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Pesadilla 2: Mentiras
El frío de Diciembre se hacía presente en la habitación de paredes de piedra que se veía iluminaba únicamente por la luz de colores que se filtraba desde el vitral que miraba hacia el norte e ilustraba una gran cruz, el mobiliario de aquel cuarto se limitaba a una larga y tosca mesa color negro, unas cuantas sillas del mismo color y un librero que abarcaba la pared contraria a la que se encontraba el vitral, en las otras dos paredes se vislumbran una pesadas puertas de madera.
En el recinto se encontraban un par de niños de 10 años, ambos se encontraban acostados sobre la mesa mirando una pequeña caja de marfil con un pequeño diamante en la tapadera de la misma.
-¿Crees que podamos…? –Preguntó la niña acomodando su sombrerito rosa, mientras fijaba sus orbes azules en su compañero.
-No veo porque no –Respondió encogiendo sus hombros.
Ambos miraron de nueva cuenta la pequeña caja guardando silencio unos segundos.
-¡Yo la abro! –Gritaron al unísono mientras sus pálidas manos se posaban al mismo tiempo en la caja.
-Las damas primero –Chilló la niña.
-¡Tú no eres una dama! –Le reclamó el otro deteniéndose su sobrero de copa color negro que le cubría los ojos por lo grande que le quedaba.
Una de las puertas se abrió de golpe haciendo que apartaran sus manos del objeto de su disputa, en el marco de la puerta se encontraba una mujer de 20 años y cabello castaños quien mantenía sus ojos azules fijos en los niños, haciendo evidente su molestia.
-¡Cahetel, Menadel! –Les gritó acercándose con pasos rápidos haciendo que su largo vestido azul mostrara sus botines a cada paso- ¡Dejen eso!
-Ella empezó. –Se quejó Menadel señalando a la pequeña quien lo vio molesto.
-¡No pregunté quien empezó! –Le replicó la mujer tomando la caja- Me costó mucho conseguir eso.
-Mentirosa… lo mataste rápido –Dijo Cahetel hincándose en la mesa y colocando sus manos entre sus piernas, aplastando su falda.
-¡No me hables así! Además, todo lo que ustedes tocan termina mal, como ese humano.
-¡Él era un inútil, fue su culpa! –Reclamaron al mismo tiempo.
-Claro… y como a los niños les encanta jugar, tenían que fingir un suicidio en vez de dejar todo en su lugar, pero que listos salieron –Comentó con ironía a lo que los infantes hicieron un puchero.
-Sólo tapamos la herida que hizo Dorian–Explicaron a una sola voz- Además se veía bonito colgando.
-Si, muy bonito y todo, ¿pero es que no entienden cuando les decimos que Ellos saben ver cuando se usa una ilusión? –Les cuestionó enojada alzando la voz.
-Perdónanos Ariel –Pidió Menadel.
-Sí, perdónanos –Secundó la otra.
-Maldito par de mocosos. –Se quejó dándoles la espalda para salir del lado contario al que había entrado cargando la caja que guardaba huesos y cenizas.
-¡Te vamos a acusar! –Gritaron juntos, enojados de que la mayor los hubiese ignorado.
*
El cielo se encontraba completamente despejado aquella noche, permitiendo que se apreciara la luna y que el brillo de las estrellas se reflejara en el río Támesis que se movía a la distancia, el silencio inundaba la ciudad, era demasiado tarde, cerca de la una de la madrugada, la gente decente se había encerrado hace horas en sus casas y aquellos que gozaban de los placeres de la noche comenzaban a retornar a sus hogares, de un modo discreto, intentando no deshacer el silencio de Londres.
-¿Cuánto tiempo dices que ha pasado? – Preguntó Dorian mientras miraba con la oscuridad que envolvía la ciudad, un ligero vaho debido al frío se formó cuando el joven habló.
-Antes de que yo viniera una semana y media... –Le respondió sin verlo.- Pero ahora ya es un mes, y Esther no me ha escrito para decir algo. –Dijo volteando su rostro para encontrar sus ojos miel con los verdes dl menor, su tono de voz se había quebrado debido a que estaba conteniendo el llanto- Dorian, vayamos a buscar algo para que cenes, no quiero que tengas una recaída. –Comentó con una sonrisa que mostraba tristeza, intentando recobrar la compostura.
El joven castaño asintió ante sus palabras y se levantó del borde de la azotea donde había estado sentado, girándose para ver de frente a su prima.
-Vamos entonces.
Dorian le sonrió de una forma torcida, para después dar un paso hacia atrás que le provocó una caída, Jezabel se asomó con calma para verlo como estaba perfectamente de pie sonriéndole, ella hizo lo mismo, después de eso ambos salieron corriendo con destino a los barrios bajos de Londres.
Caminaron varios minutos entre hombres ebrios, ladrones y prostitutas, el paso de ambos jóvenes era tranquilo, pero sin perder el porte de elegancia que los caracterizaba, a pesar de esto era como si no estuvieran ahí. Simplemente eran dos fantasmas que vagaban por una ciudad de niebla.
Varios aromas inundaban sus sentidos, al principio intentaron no prestarles demasiada intención, ambos caminaban en completo silencio, hasta que una risita infantil escapó de los labios de Jezabel a lo que el Conde volteó a verla, notando como tomaba aire.
-Ajenjo… -El castaño la observó confundido –Venga ¿qué aroma detectas Mon Petit? –Dorian sonrió al entender de qué iba aquel juego, tomó aire para poder descubrir las distintas fragancias que llegaban a ellos.
