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Fiction » Young Adult » Summer Nights font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Thaly Black
Fiction Rated: M - Spanish - Romance/Drama - Reviews: 20 - Published: 05-27-08 - Updated: 01-28-09 - id:2523284

Disclaimer: Los personajes que protagonizan esta historia me pertenecen en su totalidad. Y si alguien los utiliza sin mi consentimiento, o si copia y pega mi historia en cualquier otro lugar, probablemente me cabree mucho. No lo hago con ánimo de lucro, sino de divertirme y divertiros, así que eso.

Siento el retraso. Las culpas a la universidad. Todas.

Muchísimas gracias a anahy, Kirtash R, Ady92, Shine Moon y Marvelle-chan por los reviews en el capítulo anterior. He contestado a los que estaban dejados bajo loggin, pero a los que no he contestado, muchísimas gracias desde ya.

Espero que os guste el capi.

APB Productions...



7. Blue Moon

(O de como bajo la luna las cosas parecen más sencillas aunque no lo sean)



Lleva tres días confinada en esa casa en medio de la montaña. La única persona con la que mantiene una conversación es con su hermana Elisa. Con Rubén comparte habitación y cama. Pero ese no es impedimento para poder levantarse en medio de la noche e irse a dormir con Elisa.

No le ha dirigido la palabra al que hasta tres días antes ha sido su novio. No sabe qué decirle, o cómo decírselo. Él tampoco le habla. Se limita a mirarla. Mirarla con esa carita de ángel recién catapultado desde el cielo hacia su cama. Y Nuria se tortura a sí misma recordando la noche de la fiesta de fin de curso. Recordando como se follaba a Laura. Y duele. Pero tal vez no tanto como debería.

Duele, y más de lo que se espera, pensar en Pablo. No por el beso, ni por la conversación inacabada; ni siquiera porque se haya tirado a Laura. Es sólo que, de todas las personas de su mundo, siempre ha sido en quien más ha confiado. Incluso más allá de Rubén. Pablo ha estado a su lado desde que era una niña. Siempre han sido amigos. Casi hermanos. Y que él se líe con la persona que ayudó a Rubén a destruir su relación, le duele más allá de lo profundo. Independientemente de los incipientes sentimientos que tiene hacia él.

Porque esos tres días que lleva encerrada en una casa en medio de ninguna parte, con raya y media de cobertura en el móvil, a parte de leer mucho a Rousseau, le han ayudado a pensar. Y la verdad es que Nuria, confinada en la pequeña terraza de la casa, a la que se accede por el piso superior, ha reflexionado lago y tendido consigo misma. Sobre Pablo. Sobre Rubén. Sobre Laura. Y sobre todo, sobre sus sentimientos hacia ellos.

Es crudamente consciente de lo sencillo que resultaría perdonar a Rubén. Porque lo quiere. Lo quiere tanto que cada vez que él se mete en cama –lo más pegado posible al borde, para dejarle espacio- siente deseos de abrazarlo. De besarlo y decirle que todo va a estar bien. Porque ella se siente perdida sin él. Y puede ver en sus ojos que él está perdido sin ella.

Sería ridículamente sencillo acercarse a él en la cama, acariciarle el pelo y besarlo mientras deja que se le ponga encima. Pero no quiere. Está cansada de las cosas sencillas. Su vida siempre ha sido sencilla. Sus sentimientos claros. Hasta ahora.

En el momento en que entró en el baño de aquel bar, su vida se ha vuelto más complicada. Y desde que se metió en la cama de Pablo, para dormir abrazada a él esa misma noche, sus sentimientos se han vuelto más confusos.

Porque ella le quiere a Pablo. Le quiere mucho más de lo que le quiere al resto de sus amigos. Sabe –aunque nunca se lo había planteado- que por él podría haber dejado a Rubén cuando estaban juntos. Si él la necesitase y Rubén no lo entendiese. La amistad siempre ha sido muy importante para ella. Mucho más que el amor.

