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Fiction » Fantasy » TOCOU: La esencia de las almas font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Hannah BlueBird
Fiction Rated: K+ - Spanish - Fantasy/Drama - Reviews: 25 - Published: 11-21-08 - Updated: 06-23-09 - id:2599129

Antes de nada, disculparme por el retraso, estaba en la recta final del curso, y obviamente una montaña de exámenes se me vino encima en muy poco tiempo, por lo que no tuve tiempo de continuar ninguna de mis historias. Eso sin mencionar la muerte y resurrección de mi ordenador.

Gracias a Kairi Minamoto, a Abycat y a Esciam por sus reviews.

También a Laura (ya sabes por qué) y a todos los demás.


Capítulo 9:

Laura se llevó las manos a los ojos para protegerse de la fuerte luz. Cuando creyó que el fogonazo había pasado, las apartó y miró a su alrededor.

La estancia era completamente circular, por muy extraño que pareciera. Tanto las paredes como el suelo estaban pintados de un blanco cegador, casi irreal. En el centro de la sala se alzaba una tarima, también circular. Y en el centro de la tarima había agachada una chica. Tenía la cabeza enterrada en las rodillas, que rodeaba con sus brazos.

-Wegoko.- dijo WajaWuja con voz autoritaria.- Passeris ha regresado.

La chica alzó lentamente la cabeza. Tenía el pelo lila, al igual que sus hermanos, y parecía estar azotado por el viento. Mantenía los ojos suavemente cerrados.

-¿Está el Guardián con ellos?- preguntó, con voz dulce de niña.

-La Guardiana.- corrigió Fitufú.- Es mujer.

-Oh, Fitufú, también estás aquí.- murmuró Wegoko. Su voz, aunque suave, resonaba de una manera misteriosa por toda la sala.- Entonces Bluber y William también deben de estar aquí.

-Por supuesto.- rió Bluber.

Wegoko giró la cabeza pro toda la sala, pero aún con los ojos cerrados. Frunció el ceño.

-No noto su presencia en esta sala.- murmuró. Luego, alzó de nuevo la voz.- ¿Dónde está Samael?

Laura vio como todos excepto ella se quedaban petrificados, mirando fijamente a Wegoko. Archer comenzó a gruñir.

-¿Quién es Samael?- preguntó Laura.

-Nadie que te importe.- gruñó Archer.- No está con nosotros, Wegoko. Ya no va a volver.

-Lo sabía.- la chica dirigió su punto de mira hacia Laura, aunque se mantenía con los ojos cerrados.- Esa voz debe de ser de la Guardiana, ¿no es así?

-Wegoko, deja de hacer preguntas estúpidas. Sabemos que lo sabes.- WajaWuja se cruzó de brazos y cerró los ojos.- Haz lo que tengas que hacer.

Wegoko bajó elegantemente de la tarima y se acercó a Laura. Puso sus dedos en al frente de la chica y tomó aire. Wegochi comenzó a correr por toda la habitación, esparciendo incienso por el suelo.

Para sorpresa y terror de Laura, la cara de Wegoko comenzó a agitarse violentamente, y su cuerpo comenzó a sufrir pequeñas sacudidas. Aunque Laura intentó apartarse de Wegoko, descubrió que no podía moverse.

Tras varios minutos, Wegoko pareció calmarse y despegó sus dedos de la frente de Laura. Luego, se dirigió a WajaWuja.

-No va a dar problemas.- dijo.- Aunque es posible que sufra mucho, tanto físicamente como mentalmente. Puede que ahora no esté preparada para todo lo que se avecina, pero lo superará.

-¿Conclusión?- preguntó Fitufú.

-El Tocou la apoya.- la chica se encogió de hombros.- Así que está bien.

Archer suspiró de alivio. Fitufú sonrió y Bluber se cruzó de brazos. Murmuró algo que Laura no alcanzó a escuchar.

-Bueno, será mejor que os vayáis a descansar. - dijo WajaWuja, mirando a Wegochi.- Mañana ya definiremos una estrategia para defender el Tocou.

Laura iba a decir algo, pero Archer la arrastró fuera de la sala junto con los demás.


Liona se quedó mirando a la extraña criatura durante unos minutos que se le hicieron eternos. Esta vez tenía que admitir que su maestro se había esforzado con su nueva creación. Esta vez parecía casi humano, casi... Y tal vez incluso, atractivo.

Samael sonrió con suficiencia.

-¿Qué te parecen los cambios ahora, Liona?-dijo, acercándose a la criatura.

-No parece un monstruo.- susurró.

