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Fiction » Fantasy » Espiral: La Era Del Corazon Plateado font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Zoey D'arnney
Fiction Rated: T - Spanish - Adventure/Fantasy - Reviews: 1 - Published: 11-23-08 - Updated: 06-27-09 - id:2600086

Capítulo Dos:

La Cascada de Cristal

Los siete jóvenes caminaban tranquilamente por el sendero en medio del bosque, observando los altos y frondosos árboles que se erguían imponentes a su alrededor. Parecían ser árboles muy antiguos y fuertes. Dadas las características de la vegetación en general, cualquiera diría que se encontraban en una zona totalmente oculta y virgen del bosque. Sin embargo, el sendero por el cual caminaban parecía estar muy bien mantenido, lo que contrastaba bastante con el paisaje que les rodeaba.

Resultó ser que Ligia tenía razón con respecto a sus cálculos y, menos de una hora después de su último tropiezo, empezaron a escuchar el sonido de una cascada, el cual aumentaba a medida que avanzaban, hasta que, finalmente, el sendero se abrió revelando un claro en medio del bosque, en el cual se encontraban la cascada y su laguna.

A pesar de no ser una laguna muy amplia, la vista que tenían ante sus ojos era simplemente hermosa, y los jóvenes se quedaron boquiabiertos sin pronunciar palabra alguna por unos cuantos minutos. Ante ellos, se alzaba majestuosa la caída de la Cascada de Cristal, formando una pequeña laguna rodeada de árboles y arbustos pequeños con flores y frutos de diversas formas y colores. El agua de la laguna era transparente y brillante como el cristal, y si una persona se inclinaba un poco sobre el borde, podía ver perfectamente bien el fondo formado por piedras lisas y una que otra planta acuática.

- Debe tener, por lo menos, unos cien metros de altura… - comentó Vicente, mientras observaba la caída de la Cascada, la cual era verdaderamente alta, aunque bastante fina y estrecha.

- Si, es muy alta, y mucho más hermosa de lo que parecía en la fotografía. – dijo Francisca maravillada.

La verdad es que todos estaban maravillados ante la belleza y tranquilidad del paisaje, atrapados en un estado de admiración profunda. El lugar no sólo era hermoso y tranquilo, sino que era simplemente perfecto. La naturaleza se mostraba intacta y poderosa en todo su esplendor, lo que le otorgaba un cierto toque de magia y de misterio que los jóvenes sentían intensamente en sus corazones, como si llegar a ese lugar hubiese sido el único y verdadero propósito de sus vidas.

Sin embargo, su estado de profunda contemplación se vio bruscamente interrumpido por un extraño sonido, parecido al gruñido de un animal atrapado en algún lugar distante, aunque el sonido parecía provenir de un lugar bastante cercano. Constanza, Francisca, Vicente, Esteban, Marcos y Cristián voltearon rápidamente en dirección del extraño gruñido, aunque lo único que encontraron fue a Ligia inmóvil, con ambas manos sobre su estómago y luciendo un fuerte rubor en su cara.

- Ehm… creo que tengo hambre… - balbuceó Ligia mientras su estómago volvía a gruñir.

Después de comer los sándwiches que habían preparado para su pequeña excursión, los jóvenes se quedaron sentados por un rato a orilla de la laguna, acompañados de las melodías provenientes de la guitarra de Esteban. Cristián y Marcos compartían una cerveza un tanto tibia sentados uno al lado del otro sobre una gran roca y hablando de temas triviales. Francisca se había despojado de sus ropas para revelar su ajustado bikini negro y tenderse al lado de Esteban para tomar sol, ya que quería lucir un lindo bronceado. Constanza había sacado otra vez su cámara y se encontraba fotografiando cada milímetro de la cascada, de la laguna y del paisaje en general, mientras que Vicente y Ligia permanecían sentados en silencio a la orilla con sus pies refrescándose en el agua pura y cristalina de la laguna. Ambos miraban plácidamente la caída de la cascada, profundamente sumidos en sus pensamientos.

- Sigue pareciéndome muy extraño… - murmuró Vicente, interrumpiendo suavemente el silencio que habían mantenido.

- ¿Qué te parece extraño? – le preguntó Ligia casi inaudiblemente y sin apartar los ojos de la cascada, aunque sabía perfectamente a lo que se estaba refiriendo su amigo.

