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Gracias a GothicGirl-MC, Kairi Minamoto y Abycat por las reviews. ¡Último capítulo de “Dos Calles”! ¡Disfrutad!
Capítulo 6:
Jessica suspiró cuando estaba frente a la puerta del instituto. Tocó las puntas de su pelo recién cortado, y se preguntó cómo reaccionaría Caín si la viera así. Se golpeó las mejillas y entró con decisión al edificio, dispuesta a comerse a quien le dijera algo malo sobre su pelo.
Nada más entrar en su clase, algunas chicas la miraron asombradas, entre ellas, Alexandra.
-¡Jess! ¿Qué te has hecho en el pelo?
Las clases llegaron a su fin, y Jessica recogió sus cosas, apenada. No había visto a Caín en todo el día, lo cual le preocupaba. ¡Él no la había visto con su nuevo peinado! Suspirando, salió de la clase.
-¡Jess!- Jessica se giró y se encontró con Alexandra.- ¿Ya te vas?
-Claro, Alex. Las clases han terminado.- contestó fríamente. No sabía como tratar a su “amiga” después de lo que había oído el día anterior.
-Claro.- rió la otra.- ¿Nos vamos juntas a casa?
-Alexandra.- dijo seriamente Jess, mirándola a los ojos.- ¿Te crees que soy estúpida?
-¿Perdona?
-¡No te hagas la tonta conmigo!- gritó Jess.- ¡Te oí ayer decirle a Caín cosas horribles sobre mí! ¿Qué no valgo la pena? ¿Qué nadie se fijaría en mí? ¡Ja! ¡Alexandra, eres una estúpida superficial que solo piensa en sí misma! ¡Y créeme, Caín nunca saldrá contigo porque sabe que eres una GUARRA!
Alexandra se la quedó mirando con una expresión vacía.
-No tienes por qué meterte en conversaciones ajenas.- murmuró.- Además, para tu información, esta mañana en el recreo vino a verme y me dijo que sí.
Los ojos de Jess se abrieron de par en par. ¿Qué estaba diciendo?
-Así que no te esfuerces, Jessica.- prosiguió Alexandra.- Él nunca será tuyo.
Jessica echó a correr. Corrió por el instituto, por la cuesta, por las calles. Los ojos se le habían llenado de lágrimas. ¿Por qué le dolía tanto aquello? ¿Porque él la había besado después de retratarla, y ahora estaba saliendo con la persona que tanto la había criticado? ¿Era rabia o... celos?
No se detuvo hasta que llegó a casa de Caín. Le daba igual lo que él dijera, iba a llamar a la puerta y a hablar con él. Llamó al timbre y esperó unos segundos, hasta que la puerta se abrió.
El hombre que había abierto era joven, y tenia los ojos negros como el carbón, al igual que su pelo, largo hasta la cintura. Su expresión dejaba claro que no estaba de buen humor.
-Hola, buenas.- dijo Jess, sonriendo. El hombre no contestó.- ¿Está Caín?
El hombre frunció el ceño.
-¿Para qué lo quieres?- su voz era profunda y grave, y escondía una nota de rabia.
-Me gustaría hablar con él un momento, si no es molestia.
El hombre cerró la puerta. Jessica se quedó fuera, paralizada y sin saber si llamar de nuevo o marcharse. Al cabo de unos segundos, la puerta se abrió y Caín salió de la casa.
-¿Te vas corriendo y ahora vienes a verme como si nada? –Caín la miró directamente a los ojos con una seriedad que luego se transformó en sorpresa.- Vaya... ¿Te has cortado el pelo? Lástima, ahora el cuadro...
-Estás saliendo con Alexandra.-le interrumpió la chica. Inmediatamente, las lágrimas volvieron a deslizarse por sus mejillas.
Caín la observó durante unos segundos, durante los cuales la chica ya había roto en llanto. Se acercó hacia ella y puso una mano en su mejilla.
-¿Por qué lloras?- preguntó.
-¡No lo sé!- chilló Jessica.- ¡Tal vez porque eres un completo idiota!
Caín soltó una carcajada.
-¿Y por eso has venido hasta mi casa, te has echado a llorar y me has insultado?- dijo, abrazándola.- ¡Eres un caso!
Jess sollozó. El abrazo del chico la había calmado.
-Vamos a hacer una cosa.- dijo él.- Esta tarde, digamos a las cinco, quedemos en algún sitio y lo hablamos más tranquilamente, ¿ok?
Jessica asintió y se apartó de él.
-Quedemos en la plaza, esta que está pasada la esquina.
Caín sonrió.
-Vale.
Y dicho esto, abrió la puerta de su casa y se perdió dentro.
Jess miraba el reloj de la cocina ensimismada. Esa tarde no tenía deberes, y pasaba el tiempo muerto mirando el reloj, esperando que dieran las cinco.
Su padre la observaba desde el fregadero, donde estaba lavando los platos. Le preocupaba su hija, sobre todo desde que había amanecido con el pelo corto.
-Papá.- dijo ella, mirando el reloj.- Alexandra ya no es mi amiga.
El hombre se sorprendió. Su hija normalmente no tenía ese tipo de confianza con él.
-¿Y eso? ¿Qué ha pasado?
-Ha dicho cosas feas de mí, y yo se las he devuelto.-Jessica continuaba mirando el reloj.- No sabía que pensara así de mí.
-Bueno, hija.- el hombre suspiró.- Si ha dicho cosas malas de ti, no te preocupes, no sería una buena amiga. Ya verás como encuentras a alguien mejor.
