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Author: Nale-Alviso
Fiction Rated: M - Spanish - Fantasy/Supernatural - Reviews: 1 - Published: 08-17-08 - Updated: 08-18-08 - id:2560618

Tomo 1 - Ayer
·Capítulo 4: Olvido·

Forestland
Diciembre 4, 2005 D.C.
18:57 hrs.

En el último mes, desde el primer día el frío parecía no querer esperar veinte más para declarar la llegada de la siguiente estación. Agonizando el Otoño, algunos árboles aún se resistían a ceder todo su follaje para la tupida alfombra que poblaba la mayoría de los caminos, nichos y entradas del lugar; otros tantos tan sólo habían mudado el verde por una vistosa combinación de matices dorados y rojizos, mientras que los imponentes gigantes se dejaban llevar por los vientos como esperando pacientemente a ser cubiertos con el manto blanco de fin de año. En uno de ellos, él también esperaba. Cuando el sol dejaba su lugar en el firmamento, Elan bajaba de su enorme escondite para recorrer parte de los dominios del Left Wing Clan.

El clima le proporcionaba dos cosas: uno, la excusa perfecta para envolverse casi por completo en la capa y dos, muy escasa compañía, la cual además no difería mucho en abrigo. Y aunque todos los miembros del Clan nunca salían sin su arma, no había nada de inusual en que la llevaran enfundada o totalmente envuelta, como en su caso. De manera que durante ésta y las tres noches anteriores, Elan no tuvo más preocupación en su errático andar más que la de no acercarse a su antigua casa o al Muro.

Pero en realidad la noche ofrecía muy poco y el invierno reducía la variedad natural de los estímulos a los sentidos. Toda la iluminación provenía de las antorchas exteriores en las casas, las dispuestas a ras de piso en los caminos más conocidos o las que llevaban los propios individuos, de ser necesario. El sonido más fuerte era el de sus propios pasos y el aroma del ambiente era siempre el mismo, además de las esporádicas ráfagas que le acometían con no poca intensidad. Por todo ello, Elan concluyó que tal vez ésta sería su última caminata nocturna.

Era verdad que el inesperado incidente días atrás lo había llevado inicialmente a tratar de evitar el mayor contacto posible con la gente, pero por otro lado, aún no olvidaba por qué había regresado a Forestland. Y si de verdad iba a hacer lo que tenía en mente, no había otro modo más que salir, ver, escuchar y palpar por sí mismo la actualidad del Clan. El tiempo había pasado igual en todos lados, pero Elan necesitaba saber que tanto se había mantenido intacto como en su habitación y que tanto se había transformado como en la de su hermano. Además, no pasaría mucho tiempo antes de que el alimento se convirtiera en una preocupación; poco o nada iba a proporcionarle el invierno a un proscrito solitario, así que eventualmente tendría que tener un contacto humano... o robar, algo que nunca había visto o escuchado como no fuera en el mundo exterior. Ésta última reflexión dibujó en su rostro una sonrisa invisible.

-Me pregunto si me condenarían y ejecutarían tres veces: por indigno, por desertor y por ladrón.

Casi lamentó que no hubiera nadie con quien compartir la burla. Ahí volvió a extrañar a Luna, de quien no quería pensar demasiado por no contestar a la obligada pregunta de si habría podido sobrevivir completamente sola en el bosque. Prefería imaginar que había encontrado un mejor árbol que él y quizá hasta otro tipo de compañía, apelando a su anormal y enigmática conducta.
Entre tales y otros pensamientos anduvo hasta la última hora del día. No tenía ni pizca de sueño, pero como esa noche no parecía estar hecha más que para dormir, regresó a su escondite. En lo alto, el viento amenazaba con arrancar la exigua protección brindada por la sábana que había amarrado a modo de techo. Tras asegurarla lo mejor que pudo, intentó hacer algo lo más parecido posible a acostarse.

Para él, era usual despertar sin darse cuenta. Pero ésta vez no fue así; como amaneció con menos sol que en días pasados, pudo sentir el frío recorriendo su brazo hasta despertarlo. Inmediatamente se cubrió y giró, pero la clepsidra -un antiquísimo reloj de agua- en el buró eventualmente lo convenció de que estaba bien despierto. Abrió los ojos sin mucha dificultad, pues la enorme cortina negra tapaba toda la ventana y de cualquier forma, no había nada que tapar. Fijó la vista en el techo y durante un par de minutos, enfocó toda su concentración en el sonido del líquido hasta que se inclinó para comprobar la hora y se sorprendió de haber dormido tan profundamente, si bien era normal que en una mañana fría siempre pareciera más temprano de lo que en realidad era. Al fin se levantó y mientras se desperezaba con los estiramientos de rutina, le vino vagamente la primera sensación de 'déjà vu'

No hizo demasiado caso, pues poco a poco comenzó a repasar su itinerario. Tras el desayuno, tocaba ir a la Academia junto con Lady Quis -la líder de los arqueros- a dar una plática para los jóvenes que ella misma le había pedido, a recomendación de su hermana menor. Eso estaba prácticamente resuelto porque ya sabía lo que iba a decir. Luego a los cuarteles, donde tenía práctica libre y luego conocería a su compañero para el 'sparring match' del día siguiente. Después de comer, seguía ir a la Galería a una práctica bajo supervisión en la que a bien seguro asistiría su hermana, así que regresarían juntos a casa antes de que anocheciera. Ejercicio y pensamientos terminaron con satisfacción; le gustaba tener el día planeado y así era como transcurrían la gran mayoría de los mismos, tanto que mientras buscaba con qué vestirse trató de recordar cuándo fue la última vez que no sucedió así, pero no encontró algún recuerdo en especial.

Abrió su guardarropa, buscando su capa favorita. La extendió al encontrarla y en ese instante, otra cayó al suelo, llamando su atención. Parecía tan vieja y descuidada que nadie hubiera creído que tan sólo se había usado una vez. La levantó y se puso a examinarla, no sin cierta aprehensión. Era una prenda bien fabricada, con revestimientos interiores de lino para hacerla más suave al contacto, lo cual habría sido más evidente de no ser por todo el polvo que tenía. Como la primera vez que se la entregaron, no fue de su agrado particular y tuvo el impulso de arrojarla. Apenas había levantado el brazo, cuando le vino la sutil sensación de un déjà vu. La observó con más detenimiento y entonces encontró, sin saberlo, el recuerdo que había estado buscando...

-Ah, joven Spalar.

-Buen día, Omrel.

-Que agradable verlo tan temprano, ¿puedo interesarlo en algo? Ésta fina fruta es de lo mejor que me ha llegado éste año.

-Eso veo. Me quedo con una.

-Por favor.

-En realidad vengo a dejarte esto - dijo entregándole el costal que llevaba al hombro - Es lo que no vamos a necesitar. Asegúrate de que se emplee bien.

-Vaya. ¡Vaya, joven Spalar! Pero si esto es lo más que nadie ha traído hasta ahora, ¿y dice que es sobrante? Ciertamente les está yendo muy bien.

-Sí, podríamos decir que así es. Bueno, Omrel, hasta luego.

