Fiction » Manga »

Es difícil amarte
Author:
AbyCat PM
Dos personas. Un amor. Muchas historias. Los problemas que deberán enfrentar para estar juntos y lo peor está por pasar... EPISODIO 6
Rated: Fiction K+ - Spanish - Romance/Friendship - Chapters: 6 - Words: 22,383 - Reviews: 10 - Favs: 3 - Updated: 03-16-09 - Published: 10-29-08 - id: 2589730
A+  A-   Full 3/4 1/2 Expand Tighten

Es difícil amarte

Story by AbyCat

Bienvenidos a esta historia. El animé es una de las tantas cosas que me gustan, por ende, esta historia tendrá personajes estilo animé.

Advertencia: Los personajes de esta historia son de mi completa autoría. Cualquier robo y/o utilización de éstos sin mi permiso serán sancionados.

Por cierto, habrá algo de Flash Back para comprendan un poco mejor la historia. Ustedes mismos se darán cuenta, estará separado del resto de la historia con una línea así -"-"-"-"-"-"-"-"-"-

Para que ustedes puedan imaginarse a los personajes, he aquí una pequeña descripción.


Descripción de personajes

Principales

Nombre: Kaisawa Karina

Edad: 17 años

Descripción física: Estatura: 1, 59 mt; Cabello Violeta hasta la mitad de la espalda; Ojos miel; Tez Mate Claro; Normalmente proporcionada. Usa lentes negros redondeados.

Familia/Parentesco: Musume Kaisawa (Mamá); Reiko Kaisawa (Hermana menor); George Kaisawa (Padre); Sumomo Ichijouji, Misa Ichijouji, Ako Ichijouji (Primas)

Nombre: Hidamarino Satoshi

Edad: 17 años casi 18

Descripción física: Estatura: 1, 76 mt; Cabello Castaño desordenado, con las patillas pronunciadas; Ojos Verde Oscuro; Tez Mate.

Familia/Parentesco: Nekane Hidamarino (Madre); Keiko Hidamarino (Tía); Tsukasa Hidamarino (Hermana Menor)

Familia de Karina

Nombre: Kaisawa Reiko

Edad: 7 años

Descripción física: Estatura: 1, 14; Cabello Azul tomado en dos coletas a la altura de las orejas; Ojos Azules; Tez Mate.

Nombre: Kaisawa Musume

Edad: 40 años

Descripción física: Estatura: 1, 67 mt; Cabello Azul Azabache melena; Ojos Azul; Tez Mate.

Nombre: Kaisawa George

Edad: 42 años

Descripción física: Estatura: 1, 79 mt; Cabello Negro; Ojos Miel; Tez Mate Claro.

Nombre: Ichijouji Sumomo

Edad: 17 años

Descripción física: Estatura: 1, 67 mt; Cabello Rosa Oscuro tomado en dos coletas altas; Ojos Miel; Tez Blanca/Sonrosada.

Nombre: Ichijouji Misa

Edad: 22 años

Descripción física: Estatura: 1, 71 mt; Cabello Rojo ondeado, largo; Ojos Rojizos; Tez Blanca.

Nombre: Ichijouji Ako

Edad: 8 años

Descripción física: Estatura: 1, 27 mt; Cabello Rosa Claro tomado en dos pequeñas coletas; Ojos Rosados; Tez Blanca.

Familia de Satoshi

Nombre: Hidamarino Nekane

Edad: 35 años

Descripción física: Estatura: 1, 71 mt; Cabello Rubio largo hasta un poco más abajo de los hombros; Ojos Verde Oscuro; Tez Mate.

Nombre: Hidamarino Keiko

Edad: 31 años

Descripción física: Estatura: 1, 70 mt; Cabello Castaño Claro largo tomado en una coleta; Ojos Castañosos; Tez Blanca.

Nombre: Hidamarino Tsukasa

Edad: 15 años

Descripción física: Estatura: 1, 64 mt; Cabello Castaño Claro un poco más abajo de las caderas; Ojos Miel; Tez Blanca.

Espero que esta historia sea de su agrado. Cualquier personaje secundario o co-protagonista será descrito en la historia.


Capítulo Primero

"¿Do you love me?"

- Hola.

- Hum... Hola.

- Me llamo Karina.

- Yo soy Satoshi.

