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Fiction » Fantasy » Sirenas font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Ethiane
Fiction Rated: K+ - Spanish - Fantasy/Supernatural - Reviews: 4 - Published: 09-14-08 - Updated: 09-14-08 - Complete - id:2571563

Sirenas

Cuando las olas estallan en lo más recóndito del océano, ellas salen a cazar. Los peces tratan de volver al fondo para no perderse en el oleaje, entonces ahí, los atrapan.

Los marineros solían decir que eran bellas, esbeltas, de cabellera platinada y brillante a los rayos del sol, incluso inventaban cosas sobre sus encantadoras voces, capaces de hipnotizar a cualquiera.
Pero eso no eran más que historias, cuentos fantasiosos de hombres que codiciaban una belleza inalcanzable.

La verdad, es mucho más escalofriante.

Existen otras historias, y estás narran algo que va más allá de la belleza idílica que cuentan los marinos.
Quienes realmente creen haberlas visto, las describen como grandes peces prehistóricos que no alcanzaron la evolución.
La luz del día le daña los ojos, por eso salen de noche. Emergen desde las más oscuras profundidades agitando una larga y escamosa cola de color gris. Sus voces no tienen nada de parecido con un coro celestial, ni mucho menos se les acerca. Quienes las han oído cuentan que son como agudos chillidos que perforan los tímpanos como un cuchillo caliente. Por eso, muchos salen a pescar con tapones o corchos incrustados en las orejas. Temen quedar sordos a causa de aquella tétrica música.

Lo más curioso, es que sólo un hombre ha visto sus caras. Nadie las ha examinado de cerca, excepto por la cola, que brilla con la luz de la luna como una larga anguila plateada.

Sin embargo, Él, que descubrió el misterio, pagó caro su descuido cuando cayó al mar en medio de una tormenta. Fue un mal momento para agarrarse del mástil justo cuando el barco se ladeaba hacia la derecha.
Ahí fue cuándo la vio, y hasta el día de hoy recuerda su rostro, aunque ya no pueda ver el de los demás…

El agua era fría, las olas iban y venían, en tan sólo segundos ya había tragado una buena cantidad de ella.
Trató de agitar los brazos, pero su traje pesaba mucho; se deshizo de la chaqueta y de los zapatos como pudo.
Agitó nuevamente los brazos, esperando a que sus compañeros lo vieran, pero las fuerzas comenzaron a flaquearle, apenas podía respirar, y el barco se estaba alejando.
Estaba a punto de rendirse ante el dominio del mar, cerró los ojos, y dejó que su cuerpo se fuera con la corriente, hundiéndolo en las profundidades. Entonces, sin esperárselo, algo lo levantó.
Medio ahogado, y esperanzado, notó que su cintura estaba por sobre el nivel del mar. Miró hacia abajo, y aunque su cerebro estaba lleno de agua, logró pronunciar un grito de horror al verse apresado por la criatura más horrible que hubiera visto.

Su historia destruyó todas las antiguas versiones que existían sobre ellas, decepcionando a miles e imponiendo el terror entre los navales.

La descripción de su rostro revelaba ciertamente a un animal, que en su totalidad parecía poseer facciones humanas.
Las cuencas de sus ojos estaban hundidas y sólo habitaban en ellas dos pequeñas perlas negras que brotaban hacia afuera. Los huesos de su cara eran triangulares, y el mentón con la nariz se proyectaban hacia adelante mostrando dos orificios rajados, y largos colmillos que chocaban unos contra otros.
Su cabello era negro como la noche, enmarañado y lleno de bichos que a la luz de los rayos parecían cobrar vida. Lo tenía largo, hasta más allá del borde del agua que cubría su cintura.
A pesar de su horrenda descripción, el ser parecía poseer mamas, aunque flácidas y amorfas, acompañadas de la marcación de las costillas en su tórax. También tenía un cuello, ya que un poco más abajo nacían los hombros y los brazos que lo tenían sujeto por la camisa; dos brazos largos y huesudos repletos de pústulas y llagas. De ellos surgían dos aletas transparentes y venosas unidas a sus codos, y sus manos, tan deformes como su rostro, tenían a los dedos unidos por membranas, cada uno adornado con unas horribles uñas negras y putrefactas.