-Pero joven, aún no me ha dicho qué se llevará a cambio.

-Nada. Es una donación.

-Ah, pero - le dijo haciéndole más señas para que se detuviese - nunca me ha gustado que la gente se vaya con las manos vacías, aún cuando hagan donaciones tan magníficas como la suya, joven Spalar. Dígnese esperar un momento, creo que por aquí tengo algo...

El hombre dio media vuelta y se puso a buscar en unas cajas detrás de la cortina. Tres segundos después, volvió exhibiendo una capa de tono grisáceo.

-Mire aquí. Magnífico corte, ¿no lo cree? - preguntó mientras la volteaba al revés - Y con finos detalles interiores.

-Lino - comentó tras palparla - ¿Tu trabajo?

-De mi esposa. Tiene ésta idea en mente y me pidió que la probara para saber si fabricará unas cuantas más. Supongo que para el otoño. Aún falta bastante para eso, sin embargo y además soy un hombre muy burdo a comparación de usted; sé que tiene un gran conocimiento en cuanto a prendas.

-Es mi madre quien las trabaja, quizá ella podría dar mejor veredicto. No me malentiendas, la acepto y con gusto te daré mi opinión después.

-El gusto es mío, joven Spalar.

Poco después, en el camino, ya había dejado de examinarla. Catalogarla como un 'magnífico trabajo' seguramente era una de las involuntarias aunque frecuentes exageraciones del viejo Omrel. No había tenido intención de intercambiar y ello reducía aún más el nimio interés que había sentido por la capa desde un principio. Mas pronto lo alcanzó alguien que parecía sí estarlo.

-No tenía idea que hiciera tanto frío en verano como para traer algo tan grande.

-¿Y desde cuando las prendas de los demás son asunto tuyo, Visoal?

-No tiene que ser mi asunto para hacer una simple pregunta. Pero supongo que tienes razón; después de todo, si quieres llevar media sábana bajo el brazo, es cosa tuya. - respondió con una sonrisa burlona.

-Ahora que lo mencionas, debe hacer bastante frío para que estés temblando de esa manera. ¿Te gustaría que te prestara mi sábana? - replicó en un tono de sorna bastante malicioso que hizo desaparecer la sonrisa de Elan en el acto.

-¿No se nota demasiado o sí? - preguntó mirándose las manos.

-Sólo para los que estamos acostumbrados a verte morder el polvo en cada combate - contestó con el mismo tono de antes - lo cual significa todo mundo en los cuarteles.

Elan sólo hizo un ruido. Reibem Spalar quedó satisfecho con su mordacidad y continuó en un plan un poco más serio:

-Hoy tienes prueba, entonces.

-Siempre es así cuando tengo. - dijo sin dejar de mirarse las manos - Simplemente no puedo calmarme.

-Pero la última vez pasaste. De lo contrario, no podrías hacer la de hoy.

-Pasé. Pero no gané.

Reibem pensó en hacer otra broma, pero no se le ocurrió ninguna. No volvieron a cruzar palabra hasta llegar a los cuarteles.

-¿A la arena?

-Mh - asintió - La de abajo.

-La prueba no es pública, entonces. No veo de qué te asustas tanto, seguramente sólo estarán tú, tu compañero de combate y Lord Bernd. Lo que me recuerda que tengo que ir a que me asignen pareja.

-¿Tú también?

-Mañana. Eso me da un día para practicar unos nuevos movimientos que he estado ideando. Nos vemos.

-Mh.

-(Y suerte. Siempre necesitas más de la que se te puede desear...)

-Reibem...

-¿Eh?

-¡REIBEM!

¡Ah! ¿Qué...?

-¿Acaso crees que el desayuno se va a mantener caliente hasta que tú quieras? - preguntó la voz detrás de la puerta de acordeón.

-No, ¡ya voy!... (Demonios... ¿de dónde vino todo eso?)

De inmediato arrojó la capa, que pasó de la cama y terminó en el suelo. Se vistió lo más rápido que pudo y todavía alcanzó su desayuno en buen estado. Al terminar, Reibem se sintió tan complacido que, olvidando por completo lo que le había ocurrido, pensó que sería un crimen el que nadie pudiera disfrutar un desayuno así en una mañana como esa.

De hecho, eso era tan cierto, que no sólo él pensaba tal cosa.

-Oh, vamos. ¿Es todo? - murmuró sosteniendo un raquítico pescado entre dos dedos - Las ramas que uso de mondadientes me llenan más que esto.

Elan puso su 'desayuno' al fuego y sentándose, miró alrededor

-(Aunque no es un mal lugar. Lejos del camino, con buenos árboles y sobre todo agua. Y ésta formación - pensó mirando la depresión que formaba la roca bajo la que estaba sentado - es muy propicia para poner una tienda. Claro, si tuviera algo más que ésta sábana)

Elan reflexionó sobre sus necesidades, especialmente la comida; podía cazar aquello que se aventurara cerca de él, pues si bien los miembros del clan habían aprendido a convivir con los animales del bosque, éstos aún preferían los lugares menos habitados. Pero necesitaba algo más que carne, por lo que tendría que recurrir al mercado del clan y el particular comercio que se practicaba ahí. El problema era que le faltaban recursos para tal actividad. Su primera opción fue el pescado, pero como el resultado para el desayuno había sido bastante decepcionante, tendría que empezar a buscar otra cosa o rezar para que una eventual caza fuera realmente grande.

En cuanto al abrigo, por el momento no era tan apremiante. Sólo necesitaba una prenda o trozo de tela lo suficientemente apto para levantar la tienda que tenía en mente. Si tenía éxito en su primera visita al mercado, seguramente las subsecuentes le procurarían una solución para tales y otros menesteres. Y con respecto a la visita en sí, la haría cuando más gente hubiese en el lugar; pasando como uno más de los soldados del cuartel a la hora de descanso, podría pasearse cuanto quisiera al menos por ese lapso. No permanecería en el mismo lugar durante mucho tiempo y mientras actuara con la misma naturalidad que lo hizo en el Muro, seguramente todo saldría bien.

-Bien. Tengo que encontrar algo pronto. - se dijo, levantándose para caminar.

Reibem Spalar también se levantaba de su mesa en ese momento. Tras atender los últimos detalles de higiene, salió rumbo a su bien planeado día. Apenas había dado dos pasos cuando volvió a escuchar la voz que lo había sacado del letárgico recuerdo que tuvo en su habitación:

-¡Espera! Me voy contigo.

-¿Uh? ¿Tienes algo qué hacer en la Academia?

-No, pero tú tampoco. No hoy, al menos.

Reibem frunció el ceño, visiblemente extrañado.

-¿De qué hablas? Lady Quis...

-... me dijo que la plática que iban a dar tendrá que ser otro día. - lo interrumpió.

Reibem se detuvo en el acto, con expresión incrédula y la mirada fija sobre su hermana. Ella siguió caminando tan tranquilamente como si hubiese hecho un comentario cualquiera, pero se detuvo al poco rato al notar el alto de Reibem.

