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.Always love.
Tumbada en el sofá, libro en mano, leyendo y con el sonido de la televisión de fondo, parecía que mi estancia allí se iba a limitar a no hacer nada. No era que el libro no estuviera interesante, ni que las ofertas de Ana de salir a dar una vuelta o a intentar colarnos en el único pub de aquel pueblo a las afueras de Sevilla me parecieran bastante poco prometedoras, como ya había esperado que lo fueran. Era simplemente que yo esperaba otra cosa.
Supongo que será esa manía que tengo de imaginar cómo ocurrirán las cosas antes de que ocurran, que consigue que me cree expectativas altas ante hechos que luego, por lo general, son considerablemente diferentes a como los había imaginado. Sea como fuese, estar tirada en un sofá a las once y pico de la noche de un sábado, no entraba en mis planes. Igual que no entraba en ellos leer mientras seis personas, esparcidas por aquella casa, hacían cosas tan interesantes como lo son jugar con una maquinita, ver la tele, charlar sobre cosas triviales o mirar una y otra vez las mismas fotos.
El caso es que me seguía faltando una persona en aquella casa. Tal vez, la persona con la que más ganas tenía de pasar el tiempo. Y cuando digo pasar el tiempo, digo no hacer nada. Digo estar lejos, y saber que está cerca. No se por qué, pero con el simple hecho de saber que está debajo de mi mismo techo, la situación habría cambiado. De hecho, cambió.
Cuando la puerta de la calle se abrió, y escuché el sonido de unas llaves chocar contra otro montón que se encontraba en el sitio donde habían caído, sonreí. Segundos después él apareció por la puerta del salón, saludando con un escueto hola a los que allí nos encontrábamos. No tardé en escuchar las preguntas de mi madre, las cuales, pensé, ya estaban tardando en aparecer.
-¿Se puede saber qué hacías por ahí tu solo, Tomi?-preguntó, en ese tono maternal que usa con todo el mundo, y que yo conozco tan bien.
-Tía, estaba probando mi moto. Salió del taller ayer, ¿recuerdas que te lo dije?-mi madre asintió, y abrió la boca para contestar, pero Tomás la interrumpió.-No te preocupes, yo llevo cuidado.
A pesar de que mi madre no pareció muy convencida por aquella afirmación, lo dejó estar. Era increíble cómo se fiaba de él. Y la verdad era que, a pesar de ser como un sobrino para ella —de ahí, que la llamara tía— no tenían lazos de sangre. A lo más que llegaban, era a que mi padre era el padrino de Ana, su hermana.
Desilusionada al ver que él se giraba y comenzaba a tomar rumbo por el pasillo hasta, supuse, su habitación, intenté seguir con mi lectura. Lo malo de saber que estaba en casa era que tenía que leer varias veces la misma línea, porque no me concentraba. Era como tener un chip implantado en la cabeza, que hacía que en vez de leer, volviera a imaginar un millón de situaciones que, posiblemente, no se harían realidad nunca.
Entonces Tomás volvió a entrar en el salón. Seguía con la ropa de calle, y en su cara había una sonrisa que casi podía calificar de traviesa. Y me miraba a mí.
-¿Vas a salir con mi hermana hoy?-preguntó, y me sorprendió la pregunta. ¿De verdad creía que, estando a las doce de la noche todavía en casa, iba a salir? Negué con la cabeza.- Es que no tengo sueño, y no voy a salir. Y tú tampoco pareces hacer nada interesante, así que… ¿Te apetece dar una vuelta en la moto?
Solo yo sé hasta qué punto me apetecía dar esa vuelta. Pero había inconvenientes. El primero, y más importante, mi madre, la cual ya había cortado su conversación con su madre para mirarle casi amenazadoramente. Ahora vendría cuando diría que su niña no subía en moto.
-¿En moto? ¿Sara?-en su tono de voz podía entreverse fácilmente cierto tono de incredulidad, algo que me molestó bastante, a decir verdad.
-¿Y qué con eso? Mamá, voy con Tomás, él ya te dijo que controlaba, que llevaba cuidado.-intervine por primera vez. Ni que no hubiera subido ya veces con mi tío en moto, como si ahora por subir con otra persona le fuera a dar algo.-Además, ¿qué podría pasar dando una vuelta por este barrio, si a estas horas no hay nadie por la calle?
-Tía, venga, déjala que se venga conmigo. Solo será un rato, prometo cuidarla.
Su sonrisa traviesa había desaparecido, y había sido sustituida por una con la que Tomás conseguía tener aspecto de no haber roto un plato. No sé si fue esa sonrisa, o fue mis argumentos, pero el caso es que mi madre cedió, ante mi sorpresa.
-Está bien. Pero solo un rato. Es de noche, no hay mucha luz y no quiero que os pase nada.
Me levanté y dejando el libro en la mesa me acerqué a mi madre, le di un beso como agradecimiento y me fui a cambiarme. Minutos después aparecí en el salón con unos vaqueros desgastados, una camiseta y mis converse, dispuesta a salir cuanto antes.
