Home Just In Communities Forums Beta Readers Dictionary Search Login Register Extras
Fiction » Fantasy » La promesa maldita del vampiro font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Shiorita
Fiction Rated: T - Spanish - Adventure/Fantasy - Reviews: 2 - Published: 07-22-08 - Updated: 07-22-08 - Complete - id:2548834
La promesa maldita del vampiro

La promesa maldita del vampiro

No es la primera vez que estaba allí ni tampoco la última. A pesar de todo lo que está pasando en el poblado y de lo peligroso que es andar por allí, ella sigue paseándose como que nada.

Tanto Jonathan como Elea han intentado detenerla. Pero ellos no comprenden qué le está pasando. Necesita ir a ese lugar que se ha convertido, poco a poco, en su santuario. Entre los troncos de los árboles y las ramas que ocultan la luz del sol ella se siente bien, segura. Aunque quizás eso es algo de su subconsciente.

Puede que, como todos los que dependen de algo, ella al llegar allí haya visto saciada su necesidad de estar allí. Y por eso se siente a gusto pues ¿cómo podría ser de otro modo?

Las leyendas, aquellas en las que nunca ha creído pero con las que siempre se ha sentido identificada, están cobrando vida. Se hacen palpables en una realidad que ya no es suya.

Cada amanecer es como una pesadilla. Comienza con el aleteo de unos pájaros seguidos por un grito. Siempre de una mujer: una hermana, una madre, una hija. Alguien que acaba de perder otro ser querido.

Y así es como el pequeño pueblo que vive en las colinas pierde una noche tras otra, en cada luna nueva, a sus hijas. Las más bellas de la región, cuya belleza solo es su perdición. Pero nadie sabe qué es lo que pasa, sólo desean que haya un final.

Y esa tarde, poco antes de la luna llena, se han juntado en la plaza del pueblo para preguntar a los espíritus sobre ello. El pueblo reunido en torno a una hoguera que se alza desafiando el frío del invierno. Un brujo condenado por la Inquisición hace su presencia esa noche. Y grita a la oscuridad de la noche, sabiendo cuál es la maldición.

-Nueve estrellas se alzan sobre vosotros, nueve criaturas maléficas ya habitan vuestras pesadillas. Pues nueves muchachas se preparan para apagar la sed de poder del malvado infierno. Y hasta que esa rueda no se detenga no viviréis tranquilos, hasta que las nueve no hayan caído, una tras otra, no os libraréis de la maldición.

El silencio cae sobre la gente y después un sollozo, un abrazo entre familias que une y separa sin compasión. El jefe del poblado se levanta y dice en voz alta.

-Ocho muchachas han muerto ya; todas jóvenes, todas vírgenes, en edad de prometerse. ¿Quiénes quedan con esa edad?

La intención de la pregunta es harto conocida para los mayores. Si queda alguna, deberá perecer. No se hará nada por salvarla, porque su muerte sólo significa la vida en paz de los demás. Nadie parece darse cuenta de la risa maquiavélica que esboza el condenado. Una mentira que se cobrará una venganza en un pueblo que no ha mostrado piedad en él.

De brujo sólo tiene el alma, que ha vendido al diablo llegando a ser tan malvado como él. Lo demás ya es falta de corazón y la capacidad para usar el poder.

-Hay una muchacha –dice una voz anónima que a muchos les suena a traición- La huerfanita.

Todos la conocen. De cara pálida, ojos marrones, cabello largo, liso y azabache, delgada figura y de mente abierta. Un pájaro que sólo ansía volar del extraño mundo en que le ha tocado vivir. Alguien a quien nadie va a echar de menos, sobre todo ahora que el egoísmo reina en cada corazón.

Con la onceava campanada de la torre del reloj es condenada. No han lanzado una partida de búsqueda pues todos saben donde está: en el bosque. Allí, ella misma se encontrará con su fin, en una búsqueda que ellos mismos han iniciado y de la que sólo las estrellas y la luna serán testigo esa noche.

Pero el mundo no es tan negro como parece y alguien está preocupado. Entre susurros se comunican buscando un consuelo que no saben si llegará alguna vez.

-¿Deberíamos ir a buscarla?

