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Fiction » Horror » Pasos en la oscuridad font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Thaly Black
Fiction Rated: T - Spanish - Horror/Suspense - Reviews: 6 - Published: 05-04-08 - Updated: 05-04-08 - Complete - id:2513120

Disclaimer: El personaje, la ambientación y la trama son completamente míos. Si alguien quiere utilizarlos, que se ponga en contacto conmigo, y negociaremos; si no, probablemente se vea en problemas. Muy gordos.

Este relato fue escrito para un concurso literario del instituto, y el fallo está pendiente de decisión. Pero quería compartirlo. Simplemente.

APB Productions presenta...


Pasos en la oscuridad


La niebla era espesa, asfixiante, casi compacta. Tan densa y pegajosa que no dejaba ver la luna que brillaba en el cielo, llena y plateada. Pese a eso, la noche estaba oscura, como las puertas del infierno, como si en el mundo no existiese más luz.

Y ella caminaba, por el bosque, en silencio, sin escuchar nada más que el estruendo que parecía su propia respiración en un entorno tan silencioso y ominoso.

Desde siempre, tenía miedo a caminar sola por allí, pero era el camino más corto para llegar a su casa, de forma que prefería aguantar la respiración y mirar hacia delante, sin dejar que su mirada vagase por entre los árboles, porque ahorraba tiempo.

Pero esa noche, era como si algo extraño se respirase en el ambiente. Un olor desagradable, mezcla de sangre e incienso, flotaba en el aire.

Y de repente, escuchó unas pisadas, leves, que trepidaban nerviosamente contra el suelo de tierra.

Se acercaba.

Lo que quiera que fuese lo que se estaba acercando, era, a juzgar por las pisadas, grande y pesado.

Aceleró el paso, y notó como el olor a incienso y sangre, al tiempo que el sonido de los pasos, se hacía más intenso.

Cuando cruzaba el bosque para llegar a casa, no iba, generalmente, tranquila, pero en aquellos momentos, sintió como si un sexto sentido, tal vez característico de los humanos, le advirtiese de que aquel olor a cementerio y entierro entrañaba un peligro mayor que el de caminar, sola, por el bosque en medio de una noche de niebla y luna. Como aquella.

Y con un pánico irracional, que se apodera de uno cuando tiene miedo, conteniendo el aliento, echó a correr, como si el mismo Belcebú corriese tras ella.

Y en medio de una alocada carrera, a ciegas, sin ver, realmente, por donde iba, presa de un pánico irracional, se pudo dar cuenta de que el olor a sangre, incienso y muerte, se acercaba.

Al mismo tiempo que era consciente de que las pisadas aceleraban. No quiso gritar, porque su miedo era más grande que cualquier sonido que pudiese emitir, y, sin mirar atrás, cerró los ojos y siguió corriendo. Sin respirar. Sin aliento.

Oía sus propios pasos, e, como ambientación de fondo de la comedia en la que se había convertido su terror, oía al miedo, que se acercaba.

Se dice que con los pies fríos no se piensa bien, y con los ojos cerrados no se debería correr, porque, como es lógico, se cayó.

Las rodillas ensangrentadas e las palmas de las manos sin piel. Y los pasos se seguían acercando.

Ella, despacito, se acercó al tronco de un árbol caído, y se pegó a la madera muerta, casi como si quisiese convertirse en uno más de sus nudos. Y cerró los ojos, intentando hacer caso omiso del punzante dolor que sentía en las manos y las rodillas. Contuvo la respiración y escuchó, como si toda su vida dependiese de lo que escuchase o no.

Las pisadas seguían aproximándose, y ella rezó a cualquier deidad, existente o no, que, si estaba en su mano, la salvase del miedo.

Y las pisadas se dejaron de escuchar. Y ella respiró de nuevo.

Pero el miedo, el suyo, seguía allí. Probó a respirar y se sintió mejor. Las pisadas, fruto de su imaginación, o no, ya habían desaparecido, pero no el olor a entierro decadente que todavía flotaba en el aire.

Después de esperar lo que le parecieron horas, se levantó, sintiendo como todas las articulaciones de su cuerpo se quejaban al hacerlo.

Respirando hondo, sin saber que era la última vez que lo hacía, rodeo el árbol muerto, y vio una figura encapuchada. Puro instinto, y dio un paso hacia atrás, al tiempo que la figura, amenazadora y tétrica, levantaba la cabeza, para mirarla, fijamente, a los ojos.

Ella nunca regresó a casa, y su cadáver fue encontrado, dos días después, recostado contra el árbol, con una expresión de terror en el rostro, y un hilillo de sangre coagulada resbalando de sus labios.


Espero que os haya puesto los pelillos de punta, aun que fuese un segundo. Los comentarios son bienvenidos. Y gracias por leer.


.:Thaly:.



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