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Fiction » Thriller » Psicópata font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Luanda
Fiction Rated: K+ - Spanish - Crime - Reviews: 3 - Published: 05-22-08 - Updated: 05-22-08 - Complete - id:2521001

3/5 Drabbles para Vincent.

Psicópata

- ¿Acaso usted nunca lo ha hecho? – preguntó con una gran sonrisa. Sus blancos dientes refulgieron cuando levantó la cabeza y su rostro se iluminó por la lamparilla. Dejo descansar sus manos esposadas sobre la mesa. – Venga, no me vaya a decir que nunca ha jugueteado con ningún insecto, o alguna mosca arrancándole las alas. ¿No ha destrozado hormigueros cuando era pequeño?

- No estamos aquí para hablar de mi, ni de lo que hacia o dejaba de hacer. – contestó el inspector secamente al otro. El hombre seguía de pie al lado del gran espejo que servcia de pared hacia la otra habitación.

- No hace falta que sea hostil… inspector. Le voy a contar mi historia, que es lo que quiere.

- ¡No quiero que me cuente su historia! ¡Solo lo que ha hecho con el pequeño Jimmy! – perdió los estribos y golpeó la mesa de metal con ambas manos, produciendo un estruendo. El otro hombre ni siquiera parpadeó.

- Me está pidiendo que cuente mi historia.

‘Yo empecé, como todos los críos, arrancándole las patas a los insectos. Es algo normal en los niños, es algo que nos hace sentirnos grandes y poderosos. Somos los que mandamos y tenemos el poder. Los fuertes. Tenemos un insecto en la palma de nuestra mano. Al más ligero golpe podemos aplastarlo y matarlo, o por el contrario dejarle con vida por un simple capricho nuestro.

Pronto perdí el interés en los bichos… demasiado pequeños, demasiada poca cosa. Pero mi hermana tenia un gato… era blanco y con algunas manchas color café. – sonrió con nostalgia. – Recuerdo que ella pensó que se había perdido, o que alguien se lo había llevado. Me encargué bien de que no pudiera encontrarlo ni ver el estado en el que lo había dejado, ¿Sabe? Se habría puesto histérica. Lo enterré en el jardín, entre los rosales y el columpio. Al lado del árbol grande. Esa fue la primera y única vez que maté un animal propiamente ducho… durante el instituto me porté muy bien, aunque el profesor de biología pensaba que me ensañaba en sus clases de disección, ¿Se lo puede creer? Fue en la universidad cuando la conocí. Era tan hermosa… y pelirroja. No olvidaré lo que sentí al tenerla arrodillada en el suelo delante mía; llorando y gritando; pidiendo ayuda. No sentí malestar por ella ni me puse en su lugar, para que mentir. Su dolor no me afecto en absoluto, y eso me excitada. Seré sincero y diré que me ensañé con ella. Era tan hermosa… con el resto no sentí lo mismo, ni tanta excitación, pero de todas formas me lo pasé bien y era gratificante notar que tenia tantísimo poder. Cuando lloraban y gemían era como cuando tienes el insecto que te he dicho antes sobre la mano. Igual de frágil y voluble. Sus vidas en mi mano, a mi merced. ¡Era tan divertido! ¡Jugaba a ser Dios! Era mi decisión si vivía o moría. Fuerte y poderoso…’

Sacudió ligeramente la cabeza y se apartó un mechon de cabello lacio de los ojos, que brillaban. Sonrió de nuevo, amablemente.

- Sé lo que está pensando; y no; no estoy loco.

- Me pone enfermo.

- Es lógico. ¿Por qué n hacer lo que yo quería si era mejor que todos ellos?

- ¿Las escogía al azar?

- La primera no, ya se lo he dicho. Al tercero tampoco… era un pedante que trabajaba conmigo. Y…al pequeño… al ultimo; tampoco. Pero los motivos son más personales. – Su sonrisa se volvió grotesca. – El numero ocho…

- ¿Dónde está?

- ¿No le parece un bonito numero? Es totalmente simétrico, genial. Si, es un buen numero.

- ¿¡Donde está!?

- Dígame… ¿Le parezco una persona normal? Si no estuviese aquñi es posado, en esta sala de interrogatorios… Pensaría que soy una persona normal.

- Pero incluso usted sabe que no lo es.

- Si no soy norma, ¿entonces que soy?

- Un enfermo… Y o me dice donde está o le juro por lo que más…

- Lo enterré donde comenzó todo.

El inspector que se había inclinado amenazante su rostro al del asesino dio un respingo. En dos zancadas llegó hasta la puerta y llamo dos veces para que abrieran.

- Mande una patrulla de reconocimiento al jardín de este desgraciado. Tiene que estar allí. – le ordenó a uno de sus hombres.

- Dígame señor inspector… ¿Qué cree que soy? – continuó insistiendo con su sonrisa perenne.

- Un psicópata. – escupió prácticamente las letras antes de salir.

Lo último que escucho antes de cerrar la puerta fue una estridente carcajada.



© Copyright 2008 Luanda (FictionPress ID:611364).


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