-Whiskey. –Respondió.
-Opio.
-Tabaco.
-Sexo –Ambos se detuvieron, Dorian arqueó una ceja y le sonrió burlonamente.
-¿Cómo sabes que huele a eso?
-Porque supongo que es ese el aroma desconocido que desprenden estos lugares. –Respondió haciendo una seña con la mirada para que el otro se girara
Dorian obedeció el gesto para encontrarse con una casa cuya fachada de se veía más vieja que la de otras construcciones de la zona, sin embargo no se veía tan descuidada. Del interior se escuchaba el murmullo de varias voces y de entre ellas escapaba el sonido de un piano que pese a tocar no buscaba ser escuchado.
Dorian tocó a la puerta, después de unos minutos les abrió una hermosa mujer rubia cuya edad oscilaba entre los 20 y 22 años.
-¡Buenas noches! –La joven los reconoció rápido- Ahora mismo llamó a Madame Bénédicte- la muchacha entró de nuevo a la casona, Dorian se detuvo junto a Jezabel, para evitar que alguien se le acercara.
-Nunca pensé que te preocuparas por mí- dijo ella con una dulce sonrisa en el rostro.
-No es que me preocupe por ti, sino que si algo llega a pasarte mi tía te va a cobrar como nueva cuando ya tienes quince años de uso.-
El rostro de Dorian mostró una sonrisa cínica. Jezabel lo vio molesta, pero después ambos se rieron, en eso la puerta de aquel lugar se abrió nuevamente, mostrando a una dama de unos cuarenta años, de rizado cabello ébano, quien a pesar de la edad no perdía un toque de belleza exuberante que estaba a poco de ser vulgar.
-Buenas noches, Conde -dijo haciendo una reverencia- Señorita -Jezabel inclinó levemente la cabeza en forma de saludo.- No sabía que ella vendría con usted. ¿También usted necesita?
-No, por hoy solamente vengo acompañándolo.
-De acuerdo, hay una niña tiene trece años, sus padres murieron y le dejaron la custodia a su tío quien la trajo, ese hombre es una mala persona; voy por ella.- La mujer regresó al interior.
-Detesto que me cuente las historias- dijo Dorian con cara de fastidio.
-Yo no, con la historia me siento menos culpable, creo que, es una forma de ayudarlas a dejar atrás sus males.- Dorian suspiró.
Al poco rato Madame Bénédicte salió con la pequeña, se despidió en silencio con un sencillo gesto y sin más regresó a su negocio.
-Toma esto- Dorian le alargó un frasco que contenía un extraño líquido azulado. La niña lo vio asustada. –Mira, por mi puedes arrepentirte y terminar de prostituta -Le dijo con un frío tono de voz, recibiendo una mirada molesta de Jezabel, la jovencita negó con desesperación y tomó el contenido del frasco.
La niña cayó desmayada, Dorian se acercó justo antes de que tocara el suelo, después de recorrer el cuello de la niña con su dedo le clavó sus colmillos tomando aquel elixir de la vida. Sus ojos se llenaron de vitalidad.
Al momento de separarse, el cuerpo de la niña se consumió en un fuego azul, sobrenatural, y el viento se llevó las cenizas.
-No tenías que hablarle así- le reprendió Jezabel a lo que Dorian le sonrió burlonamente encogiendo los hombros.
-Regresemos, no deberíamos estar fuera a estas horas.- Ambos jóvenes comenzaron a caminar de regreso a la casa.
*
La luz de la tarde se filtraba discretamente por las ventanas de la biblioteca de la casa Adler, inundando la habitación en una tonalidad anaranjada, el fuego de la chimenea brindaba un agradable calor al lugar y la tranquilidad se podía apreciar.
Dorian y Jezabel jugaba ajedrez, mientras Alice los observaba sentada en un sillón individual con las piernas sobre el asiento jugando entre sus dedos con un hilo de color rojo con el que hacía distintas figuras.
-Jaque Mate- Declaró Jezabel provocando una mueca de disgusto por parte de su primo, la joven desvió la mirada hacia el reloj. –Ya son las cinco.
-Alice –llamó Dorian a su hermana- Vamos a tomar el té. –La niña asintió y dejó sobre una mesita el hilo con el que había estado jugando.
-Le diré a Alexei que nos haga Earl Gray.
-¡No lo llames Alexei, sólo yo le digo así! –Le reprochó molesto Dorian a su prima, a lo que la menor de los hermanos no pudo controlar una suave risita.
-Sí, sí. Lo siento, es sólo tu Alexei. –La voz de Jezabel llevaba toda la burla posible- Bien iré a decirle a Alexander ¿así está bien o tengo que decirle Señor Saltire? –Preguntó en un tono irónico- que prepare el té. –Dicho esto salió rápido del cuarto, ante la posibilidad de que Dorian le reprochara algo más.
-Esa niña está loca –Se quejó el jovencito mientras movía la cabeza negativamente, tras esto dejó escapar un suspiro de cansancio.
-Espero que esté bien… –Comentó Alice en un susurro a lo que Dorian volteó a verla confundido- Porque es horrible… el no saber de tu papá es horrible –El mayor se hincó frente a la niña viendo que sus ojitos amenazaban con soltar unas lágrimas por lo que la abrazó con fuerza.- ¿Va a regresar mi ti Edgard?