-Es en serio - afirmó, adivinando que Reibem había pensado que se trataba de una broma - Me pidió por favor que aceptaras sus disculpas.

-Sí, sí, ya sé. Pero, ¿alguna idea de por qué?

-Lo siento, hermanito, no soy la dama de compañía de Milady.

-No, Leada, pero eres una de sus mejores alumnas. - insistió Reibem con seriedad. Ella no pudo evitar sonreír ante lo que consideró una mezcla de halago y chantaje.

-En serio, no sé. - Leada estaba siendo completamente sincera, pero al notar la inquietud de su hermano, trató de adivinar - Tal vez le surgió algo urgente. No tiene demasiada importancia, ¿o sí? - agregó después de una pausa - No sabía que tuvieras tantas ganas de dar esa plática.

-No es eso. Es sólo que... bueno, ya estaba preparado. ¡Y pudiste haberme avisado antes!

-Estás exagerando un poco, hermanito. - le replicó con cierta desfachatez - Acaba de comenzar el día, no creo que pierdas tu valioso tiempo. Es más, acabas de enterarte que tienes un par de horas libres para hacer con ellas lo que quieras.

Reibem vio la verdad en las palabras de su hermana y se tranquilizó un poco. No le tomó demasiado tiempo antes de decidir qué hacer.

-Tienes razón. - suspiró - ¿Vas a la Galería, entonces?

-Mh-hm - asintió con la cabeza - Práctica libre. Y luego un largo, largo día de aburrimiento hasta la práctica supervisada de en la tarde. ¿Vas a ir a esa también, no?

-Sí. Pero como no tengo nada que hacer hasta mi práctica en los cuarteles, te acompañaré.

-Por mí está bien - respondió encogiendo los hombros.

No platicaron nada más relevante en el transcurso del camino. Anduvieron con relativa rapidez quizá para comenzar a calentar el cuerpo. La bruma que Reibem imaginó percibir al despertarse, se les presentaba verdadera, como una capa de gris sobre el verde de los árboles y el sutil tono amarillento del suelo; aunque delgada, aún era suficiente para que algunas antorchas permanecieran encendidas aquí y allá, lo cual aunado a la escasez de luz solar, ofrecía una escena matutina muy peculiar, incluso para Forestland. Pero para los hermanos Spalar, todo ello era demasiado común y no había en ellos asomo alguno de apreciación o admiración. Si acaso un repentino viento les hizo pensar que caminar a solas hubiese sido una decisión lamentable, cosa que comprobaron en el creciente número de personas que andaban juntas o en grupo de camino a sus actividades diarias.

Eventualmente llegaron a la Galería de Tiro con Arco. Más que un edificio, casi todo el lugar estaba al aire libre, rodeado por una gran valla de árboles que habían sido dispuestos para tal propósito. El portal de la entrada principal estaba adornado con magníficas esculturas representando un par de arcos unidos por el centro con sus flechas listas, lo que le sentaba muy bien a la estructura. También contaba con uno de los contados caminos de piedra en todo Forestland; perfecto en su tallado y disposición, estaba adornado por matas de flores diferentes según la época del año y conducía a la cámara medular del recinto en cuyo centro había una espectacular estatua de un fénix en ascensión, inmaculada al punto que de no ser por la inscripción en la placa de la base, nadie hubiera negado que tenía días y no siglos de haber sido esculpida. Una escalera doble, a ambos extremos de la cámara, llevaba a los pocos cuartos cerrados del recinto, la mayoría de los mismos aulas donde se enseñaba la escasa teoría que pudiese hacer falta; los campos de práctica estaban todos al aire libre, siempre rodeando a la cámara principal. A estos se llegaba por accesos también empedrados y adornados, en cuyos hileras de robles a menudo se colgaban trozos de pergamino con anuncios que Reibem y Leada no se molestaron en leer al pasar.

El campo estaba prácticamente desierto. Leada no llevaba más que su propio arco, el cual desenvolvió y comenzó a montar con tal cuidado que se convertía en todo un ritual cada vez que lo hacía, algo que a Reibem siempre le parecía una pérdida de tiempo. Tal vez adivinando esto por la mirada que sentía en su espalda, Leada preguntó:

-¿Trajiste a 'Lixa' o vas a usar uno de aquí?

-Lo traje - respondió desenvolviendo un brillante arco decurvo - siempre listo a diferencia de tu 'Ivesybur'

Leada rió entre dientes.

-No espero que lo entiendas. Ustedes los espadachines están tan acostumbrados a desenvainar y ya. Es de esperar que trates a un arco de la misma manera.

-En el campo de batalla, siempre tienes que estar listo...

-Por favor - respingó - Eso suena exactamente como te dicen los instructores.

Pero Reibem no respondió. Acababa de darse cuenta que había repetido palabra por palabra y hasta en el mismo tono, las palabras que le dijo a su compañero de entrenamiento aquel día. ¿Por qué otro recuerdo de 'aquel día'?. El muchacho quedó como aturdido y su hermana no notó nada extraño hasta que estuvo lista para lanzar el primer tiro.

-¿Qué?

-Nada. - mintió - Es decir, no es como si tú nunca hubieras recitado al pie de la letra las palabras de un instructor. Incluso lo has admitido.

-¿Y? Te lo repiten tanto que lo aprendes aunque no quieras.

-Me refería a una ocasión en específico. Tú sabes, no me digas que no recuerdas a quien le dijiste que...

No continuó. Leada lo miraba como si fuera un completo extraño hablándole en lengua extranjera, casi impaciente por realizar el primer disparo del día. Reibem evidentemente quería hacerla recordar lo que él, pero el admitir esto dentro de sí le pareció no sólo absurdo, sino injusto. Su día no había iniciado precisamente bien pero de eso no tenía la culpa su hermana, por lo que simplemente hizo un ademán con la mano y alistó el arco.

-Olvídalo. ¿Qué apostamos al mejor tiro?

-Ay, hermanito, ¿qué quieres perder? si así como te estás portando vas a tirar, terminarás llevándome el desayuno hasta la cama.

Los minutos pasaron cual si viajaran en las flechas de ambos hermanos, quienes terminaron por olvidar su apuesta. Leada en lo particular solía sumergirse en su propio mundo desde la primera tensión del arco hasta que la última flecha disponible se incrustaba en el blanco. Reibem simplemente se relajó; el tiro con arco le gustaba y se lo tomaba con la seriedad necesaria, mas nunca con la pasión con lo que lo hacía su hermana. Se despidieron al llegar la hora; ella partió hacia las aulas y él abandonó rumbo a los Cuarteles. Había bastante gente en el camino, la mayoría abrigados pues el frío no había cedido en el transcurso de la mañana aunque faltaba poco para el medio día. Reibem observó que varias personas se dirigían al mercado, lo cual le hizo pensar en el sobrante de los bienes familiares que había dejado el día anterior en el puesto acostumbrado. Sintió una fugaz curiosidad de ver cuantos se beneficiaban de ello, pero no podía llegar tarde a la asignación de su combate. "Ojalá les aproveche" - pensó, imaginando que la primera persona ya debía ir en camino. Lo que jamás habría podido sospechar era de quien se trataba.

