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Género: Fantasy, Drama
Leyenda:
-Bla.- habla normal.
-Bla.-Pensamientos.
---------- Cambio de escena.
Dedicatoria: A Laura, que le hacía (y hace) mucha ilusión. ¡Gracias por aguantarme!
TOCOU
La esencia de las almas
Por Hannah BlueBird
Capítulo 1
El frío llenaba aquella solitaria noche en la ciudad de Londres. Todo estaba en silencio, y ni un alma se atrevía a romperlo. La escarcha se acumulaba bajo las aceras, debido a la nevada de la noche anterior, y le daba un aspecto desaliñado a las calles.
Casi tan desaliñado como el del hombre que en ese momento atravesaba corriendo la calle.
Aparentaba más de cincuenta años, pero eso no le impedía correr como si de un muchacho se tratara. Portaba en sus brazos un objeto del tamaño de un puño y no dejaba de mirar alrededor a la vez que corría.
Al llegar a una esquina, se detuvo unos instantes. Jadeó, y un vaho blanquecino se escapó de su boca para morir en el aire. Miró de nuevo a los lados, y echó a correr.
No se dio cuenta de que una sombra le observaba desde uno de los callejones.
La sombra sonrió.
Aquel hombre no tenía ni idea de que aquella iba a ser su última noche.
Laura tiritó, y se refugió aun más en su abrigo. El viento le alborotó su corto cabello negro. Aquella tarde había tenido clase de baile, y su madre no había podido ir a recogerla. Por eso tenía que caminar hasta su casa ella sola.
Suspiró.
No le gustaba nada andar sola de noche.
Y precisamente tenía que ser ESA noche, la noche más fría, la noche más oscura, la noche más solitaria, la noche que su madre no había ido a recogerla.
Hizo un mohín. Ya se enteraría su madre cuando volviera a casa.
Se ajustó la bufanda, recargó su mochila y continuó caminando. De todas formas, la cosa no iba tan mal.
Tan sólo estaba un poco oscuro y un poco solitario, nada más. Y seguro que las farolas se habían fundido por pura coincidencia.
Toda buena voluntad se desvaneció en cuanto vio a aquel hombre desvanecerse en mitad de la calle.
Sin dudarlo, Laura se precipitó hacia él. Aquel hombre no aparentaba más de cincuenta años, pero su desesperada mirada era más antigua que las estrellas. Tenía la ropa llena de sangre por un costado.
-¿Se encuentra bien?- gritó Laura, agachándose. La chica examinó la sangre, y tal como había pensado, provenía de una profunda herida en uno de los costados.-¿Qué se supone que le ha pasado?
-Escúchame...- dijo aquel hombre. Su voz era entrecortada.- Tienes que... marcharte... enseguida.
-No pienso dejarle aquí.- dijo la chica con determinación. Rebuscó en su bolso algo con que detener la hemorragia.
-Huye. Y... llévatelo.- susurró el hombre. Le extendió un paquete del tamaño de un puño, liado descuidadamente en un extraño papel marrón.- Dáselo a...
-¡No le dejaré!- gritó Laura. No podía dejar a ese pobre hombre tirado en la calle, ella no era así.
-¡Escucha!- gritó, en un amago por recuperar su voz.- Es importante. Yo... voy a morir.
-¡No va a...!- gritó la chica, pero el anciano comenzaba a cerrar los ojos.- ¡Espere! ¿Qué debo hacer con él?
-No lo abras... Dáselo... a... Archer.- susurró. Y dando un último suspiro, cerró los ojos para no volver a abrirlos jamás.
Laura jadeó. A sus dieciséis años, era la primera vez que veía un cadáver. Sus ojos castaños se abrieron de sorpresa y terror. ¿Qué debía hacer? Si llamaba a la policía, seguro que le hacían muchas preguntas sobre aquel hombre totalmente desconocido.
Se levantó de golpe. Sus ojos escrutaron la oscuridad, y le entró un pánico indescriptible al oír un crujido detrás de ella. Sin saber qué hacía, corrió como nunca había corrido por donde había venido, sin mirar atrás.
Apretaba fuertemente el paquete contra su pecho.
La sombra se acercó al cadáver, y comenzó a examinarle. Le dio una fuerte patada a la cabeza del anciano al no encontrar lo que tanto ansiaba.
Pero sonrió. Cargó con el cadáver del hombre, y se alejó por los tejados de aquel lugar, tras asegurarse de que no quedaba ni un rastro de la sangre del viejo.
Miró hacia el lugar donde se había ido Laura.
-Te encontraré, pequeño ratoncito.- susurró, y se relamió los labios.
-¿Aun no me vas a decir qué te ha pasado?- preguntó la madre de Laura. Removió la sopa que estaba cocinando.
-Huh....
Laura suspiró. Estaba sentada en una silla del comedor. Tenía los brazos apoyados en la mesa, y frente a ellos, el extraño paquete irregular y mal forme.
-Oye, mamá...- susurró la chica. No apartaba los ojos del paquete.
-Dime.
-¿Conoces a un tal Archer?- preguntó. Su madre removió la sopa una vez más.
-¿Archer?- preguntó a su vez. Puso un dedo en la barbilla.- Archer.... Archer... Lo siento, no me suena. Pero tal vez aparezca en el directorio telefónico.