-No lo sé mi niña
Dorian colocó un suave beso en la frente de su hermana, sabía que lo correcto hubiera sido decirle que no se preocupara, que todo saldría bien, pero odiaba sobre todas las cosas tener que crearles falsas ilusiones a Alice, sobre todo cuando sabía perfectamente que la niña terminaba, tarde o temprano, enterándose de las cosas.
Los hermanos se dirigieron a la sala, platicando de cosas sin importancia, como si con ello pudieran evitar el mal del que habían hablado anteriormente en biblioteca, la voz de Jezabel se escuchaba provenir de la habitación a la que se dirigían. La primera en entrar a la estancia donde tomarían el té fue Alice quien se detuvo bajo el marco de la puerta para después girar sobre sus talones para ver fijamente a su hermano.
-Yo que tú no entraba hermanito… -Le dijo cerrando los ojos tomando un aire de fingida seriedad.
-¡Jezabel, deja a Alexei en paz! –Gritó antes de llegar a la sala, mientras apuraba sus pasos.
-Por Llud, si parece que mi hermano tuviera un sexto sentido para esas cosas… -Se quejó Alice para si, tras esto sonrió divertida por la situación y entró al salón.
Cuando Dorian se hubo calmado y Jezabel lo hubo dejado de molestar, los tres se encontraban disfrutando del té y unos emparedados de pepino que el ama había hecho a petición de la menor de los Adler, quien se e encontraba escuchando con atención y completo silencio la plática de los mayores.
-¿Puedes creer que el tipo se suicidó? –Preguntó la joven mientras observaba el periódico que descasaba en la mesa de centro.- ¿Crees que haya sido porque Rose logró escapar? –Dorian encogió los hombros, dando a entender que no tenía idea alguna.- Tenía que estar loco.
-Para comenzar, el simple hecho de que haya secuestrado a una muchacha ya nos dice que no estaba del todo en sus cabales. –El joven dio un pequeño sorbo a su taza de té, cuando la separó de sus labios se quedó observando el oscuro líquido – Nada nos asegura que no había pensado con anterioridad darse un tiro.
Ante el comentario de su primo Jezabel lo observó fijamente arqueando una ceja de forma inquisitiva, Alice también veía de aquel modo a su hermano, quien ante esto las observó confundido, esperando una respuesta ante aquella extraña actitud que habían tomado las dos jóvenes.
-¿Un tiro? –Cuestionó la mayor sin apartar sus ojos miel de los verdes de Dorian.
-Sí, se mató de un tiro. –Afirmó con seguridad el castaño sin ceder ante la amenazante mirada de la joven Morstan.
-¿Cómo lo sabes?
-Lo dice el periódico.
-Mentira… el periódico dice que se ahorcó –Jezabel tomó el ejemplar que había estado observando, aclaró su garganta y comenzó a leer- La mañana de ayer, el cuerpo de Sir Arthur Somerset fue encontrado colgando de uno de los balcones de su casa, por una mujer que se dirigía rumbo a… –La joven saltó unos párrafos- …El Scotlan Yard, ha declarado que se trató de un suicidio y la muerte por la asfixia sucedió alrededor de las 3 de la mañana. –Al terminar de leer, alzó el rostro para enfrentar a Dorian- ¿Por qué dices que fue un tiro?
Dorian se quedó helado, no había leído la noticia porque ya imaginaba hacia donde se dirigiría la información, sin embargo aquel repentino cambio en las circunstancias de la muerte lo dejó perplejo, no había forma de hacer pasar una muerte por arma a un ahorcamiento, o al menos no de una forma convencional, tenían que haber usado algún tipo de hechizo para lograrlo.
Recordó entonces el líquido que había encontrado en la casa del hombre, aquello no podía obtenerse de una forma sencilla, por lo que era imposible que un humano lo tuviera bajo su poder, había alguien entonces que estaba involucrado, alguien que en definitiva no era humano.
Jezabel cambió su expresión a una de miedo al ver la que había tomado su primo, comenzaba a temer que el joven Conde tuviera algo que ver, si aseguraba que era un tiro era porque él tenía que haberlo visto, o peor aún, participado en ello. La muchacha se acercó con pasos seguros para después hincarse frente a donde él se encontraba sentado, apoyando sus blancas manos en las rodillas del joven, buscando su mirada con angustia.
-¿Le disparaste?- La pregunta no tuvo que ser efectuada con palabras para llegar directamente a la mente de Dorian, quien fijó sus orbes en las ajenas.
-Querías a tu amiga de regreso ¿no?
Jezabel se paró de golpe, cubriéndose la boca con ambas manos, era cierto, quería que Rose regresara sana y salva, pero eso no significaba que su primo tuviera que matar al hombre.
Alice los veía molesta por ser excluida de aquel modo de la conversación, sin embargo también entendía que debía ser algo grave como para que su hermano y prima se comunicaran mentalmente, de modo que ella no se enterara de lo que decían.
El sonido de unos suaves pasos acercándose hicieron que los dos hermanos voltearan a la puerta, Jezabel simplemente se giró hacia la ventana, tratando de ocultar el miedo que se dibujaba en su rostro.
-Señorito Dorian lo buscan- Habló el ama de llaves quien se encontraba bajo el marco de la puerta y observaba preocupada a los presentes en la sala. El joven asintió y salió del cuarto guiado por la mujer.
Caminaron rumbo al recibidor, Clarice podía sentir que algo no estaba bien, sobre todo por el hecho de que Jezabel no hubiera salido de la sala junto con el muchacho, después de todo, desde su llegada prácticamente no le dejaba solo.