- Ella es Sumomo, mi prima.

- Hola - saludó la de cabello rosa y coletas.

La niña pelivioleta se sentó a su lado.

- Mi mamá va a tener un bebé.

- Van a operar a mi hermana.

- ¿De qué?

- No lo sé - el niño se encogió de hombros.

- Espero que todo salga bien, ¿neh?

- Sí, lo mismo deseo yo.

Era la sala de espera de un Hospital japonés. Los niños no superaban los diez años.

- Familiares de Kaisawa Musume.

- Aquí.

- Pueden pasar a verla, es una hermosa niña.

- Aaah... ¡ya nació! - la niña pelivioleta se levantó de su asiento, emocionada. La otra chica se le acercó.

- ¿Te veré de nuevo?

- Supongo yo que sí.

La niña le dirigió una dulce sonrisa, para después desaparecer por el pasillo.

-"-"-"-"-"-"-"-"-"-

Mucho tiempo ha pasado ya, desde que se vieron por primera vez. Eran unos niños. Y ahora, cursando el último grado de preparatoria. Juntos desde unos seis o siete años, más o menos. Para él pareciera de toda la vida.

- Ah, por qué no me sorprende que estés aquí.

Miró hacia donde le hablaban. Abajo, una chica de cabello violeta le sonreía. Ella se sentó en el suelo. El viento jugueteaba con su cabello largo hasta la mitad de la espalda. Descendió del árbol, para sentarse junto a ella.

- Perdona si me he ido sin avisar, Karina - le sonrió.

- No hay cuidado - respondió ella. El chico castaño seguía sonriendo. Sus ojos verdes enfocaron algún punto del suelo. - Pensé que habías tenido que salir de urgencia...

- Oh, no. Ella sabe que de aquí no puedo salir - sonrió nerviosamente.

La chica rió un poco, para luego dejar ver sus ojos color miel a través de los cristales de sus lentes. De pronto, el muchacho se puso serio.

- ¿Qué ocurre, Satoshi?

- Es que... anoche le sobrevino una fiebre terrible.

- Cielos... - murmuró la joven, observando el pasto.

- Pero hoy ya estaba mejor.

- Eso espero - sonrió ella.

Volvió la mirada al suelo. Esa chica... más de algún dolor de cabeza le había dado. Satoshi era muy ciego como para no ver que su hermana le manipulaba prácticamente. Sonrió. Ella no debería ser así.

- Tengo hambre, ¿que tal si vamos a comer algo?

Él siempre tenía hambre. La joven accedió, sonriendo. Sabía que él trataba de no pensar en lo mal que lo estaba pasando su hermana, a pesar de que siempre se preocupaba de ella.

Ah, las cosas entre él y ella mejoraban con el tiempo. Todo iría bien, de no ser por Tsukasa, su hermana. Pero bueno, no se podía pedir de todo en la vida. Karina observó al muchacho comer en un solo bocado ese bizcocho, abriendo otro para repetir la acción. Observaba en silencio... Levantó la vista. Observaba el cielo. Siempre en silencio.

- Estos bizcochos están muy buenos.

- ¿Otra vez hablando con la boca llena?- Karina trató de oírse severa.

- Perdón - tragó. - Es que están de lujo.

Sonrió. De nuevo silencio. Observaba un punto fijo del infinito, hasta que sintio un aplauso seco delante de sus ojos, provocándole un respingo.

- ¡No te pierdas en el infinito! - rió el castaño, provocando que su interlocutora frunciera el ceño.

- No me vuelvas a hacer eso, Sato-kun - reclamó, fingiendo severidad.

- Es que no me guste verte así. ¡Loca!

- ¿Loca? ¡¿Loca yo?! ¡¡Loca tu abuela!!

Le persiguió por el pasillo, haciendo que varios se giraran a observarles. Le agarró en las escaleras, antes de subir.

- ¡Tonto!

No dejaba de reír. Siempre era la mismo: peleas absurdas, que ella le saliera persiguiendo, que lo tratara de tonto, que le diera una mirada fulminante, que él tratará de calmarla, que después se rieran.

Buenos amigos. Eran felices así.

Después de clase, ambos caminaban por las calles en dirección a sus casas. Karina recordó que le había dicho a Satoshi que estaba invitado al cumpleaños de su hermana.