-Por supuesto que no.- rió el maestro, tomando del mentón a Grell y observándole mejor la cara.- Creo que ahora incluso podría hablar con coherencia.

-Sabes que no me refiero a eso.- Liona desvió su mirada hacia al suelo, y de nuevo hacia Grell.

La transformación había sido perfecta. Ahora Grell no era un monstruo musculoso de más de dos metros de altura; Ahora parecía un chico de entre 18 y 20 años, ancho de hombros y con abundante pelo blanco. Pero lo que más destacaba eran sus enormes ojos rojos y dos enormes brazos negros con garras afiladas que le llegaban casi a los tobillos, por lo que andaba siempre encorvado.

-¿Qué va a hacer ahora?- susurró Liona.

-Por lo pronto, vamos a esperar una noche más. –dijo el maestro, alejándose de Grell y mirando a Liona.- Según mis informes, ya deben de estar en el templo de Wegoko. Esta noche es para descansar, y mañana temprano iréis a hacerles una pequeña visita...Aunque preferiría ir yo mismo.

-¿Y por qué no vas, si tantas ganas tienes?- gruñó Liona.

El maestro rió entre dientes.

-Sabes que es prácticamente imposible.

El maestro se alejó, dejando a Liona a solas con Grell, que dedicó al monstruo una sonrisa de autosuficiencia.


Laura estaba sentada en el suelo de madera de una habitación considerablemente más pequeña que la Sala de Profecías. Observaba divertida a Fitufú, que tenía un curioso pijama de niño, adornado con aviones y camiones de bombero. Bluber, que usaba un camisón largo, se sujetaba el estómago a causa de la risa.

-¡Ay ay ay, Fitufú!- rió.- ¡No puedo creerlo! ¡Tu eras un digno guerrero! ¿Qué te ha pasado en el cerebro para que te pongas eso?

-¿Qué le pasa?- preguntó inocentemente Fitufú, a la vez que se observaba.- Yo lo encuentro muy práctico y muy bonito.

Bluber rió aun más fuerte. Laura desvió su mirada hacia Archer, que tenía la espalda apoyada en la pared. Se había dejado su rojo cabello suelto, que le llegaba a la altura de la cintura, y usaba una camiseta sin mangas negra y pantalones blancos. Parecía pensar en algo demasiado complicado para explicárselo a ella.

Laura se ruborizó. “ Está muy guapo cuando pone esa cara”, pensó, e inmediatamente sacudió la cabeza.

Cuanto más reía Bluber, más fruncía el ceño Archer, hasta que el chico explotó.

-¡Dejadlo de una vez, esta noche hay que descansar!- gritó.- ¡Mañana puede haber guerra!

-Ah, vamos Willy, no me seas muermo.- bromeó Bluber.- Hace tiempo que no estamos los tres juntos, ¡divirtámonos!

-Buenas noches.- murmuró Archer, metiéndose en uno de los cuatro sacos de dormir que había en la sala.

-Vaaaaaaleeeee.- Bluber frunció el ceño y se quedó mirando al suelo, sin saber que hacer. Fitufú continuaba mirando su pijama.

Entonces, Laura sonrió con pillería y se acercó a Bluber. Le susurró algo al oído, y la chica también se rió, para luego susurrarle algo a Fitufú.

Los tres se sentaron al lado del saco de dormir de Archer, y comenzaron a reír entre dientes.

-Bueno, ahora vamos a cantar una canción típica humana.- rió Laura. Se aclaró la voz.- Venga, allá vamos: una, dos y...

-Archer se hizo pis en el saco de dormir.- entonaron los tres a la vez.

Archer se levantó rápidamente y comenzó a perseguirles por la habitación. Los otros tres no podían parar de reir.

-¡Pero que mala uva tienes, Archer! ¡Si es una canción muy divertida!- exclamó Bluber mientras corría.

-¡Cancioncitas os voy a dar yo!-exclamó Archer, visiblemente enfadado, aunque con un asomo de sonrisa en su cara.


Liona corría a través de los árboles del bosque, siguiéndole los pasos a Grell. Notaba el aire tenso, y no le gustaba nada la influencia de la luna. Presentía que algo iba a salir mal.

-Grell, ¿puedes notarlo también?

La criatura se giró hacia ella y sonrió.

-El temor es para los débiles, Liona.


Hacía ya horas que se había acabado al diversión y ahora todos dormían. Todos excepto Laura, que se había estado despertando durante toda la noche y al final no pudo volver a dormirse.

Harta de estar tumbada en un incómodo saco de dormir, se levantó y decidió dar un paseo por la torre. Salió de su habitación, y no pudo evitar dar un grito ahogado al ver a WajaWuja parada en la escalera, mirándola fijamente.