Laura se levantó de un salto, y fue corriendo a mirarlo.
-¿Cómo no se me ha ocurrido antes?
Pasó con rapidez las hojas del directorio.
-Aquel hombre me dio ese paquete porque era importante para él. Tal vez ahora sea importante para alguien. Como la última persona que le vio con vida, es mi deber cumplir su última voluntad.
Sonrió al encontrarse con ese nombre que ya se le antojaba conocido, pero su sonrisa se esfumó de inmediato. Cerró el directorio de un golpe seco.
Volvió a la cocina, donde se sentó, exhausta.
-Hay como 15 personas que se apellidan Archer en la ciudad, mamá.- dijo, a su pesar. Su madre rió.
-¿Quién es ese tal Archer? Si se puede saber, claro.
-Tengo que darle algo que encontré y que supuestamente le pertenece.- dijo, mirando fijamente el paquete, que seguía sobre la mesa.
-¿Y tienes que hacerlo en persona? Ni que fuera tan importante...
Laura suspiró.
-Tal vez lo sea...
Laura se puso su mochila con violencia. Había pasado una semana desde que aquel hombre había muerto. ¡Una semana! No había noticias sobre su muerte en los telediarios, ni en la radio, ni en los periódicos.
Nada. Como si nunca hubiera pasado.
Pero en parte, ella estaba enfadada porque había contactado con todos los Archer , y ninguno de ellos parecía conocer a un anciano que quería darle un paquete horrible y mal envuelto.
Suspiró. No iba a ser tan fácil, después de todo.
-¡Oye, Laura!
Laura se giró, y sonrió.
-Hola, Adam.- dijo, con una sonrisa.
Adam también sonrió. Tenía una corta melena negra, con algunas mechas blancas en el flequillo, y unos ojos terriblemente azules. Era bastante más alto que Laura.
-¿Me dejarás hoy que te acompañe a casa?- se ofreció el chico, con una sonrisa que pretende conseguirlo todo.
-Lo siento mucho.- dijo la chica, algo sonrojada.- Pero ya sabes que mi madre viene a recogerme, así que no puedo. ¡Lo siento!
-Bueno...- contestó Adam, sin perder la sonrisa.- Algún día lo conseguiré, que no te quepa duda.
Laura se despidió, y salió corriendo del instituto. La verdad es que su madre no venía a recogerla hoy, pero tenía cosas que hacer.
No le gustaba mentir, menos a Adam, el chico que tanto el gustaba, pero aun así sus motivos ejercían un peso mayor.
Dejó de correr en cuanto se acercó al parque. Aquel día era soleado, así que mucha gente había decidido salir a pasear.
-Son como lagartijas.-sonrió.- Salen en busca de algo de sol.
Palpó el paquete, que estaba en uno de los bolsillos delanteros de su vaquero. Tal y como había prometido, no lo había abierto. Pero no podía negar que le provocaba cierta curiosidad.
Paseó con tranquilidad por el parque. Algunos niños jugaban con una pelota cerca de unos álamos, y un grupo de jóvenes dibujaba a la sombra.
Le gustaba aquella tranquilidad.
Se sorprendió al ver cómo la gente se apartaba de un lugar determinado del parque, entre asustada y asqueada. Laura no pudo reprimir su curiosidad, y se acercó hasta aquel lugar.
Un chico muy extraño dormía en el banco del parque en el que ella se solía sentar. Tenía el cabello largo y rojo, recogido en una coleta, y bajo el banco, había un objeto alargado envuelto en una especie de tela marrón.
Llamaba bastante la atención.
Laura sacudió la cabeza. Posiblemente era un vagabundo que no tenía ningún lugar para dormir, así que decidió alejarse y dejarle ahí. No iba a despertarle porque estuviera ocupando su lugar especial, ¿verdad?.
Para su sorpresa, uno de los niños que había visto antes pasó corriendo por su lado, provocando que cayera justo encima de aquel chico.
En consecuencia, el chico abrió los ojos y la miró con cara de pocos amigos.
-¿Se puede saber para qué me despiertas?-dijo. Laura no pudo evitar fijarse en el color tan inusual de sus ojos; dorado.
-La verdad es que me han empujado, me he caído, y te iba a pedir disculpas. Pero veo que eres un maleducado, así que mejor te dejo en paz y tu a mí, ¿de acuerdo?- Laura se alejó. Odiaba a la gente sin modales.
-Aaaah...- suspiró el chico, a la vez que se incorporaba y se rascaba la cabeza.- La muy idiota me ha despertado.... con lo poco que eh dormido.
Bostezó, se estiró y cogió el objeto que había bajo el banco.
Caminó con parsimonia hasta uno de los quioscos que había en el parque.
-Que mal despertar he tenido, Jim.- dijo al hombre que atendía el puesto, rascándose de nuevo la cabeza.- Una chica se ha sentado encima de mí y me ha gritado.
-Jaja.- el hombre soltó una sonora carcajada. Le faltaban un par de dientes.- No hay día que no te pasa nada, ¿eh, Archer?
El chico sonrió. Adoraba que la gente le llamara por su apellido.
Continuará...
Pronto más.
ATTE: Hannah BlueBird