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Fiction » Humor » Adolescencia, problema de hoy y siempre font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Runa Kisara
Fiction Rated: K+ - Spanish - Humor - Reviews: 17 - Published: 10-29-08 - Updated: 11-24-08 - id:2589960

N.A.: ¡Holas! Volví con un capítulo más. Esta vez (creo) más gracioso. Espero que lo disfruten.

Título: Citas.

Autora: Runa Kisara.

Disclaimer: Estos son una serie de one-shots originales. Puede que guarden alguna relación, pero eso es mera casualidad. Todos los personajes son de mi creación, así que si pillo a alguien copiándolos... mejor que no me vean enojada.

Resumen del capítulo: Joda, ¿qué hizo para merecer unas amigas así? Y peor aún, ¿por qué sentía esas mariposas en el estómago?


Cita

-¡No, esta tampoco me va bien! –se quejó Andrea, lanzando la camiseta por los aires. Su cuarto, normalmente desordenado, ahora parecía la víctima de un huracán. La ropa estaba esparcida por el suelo sin ton ni son, formando extrañas figuras de colores; la cama y el escritorio prácticamente no se veían por culpa del montón de prendas. Mejor ni hablar de los estantes y las paredes.

Ese día tenía la cita con Fernando, y por alguna razón que escapaba de su comprensión, se había pasado las últimas cuatro horas probándose ropa.

-¿Por qué no tengo nada bonito que ponerme? –volvió a gruñir la joven. En realidad, le faltaba revisar un cajón, pero allí había cosas que iban en contra de los principios morales de la rubia. Principios que ni en el colegio habían logrado doblegar.

Fernando tocó el timbre de la preciosa casa estilo victoriano en la que vivía Andrea. Era enorme, con dos plantas y a veces se preguntaba por qué tenían una casa tan grande si sólo eran tres personas.

-Uhm… hola Fer –saludó tímidamente la muchacha, interrumpiendo las cavilaciones de su amigo. Fernando le iba a devolver el saludo, pero solamente atinó a abrir la boca al ver como iba vestida. ¡Llevaba puesta una falda!

-Estás… estás… estás… -balbuceó Fernando sin llegar a concretar la frase. Al parecer, la impresión de ver a su amiga utilizando minifalda, había logrado hacerle olvidarse hasta de cómo hablar. Y es que lo que no habían logrado el director de la secundaria, sus profesoras, su madre o sus amigas, ¡lo había logrado una jodida cita!

-Cuando dejes de balbucear, avísame, que llegaremos tarde al cine –comentó Andrea con algo de frialdad. Le ofendía un poco que el chico la mirara de arriba abajo, como quien mira a un marciano.

-Ehm… ya, vamos – tartamudeó Fernando, al tiempo que enrojecía levemente.

Carla, Raina y Flor montaban guardia en la puerta del cine. Llamaban la atención, y mucho, pues llevaban puesto un uniforme militar de camuflaje –cascos, binoculares, maquillaje y radio incluidos- que, en un trío de adolescentes, resultaba francamente cómico.

-¿Por qué tardan tanto? –preguntó Raina, consultando su reloj. Las otras dos se encogieron de hombros. Flor frunció el ceño.

-Tal vez Andrea sospechó algo y…

-¿Cambió la hora de la cita? No lo creo –la cortó Carla-. Ella tiene las dotes de deducción de una piedra, no sospecharía ni en un millón de años.

-Eso no lo sabemos –la contradijo Flor-. Andrea es impredecible, y nosotras fuimos bastante claras.

-¡Ya, vale! ¡Lo admito! –exclamó Andrea. Después de diversas torturas, que nada tenían que envidiarle a la inquisición, la desdichada joven había confesado.

-Es decir, ¿vas a salir con Fernando al cine, el viernes a las ocho? –preguntó Flor, con una gran sonrisa adornando su rostro moreno. Andrea asintió de muy mala gana.

-¡Nos morimos por verte en la cita! –dijo Carla con entusiasmo, al tiempo que pellizcaba las mejillas de la rubiecita-. ¡Nuestra bebé está creciendo!

-Y nosotras veremos desde las sombras –bromeó Raina. La pobre víctima abrió los ojos como platos.

-¡Oh, no! ¡No vendrán!- Andrea estaba ofuscada, sentía como se le subía la sangre a la cara, y lo último que quería era a ese trío de locas en SU cita. No, no, no, no, no, no.

-Oh, no, claro que no iremos –la tranquilizó Carla, haciendo un ademán condescendiente con la mano y un brillo malicioso en los ojos.