-Caín es mi amigo.
-Ya pero...- el hombre se giró hacia ella.- Caín es un chico. Y ya sabes, los chicos...
-Lo sé, papá. Pero...-Jessica miró a su padre, y se quedó boquiabierta. Se levantó.- Papá, ¿eso de ahí es nieve?
El hombre se giró, y observó junto a su hija la ventana. Diminutos copos blancos caían sobre el patio, tiñéndolo de ese color.
Jessica sonrió y corrió hacia su habitación en busca de ropa de más abrigo.
Cuando Caín llegó a la plaza, Jessica llevaba ya un rato esperando. Se había puesto unas orejeras y tenía una bebida caliente en las manos.
-Hola- saludó él.
-Hola.- respondió ella, sonriendo. Sacó un termo.- ¿Quieres café?
Caín asintió y se sentó junto a ella mientras le servía algo de café en una taza. La nevada les había sorprendido a todos por eso no había casi nadie en la plaza. Hacía demasiado frío para salir.
-Bueno.- dijo Caín. Mientras hablaba, el vaho se escapaba de su boca.- Hablemos, ¿no?
-¿Por qué le has dicho a Alexandra que sí?- murmuró Jess, mirando su taza.- Me dijiste que le dirías que no.
-Tenía miedo.- respondió.- Creí que después de lo de ayer no querías hablar conmigo, y si te había perdido a ti, no me quedaba ningún motivo para decirle que no.
-¡Eres idiota!- exclamó.- Es que... nunca ningún chico me había tratado así, por eso me entró el nerviosismo. Ni siquiera te di una respuesta concreta. ¡Por no decir que apenas te conozco! Eres muy misterioso, nunca hablas de tu familia y desvías el tema cuando lo saco, no cuentas nada sobre ti...
-Lo cierto es...- le cortó.- que siempre quise contártelo. ¿Te acuerdas aquella vez que me preguntaste por mis ojos? Mi abuelo paterno es el único familiar vivo que los tiene del mismo color que yo, pero ese abuelo está rodeado de tragedia. Por lo pronto, es pintor, una profesión que no se respeta en mi familia y que yo amo. El caso es que mi abuelo fue culpado de haber asesinado a su hermano, que se llamaba Abel, por eso, cuando nací y vieron mis ojos, creyeron que yo también estaría rodeado de desgracias y me llamaron Caín.
-¿Es cierto que lo mató?- interrumpió Jess, mirándole sorprendida.
Caín se encogió de hombros.
-Nadie lo probó nunca. El caso es que fui a visitarle una vez siendo pequeño y me apasionó su pintura, por eso comencé a pintar. Mi familia me dio de lado, así que seguí solo. No suelo dormir mucho dándole vueltas a todo eso, de ahí mis ojeras. Yo... no sé qué hacer o qué decir para que logren aceptarme de alguna manera, aunque lo intento. Aun así, tanto la gente como mi familia no me acepta por mis acciones o por mi forma de ser.
Jess le miró durante un rato.
-Tú eres tú, y no consientas que nadie te cambie.- le dijo.- No importa que alguien de tu familia haya sido “malo”, digamos, tú tienes que seguir adelante con tus sueños y mandar a la mierda a los demás. Eso es lo que te hace ser tú mismo. Y es por eso por lo que...- Jessica se ruborizó.- por lo que me gustas tanto y me caes tan bien.
Caín la miró sorprendido y luego sonrió.
-¿Sabes? Creo que la próxima vez pintaré un cuadro de los dos. ¡Ah! Pero no desnudos, oye, tu padre me mataría.- soltó una carcajada.- Es que me gustas mucho, eres una especie de musa. También podríamos ir al campo de las magnolias y hacernos fotos, podría pintarlas, y luego...
Jess se incorporó y le besó con los ojos cerrados. Caín al principio la miró con una mezcla de asombro y satisfacción, pero luego también cerró los ojos.
Cuando se separaron, Jessica sonrió.
-Hay que ver, y yo que creía que tú hablabas poco.
Los dos soltaron una sonora carcajada. Se levantaron y se dirigieron hacia su calle, cogidos de la mano.
-¿Qué le vas a decir a Alex?- preguntó Jess.
-Que le estaba tomando el pelo.- rió Caín.- No la quiero ver ni en pintura.
Jess rió sonoramente ante el comentario. Luego, miró a la calle, su calle, y una pequeña idea le vino a la mente.
-¿Sabes?- dijo.- La calle, así nevada... parece del mismo color. No hay luces ni sombras.
Caín la miró durante un largo segundo.
-No hay diferencias. Es igual en todos lados.
Caín sonrió.
-Recuérdame que tengo que presentarte a mi familia. Me pregunto qué caras pondrán.
Jess rió, por enésima vez en ese día, y se dieron un largo beso antes de despedirse.
Alexandra dejó caer sus libros cuando vio a Caín y Jessica entrar juntos al instituto, cogidos de la mano.
Ambos sonrieron al ver su cara de sorpresa, aunque no se podría decir si era porque venían juntos o porque Caín iba vestido de blanco.
-¿Sabes?- comentó Jess.- La próxima vez, seré yo la que me vista de negro.
Caín soltó una sonora carcajada antes de darle un beso de despedida. Ya estaba deseando que las clases terminaran para verla otra vez.
Fin.
Bueno, ¿qué tal? Esta es la primera historia que termino en Fictionpress, ¡y me siento muy orgullosa! Y pensar que esto empezó como un One-shot... la vida da muchas vueltas.
Pronto más.
ATTE: Hannah BlueBird