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Fiction » Thriller » Pánico font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Luanda
Fiction Rated: K - Spanish - Angst/Drama - Reviews: 1 - Published: 05-14-08 - Updated: 05-14-08 - Complete - id:2517517

Drabble salido de un debate en clase.

Pánico

Tus pies se mueven rápidamente mientras corres por ese terreno llano del que apenas puedes ver y reconocer por culpa de la penumbra que te envuelve. El sonido de tus propios latidos desbocados en tus oídos, tan nítidos, tan acelerados, podrían incluso producirte dolor de cabeza si tuvieses el tiempo suficiente para darte cuenta de ello.

Otra esquina. Tus manos se apoyan unos segundos más contra esa pared en ese rincón tenebroso. Tu soledad como único compañero. La frialdad de la argamasa adentrándose en tu cuerpo a través de las palmas sudorosas de tus manos. Tu garganta reseca y resentida que te impide gritar pidiendo ayuda. Una ayuda que sabes que, aunque pidas a voces desesperadas, no va a venir a por ti.

Dejando la huella húmeda de tus dedos al retomar la carrera.

Tu respiración tan rápida, tan superficial. Tan acelerada. Los pulmones abrasándote desde dentro, clamando y rogando desesperados un poco más de oxigeno para llenarse. El leve mareo.

El retumbar de sus pasos, el eco de esa fría risa escalofriante que te llena de pánico y hace que ese sudor frio te recorra la espalda sin cesar.

Pánico por culpa de aquel que se recrea haciendo daño a los demás. Haciendo sufrir a sus victimas con las torturas que solo se dejan adivinar en las mentes más retorcidas y enfermas de maldad.

Pánico de aquel que viene a por ti.

Otra esquina, otros cortos segundos para intentar calmar tu temor, para intentar normalizar tu respiración llenando de aire tus pulmones.

Pero esta vez ya no puedes continuar; las piernas no te responden, no puedes mover una delante de la otra para formar un paso que te alejaría un poco más de él.

Lo único que sientes en ellas son los continuos y dolorosos calambres que las recorren.

Antes de ver la sombra cernirse por encima de ti, antes de escuchar sus pasos lentos y seguros, propios de quien sabe para qué y a donde se dirige. Antes de que aparezca por la anterior esquina…

Te dejas caer abatida, sabiendo que no tendrás escapatoria, y que no te servirá de nada pedir piedad.

Porque ahí esta de nuevo. Esa sonrisa perfilada en oscuridad que extiende una mano hacia ti.

Y otra vez, te despiertas bañada en sudor. Con la única compañía del grito mudo que acaba de despertarte.



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