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Fiction » Spiritual » El camino font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Synn s
Fiction Rated: T - Spanish - General/Drama - Published: 11-21-07 - Updated: 11-21-07 - Complete - id:2441171

- El camino era tan estrecho que se hacía difícil caminar erguido sin caer. En ese momento era recto, pero hacía poco había marcado una sinuosa uve doble, franqueado por altas paredes de roca. A la derecha el muro desapareció y el camino parecía cortado a cuchillo, mientras continuaba estrecho y empinado. No quise mirar más abajo de lo estrictamente imprescindible para saber por dónde pisaba. Algo calló del cielo y me golpeó el hombro derecho, no pude ver que era. Seguí caminando intentando ir mas deprisa. Hacía calor. Creo que yo iba quitándome la ropa a cada paso, porque se me pegaba a la piel.

- ¿Fue entonces cuando apreció ella?

- Era como una diosa.

- La mujer parecía una diosa, muy bien, siga.

- Primero vi su pie descalzo, con un anillo azul en el dedo anular y el tatuaje de un sol en el tobillo. Mientras yo la recorría con la mirada, ella permaneció muy quieta, como esperándome. Su piel era dorada y olía a azahar, sus ojos…

- ¿Se acercó a ella para olerla?

- No, ella tendió su mano hacia mí, me indicó que fuese con ella y se dio la vuelta. Comenzó a andar. Justo en ese momento la tierra empezó a temblar.

- ¿Ella notó como la tierra temblaba?

- No, ella siguió andando, pero yo tropecé. No podía llamarla, no salía ningún sonido de mi garganta. La veía alejarse, pero no podía gritarle, ni moverme, ni pensar en nada que no fuera el hecho de estar perdiéndola.

- En ese momento ¿dónde estaba usted?

- En el suelo de mi casa.

- ¿No estaba en un camino estrecho?

- No, parpadeé y me encontré en el suelo del salón.

- En el suelo del salón, muy bien.

- Estaba tumbado, agarrando el mantelito de la mesita auxiliar.

- ¿Desnudo?

- Sí.

- ¿Y ella?

- Ella no estaba. Yo estaba solo.

- ¿Dónde?

- En el salón de mi casa, yo solo, desnudo y con el jarrón de flores que Judith me envió tirado a mi lado.

- Desnudo y solo, muy bien.

- Me había caído encima el agua del jarrón y las flores…

- ¿Azahar?

- Sí.

- Judith le envió Azahar y usted lo puso en un jarrón sobre la mesita auxiliar.

- Así es.

- Y usted se lo tiró encima. Y estaba agarrado al mantelito, des…

- ¡Sí, desnudo y solo¡¡puede hacer el favor de no repetirlo tantas veces¡¡Me hace sentir idiota!!

- Muy bien, siga. Volvamos a la diosa.

- Creo que tiene usted razón, doctor. Estos episodios son cada vez mas frecuentes, y siempre los tengo cuando algo me recuerda a Judith.

- Es posible que ella sea el desencadenante.

- ¿Y qué puedo hacer?

- Debe seguir con su vida, pasar página.

- Esta sensación de quemazón en el pecho, ésta ansiedad… sólo terminan cuando estoy con mi diosa, en su mundo.

- Debe aceptar que ella no existe, y que Judith ya no está.

- Judith… ¡Judith no está! Judith-no-está.

- Muy bien¿Y porqué no está?

- Porque Judith… murió.

- Muy bien José. Ahora, tomate esta pastillita. Tienes agua en la mesita, al lado del diván.



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