-No lo sé

Las tradiciones pesan sobre la gente y ahí está la prueba. ¿Qué hacer? ¿Se ofenderán los espíritus si van a por ella? Es su amiga, eso está claro; pero el miedo les atenaza el cuerpo y no les deja pensar con claridad. Al final, uno de los dos se decice.

-Yo iré- dice y se pone en pie

-Jonathan…- le llama Elea sin saber qué agregar

-¿Vienes conmigo?

Vacila. Sólo un momento, pero él espera. Con un toque de impaciencia extiende la palma de su mano ante ella, quien eleva los ojos hasta su rostro. Perdido en la oscuridad de la cruda noche de invierno únicamente distingue el brillo de sus ojos, decididos.

-Voy contigo –asiente y se impulsa con la mano de su amigo para levantarse.

El viento choca contra su cara cuando salen a la calle. Todo está negro, vacío, pero saben adónde ir. Echan a correr hacia las lindes del bosque, donde la realidad y las leyendas se separan en una fina línea que nadie sabe diferenciar.

En lo alto del cielo una sombra atraviesa las nubes y deja escapar un ruido que estremece a las gentes del lugar.

Ella, hija del alcalde; él, hijo de un mercader poderoso; en medio de un bosque que cada noche se cobra una víctima diferente. Un incauto, una muchacha, un pobre animal, un viajero extraviados… Y esta noche siente que va a darse un banquete.

La luna se alza espléndida en su trono de marfil y las estrellas quieren acompañarla. Miran hacia abajo, donde los mortales van a unir su destino con los espíritus que abandonan por la noche el calor del infierno. Y sólo ellas son capaces de distinguir el brillo de unos ojos dorados en la maleza que vuela más que corre sobre las hojas que los árboles han dejado caer.

Chaqueta y botas de cuero; una cadena que cuelga de los pantalones y que puede utilizar para defenderse; el rostro cubierto por una mata de pelo oscuro y lacio, que cae sobre su frente. Corre veloz a un punto que no consigue ver nadie excepto él, llevándose por delante todo aquello que osa interrumpirse en su camino.

La sangre que gotea de su brazo marca un rastro imborrable detrás de él, pero no parece importarle. Las punzadas de dolor se cuelan por su subconsciente y de vez en cuando se lleva una mano a su brazo deseando poder arrancarse la flecha que le daña como no puede hacerlo otra cosa.

El único arma letal para un dios que juega y vive entre mortales. Alguien que de una forma que ya ni siquiera recuerda vendió su alma a la oscuridad y que ahora lleva una existencia que se aleja mucho de ser vida.

Su sangre amenaza con desangrarle y le obliga a detenerse. No corre peligro, lo sabe, pero aún así no debería pararse hasta llegar allí. A lo alto de la montañas nevadas, un lugar donde nadie puede seguirlo, el lugar donde nació, un monumento sagrado para los de su especie.

Pero la herida es profunda. La plata le está matando y el oro viejo de sus ojos se destiñe en un rojo fuego devorado por el dolor. Se detiene, su cuerpo se convulsiona y su mente se vuelve borrosa. Se tambalea y se apoya en un árbol. De pronto oye un rugido, un leve gruñido de una bestia que conoce muy bien. El lobo, su eterno enemigo junto a los humanos. No piensa morir ante él, sabe que no debe hacerlo. No puede rendirse, no estando tan cerca de casa. Se ha detenido un momento, sólo ha recuperarse pero ya no puede salir corriendo. Se ha recuperado un poco pero la herida sigue mortificándole.

Alza los ojos y mira la escena. El lobo ha desviado la atención hacia él pero antes estaba atacando a otra criatura. Jared observa a la muchacha que, valiente pero estúpida, se defiende con un gran palo del perro salvaje. Se sabe muerta pero agradece la interrupción. No se mueve, también sabe que no puede huir. Que sea cual sea la primera elección del animal ella será la siguiente. Pues no le ha pasado desapercibida la sangre que cae del cuerpo del ser que tiene ante ella.

Las patas del lobo se doblan y salta hacia él. Jared se mueve tan rápido como le permite su cuerpo y cae a poca distancia de la joven. El lobo resopla y la chica lanza con todas sus fuerza el palo hacia el animal, quien lo atrapa en el acto. Se prepara para saltar de nuevo, dos presas por una, la noche le suena a canciones de gloria.

