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EL OCASO DE UNA VIDA
Autora : Zoey D’arnney
Nota: Este cuento fue escrito en el año 2001, o sea, hace casi siete años, y he decidido dejarlo tal cual como lo escribí en ese entonces, sin hacerle modificación alguna, por lo que pido mil disculpas si la narración o el cuento en sí les parece algo infantil. Es un cuento al que, créanlo o no, le tengo mucho cariño. Ojalá les guste, y muchas gracias por leerlo.
Vestía una blusa de seda negra, medias, una falda del mismo color que le llegaba un poco más abajo de la rodilla y un abrigo largo muy ceñido. Cierto es que tenía un modo muy reservado, conservador y poco juvenil para vestirse, pero para ella eso estaba bien y le gustaba bastante verse tan formal y correcta en su trabajo.
Abrió apresuradamente la puerta de su despacho en el laboratorio, se quitó el abrigo, lo colgó en una perchera y se vistió el delantal blanco que usaba todos los días. Registró rápidamente su largo y repleto, escritorio. Abrió cajones, sacó libretas, anotó actividades importantes que debía realizar ese día y tomó unas carpetas, para luego abandonar la habitación.
Se dirigió a otro despacho, el de su colega, el Doctor Ignacio Chaplain, esperando encontrarlo para continuar su investigación como todos los días. Para su sorpresa, al abrir la puerta de la pequeña oficina, el Doctor Chaplain no se encontraba ahí.
Se acercó a su escritorio y sobre una carpeta había un sobre destinado a ella. Lo tomó y lo abrió. En su interior había una carta, en la cual el Dr. Chaplain le explicaba que debió viajar con urgencia a Boston, y que no podría acompañarla con la investigación durante las dos semanas que se ausentaría. Guardó la carta en el sobre y, luego de arrugarla con la mano, la tiró al basurero.
- Una lástima - pensó- Chaplain es un excelente compañero... sólo es un poco obseso con su trabajo y pareciera no notar la presencia de los demás -
En realidad, a ella le importaba que no notara “su” presencia. Llevaba alrededor de dos años trabajando con Ignacio, y se sintió atraída hacia él desde el primer momento que le vio. Desde ese entonces, su ánimo y disposición en la investigación, crecieron enormemente, generando a la vez amor y admiración en la joven Doctora. A pesar de su esfuerzo, Francisca sentía que Ignacio no la valoraba o reconocía todo lo que ella había hecho por la investigación y por él. Le dolía el hecho de pensar que su colega sólo la viera como una excelente profesional y colega, y no como la gran compañera que podía ser. Ese había sido su sufrimiento día tras día, y para colmo de males, sentía no ser reconocida por otra cosa que no sea su trabajo y sus estudios. Desde hacía bastante tiempo que se venía sintiendo cansada, desanimada y cada vez más sola. Sentía que había estado viviendo sólo para la ciencia y que en los 32 años de su vida no había hecho nada más que eso. Mientras era escolar, se ocupó de sus estudios, destacándose siempre, y del mismo modo fue en la escuela de medicina, y en su trabajo. Ahora, toda su vida estaba dedicada de lleno a la investigación que llevaba a cabo con Chaplain.
Dos semanas después, Francisca esperaba a Ignacio en el aeropuerto internacional de Santiago, para luego dirigirse al centro de investigación y así continuar con su trabajo. Al llegar a su laboratorio, y para sorpresa de Francisca, Ignacio no tomó sus carpetas ni se sentó frente al microscopio como de costumbre. Lo miró y él le respondió con una sonrisa.
Fran, hay algo que debo comunicarte - le dijo- Me temo que no podremos seguir con la investigación... no juntos al menos -
Francisca frunció el cejo y lo miró confundida. No sabía si creerle o no a ese hombre que había sido su compañero por tantos años y que le hablaba seriamente.
¿Qué?- atinó a decir- ¿ Por qué dices eso?-
A ver... resulta, que me voy a ir de esta compañía. En mi viaje a Boston estuve haciendo las preparaciones para ir a mi nueva compañía, y el laboratorio donde estamos ahora se niega a cederme parte de la información o trabajar conjuntamente con el de Boston. También se niega a la posibilidad de que tú me acompañes, por lo menos hasta terminar nuestro trabajo -
Francisca lo miraba perpleja.
