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24. Respeto
Ana Isabel, que ya había vuelto a Francia después de pasar un maravilloso fin de semana en casa, salió de su última clase con temor a encontrarse con Afrique (o peor aun, con Bruno), en el pasillo. Pero soltó un suspiro de alivio cuando vio el pasillo despejado. Quizá, después de todo, Bruno habría sobreentendido que no quería verle ni saber nada de él: no era normal que alguien no respondiera en cuatro días al móvil.
Sin querer pensar mucho en ello por si acaso lo fastidiaba, la chica se apresuró a salir de la universidad. Había quedado con Damien para comer, porque tenían que ponerse las pilas con el ensayo de su canción. El muchacho quería tocarla ese sábado y si no se ponían con ello ya, les iba a salir una actuación vergonzosa.
Estaba ya a punto de alcanzar la puerta principal de la universidad cuando la joven notó que algo le vibraba en el bolsillo. No se asustó, pues sabía que era su móvil, que había guardado allí para notarlo en caso de que Damien la llamara a última hora diciéndole que le había surgido un imprevisto y que llegaba tarde.
Sin detenerse porque suponía que era el irlandés, que le estaba dando un toque largo para decirle que ya había llegado, sacó el móvil y, mientras bajaba rápidamente las escaleras, miró la pantalla.
Se quedó helada.
Bruno la estaba llamando.
Miró a un lado y a otro, por si acaso estaba ahí cerca, pero no lo vio. En lugar de ello, reconoció el coche de Damien aparcado en doble fila unos metros más allá.
Con el móvil todavía en la mano pero ignorando por completo su vibración, se dirigió hacia el vehículo. Estaba bajándose de la acera y pasando entre el estrecho hueco que dejaban dos coches cuando oyó:
-¡Ana!
Al oír su nombre se giró automática, pero deseó un millón de veces no haberlo hecho. Después de todo, Bruno sí estaba allí. Al igual que se había vuelto ante su nombre, se giró automáticamente hacia el coche y se apresuró, casi a trompicones, hacia su salvación: Damien.
Se le enganchó el pantalón en la matrícula del coche de delante y oyó un crujido, pero no le importó en ese momento.
-¡Ana Isabel!- volvió a gritar Bruno a su espalda.
La chica metió la mano en el tirador de la puerta y la abrió un poco. La había abierto unos centímetros cuando una mano se posó sobre el cristal y la cerró de un golpe.
-Ana Isabel, quiero hablar contigo.
La joven se giró, temblando de pies a cabeza, y se encontró con la cara de Bruno a pocos centímetros.
-Déjame, Bruno- quiso exigir, aunque sonó como una súplica debido a su voz temblorosa.
-Siento lo del otro día, en serio. No fueron los modos.
-Ni tampoco deberías estar tan cerca de mí ahora mismo. Déjame.
Bruno miró a un lado y a otro, a sus brazos, que estaban a ambos lados de la chica, atrapándola entre él y el coche. Los retiró enseguida, dándole un poco de espacio a Ana Isabel, pero no retrocedió.
-Quiero hablar contigo.
-No tengo tiempo ahora, tengo que irme.
-¿Por qué no quedamos esta tarde? Afrique y yo solemos ir a una cafetería que…
-Tengo cosas que hacer.
-Ana Isabel, ya te he dicho que lo siento. Me comporté fatal contigo, pero es que… me pilló tan de improviso…
-¿Improviso?- saltó la joven-. Mentira. Viniste a buscarme a la universidad, eso ni es improviso ni es nada. Saliste furioso de tu casa, caminaste furioso por la calle, me esperaste furioso en la puerta de mi clase y me gritaste y zarandeaste, furioso. No me digas que te pilló de improviso, porque tuviste mucho tiempo para “provisar”.
-¿Hay algún problema?
Tanto Bruno como Ana Isabel giraron la cabeza al oír la pregunta. Se trataba de Damien, que se había bajado del coche y estaba rodeando el vehículo por la parte delantera para acudir en ayuda de su amiga.