-¡WajaWuja!- exclamó Laura.- Menudo susto me has dado.

-Que yo sepa, la única sorprendida aquí debería ser yo.- contestó WajaWuja, alzando las cejas.- No deberías pasear a estas horas.

-Lo sé, pero es que no podía dormir, y además tengo muchas dudas.- murmuró Laura.

-Bueno, tal vez yo pueda resolvértelas.- respondió WajaWuja, y se sentó en el suelo. Laura la imitó.- ¿Qué quieres saber?

-Bueno... me gustaría saber por qué Wegoko adivina cosas, quien es el tal Samael...- comenzó Laura.

-Uff, eso es demasiado extenso para contarlo por separado.- WajaWuja se llevó una mano a su frente y se apartó el flequillo.

-¿Y si me lo cuentas todo, desde un principio?

WajaWuja miró seriamente a Laura durante unos minutos. Luego cerró los ojos.

-Supongo que no pasa nada por contártelo.- accedió.- Verás, todo comenzó hace 7 años, cuando los gemelos tenían 14 y yo 18. Por aquel entonces, Wegoko no tenía visiones y era la Guardiana del Tocou.

Laura abrió la boca en señal de sorpresa.

-Pero todo se fue al traste cuando comenzó todas estas guerras que estás viendo ahora, con tantos monstruos dirigidos por Liona DaMonzter, como consecuencia de una ruptura en Passeris.

-¿Una ruptura?- preguntó Laura.

-¡No me interrumpas! Ese tema es tabú y no debo ser yo quien te lo cuente. Bastante estoy haciendo ya con contarte lo nuestro... El caso es que Wegoko resultó gravemente herida y estuvo a punto de morir. Pero Wegochi invocó al Tocou en su lugar, y se cedió a él y a su hermana la vida eterna. Ellos son como Bluber y Fitufú, nunca envejecen ni mueren.

Laura asintió.

-El caso es que el consejo de los elfos, los protectores del Tocou, decidieron que ellos deberían merecerse la inmortalidad, así que despertaron el don de la adivinación en Wegoko, y Wegochi se dispuso en calidad de ayudante. Como consecuencia de esto, Wegoko se quedó ciega. Podía ver el futuro, pero no lo que tenía frente a su cara. Para diferenciarnos, tiñeron nuestro pelo y nuestros ojos de este color lila que ves.

-¿Entonces, tú también eres inmortal?- preguntó Laura.

-No, yo continúo envejeciendo. Ahora tengo 25, y ellos tienen 21, pero aparentan la edad de 14. Antes éramos humanos corrientes, pero una jugada del destino nos hizo convertirnos en lo que ahora somos.

-Pero tú tuviste elección, ¿no es así? Pudiste haber decidido quedarte siendo humana.

-Por supuesto. Pero estos chicos se hubieran quedado sin nadie que les cuidara, y por aquel entonces eran sólo niños. Crecimos sin padres, vagabundeando por todo Londres hasta que Wegoko encontró el Tocou.

-Pero... no entiendo.- murmuró Laura.- ¿Y por qué estáis aquí, en esta torre?

-Wegoko, antes de que todo cambiara, tenía sueños premonitorios, lo que influenció para que despertaran su don. Los elfos lo querían para buscar a los nuevos Guardianes. Hubo otros, pero todos murieron pronto debido a que el poder les consumía. Además, los ataques de Wegoko afectaban a nuestro entorno, así que decidieron aislarnos en este templo, que está protegido por una piedra especial, similar a la de las cuevas. También es por eso que la Sala de Profecías está tan alejada de lo que es la superficie.

-Entonces... básicamente sois herramientas de los elfos.

-Podría decirse así.- por primera vez, WajaWuja sonrió.- Pero Fitufú y su hermana son amables con nosotros, vienen a ayudarnos y nos hacen visitas. Archer es un tanto... irritable, pero también es muy amable. Ellos fueron los que nos escoltaron hasta aquí, y luego no volvimos a verles hasta ahora.

-De acuerdo.- Laura sonrió.- ¿Y quién es Samael?

-Bueno, será mejor que te acuestes ya.- dijo WajaWuja, incorporándose.- Mañana ellos van a estar llenos de energía y tu vas a estar con los ojos pegados. Así que buenas noches.

-¡Espera!- gritó Laura mientras era empujada hacia su habitación.- ¡No em has contestado!

Pero WajaWuja había cerrado ya la puerta y no la escuchaba.


Continuará...

Pronto más.

ATTE: Hannah BlueBird



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