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Menta...
En aquel bar de los años ochenta me sentía como una extraña. Nunca había estado en un lugar como ese y, por lo tanto, nunca había estado tan cerca de la época en la que nací.
El bar estaba adornado con pósteres de esos maravillosos años, ya fuesen como los de los anuncios de Coca-Cola o los de los grupos de Heavy. Las paredes estaban revestidas con madera y la lámpara emitía una luz bastante tenue que inundaba el lugar. El local era bastante grande. Al fondo se situaban las pequeñas mesas que parecían ser de roble; después había dos futbolines y una mesa de billar y ya, junto a mí, una barra granito, rodeada de unas seis o siete sillas altas de caoba que me llegaban casi a la cintura.
De pronto recordé el por qué de mi visita a aquel sitio, tan raro y tan nuevo a la vez. Me senté en una de las sillas de caoba, junto a la barra, esperando que él apareciese.
Y así lo hizo.
Olí su aroma en cuanto entró y aspiré profundamente. Menta...
Así es como le había apodado, el hombre de Menta.
Sabía que él haría lo que fuese, con tal de que yo se lo pidiese. Podría dejar el tabaco, el alcohol... Podría tirarse por un puente, sacrificarse por mí. Sólo una orden y él lo haría.
Pero yo no quería que cambiase nada. Me encantaba, me volvía loca tal y como era...
El humo del cigarrillo mentolado de aquel hombre tan alto y tan apuesto, que ahora mismo estaba sentado en la barra, junto a mí, aturdía mi mente, al igual que el sabor a pipermín de sus labios, hacía que el cuerpo se me estremeciese y que el corazón me latiese a mil por segundo.
Mi mejor amiga me dijo, en su día, que para que un hombre no me volviese loca, que pensase en otras cosas, pero en aquel momento ni siquiera pensar en todos los isótopos del sodio haría que no me lanzase a sus brazos ciegamente. Y así hice. Me lancé a sus brazos y él me besó apasionadamente, como solía hacer.
Y a partir de ese momento, ya no recuerdo nada más. Sólo que me desperté hace diez minutos en esta habitación, que no es la mía, desnuda y en presencia de un hombre dormido, su gata y un gran ordenador.
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Dedicado a mi amado Director ;)
Y a mi queridísima Beta, Al(itas de pollo)
Con Cariño,
San(día)