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Hogwarts, el Heredero Perdido
Capítulo 1. El Hijo de Hogwarts
Golfo de México, Las Islas Azules.A 23 de Septiembre del 2012
Escribo éstas líneas con la esperanza de no volverme loca. Mi búsqueda se ha tornado dolorosa desde hace tiempo… Ya van casi seis años desde el momento en que decidí aventurarme en ésta empresa…
El conocimiento siempre fue mi afición, y enseñar era lo que más llenaba mi alma… Sin embargo, desde que me enteré de aquello no he pensado en otra cosa… saber que no es solamente una leyenda eso que desde joven llamó mi atención y que siempre fue tomado como un cuento, aún con todos los estudios realizados que apuntaban a dicha posibilidad… Y más aún, la profecía echa por mi hermana antes de morir…
Al dejar Hogwarts dejé mi vida detrás, a sabiendas de que esta aventura tal vez no me llevase a nada… sin embargo… todos los indicios me llevan a creer que todo es cierto… Incluso la naturaleza lo sabe… no puedo permitir que el heredero tome el camino equivocado, no ahora que sé que realmente existe…
La pequeña cabaña que estoy habitando cruje bajo la fuerte lluvia y se mece debido al terrible viento de ésta tormenta… Creo que es momento de marcharme de aquí, mi camino se ha truncado, aún cuando sé que todo es verdad, ya nada puedo hacer… mis esfuerzos han sido inútiles… ¿Será mejor continuar mi vida, indiferente al destino de los magos?
Comenzaré desde cero… creo que no tengo el valor de volver a Gran Bretaña, mucho menos pisar Hogwarts…
¿Qué es eso? Una fuerte luz acaba de resplandecer detrás el Monte Bermuda… ¿me atreveré a ir? No… basta de fantasía… la fantasía me ha llevado a la perdición… ¡BASTA! NO CREERÉ MÁS EN LA FANTASÍA… YO…
Ahora se ha escuchado un atronador sonido, al parecer proveniente del Monte Bermuda…
Creo que iré… sí, definitivamente… ese resplandor es igual al que señalan en Historia de Hogwarts cuando hablan de la caída de los cuatro grandes…
La joven dejó la pluma y se echó el pequeño diario color plata en el bolsillo interior de la túnica. Su piel albina y sus ojos claros habían perdido parte del brillo que antaño poseían, aunque sus rasgos seguían siendo los mismos… quizás con el cabello más alborotado y los labios secos, pero la mujer aún conservaba algo de su esencia.
Salió de la pequeña cabaña; se aseguró de que ningún muggle estaba cerca –mas no hacía falta, dada la ubicación de la isla- y alzó la varita, de la cual salió una especie de sombrilla invisible que evitaba que se mojase… pero no dio resultado del todo: la tormenta era tan grave que al dar tres pasos fuera de la cabañita, se hallaba totalmente mojada y las elegantes botas estaban manchadas de barro; la túnica de terciopelo tinto le calaba el cuerpo, y ahora se arrepentía de llevar al cuello el dije que le había regalado su antigua amiga de Slytherin, pues se sentía demencialmente frío contra su piel.
Anduvo por varios minutos bajo la tormenta, tropezando por la irregularidad del suelo y tambaleándose por el aire, que parecía una exhalación del propio diablo. Levantó el rostro y a través de la cortina de agua vio el resplandor: era una extraña luz de cuatro haces… uno dorado, uno cobrizo, uno color negro (lo cual resultaba verdaderamente extraño de apreciar) y uno color platino.
La luz bailaba contra el firmamento, pero luego se convertía en un torbellino de color… en dos ocasiones los haces tomaron figuras animadas, las mismas que los escudos de las casas de Hogwarts. Al ver aquello, la mujer avanzó con mayor velocidad. Siete veces había perdido esa oportunidad, a pesar de haber presenciado el mismo espectáculo en esas ocasiones.
Los escasos árboles del Monte danzaban como llamas por la fuerte tormenta. A unos pasos de la joven, un riachuelo de agua sucia bajaba, escapando del extraño ente que acaba de aterrizar tras la colina.
Después de un rato finalmente llegó a la cima del monte y vio lo que llevaba seis años buscando…
Dio traspiés y bajo casi deslizándose sobre la hierba; terminó el encantamiento sombrilla y bajó la varita temblando de emoción. Era el Hijo de Hogwarts… pero… se veía tan irreal… tan sobrehumano…
El ser levantó la vista; sus ojos parecían casi felinos, como muchos relatos hablaban de los de Godric Gryffindor. Su elegante y afilado mentón era idéntico al de Rowena Ravenclaw, al menos en muchos de los retratos y bustos que había visto… Sus manos eran suaves y pequeñas… casi podía sentirlas, tan cálidas como las de Helga Huffelpff… y su semblante, elegante y altanero, pero a la vez sublime… sin duda ése era el porte de Salazar Slytherin…
Caminó, acercándose más al hermoso ser, que emitía el brillo propio de una veela…
-El… Heredero… de Hogwarts… -murmuró la muchacha, con lágrimas en los ojos.
El ser la observó unos segundos.
Ella se enjugó el rostro con la manga, y luego pasó saliva, como dispuesta a hacer algo que temía.
Levantó la varita y apuntó al ser.
-Lo siento… -murmuró, temblando y con los nervios destrozados; sufría pequeñas convulsiones debido a la emoción- No puedo permitir que cumplas tu destino…
El Heredero no se inmutó, tan sólo esbozó una débil sonrisa.
El resplandor que lo cubría se intensificó, y detrás de él se formaron nuevamente aquellas formas animadas y gigantescas con apariencia de patronus.
La fuerza de aquella simple muestra de poder mágico casi derriba a la joven, que se enderezó cuán alta era.
-No puedes purificar el mundo… los magos… los muggles… los humanos…
El Heredero abrió los ojos y un desollador gritó desgarró el cielo.
…
Un muchacho de piel morena, nariz aguileña y ojos oscuros dejó caer el libro que estaba leyendo. Dio un movimiento brusco, pues el pecho le ardía horriblemente; las gafas le resbalaron y al levantarse de su lugar tropezó, tirando la mesa y rompiendo la maceta que se encontraba sobre ella.
Como pudo se levantó y se puso las gafas. Corrió hacia su habitación; un brillo color verde claro inundaba el cuarto. Su varita estaba girando sobre sí misma, echando chispas verdes.
Se palpó el pecho nuevamente, justo en el momento en que la varita dejó de girar y echar chispas.
-Mia… -murmuró, mientras una solitaria lágrima resbalaba hasta perderse en su cuello.