Nadie los seguía —. Llegaremos quizá mañana en la mañana.

—¿Y qué haremos ahí? —cuestionó nuevamente, aunque esta vez con una voz más fuerte y exaltada —. No hay nada en ese lugar, ni siquiera llegan comerciantes ahí, hay muy poca gente.

—Exacto —concluyó tajante el caballero para luego asomar la cabeza hacia la parte frontal hasta alcanzar a ver al muchacho que conducía el carruaje.

Seed nunca era tan frío, siempre había calidez y dulzura en su mirada cuando hablaba con ella, quizá porque la veía como una chiquilla; sin embargo, en aquella ocasión su rostro entero y ademanes reflejaban una inmensa preocupación. Él, desde que lo conoció, parecía tener el control de cualquier situación, pero ésta era la excepción, lo cual provocaba que Flowne estuviera a punto de devorar cada una de sus uñas por la preocupación.

El joven que manejaba el carruaje era moreno claro, quizá de unos 17 años de edad, con cabello castaño y ojos cafés, muy lacio y algo desarreglado. Slam jamás se había enfrentado a una situación similar; por una parte deseaba ir al lado de su padre, Jefe del Ejército, al frente de batalla; aunque por otro sabía que la misión de llevar sana y salva a la princesa hasta donde fuera necesario era de mayor importancia, no sólo por tratarse de la máxima figura de autoridad en su Nación, sino porque Flowne era su mejor amiga antes que nada.

—Cambiemos —dijo Seed sin previo aviso, Slam ni siquiera cayó en cuenta de cuándo el caballero le arrancó de las manos las riendas que guiaban a los dos caballos que los jalaban.

—Pe… pero… —balbuceó, quizá el rubio lo había visto cabecear en varias ocasiones u oído sus fuertes bostezos que más bien se asemejaban al rugido de una bestia. Se sintió muy avergonzado, tal vez Seed decidió quitarle responsabilidades con las cuales no podía cargar.

—¡Vamos! —le dijo el rubio moviendo la cabeza hacia atrás indicándole a Slam que se adentrara en la carpa —. Necesitas descansar, llevas aquí toda la noche, ve y duerme un rato. Más tarde me volverás a tomar mi lugar.

Seed palmeó su espalda y después fijó la mirada al frente. De ninguna manera su expresión era de enojo, era comprensible que el chico sintiera cansancio, así que era tiempo de un relevo. Además, seguramente Slam sería una mejor compañía para Flowne que él, en ese momento.

Así lo hizo Slam, se adentró a la carpa y al alzar la mirada para buscar a la princesa, la encontró asomando su rostro por la cortina de la parte trasera. El joven abrió los ojos más de lo normal debido a la sorpresa y se abalanzó sobre la chica para retirarla lo más pronto posible de aquel lugar.

—¡Ahu! —dijo apartando la mano de Slam, la cual había tomado con brusquedad su muñeca —¿Qué demonios haces?

—¿Estás loca? Si alguien te reconoce, estás muerta.

—¡Oh, sí! Quizá los fantasmas que habitan este solitario bosque vengan a cortar mi cabeza —contestó con un marcado tono sarcástico mientras apartaba su mirada de Slam y frotaba su muñeca para aliviar el dolor que el chico le había ocasionado al jalarla tan repentinamente.

—Sabes a lo que me refiero, Flowne —le dijo un poco más calmado al darse cuenta que había cruzado el límite —, no estamos seguros si alguien está siguiéndonos o no.

—Ya es algo tarde, estoy cansada y quiero dormir —cambió la conversación de tajo, aunque también era cierto que estaba muy cansada, probablemente eran las dos de la mañana, así que aún tenía la oportunidad de descansar un poco, si es que la angustia le permitía al menos cerrar los ojos —. Dame una frazada, por favor.

Slam accedió sin titubeos a darle la manta que estaba a su lado, sabía que era casi imposible llevarle la contraria a su amiga, su condición como miembro de la nobleza le había propiciado, entre algunas otras cualidades similares, el ser caprichosa, terca e incluso déspota. Él había aprendido a comprenderla, pues la conocía desde siempre y sabía que en el fondo sus virtudes eran mucho más fuertes y abundantes que los más horribles de sus defectos.

Él la vio con una sonrisa amplia mientras ella se acurrucaba junto a una de las paredes de la carpa; las actitudes endemoniadas de la joven la hacían verse muy graciosa contrastando con la apariencia angelical y dulce en su rostro. Slam siempre se había preguntado cómo era que su amiga tenía ese color de cabello y ojos tan peculiares. El padre, el rey Jueh, tenía el cabello castaño oscuro y los ojos color café, mientras que la madre, Alanais, era de cabello castaño claro y ojos verdes; incluso Chiara, la hermana gemela de Flowne, poseía un cabello tan negro como el carbón y unos ojos como el color miel, aunque no igual era un poco más acorde con el físico de sus padres. Quizá la apariencia de la princesa se debía a algún antepasado con características igual de extraordinarias.