- ¿Ya sabes si podrás ir?

- Lo dudo... sabes cómo se pondría mi hermana - Mostró una sonrisa insegura. La chica dio un resoplido, en señal de fastidio.- ¡Pero puedo saludarla otro día! - afirmó su mochila a la espalda.- No podrá tenerme "prisionero" para siempre.

- Tu hermana es muy aprensiva contigo... - soltó la chica en un suspiro. Observó a su interlocutor, tenía la vista al frente. Se detuvieron en una luz roja. - Sato-kun...

- ¿Mande?

- Neh... - se sonrojó un poco. - Nada, nada.

Volvió a cambiar a luz verde. Cruzaron la calle entre un pelotón que se cruzaba con otro. Siguieron caminando en silencio. De pronto, los ojos verdes del muchacho se mostraron sorprendidos... Hoy era el día.

- ¡Diablos! Yo y mi mala memoria - La chica le miró confundida. - ¡Es el cumpleaños de tu hermana! ¿Cierto?

- Sí... - Karina hizo como que no se enteraba, pero en realidad había previsto esta salida (que fue ofuscada por la hermana de Satoshi, otra vez) hace más de dos semanas.

- ¡Pues entonces, hoy se cumplen siete años desde que nos conocemos!

Caída por parte de la joven.

- ¡Oh, en serio!

- ¡Claro! - el chico comenzó a reír desenfrenadamente. - ¡¡Seré idiota!!

- Cómo si yo no me hubiera dado cuenta... - pensó la joven, bastante irritada, por lo demás.

- Ah, entonces le mandas saludos a Rei-chan - Ya habían llegado al punto en dónde se separaban. - ¡Nos veremos mañana!

- Así será... - suspiró la joven.

El joven sonrió y se echó a correr por las calles en dirección a su casa. La chica suspiró, y se encaminó a la suya. Dejó de correr dos calles más allá, para caminar despacio.

"Siempre lo mismo, siempre por ella."

El joven observaba un poco el suelo que pisaba.

"Aww... pero no puedo hacer nada... ¡es capaz de dejarse morir verdaderamente...! Y yo no quiero..."

- Haz llegado temprano hoy, Sato-kun.

- ¡Ah, Keiko-san! - el joven se giró hacia donde le hablaban.- ¡Qué susto!

La mujer sonrió dulcemente. Traía una bolsa de compras. Tenía el cabello castaño claro y los ojos verdes, pero más claros que los de Satoshi. Era un poco más alta que él.

- ¿Y Kari-chan, cómo se encontraba hoy?

- Muy bien, Keiko-san. - ambos comenzaron a caminar hacia su hogar. - Claro que... otra vez...

- Tsukasa otra vez te ha dicho que te quería temprano en casa, ¿eh?

- Así es, tía... - suspiró el joven, observando el suelo. - ¡Y casi olvido por completo que hoy es el cumpleaños de Rei-chan!

- Yo lo recordé. - Estiró una bolsa de regalo. - Tal vez alcances a irselo a dejar. Yo le diré a Tsukasa que te han dejado de ayudante de aseo.

- Está bien. - agradeció a su tía con una sonrisa y volvió a correr, en dirección a la residencia Kaisawa.

- ¡Onee-san!

- ¡Feliz cumpleaños, Rei-neechan! - Ambas se abrazaron muy felices. La menor tenía el cabello azulado y los ojos del mismo color, tomado en dos coletas.- ¿Cómo lo haz pasado?

- ¡Muy bien por el momento! - Reiko observó más atrás de su hermana. - ¿Y Sato-kun...?

- Oh... pues, verás... - observó que su hermana menor se ponía triste. Así que decidió cambiar de tema. - ¿Ya soplaste las velitas?

- ¡Te estaba esperando para soplarlas!

Karina se dio cuenta de que no le hablaba a ella.

- Perdón por la demora... - se excusó un jadeante Satoshi en el portón de la entrada.

- Sato-kun...

- ¡Sato-senpai! - la niña se abalanzó a los brazos del joven Hidamarino.- ¡Ven! ¡Ven! ¡Te estaba esperando!

La pequeña corrió hacia el patio de atrás de la casa.

- Haz venido...

- Sí, Keiko-san me ha salvado de nuevo - sonrió el joven, disculpándose.

