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Author: Biak Songkey
Fiction Rated: K - Spanish - Hurt/Comfort/Family - Reviews: 1 - Published: 12-31-08 - Updated: 12-31-08 - Complete - id:2615666

mi primer drabble original n.n Espero lo disfruten.


Siempre miro al cielo

Albert siempre tenía problemas con su hermana

Albert siempre tenía problemas con su hermana. La pasaba buscando tardes enteras en cada rincón del orfanato, y finalmente la hallaba entre medio de los muebles, oculta y arrinconada, abrazando sus rodillas y escondiendo la cara. Le sonreía: solía sonreírle de esa forma cuando ella lloraba, mucho antes de que llegaran a ese orfanato. Con la sonrisa amplia en su rostro, se agachaba junto a ella a consolarla y, pese a que Liddy lo evitaba, permanecía a su lado.

Deja de chillar” le recomendó apenas cesaba el llanto de ese día.

Tomaba su mentón entre sus manos y tras susurrarle algunas cosas a lo bajo, ella reía. Él habría dado cualquier cosa en este mundo para mantener la imagen de su dulce hermanita sonriendo durante mucho tiempo.

Hubiera deseado que muchas cosas no fueran así, pero eran de esa forma. Hubiera querido que por un día ella dejara de llorar por sus difuntos padres y acallarle de alguna forma ese vacío en su alma de tan hermosa niña de siete años. Ella pasaba sus manos dulcemente por sus mejillas y le decía un “Estoy bien” que le sabía a mentira: no había día que no le afirmara lo mismo.

¿Sabes que papá y mamá nos mintieron?” Él la observó sin entender, fijando su mirada en la carita sonriente de su pequeña hermana: no se trataba de un sonrisa de alegría como aquellas que adoraba tanto, sino de aquellas que suele hacer la gente cuando ha perdido la esperanza, y sólo queda la resignación “¿Qué dices?” le pregunta, con un hilo de voz “Que ellos no están en el cielo” soltó la frase rápidamente y luego hizo cómo si mirara su zapato al alzar su pierna de manera infantil “Eso no es verdad” le niega y ella le contesta un tímido “Lo es” y baja la mirada para continuar “He mirado todos los días al cielo desde que ellos murieron, nunca los he visto mirarnos”.

Albert se quedó en silencio luego de escucharla. Las imágenes de su madre contándole cuentos en las noches, el aroma de su perfume y sus bellos ojos azules como los de su hermana venían a su mente. Recuerda con especial cariño esos momentos antes de dormir y todavía cree poder escuchar las dulces palabras de su progenitora, los maravillosos cuentos de cada noche y el chocolate caliente y humeante que se olía en cada rincón de su dormitorio. Cierra los ojos e incluso ahora siente la tenue luz de la mesita de noche incitándolo a cerrar los ojos. Su hermana dormía en la cama de junto, ella era la primera en caer rendida bajo la magia de Morfeo. Parpadeaba varias veces antes de querer ceder y no era hasta que su madre se sentaba a su lado, besaba su frente y le hacía cariño en su pelo rubio, que él cedía. Le escuchaba decir a su madre muchas veces las palabras tiernas para que se durmiera finalmente y, cuando iba cayendo al sueño, la oía decir ‹Te cuidaré de noche y cada vez que mires hacia el cielo› aferrado con su mano a su falda, soltaba el agarre tras escucharla. Y se dejaba caer ante el cansancio del día.

En ese momento, volviendo al presente y sin saber lo que decía, le respondió sin pensar mucho “Es porque ahora se ven tan chiquitos desde las estrellas que no alcanzas a verlos” Liddy lo escuchó con el dedo índice puesto sobre sus labios, con los ojos bien abiertos “Sabes que nos adoraban, sabes que nunca nos dejarían solos” Y Albert volvía a sonreír para ella, sólo para ella. Liddy, aún inconforme con su respuesta, se acercaba a él y le preguntaba al oído “¿Son felices sin nosotros?” Una pregunta inocente que le entristecía los ojos azules. Albert le negaba con la cabeza lentamente “Nos extrañan, sé que aún ahora nos siguen queriendo” y ella entonces le preguntaba con un deje de ilusión “¿Los veremos alguna vez?” “Cuando nos llegue la hora, Liddy, los veremos nuevamente” “¿Cuándo es eso?” Él se encogió de hombros “No lo sé, ni siquiera los adultos lo saben”.

Aquel día deseaba tan sólo verla feliz, con una simple mentira inocente: Era mucho mejor creer en cuentos que vivir sin el encanto de aquella mentira piadosa.



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