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Insignificante.
‘sacale una hoja a un arbol, y cuando vuelva decime cuanto cambiaste el mundo’
Julia leyó el mensaje de texto tres o cuatro veces antes de cerrar el celular. Volvió a abrirlo y lo leyó una vez más. Bajando un poco la cabeza, guardó el teléfono en el bolsillo y se acercó al primer árbol que alcanzó su vista.
Lo examinó con cuidado, era alto y, como era primavera, sus hojas estaban todas verdes. Era un frondoso árbol sin flores. Julia miró hacia arriba y observó cómo las hojas más altas se alzaban hacia el cielo, mientras que las más bajas caían sobre las cabezas de la gente que pasaba.
Caminó un poco más hasta el siguiente árbol. Este tenía forma alargada, y sus ramas estaban las unas pegadas a las otras, de modo que casi no se veía más que un montón de hojas agrupadas en torno al tronco principal. La joven se acercó y deslizó sus dedos por una de las hojas. Era suave. Sus yemas recorrieron los finos bordes que delimitaban la superficie verde. La hoja era algo ovalada; en la punta opuesta a la que la unía al árbol se afinaba de golpe, y se estiraba enrollándose un poco hacia atrás. Su superficie era un poco ondulada de uno de los lados.
Julia tomó el pedazo de vida entre sus dedos y pegó un tirón. Sin embargo la hoja permaneció aferrada a la pequeña ramita de la que se sostenía. Julia frunció el ceño, y sin preguntarse mucho si ese era realmente su deseo, apretó la hoja más fuerte y con su otra mano sostuvo la rama. Finalmente logró que el fino pero resistente tallo se partiera, después de varios segundos que le dieron tiempo suficiente para pensarlo más de dos veces.
Julia dejó de hacer fuerza con sus dedos y se volvió hacia la hoja que ahora estaba en su mano. Dejó salir lentamente el aire que retenía en sus pulmones, y mostrando su palma miró una vez más.
Caminó unos pasos hacia atrás y sin levantar la vista pronunció un casi inaudible ‘perdón’.
Después de todo, yo dejé de hacer estas cosas cuando era niña. Hace mucho que no hacía algo así conscientemente… y todavía me pregunto si realmente habrá valido la pena hacerlo.
Meh, qué cosas digo. Como si una de los millones de hojas que debe haber en el mundo… en el país… en la ciudad… es más, con los millones de hojas que debe haber en los árboles de la cuadra, en cada uno de ellos. Yo me pongo a pensar en esta diminuta hoja de árbol.
Ni siquiera si cada persona del planeta arrancara una hoja de árbol llegarían a acabarse todas. Porque volverían a nacer, o aún quedarían hojas por arrancar.
Y sin embargo… esta hoja junto con todas las demás le dan vida.
Jugueteó con la hoja entre sus dedos un rato más. Después dio dos o tres pasos hacia atrás y dando media vuelta retomó su camino a casa. La hoja permaneció atrapada en su mano izquierda por un rato. Luego volvió a cruzarse con la mirada de Julia, que por momentos estaba acá, y de a ratos vagaba por lejanos paisajes. Ella cerró los ojos un momento para sentir la textura de lo que llevaba en la mano. Ya conocía el recorrido de memoria, y no mucho tiempo atrás había descubierto que podía realizarlo con los ojos cerrados y, contando los pasos, llegar a igual destino de la misma forma.
Si tan solo fuera a cambiar algo. Si esto hiciera sonreír a alguien, o le diera alimento a un pobre. ¿Él querrá que yo le diga que cambié algo en el mundo, o querrá que le diga que no cambió en nada? Seguramente no me mandó ese mensaje a mi sola. Tal vez debería esperar a que los demás me cuenten cómo cambiaron el mundo por arrancarle hojas a los árboles… y armar mi respuesta a ese mensaje como una suma de las respuestas de los demás.
No. Me prometí que ya no haría eso. Tengo que arriesgarme, voy a darle mi propia respuesta, le guste o no.
Seguramente sea mejor dejarme fluir… dejar que mi mente se encargue de mostrarme cuál es la respuesta, cuánto logré cambiar en el mundo por haber arrancado esta hoja.
Con la música a este volumen es tan fácil olvidarme de todo y dejar de sentir, de pensar, dejar de escuchar lo que dicta mi mente. Manejar y olvidarme de todo lo que pasa a mi alrededor, incluso olvidarme de que hay otras personas, de que existo acá y ahora.. de que el mundo tiene, en algún momento, un final.
¿Por qué acabo de hacer eso? Como si el mensaje de texto que recibí me lo hubiera ordenado. Siempre tan curiosa de ver qué me pasa haciendo las cosas. Me lanzo hacia ellas sin pensar que—
No la vi.
Cuando su madre llegó ya estaba muerta. Creo que fui el único en reparar en lo que la jovencita llevaba en la mano. Su madre rompió en llanto y al levantar su cuerpo inerte no se dieron cuenta de que ella tenía un pulmón de árbol en la mano. Estaba llena de sangre. Obviamente que el conductor que la atropelló siguió su camino… eso hacen en estos días. Yo me acerqué después… acababa de salir del vivero.
Mi hija… ¿cómo puede ser que te pasó esto? Siempre te gustó quedarte pensando en lugares en los que traté de advertirte que había que estar atento. Supongo que fue… que tenía que ser así. ¿Estarás en paz? Estoy segura de que sí, te hice del Señor, sé que Él va a cuidar de vos… por lo que yo no pude cuidarte.
Cuando volví ya era demasiado tarde, el entierro ya se habría llevado a cabo. Fui hasta el cementerio y me sorprendí al encontrar a un hombre de avanzada edad sentado al lado de su tumba. Creo que me sorprendí porque averigüé bien en qué horarios venían sus familiares y amigos… y tenía entendido que a esta hora no venía nadie. Pero supongo que me equivoqué.
El joven vestido de negro se acercó al mayor y se sentó a su lado. Le preguntó en voz baja cómo conocía a Julia. Y el hombre le contó que él había sido quien la había visto morir.
‘Tenía una hoja de árbol en la mano.’ Le dije, pensando que probablemente no le importaría, como a ninguno de los otros. Supongo que fue una forma de hacerme pasar por loco, para que el joven dejara de prestarme tanta atención.
Jamás se habría imaginado por qué razón Julia llevaba eso en su mano izquierda. Creo que mejor será que no le diga nada… ya que no es agradable encontrarse con la persona que causó que sus pensamientos se dispersaran de tal forma, que Julia no prestó atención a lo que estaba a su alrededor.
El hombre se levantó y caminó lejos del lugar, en dirección a la puerta de salida. El muchacho parpadeó y contuvo algunas lágrimas. ‘Tu familia, tu novio, tus amigos. La gente que te quería. Cuántos mundos que cambiaste, Julia. Perdoname.’
'Insignificante' surgió a partir del mensaje de texto que recibí de un amigo. Obviamente que no hubo tal accidente, pero el mensaje fue exactamente el mismo, y mientras volvía a casa, me pregunté qué formas tenía de cambiar el mundo arrancar una hoja de un árbol. Las respuestas que surgieron son parecidas a las que surgen en la cabeza de Julia, pero además se me ocurrió escribir esta historia. Yo creo que quizás alguno de los que llegue a leer esta historia, que también aparecerá en otros sitios, sabrá que es muy fácil distraerse y vagar con la mente por mundos lejanos. Pero que eso puede causar que el mundo de muchas personas que nos quieren cambie. Y así, creo que estoy cambiando un poco el mundo de los que lean esto. Al menos, de alguna manera.
Gracias.
mikaera.