Vicente se inclinó hacía adelante y tocó el agua con la punta de los dedos de su mano derecha para luego pasársela por su cabello.

- Todo, - dijo el muchacho en casi un suspiro. – Esta hermosa cascada que nadie parece conocer, excepto tu padre y sus amigos, el extraño sendero en medio del bosque, que se encuentra demasiado bien delimitado y mantenido, el…-

- Déjalo ya, - le interrumpió Ligia, - lo mismo da que todo parezca ser muy extraño. Lo importante es que estamos acá, en un lugar muy hermoso, compartiendo todos juntos un momento de alegría y tranquilidad. - Ligia guardó silencio, con una mirada pensativa y chapoteando suavemente sus pies en el agua.

- Tal vez simplemente estábamos destinados a llegar hasta acá. – dijo luego de unos minutos, con una seguridad y una mirada tan firmes que a Vicente, por un momento, le pareció que Ligia sabía perfectamente bien todo lo que estaba sucediendo y que los había llevado allí con un misterioso propósito. Aunque eso era imposible, así que desechó rápidamente ese sentimiento.

- El misticismo no es la mejor respuesta en una situación como esta.- le replicó Vicente con una sonrisa burlona, aunque no ofensiva, dibujándose en sus labios.

Si Ligia tenía planeado contestarle devuelta, no alcanzó a hacerlo, ya que, en ese momento, Francisca se incorporó de un salto avisándoles a los demás que se daría un chapuzón en la laguna y que la imitaran porque el agua se veía “simplemente buenísima”. Así que todos decidieron meterse al agua, aunque Esteban se negó a dejar su guitarra en tierra y siguió tocando su música sumergido de la cintura para abajo.

- Hombre, que se te va a estropear la guitarra si sigues tocando en el agua… se te va a mojar. – le dijo Constanza, moviendo la cabeza de un lado para otro en forma de reproche.

- No hay problema, - le aseguró Esteban con una amplia sonrisa. – Esta pequeña es muy resistente. – finalizó orgulloso, dándole pequeñas palmadas a su guitarra con la mano derecha.

Así, sin poder convencer a Esteban de que dejara en tierra firme su preciado instrumento, los jóvenes continuaron disfrutando alegremente de su visita a la cascada.

El agua de la laguna era simplemente perfecta. No solamente era pura y transparente como el cristal, si no que también tenía una temperatura idónea para cualquier bañista: lo suficientemente fría como para refrescarse, pero no al punto de estar helada como para preocuparse de sufrir un brusco cambio de temperatura al salir de la laguna y temblar de frío cual beduino en la antártica. Los chicos realmente estaban muy a gusto. Algunos nadaban despreocupadamente, otros jugueteaban salpicándose agua, o bien simplemente flotaban placenteramente boca arriba contemplando el cielo.

Al cabo de una horas, Cristián decidió que era momento de refrescarse con otra cosa aparte del agua, por lo que salió de la laguna en busca de un par de cervezas, dejando tras de sí un cómico camino de pisadas mojadas.

Cristián se encontraba silbando alegremente mientras extraía una lata de cerveza de su mochila cuando percibió un extraño y fugaz destello por el rabillo de su ojo izquierdo. No le dio importancia y abrió la lata de cerveza que acaba de tomar. Cerró los ojos para disfrutar del primer sorbo lentamente, sintiendo cómo la amarga bebida se deslizaba por su garganta. Suspiró satisfecho y abrió los ojos, dispuesto a tomar un segundo sorbo cuando percibió otra vez un destello. Se dio vuelta buscando la fuente, pero no vio nada fuera de lo común: sólo el montón de mochilas y un poco más allá a sus amigos jugando en el agua. Mientras tomaba otro sorbo de cerveza, viendo cómo Constanza intentaba quitarle la guitarra a Esteban, percibió el destello una vez más. Esta vez logró identificar que venía del montón de mochilas, y lo observó detenidamente hasta que el destello volvió a aparecer, acompañado de un leve temblor. Cristián se acercó a la pila de mochilas, y mientras más se acercaba, el temblor y el destello parecían aumentar su frecuencia, haciendo que las mochilas se golpearan unas con otras. No tardó en encontrar la fuente del destello y el epicentro del pequeño temblor: la mochila de Ligia se movía de forma más brusca que el resto y algo parecía brillar y moverse dentro de un pequeño bolsillo externo situado en la parte delantera. Cristián se apresuró a tomar la mochila y abrir el cierre, para descubrir qué es lo que estaba causando tanto alboroto. En cuanto terminó de abrir el cierre, una débil luz plateada emanó del interior del bolsillo y el movimiento cesó abruptamente. Cristián metió su mano en la estrecha cavidad de tela y extrajo el único objeto que contenía: la brújula de plata que Ligia había utilizado para guiarlos en su búsqueda de la Cascada. Cristián frunció el ceño extrañado. Por más que fuera una reliquia arqueológica, no podía ser posible que la brújula estuviera brillando con un resplandor plateado y vibrando levemente, provocando un leve cosquilleo en la palma de su mano.