- Pensé que Tsukasa te haría problemas.

El joven abrió la boca dispuesto a replicar, pero Karina se adelantó y se dirigió al patio trasero, seguida de Satoshi. Todo estaba decorado de flores, mariposas y esas cosas dignas de un cumpleaños infantil. Pequeños de unos siete u ocho años corrían de aquí para allá, jugueteando, persiguiéndose, divirtiéndose.

La niña sopló las siete velas, siendo aplaudida a rabiar por todos los presentes. Hidamarino observó la hora en su teléfono móvil. Eran las seis con cuarenta minutos.

- Hum... Yo me tengo que ir.

- Pero, Sato-kun, si acabas de llegar...

La súplica de la joven pelivioleta no fue escuchada. Satoshi le sonrió y se disponía a salir, cuando una voz le detuvo.

- No te vayas... yo... digo, mi hermana se pondrá muy triste...

- Karina-san, sabes que no puedo quedarme...

"Créeme cuando te digo que quiero quedarme..."

- Siempre es lo mismo, Satoshi Hidamarino - Molesta. Esta vez, realmente estaba molesta. Le dio la espalda, mostrando la rabia contenida en su rostro. - Vete de una buena vez.

"Yo quiero estar contigo, pero..."

- ... Adiós...

"Me voy, me alejo de ti, como siempre. ¿Cómo soportas todo este suplicio?"

Aflicción. Eso era lo que reflejaba su rostro ahora. Se talló la cara con fuerza, por debajo de sus lentes. Lágrimas. Subió a su habitación, en el preciso instante en el que su prima aparecía.

Cerró la puerta tras de sí, emitiendo un suspiro entrecortado. No quería llorar, pero las lágrimas ya salían de sus ojos. Se acercó a la ventana, observando el patio, en donde los niños comían pastel. La puerta se abrió de pronto, dándole apenas tiempo para reaccionar.

- Argh, otra vez esa Tsukasa, ¿verdad? - la joven de coletas y cabello rosa se acercó. Ambas tenían el mismo color de ojos. La chica pelivioleta agachó la mirada.

- Está enferma.

- Sí, de celos.

- No entiendes nada...

- Claro que entiendo. Ella está enferma de no-sé-qué-enfermedad, y te digo de inmediato que son celos - Enfatizó la última palabra con el movimiento circular de su dedo índice en el aire. - Además, es una amargada, no vive ni deja vivir.

- No Sumomo, ella está enferma, es obvio que su hermano tiene que cuidar de ella.

- Argh, si Ako se enfermara, yo no dejaría de tener amigos.

- No es... el mismo caso, Sumomo.

"Debes estar odiándome. No te culpo. A veces siento que por mi culpa tú ya no te acercas a mí como antes..."

- Ya llegué.

- Ah, Sato-kun. Eres el único que puede reanimarla.

- Comprendo - De inmediato subió las escaleras e ingresó a una de las habitaciones. Estaba muy bien decorada, con flores, cuadros y muchos peluches por casi todas las paredes. Había una cama al fondo, y en esa cama estaba acostada una persona. Daba la espalda a la puerta, dejando ver sólo su larga cabellera castaña clara. - Tsukasa, Satoshi-oniisan está aquí.

- ... - la joven tenía los ojos abiertos, pero no hablaba.

- Oh, vamos. Keiko-san ya te ha dicho por qué he llegado tarde.

- Miente... - susurró. Su voz era apagada, casi ausente.

- Tu hermanito te ha traído un nuevo dibujo, onee-chan. Sé que te va a gustar. Por favor, abre los ojos y mírame. Dime cómo estuvo tu día y que tal van esas lecturas - el chico sonrió, sentándose al lado de la muchacha. - Ayer me quedaste debiendo el resumen del espisodio tres de esa hermosa historia de amor...

- Sato-san miente...

- ¿Euh? - el chico sintió la voz ausente de su hermana. - ¿Cómo que miento?

- Sato-san ha pasado a casa de Kaisawa-san...

- ¡No! ¿Cómo crees?

- Llamaron a la casa, preguntando que por qué te habías ido... Hoy es el cumpleaños de la hermana de Kaisawa-san...

Keiko y Satoshi se miraron. Hidamarino-san se retiró del cuarto.

