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Author: Hannah BlueBird
Fiction Rated: K - Spanish - General/Drama - Reviews: 3 - Published: 10-18-08 - Updated: 10-18-08 - Complete - id:2585405

El pájaro

Por Hannah BlueBird

Una vez, hace ya algún tiempo, a una persona le regalaron un pájaro. El pájaro era de un color azul precioso, a pesar de tener poco tiempo de vida.

La persona estaba feliz, porque todas las personas a su alrededor también tenían pájaros. Y tan feliz como estaba, metió a su pájaro dentro de una exquisita jaula color dorado, y la dejó junto a la ventana.

Durante los primeros años de vida del pájaro, aquella persona lo alimentó y escuchó su canto cada día y cada noche. El pájaro se sentía a gusto y feliz en compañía de esa persona, y cada día le regalaba una nueva melodía.

Pero un día, la persona se dio cuenta de que las personas de su alrededor sacaban de las jaulas a sus respectivos pájaros, y los dejaban salir con libertad, para luego volver a meterlos en ella y así asegurar que no se escapaban.

La persona, deseosa de imitar a todos los demás, decidió un día sacar a su querido pájaro de la jaula, para que así pudiera sentir el aire sin que este atravesara unos barrotes.

En cuanto el pájaro estuvo fuera, extendió sus alas y echó a volar. En ese mismo instante, el pájaro comenzó a amar aquella sensación de libertad que le producía volar por los cielos, y se sentía feliz porque su dueño le había dejado experimentarla.

Pero la persona tuvo miedo. Tuvo miedo de que aquel, su preciado pájaro, se le escapara.

Así que cogió con rapidez al pájaro, lo metió de nuevo en la jaula y no lo dejó salir más.

Lo único que podía hacer el pájaro era observar a través de los barrotes de su jaula a los demás pájaros, que volaban con libertad por el cielo, para luego volver a manos de sus dueños, que sonreían.

El pájaro intentaba llamar la atención de su dueño, quería pedirle que le dejara salir, porque él volvería. Estaba seguro. Le quería.

Pero el dueño se hizo el sordo ante las súplicas del pájaro. Ya no quería oír su canto, ni de día, ni de noche. A veces, incluso, se olvidaba de darle de comer.

Por eso, el pájaro dejó de cantar, dejó de trinar, dejó de querer.

Y comenzó a odiar a su dueño. Porque no le hacía caso, porque le había enseñado a su amada libertad, y luego se la había quitado. Por más que el dueño le dijera que estaba mejor ahí, en su jaula, y por más que la adornara con ricos motivos o la pintara de vivos colores, lo único que llamaba la atención del pájaro eran las nubes que se veían desde la ventana cercana a su jaula.

Pasaron los años, durante los cuales el pájaro no había salido ni una vez de su jaula, y en los que el odio a su dueño había ido a más.

El pájaro había crecido mucho, tanto, que ya no cabía en su jaula, y sus alas se apretaban contra los barrotes dorados.

El dueño sonreía al ver a su pájaro tan tranquilo, junto a él, aunque este nunca hubiera vuelto a cantar. Ignoraba completamente el profundo odio que el pájaro sentía hacia él.

El pájaro lloraba a escondidas de su dueño, mientras veía a los demás pájaros disfrutar del cielo, y a sus respectivos dueños siempre presentes en su vuelo, sin agobiarles, sin presionarles.

Por eso, el pájaro un día se cansó.

Cansado de tantos años de encerrona, de tantos años de soledad dentro de su jaula, el pájaro extendió sus débiles alas, que rompieron los finos barrotes de la jaula en mil pedazos.

Algunos de los trozos se le clavaron entre las plumas, y le hicieron sangrar, pero a él no le importó.

Porque podía volar con libertad. Así que, extendiendo sus alas sin ninguna restricción, salió por la ventana y su azul plumaje confundió con el cielo.

Su dueño intentó detenerle, sin éxito.

Y desde entonces, el dueño espera junto a la ventana que su amado pájaro vuelva, a la vez que ve a las demás personas con sus respectivos pájaros, felices.

Lo que el dueño no sabía era que el pájaro nunca volvería, porque tantos años de prisión no le acercaron más a su corazón, si no que lo alejaron a más no poder.

Porque el pájaro dejó de querer a su dueño hace años.

Desde el mismo día que le mostró la libertad y luego se la quitó.

Ya que con aquella libertad el pájaro era feliz, y nunca volvería a donde se la habían quitado.


Esto es algo que de me ocurrió una noche, mientras intentaba dormir. Aquel día pasaron cosas que me hicieron pensar: ‘¿Adónde fue mi libertad?’

Y por eso decidí subirlo.

Pronto más.

ATTE: Hannah BlueBird



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