-Damien…- dijo ella, sinceramente aliviada, al verle.
Bruno le hizo un repaso de arriba a abajo al irlandés, frunciendo el ceño después de su examen. Miro a Ana Isabel y después al hombre otra vez.
-No pasa nada- dijo la chica-, él ya se iba.
Y dicho aquello, se giró y abrió la puerta del coche de Damien. Bruno no iba a atreverse a detenerla, no en aquella ocasión con el irlandés bien atento a todos sus movimientos.
Cerró de un portazo la puerta del coche una vez estuvo dentro y miró a Damien, que seguía de pie delante del BMW, mirando a Bruno. Por un segundo la joven temió que tendría que bajarse para hacer que el irlandés entrara en el coche, pero de pronto éste dejó de mirar a Bruno y deshizo el camino que había hecho, montándose en el asiento del piloto.
Arrancó y se incorporó al tráfico sin decir ni una palabra.
-Gracias- dijo la joven al cabo de unos segundos.
-¿Ese es tu ex?- interrogó él.
-Sí.
-¿Y qué quería?
-Hablar conmigo.
-¿De qué?
La joven miró a Damien, que tenía la vista fija en la carretera. No lo creía en derecho de hacerle todas aquellas preguntas, pero como le estaba agradecida por haberla rescatado de los brazos del francés, le contestó:
-Ha venido a pedirme perdón por lo del otro día. Y quería hablar conmigo, pero no sé de qué.
-No me gusta ese chico.
-No es malo…
-Ya, claro, que me digas eso con la cara que tenías hace un momento…
-Me impone mucho respeto- dijo la joven, aunque lo más apropiado habría sido decir que le daba miedo.
-Deberías llamar a Pablo y decírselo.
-¿Qué? Se preocuparía innecesariamente.
-¿Innecesariamente? Yo no lo creo. Tu ex novio te está acosando.
-¿Y qué va a poder hacer Pablo desde allí a parte de preocuparse?
-¿Quieres que me ocupe yo entonces?
-¿Qué? ¡No! No, no, no. Tú no te metas en esto.
-No me gustan los tipos como tu ex.
-¿Los tipos como…? ¿De qué hablas?
-Agresivos. No los soporto.
La forma en que lo dijo llamó la atención de Ana Isabel, despertando algo en ella, y sin necesidad de más palabras, comprendió.
-No, no, no- se apresuró a negar. No sabía por qué repetía la misma palabra tantas veces, pero ya era la segunda vez que lo hacía-. Bruno no es de esos, no es un maltratador ni por asomo.
-La forma en que te ha acorralado contra mi coche… la forma en que te trató la otra vez…
-Pero Bruno no es así, en serio.
-Puede haber cambiado en el tiempo que no lo has visto.
-¡No tanto! Una persona no se vuelve maltratadora de la noche a la mañana.
Damien, contrariado, apretó la mandíbula y el volante, mirando hacia la carretera. No dijo nada, y aunque Ana Isabel se dio cuenta de que estaba molesto, no supo qué decir. El irlandés se lo estaba tomando todo a la tremenda, y no sabía exactamente por qué.
Aquel día comieron y ensayaron juntos, pero no hubo buen ambiente. Damien seguía cabreado y aunque mientras cantaba y tocaba parecía ser el mismo de siempre, estaba poco hablador y menos sonriente que de diario.
Por ello, porque no hacía más que darle vueltas a lo que había pasado intentando comprender por qué Damien se había puesto así, tuvo tiempo para pensar.
La reacción del irlandés le había hecho darse cuenta de que estaba siendo muy exagerada. Vale que Bruno la había asustado la última vez que lo vio, pero ella estaba segura de algo que le había dicho a Damien: Bruno no era un maltratador. La había zarandeado, pero lo conocía lo suficiente para saber que no llegaría a más. Jamás. De hecho, dudaba de que volviera a repetirse aquel arrebato nunca.