Hasta que una se convirtió en algo demasiado parecido al otro. No sabe en qué momento exacto ha ocurrido. Solo sabe que una vez que asume que tal vez –una posibilidad extrañamente remota. Es su mejor amigo y está por otra- sienta algo por Pablo que difiere de lo que viene siendo su relación normal, lo que alguna vez fue una amistad pura y sin ningún tipo de ataduras, se ha convertido en algo demasiado espeso, que hace que sienta pesadez en la parte baja del estómago y, a veces, hasta ganas de chillar.

Pero, por si fuera poco estar atrapada en medio de una transición sentimental que no alcanza a comprender, ahora siente que Pablo la ha traicionado.

Nuria siempre ha podido contar con él para todo. Y nada más llegar a la primera estación de servicio, de camino a la montaña, lo había llamado. Tres días atrás. No lo reconocería ni ante sí misma; pero pese a que acababa de estar con él cinco horas atrás, ya necesitaba oír su voz.

Pero al llamarlo, era Laura quien estaba al otro lado del altavoz, y Nuria lo entendió todo sin necesidad de que ella le explicase lo que estaban a punto de hacer. Y en ese instante sintió unas ridículas ganas de llorar.

Por cinco gloriosas horas había tenido la ilusión de que alguien volvía a quererla. Sin engaños.

Lo más duro, tras eso, ha sido convivir con Rubén. Porque ella le quiere, y seguramente le querrá para siempre; porque ha sido el primero, ha sido siempre dulce con ella –exceptuando las borracheras y los polvos- y siempre la ha apoyado cuando hubo posibilidades de que, tras un condón defectuoso, ella estuviese embarazada.

Y ahora Nuria no se atreve a mirarlo a la cara. Por dos motivos básicos. El primero es que se siente demasiado culpable por no tener ya claro si lo quiere o si no, por confundir lo que siente por él con lo que siente por Pablo. Todo se ha vuelto demasiado complicado en ese aspecto. El segundo motivo es, básicamente, que si lo mira terminará mandando a la mierda el orgullo y volverá con él. Porque ahora que no lo tiene a él y que tampoco tiene a Pablo se siente completamente perdida.

Es de noche, y hace un poco de frío en la terraza, pero le da completamente igual. Allí no hay luces de farolas y el cielo está tan despejado que, si tiene paciencia, podrá terminar contando todas las estrellas. La puerta se abre a su espalda, y de repente le ponen una manta por los hombros.

Se gira y se encuentra de frente con Rubén. Esos ojos dorados tienen una mezcla tan grande de remordimientos, cariño y tristeza, que a Nuria se le ablanda un poco más su ya reblandecido corazón y le dedica una sonrisa.

-Gracias…-murmura antes de inclinar la cabeza, creando una cortina de pelo negro entre ambos.

-No deberías estar fuera sin abrigar, Nuria.-dice él con dulzura. Ella se gira hacia él. Es la primera vez en años que la llama por su nombre. Se le ensancha la sonrisa, pese a su voluntad.

-Y tú no deberías preocuparte tanto por mí, Rubén.-replica ella girándose levemente hacia él.

Se miran a los ojos durante un instante que parece eterno. Él extiende una mano y coloca un mechón de pelo tras su oreja. Ella se muerde el labio inferior. Está empezando a sentirse realmente vulnerable. Odia no controlar lo que siente. Y mucho más no entenderlo.

-Laura me dijo que si no me acostaba con ella, te diría que sí lo habíamos hecho de todas formas.-dice mirándola a los ojos. Y Nuria sabe que no miente. Siente como sus pulmones se cierran por la sorpresa ante la noticia inesperada.-Creí que deberías saberlo.-añade, a modo de disculpa por haberla perturbado de ese modo.

Ella es plenamente consciente de que está jadeando y Rubén le frota la espalda a través de la manta. Nuria cierra los ojos. Se siente mareada por la respiración. Se le llenan los ojos de lágrimas y no quiere llorar más. Se deja caer contra Rubén, para hundir el rostro en su pecho e intentar sentirse un poco menos confusa.

