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Una mancha de vino en el mantel. Tú y yo enfrentados en la mesa, y entre nosotros tan solo la mancha y nuestro silencio. Esquivando miradas y sonriendo nerviosos esperamos, preguntándonos quién será el primero que hable.
En otra mesa una pareja discute. Él tira su servilleta a la mesa, chocando ésta contra la copa, y creando una nueva mancha de vino. “Siempre has sido un cretino” dice ella levantándose “Ve a dormir con tu amiga Flavia“.
Cerca de ellos, un bebé comienza a llorar. Una mujer joven lo coge en brazos y le llena de arrumacos, mientras su compañero, bastante mas mayor que ella, suspira aburrido. “No deberíamos haber salido, todo el mundo nos va a mirar” dice él tomando un largo trago de su copa de vino tinto, que luego vuelve a situar perfectamente centrada sobre la mancha en el mantel.
En la cocina, el primer ayudante corre de un lado a otro cortando, picando, mezclando. Hoy todo el mundo ha venido a la misma hora, el restaurante está completo y han tenido que doblar mesas. ¿habrá suficientes manteles?
Uno de los camareros termina de montar una mesa y deja un par de cartas a los dos hombres de otra mientras les toma nota de la bebida. “¿Un borgoña, Julio?” pregunta uno de ellos, intentando coger la mano del otro.
Cuatro chicas se sientan junto a mesa vacía, parloteando sin cesar. “Y luego nos pasamos por un boys” ríe una “¿Pero no íbamos a celebrar la despedida tranquilas?” suplica otra.
Nuestro camarero vuelve con un plato de fresas con nata para ti y un brownie para mí. Te sonrío con la primera cucharada de mi postre.
- ¿sabes? - me susurras- Yo conozco a Flavia.
Con tu mirada señalas a la chica con el bebé en brazos. Yo miro como Flavia ha conseguido calmar al bebé y lo pone en su cochecito. Antes de sentarse se acerca a su pareja y lo besa suavemente en los labios.
- ¿La Flavia con la que tiene que dormir ese infeliz? - pregunto indicando con la cabeza a el hombre que está ahora sólo en su mesa, firmando el reporte de su visa.
- Sí¿no es curioso que hayan coincidido esta noche aquí?
Tú me miras con tus ojos avellana, y saboreas una de tus fresas. No puedo parpadear, porque me tienes bajo tu hechizo. Te vuelvo a sonreír.
El grupo de amigos de la mesa del fondo empieza a cantar el cumpleaños feliz, abrazándose unos a otros mientras se mueven al compás.
- ¿y nosotros…? - Comienzo a preguntar.
A nuestro lado, Julián se arrodilla y le da una cajita a su pareja. “No puedo esperar al postre, Jon” dice, mientras a Jon se le saltan las lágrimas.
- Siempre recordaré éste día -dices- Tú, yo, una mancha de vino en el mantel… y el tiempo parece detenerse entre nosotros, pero no dejan de suceder cosas alrededor.
- Tú y yo - repito.
Y me embrujas con un roce de tu mano en mi mejilla. Siento que te acercas y mi pulso se acelera.
- No hay nadie. -Susurro- Sólo tú.
Y el mundo desaparece con tu beso.