-¿Me puedes decir de quién se trata?- La pregunta de Dorian sacó de sus pensamientos a la mujer, quien se avergonzó por no haberle dicho.
-Lady Lenore Rosencreutz.
Dorian no esperaba esa respuesta, sin embargo ya era demasiado tarde para negarse a recibirla, puesto que en el vestíbulo se encontraba una mujer de 32 años, su vestimenta era bastante sobria, de distintas tonalidades de azul con negro, su cabello castaño oscuro iba recogido y sobre sus ojos se encontraban unas gafas oscuras que ocultaban su ceguera. Un hombre rubio de 28 años sostenía el brazo de la mujer, vestía un traje negro y sus ojos grises observaban con atención al Conde.
-Buenas tardes. –Saludó el jovencito, su tono de voz era frío lo mismo que su mirada.
-Esperaba una mejor bienvenida, Conde Dorian –Comentó la mujer con un tono burlón- Pero bueno, supongo que eso sería mucho pedir.
-¿Qué la trae a esta casa? –Preguntó sin rodeos.
-¿Al menos puede invitarme a pasar a un sitio más privado? –Cuestionó la mujer- No es correcto tratar nuestros asuntos en público.
El joven hizo una mueca de desagrado para tras esto hacerle una seña al acompañante de la mujer para que lo siguieran, el hombre guiaba con cuidado los pasos de Lady Rosencreutz, ayudándole a subir las escaleras, Jezabel se asomó, su rostro que volvía a retomar la calma se tensó ante la presencia de aquellas personas, Dorian al verla le hizo un gesto para que subiera con ellos.
-Buenas tardes Lady Jezabel. –Saludó la mujer al escuchar sus pasos, la joven se sintió incomoda, nunca había alcanzado a creer como podía ser tan precisa la mujer si es que no podía ver.
-Buenas tardes… -Respondió en un susurro.
Llegaron al estudio, los dos visitantes tomaron asiento en un sillón de dos plazas, mientras Dorian hacía lo mismo en uno individual y Jezabel se sentaba en un asiento para tres personas que se encontraba junto a aquel en que se había sentado su primo.
-¿Ya puede decirme a que vino… Profetiza Idún? –La mujer no pudo evitar sonreír burlonamente ante la pregunta del joven.
-La Orden Nocturna recibió información bastante inquietante.
-¿Qué mensaje? –Cuestionó Jezabel, tomando una postura defensiva.
-Uso de magia para encubrir un asesinato.
Los dos jóvenes se mostraron tranquilos ante aquella declaración, no podían permitir que los nervios les traicionaran, no frente a aquellas personas.
-¿Y eso nos vino a decir? –Preguntó el joven- Se supone que ustedes tienen que resolver ese tipo de cuestiones, deberían de saber quien rompió la tregua, nosotros ya no pertenecemos a la Orden, por lo tanto no entiendo el motivo que les trae a mi casa.
-No… ya no pertenecen, pero aún así se deben someter a las regulaciones que ésta establece.
-Estamos apegados a ellas. –Reclamó indignada Jezabel.
-¿Entonces por qué no avisó de su encuentro con la sangre de Ammyt, Conde? –Ante la pregunta de Idún, Jezabel volteó a ver sorprendida a su primo quien veía molesto a la mujer.- Usted estuvo en esa casa ¿por qué no avisó?
-No lo creí necesario.
-¿No lo creyó necesario? –La mujer dejó escapar una risa divertida- Eso no me lo esperaba, sabe que el uso de esa sangre está prohibido, sabe que ningún humano debe saber de ella ¡Tiene propiedades demasiado peligrosas! –Un suspiro de cansancio y molestia salió de los labios rojos de la mayor en la sala- Como poseedor del alma de Aíne debería comportarse de otra manera.
Jezabel observó como Dorian apretaba su puño, dejando sus nudillos amarillos por la fuerza, la joven alzó la mirada preocupada esperando encontrarse con la de su primo y decirle con sus ojos que todo estaba bien.
-A eso vino, a darme un sermón sobre esa mujer ¿verdad? –Tras el cuestionamiento del Conde hubo unos instantes de incómodo silencio- Les viene importando un comino las violaciones a la tregua, ustedes sólo quieren saber sobre esa mujer. –Lady Rosencreutz agachó la mirada, avergonzada por las palabras del joven- Lo sabía… -Susurró Dorian- Retírense, necesito descansar, mi mayordomo la acompañará.
El hombre rubio se puso de pie para después ayudar a su señora a hacer lo mismo, Jezabel imitó el gesto a sabiendas que su primo no iba a acompañarlos a la salida.
-Lamento haberle perturbado, con su permiso.
Dorian no respondió, por lo que Jezabel guió a la mujer y su sirviente fuera de la habitación, al dejar de escuchar los pasos por el pasillo, el muchacho apoyó con cansancio su frente en el brazo del sillón, mientras se mordía su labio inferior para contener la impotencia que le invadía, siempre era lo mismo Aíne, la Santa, era Ella la razón de que no quisiera saber nada de la Orden, y quería que pensar que era la misma por la cual su abuela hubiera abandonado su lugar dentro de ésta.
Aquellos pensamientos que invadían su mente se vieron interrumpidos por el sonido de la puerta abrirse para volver a cerrarse con rapidez y por la voz de Jezabel quien reclamaba por haber sido obligada a quedarse fuera del estudio.
-¿Se encuentra bien, señorito Dorian?