Y ahora Bruno quería hablar con ella. Pacíficamente.
¿No era eso algo bueno? ¿No era lo que ella había querido? Vale que oliera raro el cambio tan radical que había tenido en su comportamiento, pero quizá, si se mantenía sereno tiempo suficiente, Ana Isabel podría pedirle perdón por el daño que le había hecho años atrás.
Era eso lo que siempre había querido, ¿no? Disculparse y hacerle ver que no lo había hecho para herirle, que si hubiera podido protegerle de aquella horrible ruptura…
Fue por ese razonamiento, que estuvo sopesando durante todo el tiempo que pasó con Damien, que al llegar a su residencia a las cinco de la tarde, se encerró en su habitación y, cogiendo el teléfono, se sentó sobre la cama.
Se quedó mirando el móvil, con el número de Bruno en la pantalla, durante unos minutos. Estaba intentando reunir la valentía suficiente, y al cabo de un tiempo eterno, sabiendo que si no lo hacía en ese momento no lo haría nunca, marcó el botón de llamada.
Con el pulso tembloroso y aguantando inconscientemente la respiración, aguardó mientras sonaban los tonos. Apenas había pitado la línea dos veces cuando la voz de Bruno dijo:
-¿Ana?
Sin lugar a dudas no se esperaba su llamada.
-Has dicho que tenemos que hablar, ¿no? Estoy dispuesta.
No se fue por las ramas, y por suerte, él tampoco lo hizo:
-¿Te viene bien dentro de media hora, en la puerta de tu universidad?
La joven miró su reloj, aunque sabía cuál iba a ser su respuesta fuera la hora que fuera, pues quería solucionar aquello de una vez.
-Sí.
-Vale, pues nos vemos allí. Hasta ahora.
-Adiós.
La joven colgó y dejó caer el móvil sobre la cama, cubriéndose la cabeza con las manos. Esperaba estar haciendo lo correcto.
Estaba en esa postura, aovillada sobre la cama con la espalda contra la pared, cuando su móvil volvió a sonar. Lo miró rápidamente, pensando que quizá sería Bruno, pero no, era Damien. Lo cogió, no sabiendo qué podía querer el irlandés, pues la había dejado en la puerta hacía apenas veinte minutos, y descolgó.
-Dime, Damien.
-Quiero hablar contigo. Estoy en tu puerta, ¿puedes bajar?
Maldita sea, ¿qué pasaba ese día que todo el mundo quería hablar con ella? ¿Tenía escrito en la frente “cura confesor” o algo?
Damien malinterpretó su silencio e insistió:
-Por favor; será un momento, supongo que tienes cosas que hacer.
-De acuerdo, bajo ya.
Guardando su móvil y algo de dinero en su bolso por si un caso tenía que irse directa a su “cita” con Bruno después de hablar con Damien, se puso una chaqueta y salió a la calle. El irlandés la esperaba apoyado contra un coche que no era suyo justo delante de la puerta de su residencia.
-Hola- sonrió fugazmente al verla aparecer, y sin dejarla decir nada más, preguntó-: ¿Andamos?
La joven pensó recordarle que había dicho que la charla iba a ser breve, pero se contuvo y asintió con la cabeza. Juntos comenzaron a pasear por la fría calle, caminando a medio metro de distancia.
Estuvieron unos segundos en silencio, y cuando Ana Isabel iba a preguntarle de qué quería hablar, él comenzó:
-Siento haberme puesto como me he puesto esta mañana.
-No pasa nada, Damien.
-Sí, sí que pasa. He parecido tu novio avasallándote a preguntas sobre tu ex… Sé que no soy nadie para meterme en ese asunto.
-No pasa nada…
-Déjame terminar, ¿vale? Quiero decirlo todo de un tirón. Quizá no debería contarte esto, pues no es una historia que sólo me incumba a mí… De hecho es la historia de otra persona, pero para que entiendas mi comportamiento tengo que contártela…
-No tienes por qué justificarse; de verdad, Damien.