- Bueno... Sí, he pasado por unos instantes a la casa de Karina-san... - el joven observó que su hermana se cubría la cabeza con las frazadas. - ¡Pero sólo fueron unos diez minutos! Saludé a Rei-chan por su cumpleaños y me vine. Ni siquiera comí pastel.

- Haz pasado a casa de Kaisawa-san...

- Sí, sí, pero... ya te he dicho y... - suspiró - Lo siento, Tsuka-chan. Perdonáme si te sientes mal por mi culpa.

Ya no habló más. Satoshi comprendió que, otra vez, ella se había sentido con él. Y que, otra vez, él debía hacer méritos para que ella no siguiera con la ley del hielo.

Salió de la habitación de su hermana para ingresar a la suya. Confundido, se sentó en su cama. ¿Por qué siempre era lo mismo? ¿Por qué siempre su hermana, su onee-chan, le hacía lo mismo? ¿Por qué, desde que conoció a Karina, se comporta así...?

-"-"-"-"-"-"-"-"-"-

Otoño del 2002.

- ...y, bueno, mi hermana Tsukasa tiene ocho años, pero vive enferma.

- ¿Y eso a qué se debe?

- No lo sé... - el niño se rascó la cabeza, confundido. - Por más que le pregunto a mi mamá no me dice qué es lo que tiene, sólo que ella está enferma, pero que ya se mejorará...

La niña observó la calle. Su cabello pelivioleta estaba tomado en un moño de medio pelo, sus lentes eran grandes y redondos. El otro chico era un poco más alto que ella, con el cabello castaño y los ojos verde oscuro. Llegaron a una casa de dos pisos.

- Esta es mi casa - dijo el chico. - Espero que sea de tu agrado.

- Es muy bonita - respondió la chica.

Ingresaron y subieron al segundo piso. Entraron a una habitación, en donde se encontraba una joven de cabello castaño claro y de ojos verde esmeralda. En la cama se encontraba una chica del mismo color de cabello que la mujer, pero de ojos dorados como la niña de lentes.

- Haz traído a tu amiga a casa, Sato-kun. Justo a tiempo, Tsukasa acaba de despertar - sonrió la joven.

- Hi, mi nombre es Kaisawa Karina, mucho gusto - la niña de once años hizo una reverencia.

- Karina-san, ella es Tsuka-chan, mi hermanita.

- Hola - la niña de cabello castaño claro la observó detenidamente. Su voz era algo ausente. Estaba seria. No le gustaba recibir visitas sin ser avisada. Además, era la primera vez que su hermano traía a una chica.

- Keiko-san, ella es la niña que se me acercó la última vez que operaron a Tsuka-chan - sonriente, se dirigió a su hermana menor. - Su hermana nació el mismo día que te operaron, onee-chan.

La niña no dijo nada. Sólo comprendió que su hermano había hecho una amiga, y eso significaba que él no estaría con ella siempre. Sin decir palabra, se tumbó en su cama y le dió la espalda a todos los presentes. Satoshi y Keiko-san se quedaron mirando sorprendidos, y Karina sintió algo parecido a la compasión.

-"-"-"-"-"-"-"-"-"-

Comenzaron los problemas desde entonces. Satoshi se percató de ello muy tarde, cuando Sumomo se lo dijo en la cara a su hermana. "¡Eres una maldita celosa! ¡Egoísta! ¡Deja vivir a tu hermano! ¡No es sólo para ti! ¡Déjalo en paz!"

Estaba eso, y ese sentimiento de tristeza e impotencia cada vez que le decía que no a Karina cuando ella lo invitaba algún lugar, cada vez que iba a algún lugar con ella siempre tenía que dejar todo a medias, llamaba su tía o llamaba su hermana, diciéndole que tenía ir a la casa, que Tsukasa esto, que Tsukasa lo otro.

Pero... ¿por qué no se rehúsaba a complacer a su aprensiva hermana? Por que la vez que lo hizo se descompuso gravemente, yendo a parar al Hospital. Desde entonces, él decidió nunca más llevarle la contraria.

