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Tres minutos
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"Tres deseos, tres minutos. Escoge con cuidado." Era todo lo que ponía en el papel.
El hombre frunció el ceño mientras alisaba la arrugada nota y le daba la vuelta sin éxito en busca de alguna explicación.
En otras circunstancias hubiera ignorado el mensaje y seguido andando, pero el papel parecía estar pidiéndole que le prestara atención.
Una moneda lanzada al aire había hecho que escogiera ese camino para volver a casa desde el trabajo. Había torcido a la derecha demasiado pronto sólo para evitar a un perro con apariencia amenazadora, y el golpe de viento que había arrojado al suelo el guante que se estaba quitando y le había obligado a agacharse a recogerlo, descubriendo de esa manera el papel, había sido completamente fortuito, lo sabía. Sin embargo, también sabía que cuando demasiadas casualidades empezaban a actuar juntas generalmente era cosa del destino.
Siempre había creído que el destino lo odiaba, pero no iba a quejarse si éste había decidido darle otra oportunidad.
"Tres deseos, tres minutos," releyó.
Debía darse prisa.
Nunca se había considerado un hombre muy prudente, pero, temeroso de precipitarse, escogió la opción que le parecía más sensata.
"Deseo saber," pensó, porque una cosa es pedir un deseo a un papel, y otra que alguien te oiga haciéndolo; "qué es lo que, dentro de diez años, desearía haber pedido hoy."
Nada.
Esperó unos segundos para que el papel tuviera tiempo de deliberar, pero finalmente desistió. Quizás la pregunta era confusa, o el lapso temporal demasiado largo. La ausencia de respuesta también podía significar que dentro de diez años (se estremeció) ya estaría muerto, pero no creía que algo así pudiera evitarle aconsejar a su yo del pasado en un asunto tan peliagudo.
La idea de que todo no fuera más que una broma se le pasó durante un segundo por la cabeza, pero rápidamente la desechó. Nadie estaría leyendo su historia si hubiera dejado el papel en el suelo y seguido caminando.
El tiempo se acababa, así que decidió intentarlo otra vez. Siempre podría usar su última oportunidad para pedir otros tres deseos y más tiempo. No sabía por qué ese recurso no aparecía más a menudo en los cuentos.
Cerró los ojos y se concentró.
"Deseo saber lo que mañana desearía haber pedido ahora."
Nada.
La situación empezaba a resultar ridícula. Consideró el desear más deseos, pero desistió. Sería mejor pedir algo simple y accesible, como dinero. Tres minutos no era suficiente tiempo para decidir algo que podría determinar el resto de su vida..
...aunque había bastado para que dos sombras se acercaran sigilosamente a él y lo dejaran sin sentido de un golpe.
El hombre se desplomó.
- Te dije que funcionaría, - dijo el chico a su compañera, agachándose para sacar la cartera del bolsillo de la chaqueta de la figura inconsciente. - Siempre se lo creen.
- Sí - asintió ella con un suspiro de tristeza, recogiendo el papel que había caído al suelo de nuevo y sujetándolo con fuerza entre los dedos.
Ambos se alejaron corriendo.
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Fin
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