-¡Vaya! - comentó el viejo comerciante - ¿Podrá ser...?

Extendió con cuidado el manto que sostenía, tratando de que la escasa luz que se filtraba entre las lonas de su puesto lo iluminase mejor. Después lo puso en el suelo para poder examinar detenidamente el contenido con sus propias manos.

El Mercado de Left Wing, tan extenso como variado, era considerado el tercer punto de reunión más importante del clan, tan sólo superado por la Explanada del Viento y la Gran Arena, ambas dentro de los dominios del Palacio de la Voz del Fénix. No existía moneda alguna en Forestland, por lo cual las actividades comerciales eran bastante simples: donar, compartir o intercambiar. Ésta última había probado por mucho ser la más llamativa, en particular si los objetos del trueque eran notablemente raros, hermosos o abundantes. Con justa razón se hallaba emocionado Omrel -pues él era el comerciante en cuestión- ya que lo que acababan de entregarle reunía a la perfección esas tres características.

-Le confieso, joven amigo, que me cuesta creerlo. - dijo haciendo espacio en su mostrador para colocar el manto - Pero sin duda éstas son "Rosas de Invierno". Tienen que ser.

-Y yo le confieso que no tengo idea de a qué se refiere. - le respondió Elan rascándose la cabeza por debajo de la capucha - Sólo espero que valgan algo.

-¡Ho! - se rió Omrel - ¿Algo, dice? ¡Cuan bien ignora su rareza! No, no lo culpo. Yo mismo no he visto una de tal belleza en bastante tiempo. Se requieren condiciones muy especiales para que florezcan así, ¿sabe? Hallar tal cantidad es casi un milagro.

-Fue más obra de la casualidad que nada, sinceramente. - replicó recordando como las había encontrado en el rincón más oscuro y húmedo de su pequeña cueva, al recostarse tras haber regresado de una infructuosa búsqueda en los alrededores - Entonces, valen...

-Bastante. - le interrumpió - No son precisamente útiles, pero ya verá lo codiciadas que pueden ser. Y bien, ¿con qué puedo interesarle a cambio de tan increíble hallazgo?

-Comida. - respondió Elan sin pensárselo dos veces - Vegetales, frutas, algo de cereal, si es posible. Mi familia no se dedica a la siembra y nos gustaría tener más variedad para el invierno.

-Seguro, joven, seguro. Tengo algo que sin duda le complacerá.

Omrel se dirigió a la parte trasera de su puesto, parcialmente velada por una cortina. Detrás de una pila de cajas, sacó un gran costal de lona y se lo entregó a Elan, quien lo puso a sus pies para abrirlo. Estaba lleno de todo lo que había pedido y tal vez un poco más. Omrel pudo adivinar una sonrisa de satisfacción por detrás del cubre bocas que Elan llevaba puesto.

-Perfecto. Con esto será suficiente. Tal vez de más. - agregó entre dientes, como queriendo ignorar a su conciencia.

-Oh, no, no se preocupe por eso. Ese es el sobrante de la familia Spalar. El joven Reibem me lo trajo apenas ayer y seguramente traerá otro poco en los próximos días. Es bastante generoso, ¿sabe?

Elan había dejado la mirada fija en Omrel cuando escuchó el nombre de Reibem y apenas escuchó lo demás. Atinó a responder en el tono más casual que pudo fingir:

-¿Reibem... Spalar?

-¿Lo conoce? No me extrañaría, el joven Reibem es muy distinguido.

-Lo sé. Uno de los favoritos del Capitán Obelir, según recuerdo haber escuchado.

-¡Y a buena fe! Magnífico espadachín. Y también practica arquería, como la Señorita Leada, su...

-Hermana. - interrumpió Elan al tiempo de echarse el costal al hombro - Sí, sé quiénes son los Spalar. En fin, ha sido un buen intercambio. Regresaré si encuentro algo tan valioso como esas rosas.

-¡Indudablemente, joven! Después de lo que me ha traído, me dará mucho gusto darle la bienvenida en mi humilde puesto. Por cierto - agregó inclinándose sobre el mostrador - No recuerdo haberlo visto muchas veces por aquí.

-Claro. - le respondió mirándolo a los ojos sin inmutarse siquiera - Es mi madre quien habitualmente viene al mercado, pero últimamente ha estado ocupada ayudándome a cazar.

-¡Ah, ya veo! Prefieren la emoción de la caza a la tranquilidad del huerto, ¿eh? Muy bien, muy bien. Todos necesitamos de lo que alguien más nos puede ofrecer.

-No podría estar más de acuerdo. - replicó tratando de ocultar el sarcasmo - Hasta pronto.

Elan ya se había sacado una preocupación de la mente, así que no se permitió admitir una nueva pensando en Reibem y Leada Spalar. Por el contrario, mientras caminaba de regreso a su escondite con sus provisiones al hombro, se sintió contento y satisfecho como no se había sentido en mucho tiempo, menos aún en Forestland. Y de repente cayó en cuenta que a pesar de que había regresado hacía días, parecía no haber tenido conciencia plena y absoluta de donde se encontraba hasta ese momento en particular. Sólo a plena luz del día, Elan podía de nuevo admirar su tierra natal como si hubieran sido años y no meses los dieciséis que pasó fuera, o como si Forestland se hubiese abierto al mundo y él no fuese sino un extranjero visitando un lugar totalmente nuevo justo como sucedió en varias ocasiones durante ese tiempo.

Respiró profundamente y de inmediato el corazón le brincó de alegría. Sólo en Forestland el aire era tan inmensamente puro que tras repetir el proceso un par de veces tuvo que preguntarse a sí mismo como había podido sobrevivir allá afuera. Cada uno de los aromas era tan nítido y singular que a pesar del viento premonitorio de invierno, no era descabellado identificarlos con tan sólo concentrarse. Lo mismo con los diversos sonidos y murmullos del ambiente que se reducían en diversidad a medida que se alejaba del Mercado. La luz del sol se filtraba en cada rincón que dejaban libre las copas de los árboles, produciendo un auténtico concierto de formas y sombras en la alfombra otoñal, la cual emitía un particular e inconfundible concierto de ramas y hojarasca al andar por sus bien definidos caminos que al caer la noche serían iluminados por las antorchas a sus costados. Las diferentes viviendas y construcciones repartidas aquí y allá, en perfecta comunión dentro, arriba o a corta distancia de los propios árboles, coronaban un paisaje que distaba mucho de parecer un bosque cualquiera, pero sin dejar de ser absoluta e indudablemente natural.

Decidido a disfrutar todo eso como un efímero momento de paz, Elan caminó lo más lentamente que pudo de vuelta a su oculta morada. Hacerlo así de alguna manera le hacía sentir que se quitaba un peso de los hombros. Incluso el costal de comida se había vuelto más ligero de lo que parecía. Al pensar en esto, Elan recordó invariablemente a los hermanos Spalar. Educado desde siempre para determinar la hora del día mirando al cielo -como todos en el Clan- dedujo que Reibem debería estar en los cuarteles, un lugar que tendría que visitar tarde o temprano. Pero no era el momento y además se encontraban en la dirección contraria. La idea de "agradecerle" por los víveres tendría que esperar - (Aunque, quizá...) - pensó de repente...