Pero él no le hizo caso y, parándose de pronto, cogió a Ana Isabel por el brazo y le hizo mirarle a la cara.
-Angelina tuvo un novio que le pegaba. Intentó ocultárnoslo, pero le fue imposible un día que al gilipollas ese se le fue la mano más de lo normal. No dejaré que eso vuelva a pasarle a nadie que yo conozca, y menos a gente que me importa. ¿Y sabes? Poco después de enterarme, deseaba cada día que mi hermana me lo hubiera dicho desde el principio, porque pensaba que hubiera podido ahorrarle días y días de sufrimiento. Un día se lo dije, ¿y sabes lo que me contestó? Que si al principio hubiera intentado convencerla de que dejara al gilipollas ese, no me habría hecho caso, que si no llega a darse cuenta por si misma de hasta donde podía llegar…- Damien cerró los ojos e inhaló profundamente-. Debemos aprender de nuestros propios errores, y por mucho que los demás intenten protegernos de ellos, debemos tropezar con nuestros propios obstáculos para aprender y poder evolucionar.
Damien se detuvo durante unos segundos, y la joven aprovechó para abrir la boca. Pero no pudo decir nada antes de que Damien la silenciara una vez más. Aún no había terminado.
-No me gustó cómo Bruno te acorraló contra mi coche, me recordó a mi hermana y a su ex novio gilipollas. Pero tenías razón con lo que dijiste esta mañana: su comportamiento no tiene por qué ser el de un maltratador. Tú dices que Bruno es bueno, y como amigo tuyo, te creeré y apoyaré en cualquier cosa que quieras hacer al respecto. A mí él no me gusta, pero no lo conozco y puedo estar completamente equivocado. Además, y aunque tuviera razón, por mucho que yo te diga que es malo no me creerás hasta que lo veas con tus propios ojos. Así que…- Damien tomó aire, a punto de terminar ya- prometo no comportarme como un amigo celoso (aunque la verdad es que me comporté casi, casi como un novio celoso) y quiero que sepas que puedes contar conmigo para cualquier cosa que te pase con Bruno. Sé que estos temas no se los cuentas a Pablo, al menos no detalladamente, y como sé que a veces te viene bien contarle los problemas a alguien en profundidad, aquí estoy yo. Eso sí- advirtió-, prométeme que si al final resulta que a tu ex sí se le va la mano… me lo dirás. Le partiré las piernas en el acto.
La joven lo miró durante unos segundos, después sonrió ligeramente y dando un paso hacia Damien, le dio un abrazo. Uno bien fuerte.
-¿Cómo puedo tener unos amigos tan… tan…? Eres maravilloso, Damien, ¿te lo habían dicho?
Él, sin contestar, respondió a su abrazo.
-He…- dijo de pronto la joven, separándose de él-, he quedado ahora con Bruno. Quiero hablar con él y explicárselo todo.
-¿Quieres que te acompañe?
-No, creo que será mejor si voy sola. Pero… podrías acercarme y… quedarte un poco lejos, observando, para ver si va de buenas o de malas…
-¿Crees que puede ir de malas?
-No… o quizá sí. No sé. Pero tranquilo, estoy segura de que no es la clase de “malas” que cuando tu hermana.
-Pero le tienes miedo…
-Respeto.
-Compraré tu diccionario de sinónimos cuando lo saques, seguramente me descubrirá todo un mundo nuevo…
-Ja ja- se burló Ana Isabel, y le pegó un suave empujón-. Bueno, va siendo hora.
-¿Cuándo has quedado?
La joven miró su reloj.
-Dentro de cinco minutos en la puerta de la universidad.
-Vamos, te llevo en coche y os miro desde la distancia.
-Eso…- Ana Isabel arrugó la cara-, ha sonado algo voyeur.
Damien también torció el gesto, haciendo una mueca de asco.
-¿Es que vas a montártelo con tu ex en mitad de la calle?
-Pues quizá… si tú nos vas a estar mirando…
-Agggg.
