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Vigilia.
En esa zona siempre había lluvia, desde que había existido lo recordaba de ese modo, era de esas lloviznas que parecen interminables; el aroma de la tierra mojada era bastante agradable y la soledad de la selva aumentaba eso, a lo lejos, demasiado lejos, comenzaba a desaparecer el movimiento de la ciudad; apenas se podía escuchar el ruido de las carretas y un barco que traería seguramente objetos europeos, tan de moda ahora en el país.
Intentó ignorar aquello, después de todo, no era de su incumbencia el modo de vida que llevaran, sólo debía caminar entre el fango y cuidar de que no ellos no dañaran aquella zona y todo estaría en perfectas condiciones. El jaguar que caminaba a su lado se detuvo observando al quetzal que estaba en una de las ramas y que miraba el follaje de la zona, como si algo entre las hojas se moviera.
-¿Qué pasa?- Preguntó aquel ser, conocido como Aluxe [1], al felino quien se mantenía quieto y con los sentidos atentos, ante la posibilidad del peligro.
De entre la selva salió una viajera, la tela que cubría su cuerpo estaba rota y su piel cubierta de sangre, lo mismo que su cabello; el caminante se acercó rápido a ella, sin embargo el jaguar se mantuvo alejado, presintiendo un peligro que el otro no había notado.
-¿Se encuentra bien? –Preguntó buscando una herida- ¿Qué le ha pasado? –Unos suaves murmuros escaparon de los labios de la mujer- Necesito que hable más fuerte... –Le pidió acercando su oído a la boca de ella, buscando descifrar lo que quería decir.
No tuvo tiempo de escuchar su respuesta, cuando sintió un fuerte dolor en el pecho y la sangre fluir de él, agachó la mirada para encontrarse con una espada negra por la cuya hora se podía observar como su energía era absorbida, el hombre se fue quedando sin fuerzas notando como su piel se iba secando poco a poco produciéndole un inmenso dolor en todo su ser, no podía defenderse de ningún modo, cuando sintió como sus ojos eran arrancados de sus orbitas, un aullido de dolor escapó de su garganta rompiendo el silencio en que se había sumido la selva. Finalmente su seco cadáver quedó en el suelo y la mujer se puso de pie observándolo con una torcida sonrisa en su rostro.
Varios jaguares se acercaron, rodeándola de forma amenazante por haber asesinado a su señor, pero ella no se inmutó y con un chasquido de sus dedos los animales se prendieron en llamas quedando sólo sus huesos, que habían salido librados de aquel fuego sobrenatural.
-There was a man in our town, and he has wondrous wise, he jump’d into a bramble-bush, and scratch’d out both his eyes; -cantaba la mujer mientras recogía los huesos y los echaba en una pequeña caja que llevaba bajo sus ropas- And when he saw his eyes were out, with all his might and main he jump’d into another bush, and scratch’d them again... [2]–Se detuvo finalmente frente al cuerpo sin vida que había dejado y de nuevo tras chasquear los dedos provocó el fuego que esta vez sí haría cenizas el cadáver, las cuales comenzó a recoger par guardarlas en la caja y tras esto depositar los ojos y una cruz de plata- Gracias por participar en el regalo para la Orden, Maestro Chac –Dijo cerrando el cofre y retomando el camino por el que había llegado.
Continuará...
Listo, mi historia más cuidada y que por lo tanto quiero darle una forma correcta, aquí está la introducción (cosa que le hacía falta la primera vez que la subí) con esto ya toma una forma mejor, espero les agrade. Ahora las aclaraciones
[1] Un Aluxe, es un pequeño ser de la mitología maya, que vive en la selva alejado de los hombres y que aparecen en la hora del sueño, según se cree son traviesos y mantienen su carácter infantil toda su existencia.
[2] Traducción: Había un hombre en nuestro pueblo, y era admirablemente sabio, saltó en un arbusto de moras, y se arañó los ojos, y cuando vio sus ojos salir, con toda su fuerza y agilidad brincó a otro arbusto y se los rascó otra vez.
Bueno, eso sería todo; gracias por leer y no olviden dejar reviews.