El joven volteó al escuchar la voz de Clarice, ella al ver el estado en el que estaba se acercó a abrazarlo, el muchacho se aferró fuertemente a ella, a lo que Clarice comenzó a acariciar su cabello para calmarlo.
-Si lo desea debe llorar, si oculta sus lágrimas sólo logrará cansarse más -El muchacho se incorporó, moviendo la cabeza negativamente.
-Estoy bien… voy a mi habitación, llévame un té, y que nadie me moleste.
-Si, señorito- Clarice se giró para dejar la habitación cuando la voz del joven conde hizo que se detuviera.
-Clarice…- Ella se volteó para verlo de frente.
-¿Si, señorito?
-Gracias… por cuidarme…- Dijo de forma casi inaudible, ella sonrió.
-Es el único lujo que me puedo permitir, ahora con su permiso.- La mujer salió del cuarto, Dorian sólo la observó mientras una tímida sonrisa se dibujaba en su rostro.
*
No sabía que hora era, sólo estaba seguro de que era cerca de la madrugada, Dorian no había logrado conciliar el sueño por más de quince minutos seguidos, no solía preocuparse por aquellos pensamientos cuando llegaban a su mente, pero por otro lado la repentina presencia de la Profetiza Idún en su casa le había alterado. Tenía la mirada fija en la parte superior de su cama, en ese momento se abrió ligeramente la puerta de su habitación, él se incorporó, y arqueó una ceja al reconocer la silueta, que cerró la puerta y corrió para sentarse en su cama.
-Buenas noches, mon petit.
-¿Qué haces aquí?- Jezabel sonrió.
-Clarice me prohibió estrictamente venir a verte, así que me preocupé –Explicó para después observarlo preocupada- ¿Qué tienes?
-Nada grave, sólo no puedo dormir. ¿Qué haces?- Gritó al ver que Jezabel se metía en su cama.
-Protegiéndome del frío ¿O acaso quieres que me enferme?- cuestionó acomodándose junto al menor.
-Si tienes frío regrésate a tu cuarto.
-No, seguramente ya se enfrió mi cama.
-Si alguien entra se va a armar un escándalo.- Una sonrisa pícara se mostró en el rostro de la joven mientras arqueaba una ceja.
-¿Pero que tendría que hacer alguien en tu cuarto?- Dorian la miró molesto.
-¡No seas tonta! ¡Por ejemplo Alexei es el que me despierta! O puede entrar Clarice, bueno ¡eso no importa!- La muchacha sonrió abiertamente al haber logrado molestar a su primo.
-Pero, quiero estar un ratito contigo -Pidió endulzando la voz, utilizando el tipo de chantaje que usaba cuando era una niña, tras esto alzo la mano como si hiciese un juramento- Prometo portarme bien.
-Ya que…- ella sonrió y pasó su brazo bajo el cuello del muchacho mientras que con su mano libre acariciaba su cabello en un gesto de ternura.
-¿Por qué no puedes dormir?
-Por esas personas, no tienen razón para venir a esta casa…
-¿Estás molestos porque se preocupen por tí?
-Se preocupan por Aíne
-No lo creo… -Dorian alzó el rostro para encontrarse con la mirada de Jezabel- Además si fuese tú no me molestaría Aíne.
-Si fueras yo, no opinarías de esa manera- Jezabel atrajo la cabeza de su primo hacia su pecho.
-No… además esa mujer murió hace mucho, Dorian es Dorian y eso no va a cambiar por un cuento de hadas mal acabado. Además… te prefiero a ti que a cualquier otra persona- Dorian sonrió ante las palabras se su prima y pasó su brazo por la estrecha cintura
-Gracias.
La forma de expresarse de la joven y la calidez que desprendía su cuerpo, cargado del aroma de varias flores le ayudaron a Dorian a conciliar el sueño, esperando que las palabras de su prima fueran realidad, después de todo, era una de las pocas personas a las que podía considerar cercanas.
*
Eran las siete de la mañana, y la puerta de la habitación de Dorian se abrió para permitir entrar al ama de llaves, quien se mostraba llena de energía desde aquella hora.
-El joven Alexei no pudo venir a despertarlo pero... ¡Buenos Días el sol brilla y…!
Clarice se calló de golpe al ver las siluetas de dos personas en la cama de Dorian, su cara mostró un gesto de molestia al ver que un largo y claro cabello ondulado caía de uno de los lados de la cama, rápidamente se acercó y quitó de golpe las cobijas, Jezabel se despertó asustada mientras Dorian se acomodaba para volver a dormir y Clarice soltaba un suspiro de alivio.
-Menos mal…- Dorian se viró al no poder volver conciliar el sueño
-Clarice, ¿no se supone que primero debes tocar?
-Señorito, lamento lo que voy a decir pero, ¡No voy a permitir que se pase de listo mientras estoy aquí!
-Esto… Clarice yo…- intentó defenderse Jezabel.
-Tranquila, querida- Dorian abrazó a su prima a lo que ella observaba con miedo a la ama de llaves quien no veía la escena con buenos ojos. -Es que Clarice quería echarnos a perder cualquier tipo de ‘diversión’ matutina.- Ante el recalque de Dorian en la palabra diversión Jezabel captó el mensaje de su primo a lo que correspondió el gesto tomando entre sus manos la camisa de la pijama de Dorian mientras un sonrojo aparecía en sus mejillas.