-¡Allí están! –exclamó Flor, que observaba por los binoculares. Las tres se escondieron detrás de unas macetas con arbustos para que no las vieran. Flor volvió a enfocarlos-. Vaya, Fernando se ve muy bien, y Andrea… ¡¿trae puesta una minifalda?!

-¡¿Que qué?! –vociferaron las otras dos. Eso iba en contra de toda lógica.

-¡Deja ver! –dijo Raina, arrebatándole los binoculares. Echó una ojeada-. ¡Por Circe, es verdad! ¡Andrea se ve como… como… como una chica!

Andrea caminaba lento al lado de Fernando. Sentía la mirada furtiva del chico sobre ella, y eso la incomodaba. Él la incomodaba. Había algo en ese chico que la hacía sentirse rara, cuando lo veía sentía mariposas en el estómago, su ritmo cardiaco aumentaba y se encontraba torpe como un cachorrito. Un cachorrito enamorado.

-¿Por qué estás tan callada? –Preguntó Fernando-. Normalmente no cierras la boca ni bajo el agua.

-Estaba pensando –contestó Andrea en un hilo de voz. Su amigo notó su tono de voz, mucho más débil de lo habitual, y la abrazó. Ella se ruborizó bastante, pero de igual manera dejó que él le diera un beso en la mejilla.

-Venga, apurémonos o llegaremos tarde –le apremió Fernando.

La película había pasado sin mayores sobresaltos, a menos que contemos, claro, que era una película de terror y que Andrea había mantenido la cara enterrada en el costado derecho de Fernando por, prácticamente, dos horas.

-Perdón, no sabía que te asustaban tanto las películas de terror –se disculpó el chico, mientras salían del cine.

-¿Me creerías que ni yo lo sabía? –Comentó ella, esbozando media sonrisa-. Pero exijo un helado de compensación.

El chico le devolvió la sonrisa y se encaminaron a la heladería.

El trío de espías se escondía detrás del mostrador de la heladería, que se encontraba cerca del cine.

-¡Argh! ¡No se oye una mierda desde aquí! –se quejó Flor. Fernando y Andrea se hallaban a tres mesas de distancia, pero no se podía oír nada.

-Deberíamos acercarnos –sugirió Carla.

-No, nos podrían descubrir –le dijo Raina.

-¿Y qué hacemos? –inquirió nuevamente Carla.

-Podríamos… -. Flor miró a los alrededores, buscando inspiración. Y la encontró-. Podríamos amarar una de las radios a la soga y colgarla de allí –explicó, señalando una viga del techo. Las otras dos la miraron completamente estupefactas. Ese plan era…

-¡Lo más ridículo que he escuchado! –exclamó Carla.

-¿Tienes otra idea mejor? –le preguntó Flor, mirándola con algo de fastidio. Carla miró a Raina con un brillo malicioso.

-Creo que sí -. Y les contó lo que tenía en mente. A Flor le pareció una magnífica idea, pero a Raina no le hizo mucha gracia.

-No –dijo la joven de cabellos rojizos. Se negaba, no la iban a convencer de hacerlo.

-Vamos, es una excelente idea –le instó Flor-. Y tú eres perfecta, por ser la más baja de las tres.

-No.

-Por favor –suplicó Flor, poniendo cara de gatito mojado. Raina suspiró.

-Vale, pero si Andrea me descubre, nos matará a las tres.

Y, con una sorprendente agilidad, Raina caminó a gatas por el suelo de la heladería hasta llegar cerca de la mesa de la “parejita”. Todo estaba saliendo bien, pero no contaron al distraído mesero que justamente pasó por allí para llevarle los helados a Fernando y Andrea.

-¡Ay, cara…! –gritó Raina, al tiempo que el mesero tropezaba y los helados caían sobre Fernando, que para evitar que el mesero le cayera encima, se dio un golpazo con el piso y rompió una silla. Andrea se paró de un salto y, con un lindo gesto de furia, agarró a su querida amiga de una oreja.

-¿Qué hacen ustedes aquí? –preguntó la rubia, aguantando las ganas de reírse de Fernando y matar a sus amigas.

-Sólo veíamos tu cita –explicó Raina. Las otras dos llegaron corriendo, para tratar de aplacar a la rubia.

-¡¿Les dijiste?! –preguntó Fernando. Andrea asintió-. ¡Andrea! ¡Quedamos en que no les dirías!

-¡Lo sé! Pero me torturaron –se excusó la jovencita. El chico suspiró, mientras el dueño del negocio venía a ver semejante alboroto. Esta sería una larga velada…


¿Les gustó el capítulo? ¿Quieresn conti? ¿Es un bodrio? ¡Todo puede ser dicho con el botoncito del rr. Nah... espero que les haya gustado, y esperen una próxima entrega de mi serie.



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