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Author: Hannah BlueBird
Fiction Rated: K+ - Spanish - Drama/Family - Reviews: 3 - Published: 12-30-08 - Updated: 12-30-08 - Complete - id:2615026

El Piano

Por Hannah BlueBird

Me gustaba mirarlo desde muy niña. Siempre me asombró la magnificencia de sus teclas, el color brillante de su armazón, la solidez de las cuerdas.

Pero sobre todo, me embriagó ese maravilloso sonido.

La primera vez que oí el sonido de las teclas del piano apenas tenía cinco años. Mi madre había abierto las cortinas de la única sala de mi casa en la que yo no había estado nunca.

Sonrió cuando mis ojos se clavaron en lo único que había en ella.

Un precioso piano de cola, de un negro brillante, se erguía sobre sus cuatro patas en el centro de la sala.

Con curiosidad infantil, me senté en el banco del mismo color que había frente a él, y acaricié las teclas.

Mi madre se sentó a mi lado, aun sonriendo, y colocó las partituras sobre las teclas.

-¿Te gustaría escucharlo?- me dijo, con un extraño brillo en los ojos.

Yo asentí, emocionada. Mi madre posó delicadamente sus manos sobre las teclas.

Y comenzó a tocar.

Todavía hoy no se explicar con exactitud lo que sentí al escuchar las suaves notas. Aunque mi madre tocaba con una sonrisa pintada en la cara, la música era la más triste que había escuchado nunca.

Algo me obligó a mantener los ojos cerrados, tal vez para disfrutar mejor de aquel maravilloso sonido.

Tan sólo los volví a abrir cuando el sonido cesó. La luz se colaba por el ventanal abierto y caía justo sobre el piano. Mi madre seguía sonriendo.

-¿Quieres que te enseñe a tocarlo?

Asentí con emoción. Lo que más deseaba en aquel momento era que mis dedos reprodujeran con total perfección aquellos maravillosos sonidos.

Mi madre se levantó, se situó de pie detrás de mi y puso sus manos sobre las mías.

-Ahora, relaja las manos.

Lo hice. Y sus dedos comenzaron a moverse sobre los míos, volviendo a producir aquel maravilloso y triste sonido.

Me sentí volar.

Durante todas las tardes de los siguientes ocho años de mi vida me senté junto a mi madre y el piano. A veces ella me enseñaba una canción nueva, pero otras simplemente la oía tocar.

Cuando ella no estaba, sacaba las partituras de aquella primera canción e intentaba tocarla, pero nunca lograba que tuviera el mismo sonido que el que había escuchado años atrás.

Así durante ocho años. Y hubieran sido más si ella no hubiera muerto.

Desde que enfermó, no volvió a sentarse frente al piano. Tumbada en la cama, me pedía que le tocara algo. Yo siempre se lo negaba, pues no quería separarme ni un segundo de su lado. Pero ella insistía, y nunca podía contradecir a su sonrisa. Me encaminaba hacia la sala del piano, y cada día tocaba una canción diferente.

Intenté tocar aquella canción el día en que murió.

Cuando terminé, me dirigí corriendo a su habitación con una sonrisa, dispuesta a preguntarle qué tal lo había echo.

La encontré como siempre, tumbada en la cama. Pero sus ojos estaban cerrados, sus mejillas habían perdido el color. Y su sonrisa era mucho más amplia.

Recuerdo que lloré en su lecho toda la noche. A mi padre no lo vi llorar, pero pude escucharle.

Lloraba sobre el piano.

El día del entierro, cuando llegamos a casa, mi padre me llevó hasta el piano.

-Me gustaría que tocaras algo par mí, si es posible. - me dijo.

Yo me senté y comencé a tocar aquella canción. Algunas notas se me atascaron, pero aun así logré terminarla.

Al acabar, miré a mi padre. Este simplemente salió de la habitación.

Al día siguiente, mandó quemar el piano.

Sufrí en silencio al ver las teclas consumirse en el fuego. Apoyé mi cabeza contra el cristal de la ventana desde la que estaba mirando tan abominable escena.

Ya han pasado más de quince años desde la muerte de mi madre. Seguí practicando con el piano, esta vez en un conservatorio, y me convertí en una afamada pianista.

Hace varios días intenté volver a tocar aquella canción, que llevaba quince años escondida en mi mente.

No logré reproducir aquel sonido de mi infancia.

Apoyé mi cabeza sobre las teclas y cerré los ojos. Durante un instante, creí estar en aquella habitación llena de luz. Junto a mi madre.

Pero al abrir los ojos, volví a estar en mi propia casa, con mi propio piano. En estos momentos es cuando echo más de menos aquel viejo piano de cola que se quemó.

Aunque siempre me quedarán esos preciados recuerdos de mi infancia, en los que intentaba ser como mi madre.

En los que cada partitura me abría a un mundo completamente nuevo.

En los que mi corazón se estremecía con cada nota.

En los que siempre una sonrisa alumbraba mi cara cuando me sentaba a practicar.

En los que el dolor no existía.

En los que mi madre aun estaba con vida.


La inspiración para esta historia vino de ‘Desde mi cielo’, de Mago de Oz.

El comienzo a piano me encanta. Si podéis, escuchadla.

Pronto más

ATTE: Hannah BlueBird.



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