Nota como él la abraza y no puede reprimir una sonrisa. En esos momentos sería tan sencillo volver con él. Tan absoluta y ridículamente sencillo que Nuria se encuentra a sí misma considerándolo. Es consciente de que si no tiene a Rubén no tiene a nadie. Pablo está colado por otra, que probablemente es Laura, y ella no lo tiene ni a él, ni a Rubén.

Y tiene miedo a quedarse sola. Tiene miedo a estar perdida. Y se siente tan bien en los brazos de Rubén que casi, casi, le ha perdonado que se haya follado a Laura. Al fin y al cabo, si, es –en realidad ha sido- su mejor amiga durante muchos años. Pero Nuria no puede negar que siempre ha sido una puta. Donde hay una polla, ahí estará ella.

Se incorpora levemente y mira a Rubén a los ojos. Acaricia su mejilla con una mano que tiembla más de lo que debería y de una forma lenta, se acerca a sus labios. Nota que él está más inmóvil que una estatua. Nuria no puede reprimir una sonrisa. Deposita un beso suave en sus labios y luego se aparta de él, mirándolo con una sonrisa que casi podría denominarse conciliadora.

-Podrías haberle dicho que no de todas formas.-dice luego. Los hombres y su fuerza de voluntad.-Yo te habría creído a ti.-añade con suavidad.

Rubén asiente antes de acercarse a ella y besarla despacio, como si tuviese miedo de que ella echase a correr. Nuria se siente frágil. Y es una sensación que no le gusta, pero al mismo tiempo le encanta. Porque sabe que las manos de Rubén en su cintura no le van a hacer daño.

-¿Me perdonas?-pregunta él, separándose levemente de su boca.

Ella sonríe. Es ridículamente fácil. Se ha vuelto casi un juego de niños. Es demasiado fácil perdonarle. Y con la lengua en su boca, Nuria no sabe negarse.

-Si…-susurra contra su barbilla mientras él recorre su melena con los dedos.

Se jura a sí misma que va a poder vivir con ello. Besa despacio a Rubén, que de repente se detiene, conteniendo su rostro entre las manos.

-Será mejor que vayamos a dormir.-dice con dulzura, antes de depositar un beso en los labios de Nuria.-Acaba de darte una crisis asmática…

Ella asiente con una sonrisa y se levanta, mientras que Rubén se levanta con ella. La abraza con fuerza contra su torso, y Nuria se siente tranquila. De nuevo a salvo.

-Te prometo…-susurra él en su oído.-Que nunca más volveré a hacerte daño-y Nuria sabe que cuando utiliza ese tono es mejor tomarlo en serio. Se separa levemente de él y se arrebuja más en la manta.

Entra delante de Rubén y recorre el pasillo hacia el dormitorio en el más absoluto silencio. No está segura de lo que está haciendo. Pero sabe que no va a dar marcha atrás. Ahora no. Cuando dice una cosa la cumple. Hasta las últimas consecuencias. Y ha perdonado a Rubén.

Pero no es hasta que entra en la habitación que comparten, cuando se gira y se abraza a su cuello, besándolo casi acelerada, que se da cuenta de lo muchísimo que lo ha necesitado. Que lo ha echado de menos.

Las manos del chico se colocan en su cintura y la manta de Nuria cae al suelo mientras avanzan a trompicones hacia la cama. El hecho de que Rubén sea más alto que ella nunca ha sido impedimento para que puedan besarse con comodidad.

La parte de atrás de las rodillas de Nuria chocan contra el colchón, y ella se aferra con fuerza a Rubén para no caerse de espaldas a la cama. Él la aprieta todavía más contra su cuerpo, sin dejar de besarla.