-Lo sé, me ha dado asquillo hasta a mi- Ana Isabel sacudió la cabeza, intentando quitarse la imagen de la cabeza.
Damien le colocó una mano sobre la cabeza, inclinándose hacia ella y susurrándole:
-Tú piensa en Pablo. Paaaabloooo. Paaaablooo…
Mientras andaban hacia el coche, con la mano de él en la coronilla, guiándola, la joven cerró los ojos, centrándose en su novio. El ejercicio funcionó, y la chica sonrió, gustándole más lo que pensaba…
Hasta que tropezó y estuvo a punto de dejarse los dientes contra el enlosado. Se libró en el último momento, cuando Damien la agarró por el brazo, tirando de ella, y la joven rotó sobre si misma y cayó de culo en lugar de hacerlo de cara.
-¡Auuu!
-¿Pero cómo te has podido caer?
-¿Por qué no me has guiado mejor?
-¿Guiarte yo?
-¡Había cerrado los ojos!- obvió la chica.
-¿Y para qué los cierras?
La joven resopló y se puso en pie, limpiándose después las manos y el trasero.
-Me duele.
-¿Te has hecho algo en las manos?- interrogó Damien.
-¿Las manos? No, lo que me duele es la espalda y el culo.
-Ah, pues entonces puedes seguir tocando. No hay de que preocuparse.
-¡Oye! ¿Sólo te importo por la canción que quieres que toque?
-¡Noo! ¡Mujer, no! También es importante que tengas la muñeca intacta para que puedas “tocar” caras. Así podrás cruzarle la cara a Bruno en caso de que sea necesario…- Damien esbozó la mejor de sus sonrisas.
-Conduce y calla, que callado estás más guapo.
A raíz de eso, y durante todo el trayecto hasta la universidad (que casi, casi, les llevó más tiempo que si hubieran ido andando), Damien no dejó de hablar. Bla bla bla bla bla. Hablaba de cualquier cosa, aunque no tuviera sentido, aunque no dijera nada en realidad. Era sólo por llevarle un poco la contraria a Ana Isabel.
-Vale, vale, para aquí- dijo de pronto la joven cuando llegaron a la calle de la Sorbona. Iré andando a partir de aquí, no quiero que Bruno sepa que estás aquí.
-¿Por qué?
-Quiero que su reacción sea auténtica, que no sonría como un bobo y se comporte galantemente porque estés tú aquí- dijo la joven, soltándose el cinturón y poniendo la mano en el tirador de la puerta.
-¿Tanto miedo doy?- interrogó él, aorillando el coche.
Ella puso cara de santa y dijo:
-Impones respeto.
-Te encanta la palabra “respeto”, ¿verdad que si?
-Sí, puede que se convierta en mi palabra favorita… pero no sé, la propia palabra “respeto” me impone respeto, así que no sé si la podré convertir en mi favorita...
-Anda, bájate ya.
-No te quedes mucho, ¿vale? Si ves que todo va bien durante los primeros minutos, puedes irte.
-De acuerdo, pero llámame cuando vuelvas a casa.
-¿Cuándo esté sana y salva?
-Eso mismo.
-Te daré un toque mejor, ¿vale? Seguramente no vaya a tener ganas de hablar…
-Como quieras. Suerte.
La joven se bajó del coche y fue hasta la acera, la cual siguió hasta que le llevó hasta la puerta de la universidad. Bruno ya estaba allí.
Se sintió asustada mientras caminaba hacia él, pero no se detuvo. Quería creer que aquello era lo correcto, y no iba a huir.
-Hola- saludó él cuando estuvo a unos metros de distancia-, gracias por venir. La verdad es que pensé que me dejarías plantado.
-¿Por qué? Llamé yo.
-Ya, bueno, pero me he comportado fatal contigo. Comprendería que no quisieras verme.
La joven se encogió de hombros.
-Dijiste que querías que habláramos; yo también lo quiero.
