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Author: Hannah BlueBird
Fiction Rated: K - Spanish - Mystery/Friendship - Reviews: 16 - Published: 01-28-09 - Updated: 09-14-09 - Complete - id:2628120

Dos calles

Por Hannah BlueBird

Capítulo 1

Vivía en una calle que siempre estaba iluminada por el sol. Una calle amplísima, llena de vida, que le hacía sonreír.

Le gustaba dar paseos junto a sus amigas por todas las calles de alrededor, entre risas y paquetes de pipas.

Lo único que no le acababa de gustar de su calle era el aspecto de esta cuando anochecía. La calle, como ya he dicho, era tan amplia que estaba perfectamente iluminada por una farola cada tres casas.

Pero, tres casas más allá de la suya, no había ninguna farola. Así, la siguiente luz estaba a seis casas hacia la derecha, dejando siempre una casa sin iluminar de noche.

Esa casa, exactamente igual a todas las de la calle, no tenía absolutamente nada de peculiar. Era una casa, como todas las otras. Aunque le asustaba a ella no era la figura de esa casa, sino lo que había dentro.

Aquel chico era oscuro. Era como si viviera en una calle diferente. No podía clasificársele de otra manera. Siempre vestido de negro, siempre con la mirada inexpresiva, caminaba por el instituto como una solitaria alma en pena.

A todo el mundo le causaba algo parecido al terror, pero a ella, además de eso, le provocaba curiosidad.

Nunca había hablado con él. Tenía fama de solitario y errante. Nunca se había visto a su familia, pero debía tenerla -pensaba- ya que era menor.

Tan sólo se lo había encontrado un par de veces en la estación, sentado en un banco, como esperando a un tren que nunca parecía llegar. Siempre con sus cascos de música puestos.

Y no era porque le gustara el hecho de que siempre le observara (aunque el chico no era feo), sino porque, en cierto modo, había algo en él que ella necesitaba descubrir.

-Entonces, ¿no puede ser hoy?- la chica hablaba preocupada por el teléfono.- Muy bien, de acuerdo, no pasa nada. Ya quedamos otro día. Chao.

Colgó con pesadumbre el teléfono. De nuevo, su amiga no iba a dar ese paseo con ella, posiblemente gracias a su nuevo novio.

Pero hoy estaba decidida. Aunque fuera sola, iría a dar un paseo. Necesitaba despejarse.

Así que sacó su chaquetón largo del armario, cogió las llaves y salió a la calle. A su amplísima y soleada calle.

Sintió el frío viento azotándole en la cara. Estiró los brazos, dejándose embriagar por esa sensación, y comenzó a caminar.

Paseó durante horas y horas por todas las calles del pueblo, observando simplemente la luz del sol y el color desgastado de las fachadas. Su amiga, la del novio, nunca había comprendido ese extraño entretenimiento, pero a ella le gustaba.

Empezó a perder esa sensación de felicidad cuando comenzó a oscurecer.

Miraba nerviosamente hacia los lados, preocupada. No conocía aquel lugar. Se había embelesado tanto con el paisaje que no se había dado cuenta hacia donde se dirigían sus pies.

Comenzó a caminar más deprisa. Estaba en un parque. A cada ruido extraño, apretaba el paso, deseando salir de aquel lugar.

Comenzó a oír voces detrás de ella, y casi corrió. Hasta que se chocó contra algo, que la hizo retroceder.

-¿Estás bien?

Alzó los ojos y jadeó. Era el mismo chico oscuro de su calle.

-¿Oye?

La chica parpadeó.

-Sí, sí, no te preocupes, sólo...- miró nerviosa hacia su espalda. No había nadie.

-¿Acaso te has perdido?- preguntó él, dejándola algo asombrada.

Ella asintió tímidamente.

-Entonces deja que te acompañe. Vivo tres casas al lado tuya.

El chico comenzó a caminar en la misma dirección de donde ella había venido. La chica se situó a su lado.

-Nunca habíamos hablado antes, ¿Verdad?- preguntó el, y ella de nuevo asintió.- Es extraño. Llevamos mucho tiempo siendo vecinos, y sin embargo, ni siquiera nos habíamos dirigido la palabra.

-Tú eres mucho más extraño.- la chica se ruborizó ante el comentario. Él la miró de reojo, y ella se fijó en que sus ojos eran color caramelo.- Quiero decir... Siempre estás solo, escuchando música o sentado en las ramas de los árboles. Nunca te acompaña nadie.

-Ah, bueno...- el chico mostró una sonrisa nerviosa.- Eso es porque nadie me entiende.

-¿Nadie te entiende?- la chica abrió mucho los ojos.- ¡Si no le dices a nadie lo que sientes, nunca sabrás si te entienden!

El chico soltó una carcajada. La chica se sorprendió de nuevo. Era la primera vez que le veía cambiar de expresión.

-No me refería a eso.- contestó.- Quiero decir, que pocos comparten mis gustos. Por ejemplo, a mí me gusta mucho observar las fachadas de las casas. Me gusta mucho pintar los rayos de sol cayendo sobre las ventanas, pero eso nadie lo comprende.

-¿Tú pintas?- la chica sonrió, incrédula.

El chico simplemente sacó su móvil. Tecleó unos segundos y luego se lo pasó a la chica.

-Es...- murmuró ella.- Es impresionante.

En el móvil había una foto de lo que parecía un cuadro. En él se observaba la fachada de una casa plenamente iluminada por el sol, llena de macetas con geranios.

-Me gusta pintar casas iluminadas porque en mi fachada nunca da el sol.- dijo él.- Aunque en una foto no se aprecia verdaderamente lo bueno del cuadro.

-¿Me los enseñarás? Los cuadros.- contestó ella, devolviéndole el teléfono. Sus ojos brillaban.- Me encantaría verlos. A mi también me gusta observar las fachadas.

-¿En serio?- el chico sonrió.- No es un hobby común...

-No, no lo es.

-Hemos llegado.- la chica parpadeó. Estaba en la esquina de su calle, su amplísima y soleada calle. Salvo que ahora era de noche.- Ahora es cuando toca irse cada uno a su casa.

-Claro. Algún día deberíamos pasear juntos.

-Por supuesto.- el chico volvió a sonreír.- Iremos a la estación; allí el crepúsculo es ciertamente hermoso.

-Vale, cuando quieras.- la chica estaba a punto de dirigirse a su casa, cuando se volvió de nuevo hacia él.- Una cosa más, ¿por qué siempre vistes de negro?

El chico se encogió de hombros.

-No lo sé, supongo que me gusta ese color.

La chica sonrió y se despidieron. Ella se dirigió hacia su casa, donde la luz iluminaba toda la fachada. Él se dirigió hacia la suya, cubierta de sombras, pues ninguna luz iluminaba su fachada.

Aquel día, ella se durmió pensando en que el aspecto físico no lo es todo, y en que no había dos calles dentro de la misma.

Esa noche él no durmió, como de costumbre, pensando en que tal vez la luz era más fácil de sentir que su propia oscuridad.


Continuará...

Reflexión de un paseo.

Dedicatoria: A Laura, porque... No sé, por ser Laura.

Pronto más.

ATTE: Hannah BlueBird



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