-Pero… Dorian… nosotros somos primos hermanos y…- él tomó la barbilla de Jezabel delicadamente a lo que el carmín en el rostro de la muchacha aumentó de intensidad.
-Es que eres tan hermosa- dijo acercando peligrosamente su rostro al de su prima -Tan dulce…- la distancia se volvía mínima entre ambos.
-¡Se acabó los quiero en el comedor en quince, no, en diez minutos! -exclamó enojada Clarice separando a ambos jóvenes, lo que casi provoca que el menor cayera de la cama.
La mujer salió de la habitación, cerrando la puerta de golpe, sonriendo tranquila al escuchar las fuertes carcajadas de ambos primos debido a su travesura matutina. Hacía años que no se escuchaban ese tipo de risas en la casa.
*
De alguna extraña manera aquel día había amanecido soleado, rompiendo con los nublados días que solían presentarse en aquella época del año. Alice caminaba alegremente mientras Dorian y Jezabel la iban siguiendo, ya que, después de muchos ruegos y promesas que se quedarían sin cumplir, las dos jóvenes habían logrado convencer al Conde de salir a pasear.
-Me encantó la expresión de Clarice -expresó divertido Dorian- No la había visto enojada desde que te fuiste a Francia.
-Creo que exageramos un poco- ante el comentario de la mayor, el joven volteó a verla -Pero... la verdad fue divertido.- Dicho esto una risa escapó de los labios de Jezabel. Iban a dar la vuelta en un callejón cuando notaron que Alice se había quedado estática y con la mirada fija.
-¿Qué pasa?- preguntó Dorian a su hermana, ella señaló al frente para mostrar un enorme perro negro de profundos ojos rojos sangre. Los dos mayores se quedaron atónitos ante la criatura. -Alice, ven- le ordenó su hermano, ella se acercó a sin dudarlo.
-Hermano eso es…
-Un black dog [1]-. Ante estás palabras la niña se abrazó fuertemente de su hermano a lo que él la abrazó de forma protectora. -Salgan de aquí, regresen a la casa y no se detengan por nada ¿me entendieron?- Ambas asintieron.
Jezabel tomó a Alice de la mano y se alejaron, cuando Dorian sintió que llevaban suficiente ventaja comenzó a retroceder. El perro lo miraba firmemente, el joven se dio la vuelta y tomó otro camino para llegar a casa. Después de varios minutos de caminar miró sobre su hombro para notar que aquel ser lo iba siguiendo, en eso se encontró frente a la librería donde solía acudir con frecuencia, por lo que rápido entró al establecimiento para perder al animal.
-Buenas tardes Conde.
Dorian se volteó dando un ligero brinco al escuchar que le hablaban, encontrándose con el dueño del lugar, el señor Milton, un hombre de 60 años, no muy alto y bastante delgado, su cabello cano desaparecía casi por completo y sobre su nariz se apoyaban unos anteojos que por su tamaño parecían empequeñecer sus ojos azules.
-Buenas tardes- Respondió el saludo para después voltear y asegurarse de haber perdido al animal.
-¿Se encuentra bien?- Dorian asintió.
-Si, si… es que creo que un ladrón me venía siguiendo, si eso.- Dijo mientras señalaba hacia la calle, ante la extraña forma de actuar del muchacho el hombre lo miró preocupado.
-Que mal, esta sociedad se pierde cada día más- el joven asintió nerviosamente -¿A dónde iremos a parar?- Dorian movió negativamente la cabeza mientras alzaba los hombros dando a entender que no tenía idea.
-Es verdad, bueno ya que estoy aquí veré algunas cosas.- Dijo señalando algunos libros.
-Tómese su tiempo- Dicho esto el joven comenzó a revisar la mercancía de la tienda mientras el Señor Milton lo veía extrañado.
Varios minutos después Dorian salió con dos libros, el hecho de estar en aquel negocio le había hecho olvidarse de su perseguidor, iba a girar para tomar su camino habitual de regreso a la casa cuando notó al black dog echado a la entrada de un negocio al otro lado de la calle. Al verlo Dorian comenzó a caminar lo más rápido que le permitían sus piernas sin llegar a correr, de vez en cuando volteaba para notar que el perro lo iba siguiendo, dio la vuelta en un estrecho callejón solitario por el que pudo correr para llegar a su casa.
Al entrar un suspiro de alivio escapó de su ser, pero al ver hacia afuera notó que ahí estaba el perro sentado a la entrada, aquel ser pese a tener una naturaleza oscura similar a la de ellos le producía temor. Pero el susto fue mayor al momento de voltear ya que sintió una fuerte bofetada de parte de Jezabel.
-¿Qué demonios te pasa, estás loca?- Ella lo veía molesta, luego lo tomó del cuello de la camisa.
-Escúchame bien, recuerda que soy tu prima y que esto es una casa decente- Él le dirigió una mirada asustada y confundida -Así que explícame ¿Quién diablos es esa mujer que te está esperando en la sala? -En ese instante entró Alexander a la recepción.
-Señor, lo busca una joven, dice ser la Señorita Nelia Couperus.
Al escuchar el nombre Dorian giró los ojos cayendo en cuanta del error que había cometido su prima, aparto las manos de Jezabel de su camisa, le dio los libros, se arregló y caminó rumbo a la sala, la joven lo miró confundida como se alejaba pero después corrió tras él sin soltar los libros.
En la sala estaba una muchacha de 17 años, alta de ojos cafés y cabello color castaño claro, aunque no tanto como el de Jezabel, recogido a la altura de la nuca; vestía un traje blanco con holanes rosas en la falda y mangas. Al escuchar que Dorian entró se puso rápido de pie.