El castaño bostezó, había cavilado demasiado mientras observaba a su amiga, ahora era momento de dormir, ya que en cualquier momento Seed lo llamaría para cambiar de turno; así que lo más conveniente por el momento era descansar cuanto pudiera.

Poco más tarde, Flowne despertó al escuchar algunos murmullos fuera del carruaje; se sentó de golpe al darse cuenta de que éste se encontraba inmóvil, ya se había detenido; pero aún era demasiado pronto para haber llegado a Plada, seguramente apenas eran las cuatro de la mañana calculando el tiempo desde que se había dormido hasta ahora. La princesa estaba muy exaltada. Quiso saber inmediatamente qué eran aquellos ruidos que escuchaba en el exterior, hasta que por fin reconoció las voces de Seed y Slam.

Afuera, por lo poco que podía escuchar la chica, parecía que sus acompañantes discutían, aunque no sabía exactamente el tema del que estaban hablando con voces tan secas y un tanto enfadadas. Ni siquiera se hacía la más mínima idea, pues las frases que lograba escuchar le resultaban demasiado incoherentes, sumándole a eso su estado adormecido, el cual le impedía poner la atención necesaria a lo que estaba ocurriendo con ellos, de pronto sintió su cuerpo muy pesado y se dejó caer de espaldas para continuar durmiendo.

"No creo que sea lo mejor, podría negarse, incluso asustarse", escuchó entre sueños decir a su amigo Slam, mientras que el rubio se notaba un poco más rígido en el tono de su voz "No estoy pidiendo tu opinión, sólo cumple con lo que te digo, esas fueron las órdenes de Lady Zinna y no tenemos por qué cuestionarlas". La princesa sintió perderse en los brazos del dios de los sueños sobre sus mantas tan suaves como las nubes; hasta que algo interrumpió nuevamente su sueño.

Abrió los ojos de golpe al escuchar ruido dentro del carruaje y sentir cómo éste se movía, buscó con la mirada a su alrededor hasta encontrar la silueta de un joven, a quien reconoció casi de inmediato. Slam se encontraba de pie junto a ella mirándola fijamente. Flowne veía a su acompañante como un ser inmenso desde su perspectiva, al ras del suelo, a pesar de que éste se estaba hincado, pues le era imposible ponerse en pie dentro de la carpa. El joven llevaba entre sus manos un vaso, la chica apenas podía distinguir lo que se encontraba a su alrededor debido a la oscuridad de la noche y a que Slam ni siquiera se había tomado la molestia de llevar consigo una vela para hacerle más clara la vista.

—Bebe esto —pidió con voz casi imperceptible el castaño mientras se acercaba a la joven para que pudiera alcanzar el brebaje con mayor facilidad.

—¿Qué es? —preguntó muy extrañada mientras se incorporaba un poco hasta sentarse, no era que desconfiara de Slam, pero al menos quería saber el contenido del envase para no llevarse una sorpresa desagradadle al contacto de ese líquido con sus papilas gustativas.

—No sé exactamente —negó evadiendo la mirada de su amiga algo titubeante —. El señor Seed sólo dijo que era un brebaje para que tuvieras muchas energías mañana, te ayudará a dormir mejor hasta el amanecer.

Flowne enarcó las cejas notándose muy incrédula, le parecía bastante extraño que, para darle un brebaje que le permitiera dormir, la tuvieran qué despertar; totalmente ridículo en verdad. Sin embargo, le sonrió a su amigo, lo notaba bastante incómodo, pero no quiso preguntar más, sobretodo porque no deseaba alargar más la conversación ya que el sueño la estaba matando.

Además tenía plena consciencia de que ni Slam ni Seed le harían algo en su contra por ningún motivo. El primero era su amigo desde que tenía memoria, al igual que el hermano mayor de éste, incluso los consideraba a ambos como si fueran sus hermanos; mientras que el rubio era el más confiable caballero en todo Kadiz, hijo de uno de los guerreros más valientes que había dado su vida por el reino durante una guerra algunos años antes, además de que ese mismo hombre había sido el único esposo de su tía Zinna, por lo tanto el joven era casi su primo, aunque no de sangre.

¿Qué daño le podía hacer un tonto té? Flowne respiró profundamente antes de sorber por completo el contenido del envase; no sabía nada mal, ligeramente dulce y suave. En cuanto lo terminó sintió una terrible pesadez recorrer todo su cuerpo y calló sobre las mantas como un costal. Lo último que pudo ver fue la expresión de Slam al mirarla, su rostro reflejaba sin duda una inmensa culpabilidad.

—Lo siento… —alcanzó a oír de labios de Slam una voz temblorosa y distante.


Gracias x leer!



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