- Ligia, algo raro le está pasando a tu brújula… - gritó Cristián poniéndose de pie y acercándose a la orilla de la laguna para mostrarle el estado del peculiar objeto a su dueña.

Ligia, que en ese momento se encontraba sumergida en el agua hasta las orejas y haciendo burbujitas con su boca, estiró el cuello en dirección a Cristián y lo miró levemente preocupada.

¿Por qué? ¿Qué le pasa a mi brújula? –

- Obsérvalo por ti misma – le respondió Cristián existiéndole la brújula y sentándose a la orilla de la laguna.

Ligia se acercó hacia Cristián, quedando con el agua hasta la cintura, y tomó la brújula en su pequeña mano, mientras que los demás se acercaban curiosos a su alrededor.

En cuanto el frío metal de la brújula tomó contacto con su piel, Ligia supo que algo muy extraño estaba pasando, no sólo por la luminosidad plateada y la peculiar vibración que emitía el pequeño objeto, sino también por la extraña sensación que recorrió todo su cuerpo en el preciso instante que la brújula se posó en su mano. Si bien fugaz, Ligia sintió como si una corriente eléctrica la hubiese atravesado y observó la brújula en un estado de extrema confusión. Sin embargo, ninguno de los jóvenes alcanzó a formular palabra alguna con respecto a lo que estaban presenciando, ya que un hecho aún más extraño aconteció ni dos segundos después de que Ligia tomara la brújula.

El resplandor plateado proveniente de la brújula aumentó significativamente en intensidad, como si se tratara de un potente reflector, y los jóvenes atinaron a cubrir sus ojos con sus brazos por acto reflejo. Excepto Ligia, quién, aún sintiendo un leve cosquilleo eléctrico por todo su cuerpo, se encontraba incapaz de moverse. La luz le llegó de lleno en los ojos y, contrario a lo que se podría esperar, no le hizo daño ni la encegueció, por lo que pudo ver directamente la esfera de la brújula y notar cómo la aguja en su interior empezaba a girar de forma desenfrenada. Pero no alcanzó a decir nada al respecto, ya que, súbitamente, el agua a su alrededor se elevó formando una gran ola que la envolvió junto con el resto de los jóvenes que se encontraba a su alrededor.

Cristián, el único que se encontraba fuera del agua en ese momento, observó horrorizado cómo sus amigos eran engullidos por una gran ola de resplandor plateado y de origen inexplicable, sumergiéndolos en lo más hondo de la laguna, dejando detrás de sí sólo un leve brillo plateado en la superficie del agua donde, sólo un par de segundos atrás, se encontraban sus amigos. Presa del pánico, se metió rápidamente al agua para rescatar a sus compañeros, horrorizándose aún más ante el hecho de que no había rastro alguno de ellos. El agua de la laguna estaba lisa y cristalina, como si nada la hubiera perturbado, como si una ola gigantesca no se hubiese formado de la nada engullendo a sus amigos. Cristián volvió a mirar el fondo de la laguna desesperado, sumergiendo sus brazos y moviéndolos frenéticamente con la esperanza de encontrar algo o a alguien. No encontró nada, ni siquiera la guitarra de Esteban o la extraña brújula resplandeciente de Ligia. Estaba totalmente solo, como si sus amigos nunca hubiesen estado allí. Como si hubiesen desaparecido por arte de magia.

-o-

Continuará...



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