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Fiction » General » Copos de nieve font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Lidren Silverdancer
Fiction Rated: K+ - Spanish - General - Published: 08-17-08 - Updated: 08-17-08 - id:2560389

Drabbles varios para una comunidad de LiveJournal sobre la cual hay información en mi perfil.

Todos estos drabbles son independientes entre sí.

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Principio de acción-reacción: Cuando un cuerpo ejerce una fuerza F sobre un cuerpo, este efectúa sobre el primero una fuerza F que tiene el mismo módulo, la misma dirección y sentido contrario.

Las baldosas de mármol estaban frías a comparación de su cuerpo. No recordaba cómo, exactamente, habían llegado allí. Y tampoco le importaba. Su boca estaba sobre la de ella, devorándola sin piedad, como el último vaso de agua en todo el desierto. Sus manos recorrían la espalda de él buscando rincones sin explorar, algo a lo que agarrarse.
Besos y caricias provocaban suspiros y gemidos ahogados por la boca del otro. Gemidos débiles que provocaban, a su vez caricias y besos más atrevidos.

Todo era, en aquellos momentos, una espiral sin fin.

Tan sólo más, más, más.

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La luz del baño creaba ilusiones como el más sofisticado de los hologramas. A la blanca luz del fluorescente, sus ojos parecían más vidriosos y su cabello más negro. Bajo esta misma luz, sus labios me parecían más rojos y apetecibles.

Aquella luz, cuando se apagaba a veces mientras se besaban, le hacía sentir todo aquello más profundamente. Las manos en su nuca, su espalda. La lengua en la boca, los dientes. Le dajaba sentir mejor lo suave de su piel y lo sedoso de su pelo.

Aquella luz era el único testigo de aquella pasión prohibida.

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Disfrutaba como un niño cada vez que hablaba con ella. No era solo porque fuera ella. Era de lo que hablaban. Puras discusiones sexuales. Nunca decíamos groserías, y nunca nos hacían falta. No hacía falta más que una mirada, un gesto. Una palabra con doble sentido.

Sumamente divertido.

Un placer exquisito.

La gente cree que necesita dinero para ser feliz. Yo no creo que necesite eso. Sí, tengo dinero y no me quejo. Pero no es eso lo que me hace levantarme cada mañana. Ese poder lo tiene únicamente mi deseo de poder hablar con dobles intenciones con ella de nuevo.

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Sabía que aquel no era su destino en absoluto. Aquellas cosas no eran para gente como él. Sin embargo, estaba decidido a conseguirlo, fuera como fuera. Porque, sí, era cierto, aquellas cosas no estaban hechas para gente con una discapacidad, dirían algunos. La mayoría. Pero los sueños estaban hechos para gente como él. Gente que, además de soñar, se atrevía a luchar por sus sueños.

Gente que no se rendía.

Es por eso que a pesar de saber que no era su destino en absoluto, Tom aprendió a pintar a pesar de no tener manos.

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Hay muchos tipos diferentes de nervios, igual que hay miles de colores. Según la persona y la situación. Hay nervios justificados y otros que no lo están tanto. Los nervios de Marta eran más bien del segundo tipo.

-¿Quién se pone nerviosa por ir a la playa?

- Es que no es ir a la playa -Un pausa. Reflexionando-. Es... No es el hecho de la playa en si es que... Mira, déjalo. Piensa lo que quieras, pero vámonos ya.

Pero las apariencias no son siempre la verdad. Y a veces unos nervios tontos en realidad esconden algo más.

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Llegaba tarde. No pensaba en nada más. Tenía que darse prisa. Si no, no llegaría. El tiempo iba demasiado rápido. Ya faltaba poco. Apenas unas calles y ya había llegado a su destino. La gente se cruzaba en su camino y se molestaban cuando los empujaba. Y no le importaba.

Un par de minutos más y sería demasiado tarde. Ya no le daba tiempo, pero lo intentó de todos modos. Un último intento nada más. Entonces, vio su destino delante suyo. La catedral. Había llegado, lo había conseguido...

Campanas sonando, gente celebrando, un día feliz.

Pero había llegado demasiado tarde.

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Un árbol solitario en el patio de una casa. Un viejo columpio colgado de una de sus ramas. Han pasado muchos años desde la última vez que alguien lo montó. Han pasado muchos más desde la primera de todas.
Un árbol y un columpio. Testigos mudos del paso del tiempo. Abandonados a su suerte por los mismos que una vez jugaron con ellos.

Muchos dicen que si te sientas en el viejo columpio y escuchas, podrás oír las risas de aquellos niños.

Lo que no oyen es la tristeza de los viejos amigos después de haber sido abandonados.

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El autobús estaba lleno de gente a pesar de ser apenas las siete y media de la mañana. Escucha la música de su reproductor de MP3 y observa a la gente que viaja con ella.
Sería divertido si no fuera porque cada día es lo mismo. Las mismas personas con la misma expresión en la cara.
Gira la cabeza hacia la ventana. El paisaje no es muy alentador -cielo encapotado, coches por todas partes- y bastante parecido, en esencia, al que tiene lugar allí dentro.

Y entonces, ve que todos somos iguales, por muy diferentes que pretendamos ser.

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Esto es todo por hoy. Muchas gracias a todos los que habéis leído alguno de los drabbles.

Si tenéis alguna idea, estoy abierta a sugerencias. Si queréis decirme que deje de molestar con tanta tontería, también podéis.

Besos.



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