Mientras tanto, el susodicho efectivamente acababa de entrar a los cuarteles. La hora de descanso no terminaba aún, así que reinaba una relativa tranquilidad. Reibem ya se dirigía al lugar donde tendría que su solitaria práctica cuando a poca distancia reparó en un guerrero inconfundible. Sin importar cuantas veces le viera, la figura del Capitán Visoal siempre le resultaba imponente, casi venerable. Obelir por su parte, ya había visto al muchacho y se dirigía hacia él. Reibem hizo el correspondiente saludo con el puño al corazón.

-Mi Capitán.

-Reibem. - le contestó inclinando la cabeza. Obelir trataba a muy pocos con tal cortesía. Si bien nunca lo había admitido en voz alta, lo que Elan había dicho en el mercado era cierto; Reibem Spalar era uno de sus soldados preferidos - ¿No tomaste el descanso?

-No precisamente, Capitán. De hecho, acabo de llegar de una práctica... inesperada en la Galería.

-¿Inesperada?

Reibem asintió.

-Lady Quis me pidió dar una plática sobre arquería en la Academia ésta mañana, pero de última hora ella misma la canceló.

-Es cierto. - recordó entonces Obelir - Los Señores de Clase sostendrán reuniones ésta semana. Lord Bernd acaba de informarme que él también tendrá que cancelar varias actividades.

Reibem tuvo el impulso de preguntar por qué, pero se contuvo pues le pareció bastante descortés cuestionar al Capitán. Lo que no pudo evitar preguntar fue:

-¿Entonces las luchas de entrenamiento...?

-Sí, me temo que tendrán que... Oh, ¿tenías sparring? - preguntó al notar el cambio de expresión de Reibem.

-Mañana... - musitó.

-Ya veo. Tal vez Lord Bernd...

-Mañana...

-¡Ya no será así, muchacho! Tu pareja se lastimó en práctica libre ésta mañana. No importa. Lucharás hoy, ahora mismo, de hecho. Sígueme.

-U-un segundo... ¿Quiere decir ya? Es decir, yo...

-¿No venías preparado? Spalar, estás aquí porque un día tendrás que salir a pelear. Recuerda esto si quieres salir con vida una vez que te encuentres ahí: ¡En el campo de batalla, siempre tienes que estar listo! ¿Entendiste?

-¡Sí, Lord Bernd!

-Todos ustedes niños necesitan que les repitan eso mil veces, y puedes jurar que no me cansaré de hacerlo, hasta que verdaderamente lo entiendan. ¡Ahora muévete, que no tenemos todo el día!

Instructor y estudiante salieron del aula rumbo a una de las dos arenas del recinto. Reibem conocía su nivel a la perfección y por ello supuso que irían a la superior, destinada a combates más avanzados, pero Lord Bernd abrió la enorme puerta de madera tallada que conducía a la inferior y bajaron la escalinata. El líder de los espadachines le hizo una seña a Reibem para que bajara al adornado rectángulo que delimitaba el área de combate. En vez de bajar por los pasillos y entrar mediante los túneles dispuestos para ello, dio un vistoso salto desde la primera de cinco líneas de asientos que la rodeaban y comenzó la correspondiente calistenia. Instantes después, su oponente hizo acto de aparición por el túnel opuesto. Reibem no pudo ocultar su sorpresa cuando la luz del sol iluminó su cara.

-¿Tú...?

...

-...quí viene. ¡Lord Bernd!

El Capitán Obelir acababa de regresarlo de sus propios recuerdos justo como había hecho Leada esa mañana. Su última memoria le resultó poco agradable, pero como Lord Bernd ya estaba prácticamente frente a él, trató de poner la expresión más casual posible.

-Capitán - dijo con tal aspereza que a quien no lo conociera, le hubiese parecido algo extremadamente descortés para con la máxima figura militar del Clan - ¿En qué puedo ayudarle?

-Lord Bernd, me preguntaba si con respecto a lo que me comentó hace unos momentos, será necesario cancelar las peleas de entrenamiento de ésta semana.

Lord Bernd nunca dejaba de ser directo. Sin reparo alguno contestó:

-Así es, Capitán. No puedo supervisar ninguna de ellas, así que hasta que no pueda reorganizar las fechas, serán horas enteras de práctica libre.

Ciertamente esto no ayudó al humor de Reibem. El Capitán dijo entonces:

-Comprendo. Bien, Reibem, entonces supongo que no tendrás inconveniente alguno en acompañarme a la Lancería mañana, ¿cierto?

Reibem no pudo evitar un breve momento de incredulidad evidenciado por su boca abierta, cual si las palabras hubiesen muerto ahí mismo, aunque inmediatamente fueron revividas:

-¡Mi Capitán, será un honor acompañarlo! - respondió fervientemente llevándose de nuevo el puño al corazón de una manera tal que habría sido para detener la súbita aceleración de sus latidos más que como saludo a Obelir. Éste se mostró complacido.

-Perfecto. ¿A qué hora estarás libre?

-¡A partir de la cuarta, Señor!

-Sea. Nos veremos aquí mismo a la cuarta hora. Hasta entonces, Reibem.

Reibem volvió a hacer una sutil reverencia para sus dos superiores, quienes partieron en el acto, al parecer retomando el tema de las reuniones. Pero a Reibem esto fue lo que menos le interesó en ese instante. Lo que más le daba gusto, aparte de la invitación directa y personal del Capitán Obelir, era el hecho de que ese era un plan a prueba de cualquier inconveniente. Esbozando por fin una sonrisa, Reibem se dirigió a uno de los campos de práctica.

Mas que practicar, sin embargo, el joven espadachín blandía su arma de aquí para allá con movimientos bastante relajados, concentrándose más en ordenar su mente. De todos los hechos inesperados del día, los más incómodos -y por eso precisamente, en los que más pensaba- eran los recurrentes recuerdos sobre el llamado "indigno". Cierto que la agradable sorpresa a cuenta del Capitán le había mejorado el humor, pero por el momento, pensar en éste era automáticamente recordar a aquel. Por primera vez Reibem reflexionó como la habría pasado el Capitán con todo el asunto de su hermano. No recordaba haberlo visto diferente ni un sólo día, como si la condenación de Elan hubiese sido una noticia cualquiera. Era impensable pensar que no había sido afectado. Pero también era fácil concluir, como lo habían hecho todos, que cual digno portador de su título, el Capitán Obelir se había sobrepuesto a tal pérdida con la misma entereza de espíritu con la que se sobrepuso a la de sus padres.

-Claro. - se dijo - No es la persona más importante del Clan por nada. El Capitán debe ser inquebrantable... pero... - Reibem dejó de moverse y miró su reflejo en la brillante hoja de su espada - tu propio hermano... si Leada... No.

Reibem cerró los ojos pues no se atrevió a continuar tal pensamiento. En vez de eso, pensó en que ella le reprocharía tal falta de concentración en una práctica, justo como lo había hecho horas antes. Así que en su lugar, Reibem se reprochó a sí mismo y resolvió practicar en serio.

