
La ventana de mi habitación tiene barrotes, como si se tratara de una falsa cárcel.
Rated: Fiction K+ - Spanish - Drama - Words: 574 - Reviews: 4 - Favs: 2 - Published: 10-25-08 - Status: Complete - id: 2588082
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Barrotes
Por Hannah BlueBird
La ventana de mi habitación tiene barrotes. Son gruesos como dos dedos, y tan altos, que aunque estire mis manos lo más alto que pueda, no logro ni siquiera rozarlos.
Mi habitación está en un segundo piso de una casa de tres plantas. Desde ella se ven un par de casas, y un parque terriblemente desolado.
Ninguna de las ventanas de esas casas tiene barrotes.
En mi casa, tampoco ninguna ventana tiene barrotes, salvo la mía. Ni siquiera la de mi madre, que está al lado.
Un día, hace ya muchos años, le pregunté que por qué sólo mi ventana tenía barrotes. Ella respondió que era para que al asomarme, no me cayera desde lo alto.
Y en mi inocencia infantil, me lo creí.
Pero cuando nació mi hermana menor, y le asignaron una habitación, su ventana no tenía barrotes. Desde ella se podía ver un extenso jardín lleno de flores.
Desde la mía, un parque desolado atravesado por los negros barrotes, que aunque estuvieran ricamente adornados, no dejaban de ser eso, barrotes.
A veces, cuando estaba despejado, me asomaba y alzaba la vista al cielo, el mismo cielo donde los pájaros vuelan a su antojo, y alargaba los brazos para alcanzarlos, pero de nuevo me topaba con esos negros barrotes.
Alguien me dijo una vez que una ventana estaba hecha para mirar a través de ella y sentir la brisa atravesándola limpiamente.
Esa persona también me dijo que debía mirar a través de los barrotes, no con ellos. Que detrás de esa falsa cárcel había un mundo lleno de colores, sólo para mí.
Me gusta pensar en esa persona, porque ese pensamiento es lo único "feliz" de este lugar, de esta cárcel que es mi habitación.
Nadie conoce a esa persona. Nadie habla con ella. Sólo yo sé quien es, y donde está.
¿Por qué?
Porque esa persona es en realidad un demonio que vive en mi interior desde que empecé a preguntar por esos barrotes. Se asienta en mis tripas, y las araña con fuerza, intentando salir de mí y de esta falsa cárcel, intentando mostrarme que hay más cosas fuera de este lugar.
Por eso, cuando ya no aguantaba más ese dolor en mis entrañas, cuando mi corazón se hubo encogido tanto que ya apenas se sentía, un fuego ardió dentro de mí, y salió al exterior.
Ese fuego, que yo creí ficticio, devoró los barrotes y los fundió hasta que estos no fueron más que un negro líquido que chorreaba por la fachada.
Me asomé a la ventana, y estiré los brazos. ¡Por fin podía sentir la brisa en mi cara, mis manos en el vacío, mis ojos observando con claridad ese mundo lleno de colores!
Me sentía feliz.
Aunque, ni el demonio ni el dolor desaparecieron.
No lo comprendía, desconocía la causa. Ese dolor era muy diferente al que me causaban los gritos de mi madre, preguntando por la ventana, o al dolor que sentí cuando resbalé con el negro líquido y me precipité hacia el suelo.
Me sentía feliz, pero no lo era.
Porque, aunque yo no lo supiera, llevaba presa desde el mismo momento en el que me planteé ser libre.
Algo extraño que pasó por mi cabeza hace días, fruto de la inspiración que dejó una review en mi fic 'El pájaro'.
Dedicatoria: A todas las personas que de alguna manera, sea física o mentalmente, están presas.
Pronto más.
ATTE: Hannah BlueBird
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