-Buenos días su presencia en está casa nos alegra -Jezabel entró en ese instante a la habitación, el menor la vio de reojo mientras besaba la mano de la joven- Es un placer verla después de tanto tiempo, señorita Nelia.
-El placer es mío, pero no entiendo el porqué de tanta formalidad, después de todo somos primos ¿no es así?- La palabra primos retumbó en la cabeza de Jezabel, quien se quedó sin habla parada en la entrada de la sala, en eso Dorian se aclaró la garganta.
-Tienes razón, pero que descortés soy. –Se giró estirando el brazo hacia Jezabel invitándola a acercarse- Nelia, a lo mejor no la recuerdes pero ella es mi prima de parte de mi padre, Lady Jezabel Morstan Adler.- La mayor volteó a verla a lo que la más joven se quedó pasmada.
-Vaya, es un placer conocerla.- Dijo ofreciéndole la mano en forma de saludo que Jezabel correspondió por inercia.
-El placer es mío -luego regresó a la realidad. -¿Saben? Debo ir… ir a… ¡A dejar esto! –Se excusó alzando los libros- y a ver a Alice, los veo luego- dicho esto salió prácticamente huyendo del lugar.
-Bueno, supongo que te quedaras aquí, la cortesía me impide dejarte quedarte en un hotel.
-No te preocupes, no costará mucho encontrar un buen hotel donde quedarme.- Dorian le hizo señas de que se sentara luego hizo lo mismo en un sillón frente a ella.
-No puedo permitir eso, la casa es grande y hay suficientes sirvientes, no tienes de que preocuparte, de hecho, me permito decir que estarás mejor atendida aquí que en cualquier hotel de la ciudad.
-Agradezco tu invitación, y al ver que no me dejas opción alguna aceptaré encantada.- Él sonrió despreocupadamente.
-Bueno y dime ¿Qué te trae por aquí?- Al escuchar aquella pregunta el rostro de Nelia mostró una dulce sonrisa.
-Necesito darte esta noticia, aunque la felicidad parece detenerme, es necesario hacértelo saber ya que creo prudente tener permiso de una de las personas más importantes de la familia- él asintió sabiendo que se refería a su título de Conde. -Estoy próxima a casarme.- Declaró con un sonrojo en las mejillas.
-Me alegro, ¿Con quién?, ¿Le conozco?, ¿Es de la nobleza?- Ella negó con la cabeza. -¿En qué trabaja?-Preguntó con algo de temor.
-Aún no trabaja. –Contestó sin notar el tono de voz de su primo
-¿Qué estudia?
-Arquitectura.
-¿Un arquitecto? -Ella asintió- Perdona pero no lo comprendo, perteneces a una familia próspera ¿Y al menos ya tiene con quien trabajar, es de los 5 mejores de la universidad? –Ella negó con la cabeza- Lo lamento pero no puedo dar mi consentimiento a un matrimonio en esas circunstancias.
-¿Por qué no?- Gritó molesta, él se levantó y comenzó a caminar por el lugar.
-Es que… ¿Un arquitecto? -recalcó con desgano, parecía no poder creerlo- No es un trabajo sustentable sino se tiene un historial de buenos promedios.
-Eso no importa, yo le amo y…- una ligera risa escapo de Dorian interrumpiendo a Nelia quien se quedó helada ante la reacción de su primo.
-¿Amor? Por favor, es tan sólo una ilusión pasajera, de amor no se vive.
-¡Nunca has sentido eso, por eso no sabes lo que dices, con esa actitud te vas a quedar solo!
Aquellas palabras hicieron que Dorian flanqueara, Nelia se cubrió la boca al notar lo que había dicho, sabía que la soledad era el destino que se le había marcado a su primo.
-Te recuerdo Nelia, que estás hablando con un Noble, así que cuida tus modales.
-Lo siento, yo no quería…- él volteó a verla.
-Tú sabes lo que soy -ella agachó la mirada confirmando que lo sabía.- Tu eres un ser de luz, un ángel, nuestras familias sólo están conectadas porque mi madre era de la familia Winterson, por lo tanto tienes conocimiento sobre la historia de la familia Adler y la Santa.
-Si… lo siento, no debí decir eso. -Dorian negó con la cabeza, para luego sonreír.
-Ya no importa, lo dicho, dicho está. Pero, no me voy a quedar solo, tengo a alguien que me ama, sin embargo hace mucho que no veo a esa persona, pero me está buscando eso significa lo mucho que le importo ¿no es así?- Ella asintió.
-Perdón, hablé sin pensar.- Él le sonrió amablemente.
-Pediré que te arreglen una habitación.- Dicho esto salió intentando restarle importancia al problema.
*
Era la hora de la cena, Jezabel y Nelia estaban en el comedor ya que cuando el malentendido que tuvo la menor estuvo resuelto, la más joven comenzó a hablar con más confianza. Minutos después entraron Dorian y Alice.
-Mucho gusto en conocerla, es un honor tenerla como invitada- dijo Alice mientras se inclinaba en forma de saludo sosteniendo la falda de su vestido color azul con holanes blancos y listones azules que cruzaban en el dorso.
-Oh, Dorian, que bonita es -dijo mientras le sonreía a la niña, Dorian sonrió complacido por el halago a su hermana menor.- Parece una muñeca de porcelana.