Era la primera vez que se comportaba así. Bueno, es que antes tampoco tenía amigas, sólo un amigo, un compañero de clases del cual dejo de saber cuando se incendió su casa hace nueve años atrás. Con ese chico se llevaban de maravilla, siempre jugando, siempre haciendo de las suyas en la primaria. La madre de él era amiga de su mamá, así que ella quedó destrozada al saber que su amiga falleció en el incendio. Hacia tanto que no veía ese chico, que apenas si recordaba su nombre. Se llamaba Koushiro. ¿El apellido? No lo recordaba, es decir, no recordaba el apellido que tuvo después del fallecimiento de su padre, sólo recordaba el antiguo, el apellido por como lo conoció. Koushiro Matsuki...

Pero claro, Tsukasa lo encontraba lindo. Cada vez que él iba a su casa, ella se ponía toda roja, apenas sí le salía la voz. Era una de las pocas veces que ella se comportaba de manera natural. Sonría, reía, se divertía.

¿Qué sería de él...?

- ¿Ya ves? Esa chica te detesta, y no veo el por qué.

- Sumomo-chan, ella... Bueno, tienes razón, es muy recelosa con Sato-kun, pero... es una buena chica, eso lo sé.

- ¡Sí claro! - el sarcasmo le salió muy exagerado. - Ya, mejor bajemos. Tu hermana se pondrá histérica.

Bajaron las escaleras, encontrándose con su mamá, quien iba con varias botellas de bebida. Ambas primas le ayudaron.

- Gracias. Y dime, ¿por qué se ha ido Sato-kun? Llamé a su casa y me contestó su hermana, diciéndo que él estaba de ayudante de aseo, y que era imposible que hubiera estado aquí en la casa.

- ¡¿Qué?!

Dejó caer las botellas que llevaba en sus manos. Grave error había cometido su madre.

- ¿Qué ocurre, hija?

- Mamá... - murmuró ella. Oh, cielos. De seguro que su hermana le ha armado la grande.

- Vamos a dejar estas bebidas, Musume-san - Sumomo recogió las botellas que Karina había dejado caer y salió seguida de una preocupada madre.

Subió a su habitación, tomó su celular en sus temblorosas manos y discó en número de Satoshi.

- ¿Sato-kun?

- Ah, Karina-chan.

- ¡Lo- lo siento! Mi madre llamó a tu casa y contestó tu hermana. ¿Cómo está ella?

- Como siempre, haciéndome la ley del hielo. Pero no te preocupes, ya se le pasará. La conozco. Esto es sólo un juego de su parte - sonrió para que Karina no se preocupara más. - Sabes lo exagerada que puede ser a veces.

- Eso espero, Sato-kun... y disculpa las molestias.

- No tienes nada que disculpar, Kari-chan. No ha sido tu culpa.

- Pero...

- Mejor te corto, si descubre que he hablado contigo se pondrá peor. Nos vemos mañana en clases.

- Hasta mañana...

Estúpida. Sonrió. Qué estúpida, siempre era lo mismo, no era nada nuevo. Se rió sola, bajando las escaleras con renovada alegría.

Todo iba a salir bien...

- ¡¡Sato-kuuun!!

Era un llanto, el llanto de su hermana menor. Estaba llorando, y llamando a Satoshi. No pudo evitar que se le partiera el corazón. No podía ver a su hermana menor sufriendo. Su padre la tenía en sus brazos, y observó a su hija mayor en la puerta de la casa.

- Será mejor que vayas por él...

Sin pensarlo, se echó a correr por las calles. Siete calles más arriba vivía Satoshi. Llegó jadeante, y tocó el timbre largo e insistente. Keiko-san salió a recibirla.

- Satoshi... tiene... que volver... Mi hermana... está... destrozada... - Apenas sí podía hablar, se le acababa el aire. Keiko-san comprendió a la perfección. Subió a la habitación de Satoshi.

- Karina está abajo. Viene por ti. Su hermana está destrozada, por que te fuiste.

Satoshi abrió los ojos muy sorprendido.

- Será mejor que vayas donde tu hermana...

Salió y fue donde su hermana. Aún permanecía dándole la espalda a la puerta.

- Iré al cumpleaños de Rei-chan... ¡y- y volveré cuando se acabe!

- No tienes por qué pedirme permiso, Sato-kun.

- ¿Euh?

- Haz lo que quieras.

Satoshi salió de la habitación. Cuando cerró la puerta, la joven de quince años hundió la cara en su almohada.