Pero por más convicción y empeño que puso al hacerlo, el malestar no lo abandonó. Cada estela brillante que dejaban los movimientos de su finísima espada, fabricada según su padre por el armero más talentoso del Clan, llevaba consigo las imágenes y sonidos de los que sospechaba ya no podría deshacerse en el resto del día. A diferencia de en la mañana, ésta práctica le resultó bastante larga e incluso cansada. Pudo haber terminado antes para comer algo y dirigirse de nuevo a la Galería pero estaba seguro de que Lady Quis tampoco iba a estar presente. Tanto así que la voz de Leada a sus espaldas apenas lo sorprendió.

-Parece haber sido una práctica intensa, joven Reibem.

-Algo así. - respondió enfundando la espada - Lady Quis canceló la práctica, ¿cierto?

-Siempre tan perspicaz, hermanito. - le contestó divertida.

-Todas las actividades supervisadas, canceladas. Y así, tan de repente.

-Vaya desgracia. Tanto tiempo libre, así tan de repente.

Leada volvió a sonreír, pero notó que Reibem no. Éste se dio cuenta y le dirigió una sonrisa que no engañó a ninguno de los dos. Tratando de cambiar la atmósfera lo más rápido posible, preguntó:

-¿Quieres comer algo? Dame un minuto, iré a lavarme.

-Seguro, te espero afuera.

Una vez hecho aquello, Reibem se reunió con su hermana y se dirigieron a un espacioso claro rodeado de robles, cuya perfecta alineación lo hacía muy popular entre los soldados para la hora de comer, lo que los hermanos hicieron en un silencio que para él comenzó a hacerse bastante incómodo. Tal vez le debía a Leada una explicación por su comportamiento aunque ella no se la pidiera o incluso, no se le notara en lo absoluto afectada por el mismo. Fue ella misma, sin embargo, quien se encargó de tocar el tema una vez hubo finalizado su último bocado:

-¿Y bien? ¿Ya vas a decirme por qué hasta el clima está más radiante que tú?

-He tenido un día muy... inusual, es todo.

Leada arqueó las cejas. No estaba satisfecha con eso y Reibem lo sabía, pero no encontraba la manera de comenzar a explicar. Leada insistió:

-Sigues exagerando, para mi gusto. No puedes esperar que todos los días te salgan tal y como los planeas - le dijo consciente de la pequeña obsesión de su hermano - eso sería demasiado aburrido e insípido incluso para ti.

Reibem le concedió la razón con una mueca.

-¿Es por eso, no? Desde que te avisé que Lady Quis había cancelado tu plática, no has dejado de fruncir el ceño. Lo mismo con lo de las demás actividades. ¿Realmente te enfurece tanto?

-En realidad no. - respondió tras una breve pausa - De hecho resultó mejor que mi sparring se cancelara.

-¡Ahí lo tienes! - exclamó triunfante - ¿Qué te pasa, entonces?

Reibem exhaló profundamente.

-Mejor te cuento en casa.

-Muy bien. - dijo ella, poniéndose en marcha de inmediato. Parecía decidida a no hablar de ninguna otra cosa, así que fue otra caminata silenciosa... y bastante rápida. En menos de lo esperado, ya habían llegado. Leada ni siquiera pasó a su habitación a dejar sus cosas, sino que entró directo a la de Reibem, acercó un banco hasta la ventana y se sentó como indicando que no se movería ni diría palabra hasta que su hermano le explicara todo. Este entró y se paró junto a la ventana de espaldas a ella, tomándose su tiempo hasta finalmente decir:

-Elan.

-¿Cómo? - preguntó, de nuevo con aquella expresión de estar escuchando un otro lenguaje.

-Elan, Elan Visoal. - respondió girando para mirarla de frente - El hermano del Capitán Obelir, al que condenaron hace más de un año.

-Ah. ¿Qué con eso? - añadió luego, al ver que Reibem no decía más. Éste había esperado cualquier cosa excepto el evidente desinterés con que Leada le había respondido, así que le costó un poco hacer fluir la conversación otra vez.

-Bueno... he estado recordando lo que pasó ese día. También se canceló mi práctica... o mejor dicho, se adelantó. Mi pareja asignada se había lastimado y tuve que pelear con...

...

-¿...Elan?

-¿Reibem? - murmuró para después voltear a ver a Lord Bernd como buscando una explicación. El instructor ni siquiera le devolvió el gesto mientras se dirigía a su balcón.

-¡Éste combate se hará con armas de práctica! - anunció mientras les arrojaba dos macizas espadas de madera finamente talladas - ¡No habrá límite de tiempo o de golpes! ¡Lucharán hasta que alguno de los dos no sea capaz de continuar! ¿Comprendido? ¡COMIENCEN! - ordenó, sin esperar respuesta. Ambos jóvenes levantaron las armas y emprendieron la acostumbrada caminata en círculo el uno frente al otro.

-Magnífico. Un combate sin límite contra uno de los mejores de todo el cuartel. Vaya prueba.

-Yo tampoco esperaba pelear hoy y mucho menos contigo. Pero no tenemos elección y lo sabes.

-De cualquier forma... no estaba preparado para esto...

-En el campo de batalla... ¡siempre tienes que estar listo!

Elan apenas tuvo tiempo de levantar el arma y defenderse. Reibem no esperó. Atacó de nuevo y lanzó tres golpes de los cuales Elan pudo esquivar sólo el primero ya que los siguientes dos lo obligaron a retroceder. El quinto movimiento de su oponente lo obligó a bajar una rodilla a la arena. Reibem saltó para hundirlo aún más pero Elan logró rodar hacia un costado para contraatacar, aunque sin éxito ya que apenas aterrizado, Reibem giró pulcramente para defender. Elan intentó entonces pasar a la ofensiva pero la guardia de Reibem probó ser virtualmente impenetrable; su postura era perfecta y sus movimientos parecían estar siempre un paso adelante. Encima de eso, Reibem lo superaba en altura y constitución. No por nada hacía años que se encontraba en un nivel superior. De continuar así, Elan sabía que pensar en mantener la pelea más de cinco minutos era el colmo de la ingenuidad.

-Es obvio. - dijo apuntándole con la espada, tal vez pensando exactamente lo mismo - No sé por qué motivo Lord Bernd te está haciendo una prueba tan desigual, si es obvio que vas a perder.

-¿Y qué? - replicó con una mezcla de nerviosismo y desdén - ¿Me estás pidiendo la rendición?

-¡Te estoy dando una oportunidad! ¡Aún estás a tiempo de pedir un combate más de tu nivel!

-¡La última cosa que necesito de mi oponente es su compasión!

