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Parpadea varias veces: le cuesta salir afuera: luz, sal, calor de mano saciada contra su propia palma tibia, después de pasar tres días peleando encerrado, entre el departamento y la rotisería.
-Lucía, por favor...-Se sienta sólo para restregárselo, dejándose caer junto a la maceta de una vecina ausente a esas horas.
-Perdón si vine muy temprano.-Se disculpa ella, sacándose el flequillo de la frente, y el helado de chocolate de la mancha frutilla a ambos lados de la cara.-Quería que me terminaras de contar.
El sol calienta su nuca y mixtura sus ideas, pero había empezado una historia en el último encuentro y ya no podía desligarse de la responsabilidad.
La sangre de las mejillas de Lucía se desvaneció, ni bien Arturo (Guille) se aclaró la garganta y se convirtió en Narrador, dejando bien atrás al ayudante de cocinero que ha pretendido ser toda la víspera.
Es un cuento ubicado en Épicalandia y protagonizado por pendejos como ellos dos, pero que tienen guitarras mágicas que aparecen de la nada y van montados en dragones homosexuales.
-¿Qué los hace gays,Arturo Santo?-Le pregunta Lucía, colocando ambas muñecas sobre su hombro, oculta piel tostada por una camiseta roja, de algodón extremadamente barato.
Arturo Santo, como el Rey del Grial y la esposa infiel, hace una mueca: y se inventa un motivo cualquiera, que se adhiera a las insensateces ya pronunciadas.
-Porque tenían las escamas pintadas de rosa chillón.Y no me interrumpas.-Agregaba presuroso.