-Pero... no entiendo... te vas, si estabas bien acá... y si es así, aún podemos trabajar juntos... -
-Me temo que no... este laboratorio no quiere que te vallas, por más que tú quieras irte, y es mas, van a cerrar la investigación, y asignarte otra, según me informaron -
Francisca miraba incrédula un punto vago en el infinito. No podía creer lo que le estaba diciendo. En ese momento deseó tener su cajita con tranquilizantes y antidepresivos que le había recetado su psiquiatra.
¿Cuándo te vas¿Cuándo se cierra la investigación?- preguntó prácticamente sin voz.
En un mes me voy, y la investigación se cerrará tras entregar el último informe que se ha hecho-
Cuando Francisca llegó esa noche a su departamento, estaba exhausta y más deprimida que nunca. La noticia que le había dado Ignacio era la peor que le habían dado en toda su vida. Veía como su vida se desmoronaba a partir de ese momento. Todo el esfuerzo, la dedicación y el trabajo de dos largos y duros años no valdrían nada. Lo que es peor, era lo único que sabía hacer en su vida, y, es más, pareciera ser esa investigación su único propósito. Si eso no era bastante, el gran amor de toda su vida y compañero invaluable en el trabajo, se marcharía de su vida para difícilmente volver. No podía encontrar nada bueno para el futuro. Todo lo veía oscuro e incierto, y eso era terrible... como si no fuera suficiente el sentirse vacía día tras día, ahora su vida se rompía en pedazos.
Sintió un ardor en la boca del estómago y algo que corría por su esófago. Rápidamente se dirigió al baño, levantó la tapa del retrete y allí vomitó.
Típico - se dijo- Siempre pasa esto en este tipo de momentos-
Se lavó la cara y la boca, tratando de quitarse el amargo sabor del vómito. Pensó en llamar a su psiquiatra para que la aconsejara, pero desechó rápidamente esa idea, así que se quitó la ropa, se puso su pijama y se fue a dormir.
Al cabo de un mes, Francisca fue a despedir a Ignacio al aeropuerto. Le deseó suerte en el nuevo laboratorio y vio despegar su vuelo a Boston con lágrimas en los ojos. Aún le quedaba hacer una sola cosa: entregar el informe final. Así lo hizo. Entregó el mejor informe que había hecho en toda su vida y fue felicitada por todos sus colegas. También le asignaron una nueva investigación, tal como le dijo Ignacio, que debía comenzar en un mes, después de unas merecidas vacaciones. Ni siquiera las vacaciones sirvieron de incentivo para ella.
Aún así, he perdido lo más importante que tenía - pensó en el momento que le comunicaban su nuevo trabajo.
Triste, se fue entonces a su casa, a descansar y a ordenar su cabeza para seguir trabajando... o por lo menos eso había dicho ella en el laboratorio. A decir verdad, al despedirse de todos ese día, los miró como si lo hiciera por última vez, y dentro de ella, dudaba que los volviera a ver de nuevo.
Un mes y medio después, el laboratorio se empezó a preocupar. La Doctora Francisca Edwards no había regresado aún de sus vacaciones para empezar su nuevo trabajo. La llamaron en numerosas ocasiones a su casa, intentaron saber de ella por sus amigos o vecinos, pero nadie supo dar alguna información. Entonces el laboratorio decidió enviar a alguien a la casa de la Doctora Edwards. Ahí fue cuando lo notaron. Difícilmente Francisca Edwards, reconocida y brillante doctora, volvería a trabajar alguna vez... era muy difícil: su cuerpo inerte y desnudo, yacía putrefactamente en la bañera, cubierta por agua, y con ambos brazos hacia fuera colgando de los albos bordes de porcelana tocando inmóviles el suelo, mientras dos grandes y profundos cortes en sus muñecas teñían de rojo el pálido suelo del baño.
- FIN -