Reibem no se vio sorprendido por el súbito embate que siguió tales palabras. Había tratado de ser lo más sincero posible pues se sentía muy incómodo combatiendo con alguien que no iba a superarlo nunca. Siguió concentrado en el combate, pero empezó a conformarse con esquivar los golpes de Elan y esperar que cometiese un error importante para ponerle fin al asunto. No iba a ser así de fácil, sin embargo. A pesar de su innegable inferioridad, seguía siendo el hermano del Capitán Obelir y era la única persona en todo el clan que podía preciarse de haber recibido sesiones privadas de entrenamiento prácticamente todos los días y eso le había otorgado una gran determinación. Contra lo esperado -hasta por sí mismo- Elan mantuvo su ataque durante varios minutos, tomando sólo las pausas necesarias para recuperar su postura o su aliento.

-(Iba en serio, entonces. Realmente quieres hacer esto, ¿eh? No me culpes a mí después...)

Reibem cesó de evadir y en el momento adecuado, bloqueó el siguiente impacto -un violento mandoble dirigido hacia su hombro- y usó la inercia del mismo para recuperar la ofensiva. Elan fue tomado completamente por sorpresa y recibió un par de golpes en las costillas que dieron con él por tierra justo frente al balcón de Lord Bernd quien estuvo a punto de levantar un brazo para dar por terminado el combate pero Elan se levantó primero, aunque no necesariamente por la reacción de su instructor, sino porque antes que a éste, vio en la fila de arriba una figura que se había levantado: su hermano.

-(¡Necio!) - pensó cuando lo vio levantarse - (¿Qué es lo que necesitas para darte cuenta?)

Reibem sujetó su espada fuertemente, decidido a terminar con todo con el siguiente ataque. No había visto a Obelir en la parte superior de la arena y por lo tanto, ignoraba que lo que le mantenía a Elan en ese momento era la fuerza de su orgullo propio, más que otra cosa.

-¡Ríndete! - exclamó fuertemente.

-¡Cállate! - respondió con el mismo tono. Ambos quedaron mirándose y entonces el ambiente pareció calmarse, pero dentro de cada uno de los presentes, todo era lo opuesto. Lord Bernd no apartaba la vista de la liza mientras sacaba sus conclusiones del combate, Reibem estaba impacientándose por terminarlo, Obelir observaba con las manos en la cintura -un par de dedos golpeando sobre ella incesantemente- y Elan, todavía hincado, jadeaba y sudaba copiosamente. Cuando se puso en pie, Reibem de inmediato preparó su arma y se lanzó en un ataque directo con la intención de golpear antes de que Elan pudiese alistar su guardia. Éste, sin embargo, no intentó tal cosa. Demasiadas sensaciones se habían agolpado en su ser y no podía discernir entre ninguna, así simplemente las dejó salir.

-No... ¡No voy a perder!

Lo siguiente fue un destello y un sonido que desgarró el aire. Reibem se cubrió con la espada por instinto, antes de sentirse embestido por una especie de marejada que aunque no alcanzó a derribarlo, lo dejó bastante aturdido. Lord Bernd seguía en la misma postura, pero la cara se le había descompuesto en una mueca indescriptible. Obelir y Elan Visoal, los únicos plenamente conscientes de lo sucedido, habían quedado inmóviles. Aquel parecía una auténtica estatua, no sólo inmóvil sino completamente inexpresivo. El segundo seguía empuñando los restos de su espada, consumida hasta el mango por la aún visible aura azulada que rodeaba su cuerpo. No fue sino hasta que ésta se extinguió que Lord Bernd abandonó su postura y comenzó a bajar apresuradamente, antes de dirigirle una mirada al Capitán, quien ni se la devolvió ni abandonó su posición. Reibem se sacudió la cabeza para recuperarse y por un breve instante no supo qué hacer. Tuvo la intención de arrojar el arma, que a pesar del impacto seguía de una pieza pero la atronadora voz de Lord Bernd se lo impidió:

-¡¿Qué crees que haces, Spalar?! ¡Termina el combate, ahora!

Reibem no pudo obedecer de inmediato. Observó que Elan ya se había reincorporado apenas vio a Lord Bernd en la entrada del túnel y reparó en su mirada, que no había cambiado en absoluto, aún si su postura no era firme o aún si lo único que tenía para seguir peleando era un pedazo de madera chamuscada. Supo que le había ofendido antes y que lo haría de nuevo si no atacaba de inmediato, así que lo hizo. Elan bloqueó el golpe sosteniendo con las palmas en alto lo que quedaba de su espada y apenas al contacto, las dos armas se hicieron pedazos emanando un vapor azul oscuro. Éste se repuso de la sorpresa antes que Reibem y le conectó un fuerte puñetazo en el rostro. Spalar reaccionó al instante y se dispuso a contraatacar pero nuevamente Lord Bernd hizo resonar su voz por todo el recinto:

-¡ALTO!

La orden se cumplió en el acto. Lord Bernd continuó hablando mientras caminaba hacia ellos.

-Dije que el combate se haría con armas de práctica, nunca con las manos. Y está claro que sin armas, ninguno puede continuar.

-¿Un empate? - musitó.

-¡PERO! Tampoco autoricé el uso de ataques de proyección de aura, ¡Visoal!

Elan sabía lo que venía, así que no contestó. A su parecer, nunca le había agradado a Lord Bernd. El instructor era una persona que valoraba la fuerza y la obediencia sobre cualquier otra habilidad y en ambas Elan siempre había fallado. El muchacho apretó los puños mientras Lord Bernd daba vueltas en torno a él gritándole, cual ave de rapiña esperando a que su presa terminase de morir.

-¿Qué fue eso, Visoal?

-...

-No, no contestes, yo te lo diré: ¡Es evidente que fue un recurso desesperado y sobre todo inútil!

-¡¿Inút...?! - intentó replicar, pero no se atrevió a continuar.

-¡Inútil! No sólo has destruido tu arma usándolo, sino que además quedaste exhausto. ¡Si tu destreza con la espada no es suficiente para derrotar a tu oponente, no intentes hacer uso de recursos que claramente aún no dominas!

-¡He estado practi...!

-¡Toda tu vida has estado practicando y aún no puedes vencer en un combate, ni siquiera de práctica! ¡No quiero imaginar la desgracia que sería en uno real!

-¡El arma de Reibem se hizo pedazos también! - explotó por fin -¡En un combate real, hubiésemos tenido que continuar aún sin las armas! ¡Y además, él ha quedado aturdido por mi ataque!

Lord Bernd no contestó de inmediato. Se tomó unos segundos para que Elan y Reibem pudieran ver claramente el desprecio con el que miraba al primero antes de sentenciar:

-¿Qué sabes tú de un combate real? ¿Quieres que te lo diga? No habría durado ni dos minutos. Ni por un momento creas que no vi como Spalar se conformaba con esquivarte. Además, esos dos golpes que recibiste habrían sido heridas fatales y jamás hubieras tenido oportunidad de hacer tan inútil demostración, así que cállate de una vez. Conocerás el resultado de tu evaluación en tres días.

Implacable, Lord Bernd dio media vuelta y abandonó el recinto. Elan sólo miró al piso con la mueca propia de los niños pequeños al borde de un ataque de llanto. Fue Reibem el que no apartó la mirada de su instructor, tratando de formar sus propias conclusiones.

