Home Just In Communities Forums Beta Readers Dictionary Search Login Register Extras
Fiction » Romance » Regalo de Navidad font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: MaiaT
Fiction Rated: K+ - Spanish - Romance/Angst - Reviews: 9 - Published: 12-10-07 - Updated: 01-02-08 - Complete - id:2448909

AÑO NUEVO, INICIO NUEVO

El tiempo parecía transcurrir más lento con cada segundo que pasaba, eran tan solo las diez de la noche y él estaba encerrado con su casera, sus dos hijos y Tito, el vecino de arriba que dormitaba en el sofá mientras veían el especial de la llegada del año nuevo alrededor del mundo.

—¿Has tenido noticias de Pía, muchacho?

—No, doña Eva. He intentado llamarla pero no contesta.

—Menos mal regresa mañana, no te había tan deprimido e intranquilo.

Él rió. Había que tener cuidado con la casera, era muy perceptiva.

—Doña Eva…

Quería preguntarle si creía que Pía se molestaría si le dijese lo que sentía pero en realidad no quería oírlo, no sabía siquiera si tendría el valor de decirle algo, aunque lo intentaría, no podía seguir actuando como un tonto y aún si lo rechazaba podía hacerse la idea y no seguir dudando y conservar la amistad que habían construido.

Sí, lo mejor era arriesgarse.

—… ¿cómo está su hijo?

—Hablé más temprano con él, está muy bien. Probablemente venga para finales de Enero o en Semana Santa.

—Me alegro mucho.

La cohetería de media noche los despertó, se dieron el abrazo y brindaron con champaña y jugo de manzana para los más pequeños. No era como hubiera deseado pasar el año nuevo pero fue muy agradable.

A eso de las dos de la mañana subió a su habitación. Estaba muy cansado pero no podía dormirse sin ver primero la fotografía que Tito le había pasado en la que ambos estaban con el micrófono en sus caras, supuestamente prestando atención a la pantalla pero él había desviado su mirada hacia ella. Ambos sonreían.

El sueño volvió a vencerlo.

Desde el medio día siguiente, Javier montó turno en el último escalón que daba a la entrada para recibirla en el momento que apareciera pero no fue hasta cerca de las seis que un auto color negro con los cristales polarizados aparcó frente al edificio.

Del asiento del copiloto descendió Elena, que vestía de negro y tenía puestas las gafas oscuras que en ningún momento se quitó.

—Feliz Año Nuevo —saludó un poco confundido.

—Javier, me temo que hubo un accidente —dijo con tono de desastre.

En ese instante sintió que el mundo entero se movía y él no podía sostenerse.

—Mi primo y Pía iban en la moto acuática y una ola los volcó.

—¿Cómo está ella¿Qué le pasó? —preguntó frenético, alzando la voz.

—Habla más bajito, la despertarás —dijo abriendo la puerta de atrás y revelando a su amiga que dormía cómodamente a pesar de que el brazo izquierdo estaba envuelto en yeso.

—Tuvo suerte de sólo fracturarse la muñeca, mi primo se rompió la rodilla y se desgarró un músculo del cuello.

No era correcto pero en su interior se alegraba por eso.

—¿La despertamos? —preguntó Elena.

—No, deja, yo la llevaré. Tú lleva su equipaje.

Su sueño se hacía más lucido a cada instante, podía hasta sentir el aroma de su cuerpo como si él la hubiera abrazado otra vez, incluso se sentía cálida. Era raro que ya no escuchara el radio o el motor del carro aunque escuchaba un profundo y constante… ¿latido?

Abrió los ojos sobresaltada y se encontró con el rostro de Javier que sonreía.

—Ya puedes bajarme —susurró haciendo que él se diera cuenta que había despertado. Recién llegaban al descanso del segundo nivel. Con cuidado la ayudó aponerse de pie.

—¿Dormiste bien? —dijo Elena sonriéndole.

—¿Por qué no me despertaron? Perdóname, Javier, no…

—No fue molestia. Parecías muy cansada y me gustó… digo, tan a gusto.

Elena rió para sí, tal vez al día siguiente Pía admitiría que ella estaba completamente en la razón.

—Bueno, puesto que ya no me necesitan, Feliz Año, yo necesito una aspirina —dijo entregándole la maleta a él y saliendo de prisa.

—Estuvo de fiesta hasta las cinco de la mañana —rió Pía, Javier le imitó.

Subieron hasta un departamento y dejó la maleta en la silla del escritorio.

—Oye, no le diste su regalo a Elena —dijo viendo el paquete sobre el mueble.

Ella se acercó y lo tomó con la mano derecha deslizando con cuidado el contenido fuera de la bolsa.

—Es que no era para ella. Feliz Navidad aunque sea tarde —dijo entregándoselo.

El gesto lo conmovió, no tenía palabras para agradecerlo.

—Pero ábrelo —dijo ella sentándose en la orilla de la cama que era el único mueble que podía ocupar en ello. Él se sentó a su derecha y con cuidad comenzó a romper el papel en un extremo para sacar desde allí el contenido.

—Mencionaste que te encantaba recorrer edificios para apreciar su belleza. No puedo regalarte un viaje por el mundo pero esto es lo que más se acerca.

Era un libro, pero no uno cualquiera, era el libro de las 55 joyas de la arquitectura mundial con fotografías a gran tamaño, con detalles de cada uno de sus elementos y comentarios del arquitecto o arquitectos.

—Es maravilloso, muchas gracias, Pía —dijo abrazándola con fuerza.

Estaba muy conmovido, tanto que necesitó su pañuelo pero al sacarlo cayó por accidente la fotografía de ambos. Ella la recogió y la observó con una sonrisa en su rostro.

—¿Y esto?

Javier se la arrebató justo en el momento que iba a darle vuelta; era su copia y en ella había escrito algo comprometedor que ella no debía ver pero Pía se lanzó sobre él intentando volver a quitársela. En el forcejeo terminaron en el suelo, ella sobre él y la foto a dos metros de ambos pero ya se habían olvidado de ella, estaban completamente perdidos en el otro.

Él se fue levantando lentamente, sin perder el contacto de sus ojos; ella se sostuvo sobre sus rodillas, temblando de nervios cuando él deslizó su mano alrededor de su cuello y enredó con delicadeza su cabello entre sus dedos, luego sintió que el otro brazo la rodeaba por la cintura la atraía hacia él.

Sólo supo que cerró los ojos, nada estaba muy claro para ella, su cuerpo se movió involuntariamente cuando él puso sus labios sobre los de ella. Cuando se dio cuenta ella lo tenía abrazado por el cuello con su brazo sano y el otro descansaba entre sus pechos.

Fue un beso tierno pero lleno de pasión, sus labios se movían lentamente sobre los suyos, su respiración le hacía cosquillas en la mejilla, su mano acariciaba su espalda y la otra permanecía enredada en su cabello a la altura de la nuca.

Se separaron cuando el aire se hizo necesario, ambos sonreían agitados. De nuevo no había necesidad de palabras, el silencio era de ambos, su forma de decir su verdad. Ella volvió a abrazarlo, apoyando su cabeza cerca de su corazón; él la rodeó con ambos brazos y disfrutó del aroma de su cabello.

Y ella se dio cuenta en aquel momento de que sus corazones latían al mismo ritmo.

—Yo también te compré algo —dijo él con intención de levantarse, pero ella se aferró más a él y no lo dejó levantarse.

—Deja, ya me diste algo mejor.

Él volvió a sonreír. Había sido una buena forma de comenzar el año.



Return to Top