- ¡Ni que fuera tan importante cómo para que tengas que venir a buscarme! - Kaisawa no prestó atención a la broma de Hidamarino. Simplemente comenzó a caminar en dirección a su casa, seguida por él. - ¡Hey, Kari-chan! ¿Por qué no me hablas?

La joven se detuvo. Hubo un silencio prolongado. Giró su rostro con una sonrisa amable.

- ¡Una carrera hasta mi casa!

Comenzaron a correr. Obviamente, Satoshi ganó por una prominente ventaja. Estaba atardeciendo.

- ¡Sato-kun! - alguien se aferraba a él con fuerza. Era la hermana de Karina. - ¡Pensé que te habías ido!

- Sólo fui a mi casa a cambiarme de ropa, Reiko-chan.

Karina llegó en ese instante, conmovida por la escena. Satoshi cargó a Reiko, llevándola al patio trasero, en donde todavía se celebraba su fiesta.

- Waa... Reiko-chan viene en los brazos del chico lindo... - una niña de cabello rosa y ojos del mismo color suspiraba sonrosada, al observar a Satoshi y a Reiko.

- Ako-chan, es el amigo de Karina - le aclaró su hermana, más que molesta por la presencia de ese... maldito de Hidamarino.

- Pero que guay es, ¿no? Muy guapo...

- No tienes remedio... - suspiró su hermana.

- Ako-chan tiene razón, hermanita. Es un chico muy guapo - comentó la mayor de las hermanas Ichijouji. Su cabello rojo lo tenía tomado en una coleta. Sus observadores ojos rojizos observaron de pies a cabeza al recién llegado. Cerrando los ojos, la joven universitaria añadió: - Está bien "formado".

- ¡Misa!

- Dios, haya paz - rió Karina.

- Tienes muy buen gusto, primita.

- ¿Neh?

- Me refiero a tu amigo, el guapetón.

- ¡¿Eeh?!

- Karina-chan tiene la suerte de conocer a ese chico tan kawaii... - suspiró Ako, la menor.

- Esto...

- No les hagas caso - suspiró la de coletas. - Sabes cómo son estas dos. Una la niña-kawaii-que-todo-lo-consigue, y la otra una pederasta.

- ¡Repite eso en mi cara, twin-tail!

- ¡Oblígame, morrón con patas!

- Dios... - suspiro por parte de la joven pelivioleta. - Ako-chan, lo mejor será que separes a tus hermanas... ¿Eh? ¿Ako-chan?

- Soy Ako, la prima de Rei-chan... - la niña de ocho años se acercó al castaño, con una expresión muy tierna en la cara. - Puedes decirme Ako-chan, si gustas...

- Esto... - el joven se veía acosado por varias niñas más, quienes le observaban con brillos en los ojos.

- Oh my... - atinó a decir Karina, observando la escena con una gota de sudor en la cabeza.

- ¡Hey, Ako-chan! ¡No es justo! - gritó Misa. Tenía a Sumomo tomada de las coletas, como quien toma a un conejo de las orejas.

- ¡Suéltame! - gritaba la hermana del medio.

Karina soltó una risita divertida apenas audible. Qué gracioso todo esto, Satoshi atría a todas las niñas de la fiesta, incluyendo a la mayor de sus primas, quién dejó a Sumomo en el suelo para ir donde él. Escuchó un "¡Eres una maldita bruja!" por parte de la pelirrosada que se encontraba sentada en el suelo. Sintió que alguien posaba su mano en su hombro izquierdo.

- Al menos tu hermana dejó de llorar.

- Papá... Reiko le tiene mucho afecto a Satoshi.

- ¡Y que lo digas! - sonrió el hombre de cabello negro y ojos miel. Soltó a su primogénita para ir donde se encontraba Satoshi. - ¡Muy bien, dejen de acosar al pobre muchacho!

"Ahora Satoshi es todo un Don Juan", la joven de lentes comenzó a reír por lo bajo nuevamente. "Atrajo a todas las amigas de Reiko-chan. ¡Qué divertido!"

"¿Acaso yo también estoy prendida de él...?"

"¿Acaso yo siento algo más por él...?"

"¿Acaso él... puede amarme?"


¡Esto recién empieza! Espero que la historia tenga buena acogida, tengo presupuestados cuatro o cinco capítulos. ¡Hasta pronto!

AbyCat

Favorite : Story Author   Follow : Story Author

  .    .