-(Si todo eso era tan obvio, ¿por qué Lord Bernd lo ha emparejado conmigo y ha permitido que siguiera la pelea? No comprendo en absoluto. Es como si la prueba no fuera más que un pretexto para que Elan perdiera... pero eso es absurdo, ¿por qué habría de querer algo así?)

Volvió de su ensimismamiento cuando el propio Elan hubo desaparecido al final del túnel. Lo siguió apresuradamente. Ninguno de los dos vio a Obelir salir también por la parte de arriba.

-¡Elan!

El aludido ni siquiera volteó para contestar:

-Ahórrate la saliva si vas a...

-Ofrecerte una disculpa - interrumpió.

Elan se detuvo en seco, un tanto incrédulo. Reibem lo alcanzó.

-Disculpa - continuó - por haberte menospreciado.

-No faltan razones para hacerlo - respondió con una mueca y echó a caminar de nuevo.

-No, es... - titubeó antes de seguirlo - Lo que quiero decir es que Lord Bernd me pareció un poco injusto. Estabas en lo cierto, ese ataque me desconcertó por completo. Además, reaccionaste más rápido que yo cuando se despedazaron las armas... nunca te diste por vencido.

Elan no respondió de inmediato. Se quedó mirando a Reibem y le pareció que estaba siendo sincero. Cerró los ojos y exhaló levantando los hombros.

-Al final da lo mismo si el instructor te detesta. Pero agradezco tus palabras.

-Es en serio. Creo que sólo te hace falta un poco más de tiempo, se ve que has estado practicando muy duro.

Elan sólo asintió con la cabeza y continuó su camino. Reibem le acompañó pues aún tenía la sensación de sentirse en deuda con él por lo que le había dicho durante el combate.

-En fin... ¿comemos algo? - dijo luego de un rato.

-No te ofendas, Reibem, pero no tengo hambre en este momento.

-¿Después de un combate? Imposible. Además, considero que yo perdí así que yo invito, ¿te parece?

-Es en serio, gracias. Y deja de pensar en el combate. No creo que me debas algo sólo por eso.

-Insist... espera, ¡ya sé! Vamos al aula.

La verdad era que Elan no estaba de humor para nada, pero no quiso ser descortés y accedió. Una vez allá, Reibem sacó sus cosas y le arrojó la capa que Omrel le había dado en la mañana.

-¿Y esto pa...?

-Como reconocimiento a tu tenacidad. Sólo consérvala y no digas nada.

Ciertamente, Elan no se sentía del todo cómodo, si bien la capa le había llamado la atención desde el principio. Reibem cambió el tema inmediatamente para no dejarle la más mínima oportunidad de replicar nada, así que todo lo que hizo fue extenderla frente a él...

... de la misma manera que lo estaba haciendo Leada dentro de su habitación, casi año y medio después. Empezaba ya a oscurecer cuando Reibem terminó su relato y Leada siguió examinando la prenda sin dar muestras de enterarse de ello. Después la dejó sobre la cama con una expresión de profundo desinterés y volvió la mirada a su hermano.

-¿Y después?

-Todo siguió de lo más normal... hasta que llamaron a todo el Clan a la Explanada. Los del cuartel estábamos en primera fila cuando anunciaron que lo ejecutarían. Llevaba puesta la capa, fue la única vez que se la vi. Se le cayó en el forcejeo con los guardias cuando se lo llevaron. La recogí y la traje de vuelta.

-¿Y para qué recoger la ropa de un condenado?

-Ese condenado era mi ami...

-Era un condenado, Reibem. - interrumpió - Si fue por voluntad de La Voz, así había que hacerlo y punto.

Reibem reflexionó unos instantes. Leada no le apartaba la mirada.

-Es difícil creer que lo tomes tan a la ligera. - dijo al fin - Tenía entendido que también era amigo tuyo.

-Nos conocimos en la Academia como todo el mundo, así que siempre fue un compañero más. Después de terminarla, apenas y supe de él. Es más, si no hubieran gritado su nombre a los cuatro vientos, jamás me habría enterado de quien era.

Hubo un largo silencio entre ambos hasta que Reibem se apartó de la ventana y se tiró en la cama con un gruñido, cerrando los ojos. Leada volvió a tomar la capa y se paró junto a él, agitándola.

-¿Era eso? ¿Un simple recuerdo te arruinó el día? ¡Y yo pensando que te había pasado algo grave! - le reprochó casi mofándose. Pero a Reibem no le hacía nada de gracia.

-No lo he recordado por gusto. Además, ya te dije que mi el día ha sido...

-Pues a estas horas ya no hay nada que puedas hacer al respecto, así que deja de hacer berrinches. ¡Mira que amargarse por algo que en primera no fue tan importante y que en segunda, prácticamente todos hemos olvidado! Y en cuanto a ésta cosa - dijo mientras doblaba la capa - si tanto te afecta verla, será mejor que yo misma me deshaga de ella, ¿de acuerdo?

-Como quieras. - le contestó tratando de parecer despreocupado. Su hermana había dicho una verdad irrefutable, así que no dijo nada más y se puso las manos detrás de la cabeza, como hacía siempre que terminaba una conversación. Leada lo sabía y considerando que había cumplido su cometido, le recordó amablemente que la cena estaría lista en cinco minutos y abandonó la habitación. Reibem permaneció totalmente inmóvil hasta que no hubo más en su mente que el interminable correr del agua en la clepsidra del buró. Entonces se levantó y salió.

Cuando ya no pudo sentir presencia alguna en el cuarto, Elan también se fue.

Tras dejar las provisiones, había regresado hasta casa de los Spalar obedeciendo un mero impulso de curiosidad. Los había visto venir a lo lejos y los reconoció en el acto por el tono azul de sus cabellos, oculto -como ya era usual- en lo alto de un árbol. Desde esa posición, sólo fue cuestión de dar un par de saltos para llegar al techo de la habitación antes de que ellos siquiera entrasen a la casa. Ésta había sido construida en un olmo que resultaba, para todos los estándares excepto el de Forestland, realmente titánico; además de proteger la construcción por todos sus costados, su magnífico follaje siempre dejaba una alfombra de hojas sobre el techo, de modo que Elan se había procurado un escondite cómodo y seguro mediante el simple procedimiento de tirarse sobre ella boca abajo y ocultar su presencia, algo que bajo tales condiciones resultó ser inmensamente más fácil que la última vez, dentro de su propia habitación.

Reibem había contado todo tal y como Elan lo recordaba. Pero lo que le resultaba interesante no habían sido las memorias en sí, sino la diferencia con que se veían reflejadas entre hermano y hermana, a quienes había considerado como amigos si bien tal consideración resultaba recíproca en Reibem y no en Leada. Elan hubiese esperado lo opuesto. Lo cierto era que su curiosidad le había traído más preguntas que respuestas, pues el deseo de saber qué había sucedido en el Clan durante su ausencia nuevamente le llevaba a una disyuntiva de matices tan contrastantes entre sí como el recuerdo y el olvido. ¿Cuántos mantenían el primero? ¿Cuántos optaron por el segundo? ¿Quiénes?

Elan tenía mucho por averiguar... y tal vez muy poco tiempo para hacerlo.


© ForestLand Projects™, 2008


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