-No tardaremos.-dijo Tomás a modo de despido, y salimos de allí.
La moto estaba aparcada delante de la casa, por lo que no tuvimos que caminar. Sacó un par de cascos del pequeño hueco que se encontraba al levantar el asiento de la moto y nos los pusimos. Él subió y yo detrás, y arrancó la moto.
A pesar de que el casco era completo, me permití el lujo de levantar la parte transparente para sentir un poco el aire en la cara. Adoraba aquella sensación, y no se si fue por el viento, por estar abrazada a Tomás o por qué, pero el caso es que sentí un cosquilleo en el estómago que desembocó en una risa que contagié al chico.
Después de un rato de recorrer calles y más calles paramos en una de las paralelas a la casa. Bajamos de la moto y con los cascos en la mano, pues según me dijo no tardaríamos en volver para no preocupar a nadie, nos apoyamos en la moto, a falta de un sitio donde sentarnos.
-¿Qué tal el paseo?-preguntó, sonriente.
-Genial. Habría que repetirlo más a menudo.-contesté, y supe por su expresión que seguro que se repetiría más veces.
El silencio cayó sobre ambos, y no entendí muy bien por qué. Supongo que fue porque no sabíamos de qué hablar. Hacía tiempo que no estábamos a solas, y aunque solo nos lleváramos un año —él tenía diecisiete, y yo dieciséis— nuestros gustos se alejaban lo suficiente como para no ser un tema de conversación consistente.
-Bueno y…-Tomás intentó entablar conversación, pero no parecía saber sobre qué.
-¿Si?-le animé, y casi inconscientemente me acerqué un poco.
-¿Qué tal lo estás pasando estos días con los amigos de mi hermana?-preguntó, y la sonrisa semi traviesa volvió a su cara mientras repetía el gesto que había realizado ya hacía apenas segundos.
-No me quejo.-sabía que con mis respuestas no estaba dando pie a mucha conversación, pero tampoco era que la necesitara. La situación, para mi, se encontraba cerca de la perfección.
-¿Ya te ha presentado a todo el mundo?-insistía en entablar conversación mientras lentamente se acercaba, y parecía que lo hacía aposta para ponerme nerviosa. Lo que yo intentaba hacer era, precisamente, evitar que notara que lo estaba consiguiendo.
-Sinceramente, no lo se. Parece que cada día que pasa haya alguien nuevo a quien presentarme.-comenté, y mi mirada dejo de estar centrada en el suelo para centrarse en la de Tomás. Casi no podía creer que estuviéramos tan cerca. De hecho, prácticamente podíamos rozar nuestras narices.
-Sara.-me llamó, y supe al segundo que tono había cambiado totalmente.
No quise contestar. No supe qué contestar. La verdad era que la situación se me hacía casi surrealista, en comparación a la situación que vivía hacía apenas una hora. Se me acercó un poco más, y apoyó su frente en la mía al mismo tiempo que cerraba los ojos. Yo no los cerré. Quería mirarle, convencerme de que aquello no era otra de mis situaciones imaginarias, de la que de repente alguien me sacaría diciéndome que me había quedado embobada mirando algo, o a alguien.
Noté su mano acariciando mi mejilla y me permití suspirar ante el contacto. ¿Había llegado el momento? ¿Después de casi tres años de coqueteos encubiertos por cariñosos juegos entre amigos, aquel era el momento en que todo se desataba y las cosas se aclaraban?
-Lo siento.-murmuró Tomás, y realmente me desconcertó, pero ni dije nada, simplemente esperé a que siguiera.-Lo siento, porque llevo demasiado tiempo jugando. Llevo demasiado tiempo fingiendo. Y ya no puedo más.
Abrió los ojos y me miró, sin dejar de acariciar mi mejilla, acto que, supuse, hacía inconscientemente. Me estaba diciendo lo que llevaba demasiado tiempo esperando escuchar. Me estaba diciendo que nunca había sido un juego. Asentí ligeramente, dándole a entender que pensaba lo mismo. Que sentía lo mismo.
Entonces cerró los ojos, y supongo que fue por inercia, pero el caso es que yo los cerré tambien. Nuestros labios se rozaron, pensé que el corazón se me saldría del pecho de un momento a otro. Pero el beso…el beso fue increíblemente perfecto. Necesitaba gritar, y esa necesidad se transformaba en intensidad en medio del beso. Cuando nos separamos, ambos sonreíamos.
No dijimos nada, no queríamos estropear el momento. Nos miramos. Supongo que ahí fue cuando no pude aguantar más, y casi salté al abrazarle. Le escuché reír mientras correspondía a mi abrazo, y reí yo tambien. Pero entre las risas, pude escucharle perfectamente decir algo.
-Te quiero.
¡Hola!
Bien, esta es la primera historia que publico aquí. Dudo que la siga, es solo una idea suelta que necesitaba escribir. A pesar de eso, espero que os gustara.
Y en caso de que si que os gustara, los reviews se agradecen ;)
Isilme.I