Sabía que su hora había llegado. Trató de gritar, el barco aún estaba cerca, aunque nadie parecía notar su ausencia.
Sintió como las uñas se enganchaban a su cuerpo con fiereza, rompiéndole la piel. Sus brazos comenzaron a sangrar. Tenía frío y estaba muerto de miedo.
Sus ojos azules brillaron con un rayo que estalló en el cielo, mostrando el terror plasmado en cada uno de ellos. Sorpresivamente, cuando la luz hubo desaparecido, la criatura lo aflojó levemente. Se acercó más a Él. Otro relámpago, y ella se acercó más. Él no se movió, algo quería; finalmente comprendió que sus ojos le habían gustado, pues, no dejaba de verlos.

Aguantó la respiración un instante, el olor que emanaba la piel de la criatura era apestoso, y le provocaba punzadas en el estomago.

Con el impulso de su cola, ella se elevó, hasta quedar a la altura de su rostro. Otro rayo, y Él cerró los ojos. Enfadada, ella lanzó un grito, el más horrible sonido que podía haber escuchado en su vida.
Sintió que un líquido caliente le bajaba por el cuello, y se percató que los ruidos se hacían más débiles de su lado izquierdo. ¿Lo había dejado sordo de una oreja?
Espantado, volvió a abrir los ojos, si iba a morir al menos sería con dignidad. Lucharía si era necesario, pero no se dejaría llevar por el terror.

Ella tenía lo boca abierta, dejando ver una lengua viscosa y negra. Estaba enfadada.

Lo agarró con más fuerza acercándolo hacia ella, como si le forzara a mirarla. Trató de patalear, de moverse, pero las manos, si es que se le podían llamar manos, lo agarraban con una fuerza increíble. Unos sonidos guturales emergieron de su garganta, era como si tratará de comunicarse con Él, pero no era amistosa.
Con temor, volvió a abrir los ojos, y ella cerró la boca viéndolo con curiosidad.

Él recuerda que en ese momento un lejano y conocido grito se expandió por el océano, y se sintió aliviado por un segundo. El barco lo había encontrado.
Pero esa, fue su perdición.

Una intensa luz amarilla comenzó a rastrear por sobre las olas, en cualquier momento lo encontrarían y lo salvarían. Pero ella, no se lo esperaba.

Tratando de que lo encontraran comenzó a exclamar socorro. Ella se ofendió y enterró aún más sus uñas. Al parecer, comprendió que lo estaban buscando, pero no dejaría que se fuera sin antes haberse llevado una parte de Él.

Cuando la luz se posó por fin en su objeto de búsqueda, lo único que quedaba de Él era un bulto blanco y ensangrentado flotando sobre el mar.
La tormenta había bajado su intensidad, ahora, sólo una débil llovizna les mojaba la cabeza.

El capitán ordenó sacar el bote de rescate, y dos de sus tripulantes se subieron a éste para buscarlo.

Aquí es, dónde comienza el terror de una bella fantasía marina...

Cuando lo tomaron en brazos y giraron para subirle al bote, lo primero que hicieron fue exclamar horrorizados. A Él… le faltaban los ojos.

Cuando ellas salen a cazar, comen peces, carne puramente cruda. Sus dientes, largos y filosos, están hechos para triturar hasta los huesos. Su cola, les da la fuerza para navegar, y sus ojos, cegados por la oscuridad del océano, apenas logran vislumbrar a sus presas. Sin embargo, todo lo brillante, es un tesoro.
Son envidiosas por naturaleza, así que cuando tienen la oportunidad de apoderarse de alguna joya más bella que los tesoros del mar, la hurtan.

Él las vio, conoció sus caras y narró esta historia. Sordo de una oreja, y ciego, aún recuerda sus horribles facciones, y su humano cuerpo.
Él les rompió la ilusión a los marinos, destruyó las leyendas que a todos les gustaba escuchar.

Ahora, cuándo ellos entran al mar, tienen cuidado de no caer en él. El océano es engañoso, y las criaturas que viven en él… peligrosas.


Colección de cuentos cortos Ethiane Vals. Volviendo a lo clásico.

Gracias por leer.



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