Home Just In Communities Forums Beta Readers Dictionary Search Login Register Extras
Fiction » General » Furcia font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Hannah BlueBird
Fiction Rated: T - Spanish - Drama/Angst - Reviews: 4 - Published: 01-08-09 - Updated: 01-08-09 - Complete - id:2619254

ADVERTENCIA: Esta historia contiene contenido sexual explícito, así que si crees que puede herir tu ideología o simplemente no te gusta el tema, no lo leas. Gracias.


Furcia

Por Hannah BlueBird

A veces, se preguntaba por qué lo hacía. Por qué trabajaba en algo como aquello.

Y con cada embestida de aquel hombre desconocido recordaba que no lo hacía por su propio bien, sino por el bien de otros.

El hombre sonreía y pronunciaba palabras que ella no lograba entender. Simplemente se aferraba a su espalda y cerraba los ojos, esperando que todo acabara.

Pero aquel extraño no parecía tener prisa. Disfrutaba cada embestida como podía disfrutar un niño de un caramelo. Quizá más. Y le encantaba aquella mujer, con un cuerpo y un olor que le volvían loco. Su pelo castaño rizado esparciéndose por las sábanas, sus ojos firmemente cerrados.

Su cadera de ensueño. Sus piernas firmes y sedosas. Su falsa apariencia de diosa virginal.

Volvió a sonreír cuando se corrió dentro de ella. Sintió como la mujer se estremecía bajo su propio poderío, y con eso bastó para que se calentara otra vez.

La mujer le hizo separarse de ella, y él aceptó a regañadientes.

-Ya has tenido lo que querías.- murmuró ella, sin mirarle, mientras se ponía una fina bata.- Págame.

-Aun no he terminado contigo, preciosa.- dijo el hombre, relamiéndose los labios. La erección comenzaba a crecerle.- Quiero un poco más de diversión por esta noche.

-No.- la mujer fue firme. Ahora miraba al hombre a los ojos.- Ya has tenido tu turno. Págame y vuelve mañana.

-Te he dicho que aun no hemos terminado.- el hombre se acercó a ella amenazadoramente. La mujer retrocedió unos pasos.

-Aléjate.- casi suplicó. El hombre la había acorralado contra la pared.- ¡Aléjate!

Le empujó y echó a correr hacia el pasillo del burdel, gritando ayuda en todas las puertas cerradas. Pero el hombre fue más rápido, y cargándola sobre uno de sus hombros, la llevó de vuelta a la habitación.

La tiró al suelo. Ella intentó gritar, pero una nueva embestida le cortó la respiración.

Aquel hombre la estaba violando.

Intentó zafarse de aquella muestra de crueldad, pero el hombre la sujetaba fuertemente de las caderas y la hacía moverse al compás de sus embestidas.

Aquel tío lo disfrutaba. Pero ella quería morir. Y encima, no le iban a pagar.

Cuando bajó la guardia, justo antes de correrse, ella le dio una bofetada e intentó escapar, pero él era más fuerte. Y más alto.

De un golpe seco, la tumbó de nuevo en el suelo. La golpeó en las mejillas, y en las piernas, y en el vientre.

Sus gritos alertaron a algunas de sus compañeras, que entraron en la habitación alarmadas.

-No pienso volver por aquí, visto el trato que se da a los clientes.- el hombre se levantó, dispuesto a marcharse.- A fin de cuentas, sólo eres una furcia.

Arrojó un fajo de billetes al suelo y salió de la habitación.

-¿Estás bien?- una de sus compañeras la ayudó a incorporarse, mientras ella se tocaba las mejillas.-¿Te ha violado ese imbécil?

Sin quererlo, unas lágrimas afloraron de sus ojos al escuchar esa última frase. Su compañera la miró con lástima mientras se la llevaba a las duchas, no sin antes guardarle el fajo de billetes en su bolso.

Dios sabía que aquella mujer necesitaba el dinero.

Abrió el grifo y ambas se introdujeron en la ducha.

-Te ha dejado bastantes moratones...- murmuró su compañera , mientras le enjabonaba la espalda. Estaba demasiado débil como para responder.- Me pregunto si se preocupará.

Esta vez, la mujer asintió.

No lo hacía por si misma. Lo hacía por él.


-¿Estás segura de que quieres ir sola a casa?

Aquella preocupación le hizo sonreír. Agarró con fuerza su bolso.

-No te preocupes. Estoy bien.- la mujer se dio al vuelta y se alejó del burdel. Sentía la mirada de su compañera fija en la nuca.

No todas compartían el mismo trabajo por vicio.

Algunos hombres le silbaron al pasar, pero ella les ignoró. Tenía prisa en llegar a casa.

Empezaba a clarear, lo que le provocó un ansia tremenda por volver a lo que se supone que llamaba hogar. Apretó el paso hasta casi correr.

Perdió uno de sus tacones por el camino, pero no le importó. Estaba frente a su casa, su desgastada y grisácea casa.

Abrió la puerta con tranquilidad. Oyó un murmullo de movimiento que provenía del interior.

-¿Joseph?- llamó, con suavidad. Cerró la puerta.

-Mamá...-una débil voz infantil resonó en toda la casa.- Mamá...

Un niño pequeño, de apariencia frágil, se frotaba los ojos frente a la puerta. Su pijama de rayas azules y blancas le hacía parecer mucho más delgado.

-Hoy has llegado temprano.- el niño sonrió, pero una leve tos le impidió seguir hablando.

-¡Joseph!- la mujer arrojó el bolso al suelo y abrazó a su hijo.- ¡Te dije que te quedaras en la cama!

-Ya...- el niño sonrió con debilidad.- Pero es que quería esperar a que vinieras.

La mujer suspiró, y llevó al niño en brazos hasta su habitación. Se sorprendió, y a la vez se entristeció, de que pudiera levantarlo con tanta facilidad.

-¿Has ganado mucho hoy?- el niño sonrió de nuevo, una vez entre las sábanas.- Pareces muy cansada.

Tuvo que reprimir el impulso de llorar y de abrazarle cuando Joseph le tocó la cara con sus pequeñas manos.

-Descansa.- dijo, y el niño cerró los ojos.

Era demasiado temprano para ir a la farmacia. Apretaba fuertemente la mano de su hijo mientras este se agitaba en sueños, con tal de darle algo por lo que despertar al día siguiente.

Dios sabía lo mucho que necesitaba el dinero para las medicinas de su pequeño.

Nadie había querido darle trabajo, y mientras ella buscaba, su pequeño Joseph se debatía entre la vida y la muerte en aquella casucha. Por eso se había metido a puta.

Aunque claro, su hijo desconocía ese detalle.

Derramó unas lágrimas al ver su sueño completamente crispado. Las convulsiones y espasmos de su hijo le dolían tanto como si los estuviera sufriendo ella.

Apretó más fuerte la mano de Joseph.

Y gritó de dolor cuando el niño dejó de moverse.


Triste, lo sé. Es una de las primeras historias que pensaba escribir, pero había quedado un poco olvidada.

El final no me ha gustado. Los acontecimientos (para mi gusto) suceden demasiado rápido.

Dedicatoria: A Kairi Minamoto, esa obsesa del lemmon (es coña xD)

Pronto más.

ATTE: Hannah BlueBird



Return to Top