-Gracias señorita Couperus- luego la niña se incorporó y se sentó a la mesa.- Pero me gustaría pedirle que no me compare con una muñeca, sino puedo demostrarle que no soy tan inútil como una.
-¡Alice!- regañó su hermano, la menor apartó la mirada molesta, no tanto por el regaño sino por el comentario. -Bueno tomemos asiento- Los tres mayores lo hicieron y comenzaron con la cena.
-A propósito Dorian- dijo Jezabel -llegó una carta, es de la hija del Barón Lewiham- él hizo un gesto de molestia.
-Parece que tienes una admiradora- dijo Nelia sonriendo.
-Poco me importa -exclamó alzando los hombros- No tengo ningún interés en niñas mimadas.
-Creo que si tratases con ella podría llegar a gustarte -habló Jezabel- Es una niña dulce, y está perdidamente enamorada de ti.
-Eso no me importa, además no me apetece tratar con gente tan simple.- Nelia y Jezabel voltearon a verse no muy convencidas, Alice al sentir la incomodidad del ambiente habló.
-Hermano, ¿por qué no vamos mañana al parque? Seguramente le va a gustar a la señorita Nelia.
-Alice, no uses de pretexto a nuestra prima para evitar tus clases. De por si es difícil encontrar buenos maestros como para después no cumplir con tus deberes.- Ella asintió avergonzada.
-A propósito ¿han escuchado del nuevo asesino serial?- Preguntó Jezabel buscando algún tema de conversación, a lo que Nelia la miró algo asustada, mientras Alice la veía con interés y Dorian le restó importancia.
-Algo escuché, sin embargo, no es más que un asesino vulgar que no entiende el arte en que consiste arrancar una vida. -Ahora era Dorian quien recibía las miradas asustadas.- Sencillamente mata por hacerlo, como un animal que sigue su instinto.
-No creo que pueda haber arte en arrancarle la vida a gente inocente, por ejemplo el Caso de Jack el destripador- Comentó Nelia preocupada, Dorian asintió.
-Y este caso no se aleja mucho del de Jack –Intervino Jezabel- Sus victimas han sido todas mujeres jóvenes, aunque al contario del otro caso, se trata de mujeres de familias prosperas –la muchacha dudo un poco antes de continuar- me preocupa sobre todo Rose.
-No hay de que alarmarse, su admirador se suicidó así que dudo que alguien la persiga- Dijo el chico para después llevarse una pequeña porción de carne a la boca.
-¡Claro que es para preocuparse! –Alzó la voz alarmada la joven de ojos miel- ¿O acaso no lo has notado? –Dorian la vio para que se explicara- Todas las victimas te conocían. Primero fue Anne Carroll, luego Jessica Bell, para seguir con Christine Rice. Y si quieres que te lo haga más obvio, todas te las presentó mi tía como posibles prometidas.
-¿Es eso cierto?- Preguntó Nelia
-¿Estás insinuando que tengo algo que ver con esas muertes?- Preguntó el joven con un tono de molestia en su voz, mirando fijamente a la menor de sus primas.
-Al menos eres el punto en común entre todas ellas, seria bueno que hablaras con el Scotlan Yard, puede ser una gran ayuda para ello.
-Por favor, el Scotlan Yard no encontraría ni una…- Un gesto de dolor en el rostro de Dorian le impidió continuar.
-¿Qué pasa?- preguntó Jezabel poniéndose rápidamente de pie, su primo le hizo un gesto con la mano izquierda para que se sentara.
-Me siento mal… -Susurró, para después llamar con un gesto a Alexander para que le ayudara a incorporarse- Espero disculpen mis malos modales me iré a recostar -Nelia y Jezabel se miraron entre si no muy convencidas, sin embargo Alice miraba preocupada a su hermano.
-Está bien- se escuchó a la pequeña -Si necesitas algo avísanos- él asintió.
-Con permiso.- Así salió del comedor con ayuda de su mayordomo, dejando a las tres muchachas con algo de inquietud.
Al llegar a su recamara, despachó a Alexander, para una vez dentro y solo, dejarse caer en el suelo, quedándose sentado un rato, su cuerpo estaba pesado y adolorido, le ardían los brazos, su respiración estaba entrecortada y seguramente tenía fiebre. Con dificultad se levantó para acercarse a la ventana, observando desde ahí que el Black Dog dormía bajo su balcón, lo miró desconfiado, más optó dejarlo por aquella noche, se fue a poner su pijama y se acomodó en la cama.
Lentamente fue cerrando sus ojos, lo único que escuchaba eran los latidos de su corazón alterados, se llevó ambas manos al pecho intentando calmarse, sintió un fuerte dolor en su muñeca derecha, la tomó fuertemente para notar como un delgado arroyo de sangre salía de una pequeña pero profunda herida que acababa de aparecer.
-¿Otra herida…?- murmuró asustado, intentando soportar el dolor que ésta le causaba.
Pesadilla2: Mentiras/Fin
Terminé, finalmente mezclé dos capítulos dejando más que nada de aquel que en la primera versión era el primero, no me gustó mucho, pero si le sigo no acabo nunca, bueno he aquí la única aclaración.
[1] Un black dog es una criatura mística que tiene (como su nombre lo indica) forma de un perro negro, pero es de mayor tamaño, normalmente anuncian la muerte o protegen a quien lo ve, ya tendrán que esperar para ver su función en la historia, la cual creo que va a distanciar mucho de su ocupación real.
Bueno, me despido esperando algún review, C’est toit, Au revoir.