La muchacha se agacha y en un solo movimiento se acerca al brazo herido de Jared. No tiene ni idea de si es la dejara viva cuando acabe con el lobo, o no será otra forma de morir diferente. Lo único de lo que es consciente es que así ganará algo de tiempo y en este momento es justamente lo que necesita.

Por lo menos con él sabe que podrá hablar, aunque no consiga nada, pero le queda esa esperanza que con el lobo se extingue nada más ver sus colmillos.

Jared la mira con desazón, sobre todo cuando nota la fuerza que arranca la flecha de su brazo. No tiene ni idea de lo que está haciendo pero ve que no hay otra opción. Nota como los hilos del destino que hace mucho tejieron para él cambian y que la magia antigua que corre por sus venas, junto a una sangre que bombea un corazón que hace mucho que dejó de latir, se cuela entre la piel de la chica que acaba de salvarle la vida.

Lo primero que aprenden todas las criaturas, divinas o malditas, es a no cruzar su magia con la de los humanos, pues los caminos que se crean aún son desconocidos. Pero ya es muy tarde para Jared y para la muchacha de finos cabellos que acaba de salvarle la vida. Sus destinos han quedado sellados, para bien o para mal, y sólo uno de ellos dos sabe cuan importante puede llegar a ser esto.

El lobo salta y Jared también. En una encarnizada lucha en la que se demuestra quién es el mejor, el lobo cae muerto sobre la tierra húmeda por la nieve ya fundida. La maldición del pueblo ha terminado pues consistía en un animal que lejos de su manada se dedicaba a saciar su hambre.

Pero la ignorancia y la maldad de los hombres ha ocasionado otra, una que afecta a la muchacha que ahora todos creerán muerta y que lo último que puede hacer es regresar al poblado. Algo que ella desconoce por completo aunque poco la importa.

Con los ojos abiertos por el miedo separa la vista del animal que yace muerto en el suelo para posarla en el joven a quien acaba de ayudar. La boca semiabierta deja entrever unos colmillos más largos de lo normal, y la sangre que gotea de ellos le ha sido extraída al lobo que acaba de matar.

La chica da un paso atrás, un gesto inútil si pretende escapar, y aprieta con fuerza la flecha de plata inspirándose así misma algo de confianza.

-¡Nix!

Resuena su nombre por el eco del bosque. Distingue las voces pero no quiere que se acerquen hasta allí. Permanece en silencio mirando calculadoramente al vampiro que tiene ante ella. Él no vuelve la vista atrás, pero Nix no duda en que ha oído lo mismo que ella. Da dos pasos hacia ella, desconociendo qué hacer, pero ella levanta con una mezcla de decisión y temor la flecha intentando amenazarle.

Los ojos de Jared se van tornando oro viejo de nuevo y un olor extraño emana de él. Una rama cruje bajo los pies de alguien y dos cuerpos aparecen en mitad de la escena: Jonathan y Elea. Nix vacila y su mano tiembla, lo que aprovecha Jared para decidirse. Se aproxima a ella y deshaciéndose de la flecha de plata acerca su boca al cuello de la chica. El mordisco que le hace es pequeño y apenas sale sangre pero aún así él siente cómo su cabeza le da vueltas. Es lo que le produce el olor a azufre que tiene la sangre humana.

Recoge entre sus labios esas pequeñas gotas y las acerca con cuidado a la boca de la chica. No hace falta que haga nada, basta el miedo de la muchacha para que tenga separados los labios y en un beso frío se mezclen las salivas de ambos y la sangre de los dos. En una promesa que pocos pueden llegar a comprender y menos los dos jóvenes que les miran atónitos.

Al final se deciden y avanzan hacia ellos, bordeando el cadáver del lobo que está olvidado.

-¡Detente!

La voz no suena petulante, más bien estúpidamente valiente que es lo que le hace volverse a Jared. Les mira con extrañeza pero Nix se desmaya justo detrás de él y tiene que girarse a recogerla. Con el cuerpo inerte de la chica entre sus brazos Jared les mira por última vez, maldiciéndose interiormente por arrancarles de sus vidas todo lo que pueda significar la muchacha pero a él no le queda nada que hacer.

Así que parte de nuevo, volando más que corriendo, atravesando el bosque con ánimo de llegar a las Montañas Nevadas antes que sea demasiado tarde. Esta vez para ella.



Return to Top