No obstante, la joven de pronto miró a un lado y a otro y, al darse cuenta de algo, dijo:
-Pensé que Afrique vendría contigo.
-Trabaja en la cafetería a la que vamos a ir ahora.
-La verdad…- soltó de pronto la joven, antes de pensar lo que iba a decir.
-Lo que digo es cierto.
-No, no, ya, ya- la chica suspiró y tomó aire. Estaba demasiado nerviosa-. No quería decir que me dijeras la verdad, supongo que no me estás mintiendo. Lo que quería decir es que, en verdad, me gustaría que estuviéramos solos. ¿Y si nos sentamos en un banco para hablar?
¿Era aquello lo que quería? No estaba del todo segura, pues quizá con gente alrededor se sentiría más segura, pero a la vez no quería ir a ningún local público porque no quería convertirse en el centro de atención de nadie. Además, quizá no deberían hablar de esos temas delante de Afrique. Vale que al parecer lo sabía todo, pero la joven no se sentiría del todo cómoda con ella delante.
-Hace un poco de frío…- objetó Bruno-, podríamos… no sé, ¿ir a mi casa?
-¡No!- aquello sonó más alto y abrupto de lo que la joven habría querido. Roja como un tomate por el bochorno, se aclaró la garganta-. No, prefiero la calle, gracias.
-Como quieras. ¿Te parece bien aquel banco de allí?- señaló uno que había en la acera de enfrente.
-Perfecto.
Wooooo!! ¿Y ahora qué? Conversación con Brunito!!! Chanchan!! ¿Qué le dirá? Chanchan!!
Lilly, ainssss, el Jack irlandés se ha puesto defensivo en este capítulo, ehhh!! Jajajaja, ¡¡a defender a la manada!! XDD. Espero que este capítulo también te haya gustado :)
Danarina... pese a que dices que amarás a Bruno siempre, me parece a mi que la cosa se juega entre Damien y Pablo, ¿no? Porque lo qué pasó en el otro libro, ahí quedó. ¡La partida ahora se juega entre los otros dos! ¿O no? ¿Qué pasará con la charlita de ahora? Jijijijiji. ¡¡Ojalá te haya gustado el capítulo!!
Gabys, ¡otra más que se pasa al lado damienista! jajajaja. Es que este chico tiene encanto, ¿eh? Wiiii. ¡¡Gracias por leerme!! :)
Rayla, también puede ser que en lugar de ser un famoso cantautor, Damien se dedique a la abogacía internacional, ¿no? Que para algo está estudiando eso!!jajajajaja. Aunque molaría más que fuera cantante y tuviera a Paula detrás, ¿eh? jajaja, como un perrito faldero... (ay, pobre, no). Uno nunca sabe cómo acabará siendo la gente que tiene a su alrededor, ¿eh? ¡¡Espero que este capítulo también te haya gustado!! :D
Luchy, tus apuestas van para Damien ¿eh? jiijiji. ¿Todos tenemos un amigo que no es amigo? ¿A qué te referías con eso? Pobrete, a Manu le daba vergünza y/o apuro confesar su inclinación sexual, tampoco hay que dilapidarlo como amigo!! jajajaja. Rah- Rah Damien!! Rah-rah Pablo! ¿Quién ganará? jajajaja ¡¡Gracias por leerme!!
Y nada, pensaba que fictionpress ya dejaba subir páginas web (para quien no lo haya probado, el editor de fictionpress limpia de un plumzo toda las direcciones web dejándolas en .com o algo así. Peeero acabo de actualizar mi peril con una dirección url de un blog (si pincháis sobre mi nick, os remitirá a mi perfil y ahí ya está "homepage" con el enlace directo). Tal vez os interese echarle un ojo a esta página. Lo que vais a encontrar... quizá os sorprenda, pero sí, está ahí y podéis hacer uso de los link. ¡Espero no perderos como lectoras por aquí!! Jajajaja. Si no visitáis la página, tampoco pasa nada, yo seguiré subiendo la historia por aquí.
Un besito a todas!! :)