Nuria no es consciente del momento exacto en el que su espalda choca contra el colchón, tiene los ojos cerrados e intenta no pensar en todo lo que se le pasa por la cabeza. Sus pensamientos se dividen entre Rubén y sus manos rozando el filo del pantalón de su pijama, y un beso lento, húmedo y salvaje. Cargado de saliva y pecas. Con Pablo.

Decide no pensar en ello, o al menos, intentarlo. Ahora está con Rubén. Y lo ha echado muchísimo de menos. Sus menos se entierran en el pelo rubio de su chico, y enreda dos dedos con la larga trenza que sale desde su nuca.

-Nuria…-susurra él. Ella es consciente de que tiene la voz ronca.-Te adoro-susurra enredando los dedos en su pelo.

Ella quiere decirle que ella a él también, pero las palabras se han atascado en lo hondo de su garganta, y lo único que puede hacer es besarlo más intensamente. Intentando olvidar que en el fondo no siente la necesidad de decírselo.

Los labios de Rubén en el lóbulo de su oreja hacen que se olvide de todo. Pero un pequeño resquicio que sabe a pecas y a pelo rojo se adueña de su conciencia, y en ese mismo instante es consciente de que no puede acostarse con Rubén, pese a haberlo perdonado.

Se suelta de él, que la mira a los ojos, con sus ojitos dorados y las mejillas encendidas. Rubén roza su nariz contra la mejilla de Nuria, y ella se muerde el labio inferior dubitativa.

-Rubén… verás… ¿podríamos parar?-en el fondo cree que puede hacerlo, pero sabe que no le vale de nada engañarse a sí misma cuando los labios de Rubén la obligan a pensar en Pablo. De repente, pese a que la ha traicionado, necesita oír su voz.

-Peque… si he hecho algo que te ha molestado… lo siento.-dice con suavidad, sentándose en la cama.

-No es por ti, Rubén… es por mí.-Nuria en alguna parte ha leído que es mejor un corte rápido y limpio.-Me estoy empezando a colar por otra persona, y no puedo engañarte ni a ti ni a mi misma de esta forma.-dice con suavidad acariciándole el pelo.

El cierra los ojos y Nuria reza al cielo por que no se eche a llorar. Porque sabe que si lo hace a ella se le romperá el alma.

-Pero Nuria…-él carraspea levemente.-Ya ha tenido que ser desde antes de lo de Laura.-dice.-Porque en tres días nadie se cuela por una persona.-dice con la voz enronquecida.

Ella desvía la mirada, dándose cuenta de la mucha razón que tienen las palabras de Rubén. Porque ella siempre que ha tenido un problema ha acudido a él. Siempre que se ha sentido perdida ha corrido a Pablo como si él fuese la luz al final del túnel. Incluso desde antes de estar con Rubén. Pablo siempre ha estado ahí, como una constante en su vida.

Rubén la toma de la barbilla y deposita un beso en su frente.

-De verdad que no pasa nada, Nuria. En serio… lo entiendo.-susurra luego.-Pero de todas formas, yo te seguiré queriendo siempre, ¿vale?-susurra acariciándole el lacio pelo negro.-Así que más le vale a Pablo tratarte bien, porque sino se las tendrá que ver conmigo.-añade luego, acariciándole la nariz, como en un gesto de despedida.

Nuria abre mucho los ojos. Se pregunta como es que Rubén lo sabe. Y le parece del todo inverosímil hasta que…

-No te sorprendas tanto, princesa…-dice con suavidad.-Al fin y al cabo llevas murmurando su nombre en sueños desde hace casi dos años.

Y en ese momento Nuria necesita a Pablo más de lo que lo ha necesitado jamás.


*se mete en su bunker y habla a través de un teléfono*

Espero que os haya gustado el capi. La verdad es que es uno de los que más me gustan, y no sabría decir el motivo. Sólo digo que a partir de ahora, espero que le tengáis más cariño a Rubén, porque todavía quedan muuuuchas sorpresitas xDDDDD.

Se agradecerán todo tipo de comentarios, objetos arrojadizos y disparos. Gracias por estar ahí.



Thaly


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